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Nuevo libro: “Manual del Votante Perplejo”

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Marcos Novaro
Manual del votante perplejo
Una terapia en seis pasos contra la neurosis política

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En todas partes se cuece la crisis de la representación política. Más lentamente en algunos sitios, a mayor velocidad en otros, la política democrática parece apartarse cada vez más de las antiguas y familiares tradiciones que encarnaban los partidos políticos, con sus programas, sus ideas claras, sus votantes que provenían de sectores sociales o culturales definidos. No siempre el lugar de los antiguos políticos es ocupado por personajes caricaturescos como el cómico italiano Beppe Grillo, pero sí, cada vez con mayor frecuencia, los candidatos se preocupan más por comunicar su propia imagen que por discutir y justificar las ideas políticas que pretenden llevar al gobierno. En este contexto, los ciudadanos tienden a volverse cínicos o ilusos. Los primeros, ya curtidos en decepciones, han llegado a la conclusión de que los políticos son todos iguales y no están dispuestos a confiar en nadie. Los segundos, votantes esperanzados, creen que tarde o temprano habrán de dar con las personas adecuadas para que los gobiernen.
Si usted es un cínico o un iluso, este manual está escrito para usted. Su autor, Marcos Novaro, se ha propuesto desmentir parcialmente ambos conjuntos de creencias, y ofrecer de paso una terapia para calmar la incomodidad y el disgusto con que unos y otros viven su relación con la política. Para conseguirlo, Novaro propone una suerte de ejercicios teórico-prácticos que permitirán al lector, sin necesidad de convertirse en un experto, entrenarse en el complejo campo de los procesos políticos. Una terapia “económica e incruenta” que permitirá al lector, como todo buen tratado de autoayuda, comenzar a combatir la neurosis política, a vivir más felizmente la vida pública y a establecer una relación más productiva, sana y amable con los políticos y con la política.

índice

Presentación

1. Desorientados y agobiados por la información
2. No vivir de ilusiones: ¿los hombres buenos son siempre malos políticos?
3. Valorar detenidamente los resultados, más que las intenciones
4. ¿Qué elegir: personas, partidos, reglas, programas o ideas?
5. Tener siempre abierta la puerta de salida. Las ventajas de no casarse con nadie y los riesgos del oportunismo
6. No creerles a los analistas criticones que “lo harían mucho mejor”

Posted in Política.


Scioli puede ganarle a Macri, pero no al dólar

El dólar volvió al foco de la atención pública en el peor momento de la campaña electoral. Justo cuando, en el colmo de la hipocresía, el kirchnerismo promovía un día nacional de la moneda, mientras terminaba de destruirla con una emisión desbocada para promover el consumo; emisión que igual se va en gran medida a precios y al billete verde, y se refleja en cada vez más altas tasas de interés que apenas si logran refrenar la dolarización.

En lo único que el autodenominado “equipo económico” parecía haber invertido bien sus esfuerzos en los últimos tiempos era en evitar una nueva devaluación. Aunque la economía productiva se fuera al tacho. Y el retraso cambiario, el endeudamiento del sector público a altas tasas y cortísimos plazos, más el déficit fiscal acumulados por el “modelo productivo con matriz diversificada” recordaran cada vez más a los últimos tiempos de la convertibilidad, o los meses finales de la tablita de Martínez de Hoz.

Pero parece que no va a ser suficiente. Igual que Menem con De la Rúa, y más atrás Videla con Viola, Cristina planea dejarle a Scioli (o a Macri) la difícil tarea de lidiar con un enorme retraso cambiario, y la segura dosis de impopularidad de cualquier salida que el nuevo presidente sea capaz de encontrarle.

Aunque puede que no sea suficiente para que la señora se desentienda del todo del muerto: de aquí a octubre todo hace pensar que la economía no va a repuntar y apenas podría mantenerse como está, mientras la presión cambiaria se seguirá agravando y con ella crecerá la previsión de una fuerte e inminente devaluación. Y peor todavía pueden resultar las cosas entre octubre y diciembre.

El oficialismo, con Scioli a la cabeza, seguramente seguirá por ahora cerrando filas y diciendo que todo es parte de una conspiración mediático-sinárquica-imperialista. Y tal vez tenga algún éxito con ello para seguir alimentando el voto conservador, la idea de que no hay que cambiar la política económica si no seguir aislándonos del mundo, cruel, injusto y que nos trata tan mal, y que tiene al dólar por ariete corrosivo contra nuestra soberana moneda.

De ser así, el partido oficial lograría evitar el daño electoral inmediato, aunque igual no podrá evitar que el consenso peronista sobre una salida gradual y sin conflictos del ciclo k se resquebraje.

Como van las cosas, Scioli mismo se verá obligado a elegir, en caso de ganar, entre dos males que pensaba evitarse: presionar a Cristina utilizando él mismo la presión de los mercados para que reconozca algo de la responsabilidad que le cabe en los desequilibrios que deja como legado; o bien hacerse cargo él de pagar un costo mucho mayor al esperado en un más lento reconocimiento y ajuste de esa herencia durante sus primeros tiempos en la Presidencia.

Cualquiera de esas alternativas consumiría seguramente buena parte de su luna de miel con los votantes. Si chocara con Cristina anticipadamente lo más probable es que conseguiría muy poco de ella: como Videla con Viola, es difícil que la presidente saliente le vaya a hacer el favor al entrante de pagar parte de las cuentas acumuladas; recordemos si no que en enero de 1981 Videla y Martínez de Hoz aceptaron finalmente ceder, pero sólo un mísero 10% de devaluación; un porcentaje que ahora también sería por completo insuficiente.

Scioli aún tendría la alternativa de imitar a Viola, y devaluar él mismo apenas asuma, el 11 de diciembre y por sorpresa, digamos, para que el shock se cargue a su antecesora. Pero es difícil imaginarlo dando semejante golpe de timón, y más todavía esperar que salga indemne de semejante giro.

La otra opción sería que insista en el gradualismo, que busque primero arreglar con los holdouts, conseguir financiamiento para reforzar las reservas, y recién después poner manos a la obra y salir del entuerto monetario y fiscal. Pero ese camino demorará significativamente cualquier inversión privada: los empresarios se negarán a poner dólares a 9 pesos cuando el tipo de cambio real y que en algún momento debería reconocerse, esté rondando los 20. Así que la economía productiva seguiría languideciendo. Probablemente sería tarde ya para reanimarla en 2017 y para tratar de encabezar entonces la rebeldía antikirchnerista.

Claro que a Macri tampoco le sería fácil lidiar con este dilema. También él tendría que consumir buena parte de su luna de miel en salir del atolladero. De lo cual cabe concluir que gane quien gane lo que es seguro es que nos espera una transición larga: una que empezará recién el próximo diciembre, y cualquiera sea el que la encabece, con suerte terminará en 2017, cuando se pueda finalmente decir, en el mejor de los casos, que vamos camino a tener una economía normalizada y un nuevo gobierno en funciones.

por Marcos Novaro

publicado en TN el 27/7/15

Posted in Política.


Invitación al Foro: ¿Colisiones de gobierno? ¿O coaliciones?

El Club Político Argentino convoca a un foro de debates sobre diversos formatos para garantizar el mejor funcionamiento de las instituciones gubernamentales con la participación de importantes personalidades argentinas y extranjeras

La tradición presidencialista en América Latina reconoce en los últimos años múltiples variantes según los estados y su maduración democrática, con una clara tendencia en la mayoría de los países de la región a construir consensos institucionales y establecer políticas compartidas con acuerdos de largo plazo.

Sólo la Argentina y otros pocos países parecen anclados en el hiper-presidencialismo que caracterizaba la región en el siglo pasado, con alternancia de regímenes de facto y gobiernos constitucionales e instituciones republicanas débiles.

Todo indica que el resultado de las elecciones y la composición de ambas Cámaras del Congreso Nacional obligarán a un funcionamiento con mayor interacción entre las fuerzas políticas, volviendo pertinente el debate sobre coaliciones de diverso tipo, tanto en el gabinete del Ejecutivo como en el Parlamento.

Para aportar a esta posibilidad cierta, el Club Político Argentino ha organizado para el 30 de julio una jornada con diversos expositores que ha denominado: FORO ABIERTO SOBRE COALICIONES DE GOBIERNO, que se llevará a cabo en el Aula Magna de la UTN, Medrano 915, entre las 9 y las 16 horas. El debate promete ser apasionante.

Participarán especialmente invitados protagonistas e intelectuales de países vecinos como Uruguay, desde donde concurrirá Constanza Moreira, senadora nacional por el Frente Amplio y Jorge Lanzaro, polítologo de la Universidad de la República; Chile: Pepe Auth, diputado nacional por el Partido de la Democracia y el politólogo Paulo Hidalgo; y Brasil: con la presencia de los politólogos Fernando Limongi (CEBRAP, San Pablo) y Cláudio Goçalvez Couto de la Fundación Getulio Vargas.

De la Argentina concurrirán dirigentes políticos (Jesús Rodríguez, Marcos Peña, Juan Carlos Mazzón, José Scioli, Gustavo Marangoni, Patricia Bullrich y Facundo Suárez Lastra); variados representantes de organizaciones de la sociedad civil (IDEA, CIPPEC, Foro de Convergencia, Asociación de Derechos Civiles, Federación Agraria Argentina, MPA); sindicales (APOC y Dragado y Balizamiento) y Justo Carabajal por las organizaciones laicas del Episcopado. Entre los presentadores argentinos estarán los especialistas Marcos Novaro, Carlos Gervasoni, Julia Pomares, Marcelo Cavarozzi y Vicente Palermo, presidente del CPA.

 

 

PROGRAMA DEL FORO ABIERTO COALICIONES DE GOBIERNO

30 de Julio de 2015

Aula Magna UTN, Medrano 915

Presentación general 9:00

Primer Módulo: 9:30 a 11:00

Fundamentos conceptuales y experiencia internacional de coaliciones

Presentaciones de: Jorge Lanzaro, Paulo Hidalgo, Cláudio Couto y Vicente Palermo

 

Segundo Módulo: 11:00 a 13:00

Acuerdos políticos fundantes de las coaliciones

Presentadores: Pepe Auth, Marcelo Cavarozzi, Mario Serrafero, Constanza Moreira

Con 6 líderes sociales y 3 actores políticos

 

Tercer Módulo: 14:00 a 16:00

Dinámica y exigencias de las coaliciones de gobierno

Presentadores: Fernando Limongi, Carlos Gervasoni, Marcos Novaro, Julia Pomares

Con 6 líderes sociales y 3 actores políticos

 

Posted in Elecciones 2015.


Macri quiso ganar solo y pagó el costo

El líder del PRO pagó un alto precio por el pelito con que Horacio Rodríguez Larreta acaba de triunfar en la ciudad. Y puede que ese precio alcance para reducir sus chances de ganar la Presidencia.

Lo que debió ser la coronación de la estrategia escogida para procesar la sucesión en su distrito y el trampolín para reforzar su campaña presidencial se pareció bastante a un velorio. Podrá decir que enfrentó a “todos los demás aspirantes presidenciales”, que con más o menos énfasis, por una u otra razón, apoyaron a Lousteau. Y es cierto que les ganó. Pero zafó raspando y no puede responsabilizar por tan ajustado resultado más que a sí mismo.

Macri debió saber que si quería un triunfo solo suyo corría este riesgo. Tal vez él tuvo buenas razones para privilegiar en su momento a Larreta sobre Michetti. También puede que haya tenido otras buenas razones para rechazar meses antes la propuesta que le hizo Ernesto Sanz de permitirle a Lousteau y al resto de ECO competir con el PRO en las PASO de la ciudad, en una réplica local de lo que el frente Cambiemos es a nivel nacional. Pero lo que Macri parece no haber advertido es que esos dos conjuntos de razones se contradecían entre sí.

Si mantenía una fórmula del PRO pura en la ciudad, y se encaminaba a una competencia contra Lousteau en las generales, le convenía llevar allí a su mejor figura pública, alguien que pudiera emparejar las habilidades comunicacionales del carismático pelilargo, y esa era Michetti, no Larreta. Si en cambio iba a privilegiar la experiencia en la gestión de éste último, entonces le convenía neutralizar el desafío que podía representar el líder de ECO en una competencia abierta, aceptando el precio de compartir la victoria en la ciudad, es decir, yendo a las PASO con el resto de Cambiemos.

No hizo ni una cosa ni la otra, tomó todos los riesgos, y pagó las consecuencias. Es cierto que de todos modos se salió con la suya, ganó y nadie va a disputarle el triunfo. Pero ya en la primera vuelta se advirtió que Larreta tenía un techo electoral bastante más bajo que el esperado. Si Lousteau hubiera tenido un poco más de tiempo para acorralarlo, las cosas podrían haber sido aún peores para el PRO.

Hay de todos modos algunos beneficios que Macri todavía puede extraer de esta situación. Por un lado, la reñida elección mantiene la atención de la opinión pública del país enfocada en la ciudad y en los aliados de Macri, que tienen la oportunidad de hacer por él lo que éste no pudo lograr por sí mismo: ayudarlo a sumar más apoyos.

Sanz, Carrió y sus respectivas fuerzas hasta aquí aparecían como chaperones desdibujados detrás de una candidatura unipersonal. Un poco por limitaciones propias, un poco por la cerrazón de PRO. Queda poco tiempo para potenciar la marca Cambiemos. Pero tal vez ahora tenga su oportunidad y eso es mejor que nada.

Por último, el buen resultado de ECO en el balotaje ha terminado de disolver al kirchnerismo en una oferta electoral que, a medida que se fue volviendo más atractiva y competitiva, pudo prescindir por completo de él. Arrastrando hasta al propio Scioli a apoyar a quien desde el oficialismo nacional habían venido descalificando del peor modo.

Lousteau fue señalado desde el kirchnerismo, sucesivamente, como un joven brillante, un flojo funcionario que no pensó bien los números de la 125, un traidor a la causa porque no quiso seguir hasta el final la guerra contra el campo, un frívolo farandulero, un economista de derecha con el descaro de criticar el “modelo”, un vil instrumento de Carrió, y un macrista disfrazado. Y como cierre de semejante historial, mientras casi todos los militantes y dirigentes kirchneristas de la ciudad votaban en blanco en esta segunda vuelta, la enorme mayoría de quienes los acompañaron en la primera le dieron su voto al líder de ECO sin hacerse mayores problemas. No es lo que se diga una muestra de buen arte en la conducción política. ¿No se dieron cuenta acaso de que de no ser tan cerrados y mezquinos podrían haberle arrebatado el distrito a su mayor enemigo?

Scioli, por su parte, debió ver en esta secuencia una réplica de lo sucedido con su propia candidatura, y de lo que apuesta a que suceda en agosto y octubre: que ella sea el ariete del aparato digestivo del peronismo en la tarea de neutralizar y disolver al kirchnerismo, sin conflictos ni saltos. Y sobre todo sin que los afectados se den cuenta.

¿Si el kirchnerismo se disuelve así de fácil como mostró la elección porteña, por qué habría que votar contra el peronismo? Es por esto, además de por la oportunidad de mojarle la oreja a Macri, que Scioli se mostró tan entusiasmado con Lousteau, y lo llamó para felicitarlo como si hubiera ganado, en vez de hacerlo con quien sí había resultado vencedor.

Para los macristas esta experiencia, y la recomendación de Scioli de revisar errores, por más aviesa que les haya sonado, brindan también una oportunidad para definir si su campaña nacional va a tener o no un adversario, y si va a ser Cristina y los miles de camporistas atornillados en cargos públicos, el peronismo, el espíritu inmanente del populismo o la ola naranja. Nunca es tarde.

por Marcos Novaro

publicado en Clarín, 21/7/15

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Ahora la ciudad entera asquea a Fito Páez

Después de años en que el macrismo competía con su adversario soñado, uno que jamás iba a poder ganarle ni a la bolita, el sistema político porteño se destrabó y se logró que haya competencia en serio: surgió finalmente un contendiente de peso, capaz de formar una potencial mayoría alternativa de los porteños, un contendiente que los macristas sufrieron en este balotaje, Y seguramente van a seguir sufriendo en el futuro.

Eso es muy bueno para la vida política de la ciudad, es bueno para los porteños de a pie, y en realidad es también bueno para los propios macristas: los obligará a hacer mejor las cosas si quieren seguir gobernando; los someterá más intensamente a los sanos incentivos de un mercado político competitivo.

Los únicos perjudicados del cambio de situación han sido los kirchneristas, que se llevan mal con todos los mercados, con la competencia abierta y equilibrada y encima consideran que ahí reside su principal virtud, porque son guardianes de ideas tan geniales que no hay que someter a competencia alguna.

Ellos quedaron descolocados en este balotaje, y sus franjas más fanáticas, como buena minoría marginal que son, llamaron a votar en blanco. Faltó poco para que denunciaran como proscriptiva la desaparición de escena de Mariano Recalde. Quien pese a la descomunal inversión publicitaria que realizó en las PASO y en primera vuelta, apenas consiguió demostrar una vez más que los candidatos del modelo son en general muy malos, y son peores todavía como administradores de la cosa pública, y el debate deja expuestas esas limitaciones.

La situación fue doblemente incómoda para el oficialismo nacional por el perfil de quienes sí lograron entrar a la segunda vuelta. Un PRO puro, cero carismático, la síntesis casi perfecta de todo lo que el kirchnerismo considera la derecha liberal, antipopular y por tanto minoritaria. Que no lo hizo tan mal finalmente como sucesor para la jefatura de gobierno de Macri.

Y un progresista ex funcionario de Cristina y traidor a su causa, rodeado de lilitos, radicales y socialistas, una antítesis encima seductora de lo que el camporismo le pretende vender como representación y propuesta de futuro a la juventud argentina.

Entre los dos no podían si no saturar la muy generosa disposición a sentir asco por el prójimo de los dirigentes e intelectuales oficialistas.

Así las cosas, puede que el kirchnerismo tire la toalla, de por perdida la ciudad, y concentre en el futuro sus esfuerzos en distritos con menos gente repugnante a su sensibilidad.

Aunque ellos, igual que los demás observadores, deberían tener en cuenta que esta situación no es por completo anómala a lo que está sucediendo en otros lugares del país.

Es cierto que la ciudad de Buenos Aires es un distrito peculiar, pero también lo es que las tendencias que se observan en ella, tal vez en forma más marcada o sesgada, no son por completo ajenas a lo que sucede en otros lugares.

Por ejemplo, en la propia provincia de origen del bueno de Fito. Allí hace pocas semanas los votantes tuvieron que elegir entre un socialista para nada complaciente con los k, un populista de derecha y un peronista nada ideológico, encima pro empresario y prolijo gestor, algo así como la síntesis de todo lo que los kirchneristas odian en, y mucha gente consideraría lo mejor que ofreció, el peronismo noventista.

Y nada muy distinto sucedió más cerca en el tiempo en Mendoza, pese a los esfuerzos que hizo la Casa Rosada por meter candidatos propios en las listas peronistas de ese distrito.

Moraleja: allí donde la democracia pluralista funciona y hay real competencia política, el kirchnerismo no figura, no logra ser protagonista.

La pregunta que cabe hacerse entonces es si la intensa competencia que veremos en la elección presidencial puede tener la misma consecuencia para la política nacional: si un ambiente más pluralista y competitivo va a ser suficientemente corrosivo sobre el dominio kirchnerista como para asegurar su repliegue y desactivación. El fracaso del kirchnerismo en promover un candidato propio y su tardía resignación a tomar parte en el duelo entre Macri y Scioli pueden considerarse como señales en este sentido. Pero no todo es tan sencillo.

Cristina, Zannini y los miles de camporistas atornillados a cargos en el estado y distribuidos en las listas de todos lados se esmerarán porque no lo sea. Mientras Scioli se hace el distraído y los deja hacer. Aunque al mismo tiempo se abraza a Menem, a todos los peronistas a secas que encuentra a su paso y alienta a los votantes moderados e independientes a creer que la suya es la salida más simple e incruenta a los problemas que enfrentamos. Una en que el potente aparato digestivo del PJ se usará para volver a meter en la botella al genio de las disputas inconciliables y la radicalización populista de estos años.

Pero el fondo del problema no es lo que haga o deje de hacer Scioli. Ni siquiera es que él gane o pierda la elección. Sino el hecho de que a diferencia de lo que sucede en los distritos mencionados y algunos otros también competitivos y pluralistas, la mayor parte de los ciudadanos argentinos vive en territorios donde la competencia es escasa o directamente nula.

Allí la tarea de restablecer las condiciones para la democracia recién está empezando.

por Marcos Novaro

publicado en TN el 20/7/15

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A sólo cuatro semanas de una votación decisiva

Pareciera que falta mucho, pero falta menos de un mes. Con las vacaciones de invierno en el medio, así que de campaña electoral plena y atención pública masiva y efectiva vamos a tener incluso menos tiempo.

Como sea, en sólo cuatro semanas se votará en las PASO nacionales. Y aunque ese día no se decidirá casi nada, porque ya podemos anticipar quiénes resultarán los candidatos victoriosos en sus respectivos espacios, como no se cansan de repetir los analistas es muy probable que las internas abiertas funcionen igual que en 2011 como una primera vuelta presidencial: se confirmará quiénes tienen chances y quiénes no de cara a octubre, cuánta ventaja le lleva efectivamente el oficialismo a la principal oposición, y cuán amplia o restringida es la distribución en el territorio y en la estructura social de los apoyos de los distintos candidatos. Además, aunque no hay mucho que decidir en cuanto a las candidaturas presidenciales, sí puede haber sorpresas y votaciones peleadas por algunas candidaturas distritales importantes, como las de la gobernación bonaerense.

Así las cosas, lo que es seguro es que las campañas, aunque cortas, serán determinantes: el juego está abierto no sólo para la elección de presidente, también para la distribución de cargos legislativos y en varios de los distritos que todavía tienen que elegir sus propias autoridades, como la mencionada provincia de Buenos Aires.  Así que aunque tendrán poco tiempo para desarrollar sus ideas y estrategias, los candidatos saben que depende en gran medida de ellos y sus equipos que puedan o no aprovechar las oportunidades que tienen delante. Quienes acierten o al menos no se equivoquen fiero saldrán airosos. Y los demás no podrán echarle la culpa al destino ni a la fuerza de las cosas.

Es oportuno trazar, entonces, el estado de situación con que los distintos actores están por lanzarse a la batalla electoral. Y de los puntos fuertes y débiles de sus postulaciones y estrategias. Como para poder clarificar las opciones de cada uno y anticipar la evaluación que se pueda hacer de sus desempeños. Empecemos por el oficialismo.

El gobierno logró contener medianamente la crisis inflacionaria y recesiva que lo afectó a lo largo de 2014.  Lo hizo profundizando el retraso cambiario, tomando deuda a altas tasas y plazos cortos y agravando el déficit fiscal. Algunos economistas dicen que el consumo dejó de caer en estos meses y ya se estaría recuperando levemente. Así que el clima de “conservemos lo que tenemos” y apostemos a la continuidad se mantendría o incluso fortalecería en las próximas semanas. Otros no son tan generosos y advierten que la situación es precaria y bastante incierta porque el dinero extra que se inyecta se va a precios, o al dólar. Y la bicicleta financiera creada con plazos fijos y bonos no va a tardar también en dolarizarse. La pregunta es cuándo: ¿entre agosto y octubre o una vez pasadas las elecciones?

El kirchnerismo, por otro lado, procesó la frustración de no contar con un candidato propio y tener que encolumnarse detrás de Scioli. Y lo hizo en forma bastante rápida e incruenta. Salvo el desplante de Randazzo y algunas quejas rápidamente silenciadas de los militantes más fanáticos no hubo mayores tensiones que lamentar. La unificación de las candidaturas oficialistas le permitió a Scioli pasar del segundo al primer lugar en las encuestas de cara a las PASO, y sacarle una ventaja a Macri que algunos ubican en torno al 5%, y otros estiran hasta los 8 puntos. El motonauta logró así presentarse como encarnación de una reconciliación ya en marcha de la familia peronista, y por extensión proponerse como vehículo para la reconciliación de todos los argentinos, una suerte de versión terrenal del papa Francisco. Enfrenta sin embargo el problema de que la unificación peronista no es para nada completa: Massa y De la Sota pueden todavía disputarle una porción de los votos de ese campo y ponerle un techo a su crecimiento.

Veamos qué sucede entonces con los opositores. Y ya que estamos, consideremos primero la situación de los disidentes peronistas. Massa y De la Sota habrían dejado de caer, encontrando un piso electoral al menos en sus dos distritos de origen, Buenos Aires y Córdoba. Si lograran consolidarse impugnando el matrimonio de conveniencia entre Scioli y Zannini podrían movilizar todavía a disidentes de otros distritos y alcanzar en conjunto alrededor de 15 puntos en las PASO, con chances de conservarlos en octubre si siguen unidos. La gran pregunta que se abriría, de darse esta situación, es qué harían con esos votos en la segunda vuelta. En principio cabe pensar que Massa estaría más inclinado a colaborar con Macri de lo que estaría De la Sota. Pero además habría que ver en qué condiciones lo que ellos prefieran tendrá efectiva influencia en el comportamiento de sus votantes: hay quienes piensan que esos votantes igual rechazan la figura de Macri más que la de Scioli, y otros estiman que son más opositores que oficialistas.

En cuanto a Macri, ha logrado superar el trastazo de Santa Fe, evitó uno nuevo en Córdoba y salió airoso de la disputa porteña, donde su candidato será seguramente coronado para sucederlo el próximo domingo. Pero desde hace varias semanas que no se registra mayores cambios su carrera presidencial. No le está resultando fácil superar los techos electorales que enfrenta tanto en términos sociales como territoriales y políticos. Los votantes del segundo y tercer cordón del conurbano y los del norte del país le siguen siendo esquivos, y en algunas de esas regiones puede salir tercero en las PASO. Su apuesta por potenciar la identidad del PRO como expresión del “tsunami del cambio” no parece ser del todo compatible con una apuesta pragmática que maximice el resultado electoral, ni con un clima social en que el deseo de cambio es bastante más acotado de lo que se creía tiempo atrás. Tampoco es del todo compatible la moderación con que busca disputar los votos dubitativos entre cambio y continuidad con la necesaria ofensiva y toma de riesgos que exige explicarle a la sociedad cuáles serían los beneficios del famoso “cambio”.

Así las cosas, es probable que Scioli sea presidente si no se equivoca en su campaña, si logra evitar que la disidencia peronista vuelva a ser una amenaza para su fórmula de reconciliación y la aleja de un eventual acuerdo con Macri, y se evita que los desmanejos de la economía disparen una dolarización anticipatoria de las correcciones cambiarias que se vienen. Lo que logrará en mayor medida, obviamente, mientras más gente esté convencida de que tiene muchas chances de ganar. En tanto Macri necesita no sólo que los mencionados factores jueguen en contra de su adversario, si no que su campaña además de evitar errores logre algunos aciertos, consiga movilizar expectativas y preferencias que, si bien existen, no están de por sí tan activas y disponibles como las continuistas o conservadoras.

La diferencia entre los contendientes no es sólo que uno debe evitar equivocarse y el otro tiene que tomar riesgos y acertar. Reside también en los caminos que cada uno ha adoptado para construir su eventual gobierno. Scioli, en su aproximación progresiva al poder, aceptó que ahora se opere un enroque general de cargos, que en el mejor de los casos lo convertirá en el presidente débil de una coalición muy amplia y fuerte. De la que más adelante espera tener oportunidad de convertirse en líder. En cambio Macri pretende ser el presidente fuerte de una coalición en principio débil. Que apostará luego a ampliar y fortalecer.

Ambos, en suma, comparten la idea de que tanto las PASO como las generales de octubre son apenas eslabones de una transición que va a ser larga y compleja. Que probablemente recién concluya dentro de unos años, cuando se pueda decir que el kirchnerismo, con sus bombas de tiempo económicas y sus santuarios de poder institucional, ha quedado atrás.

por Marcos Novaro

publicado en TN el 13/7/15

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La continuidad K enfrenta obstáculos

No fue un buen fin de semana para Scioli, ni para Cristina. Después del segundo puesto de la selección en Chile, sus candidatos, los que es cierto que el gobernador no eligió, eligió Cristina, pero él sí se ocupó personalmente de promocionar, salieron terceros en Córdoba y en la Ciudad de Buenos Aires.

Estos resultados no ayudan a la imagen que Scioli quiere instalar en cuanto a que él “ya ganó” y no vale la pena que ni los opositores ni los peronistas dubitativos se esfuercen en buscar una alternativa, porque ninguna va a tener chances de prosperar. Tampoco ayudan a la idea que más en general Cristina y el oficialismo promocionan en cuanto a que su proyecto goza de renovado apoyo en todo el país, que todavía tiene futuro porque los votantes están enamorados de la continuidad.

Es cierto que los candidatos oficiales en estos distritos no han obtenido los peores guarismos que cosechó el “modelo” en toda la década. Pero estuvieron cerca. Y si se los compara bien con los de otros años pueden reforzar la idea de que hay un cansancio extendido en la sociedad con las formas y la orientación que el kirchnerismo imprime al ejercicio del poder.

Los resultados de esta ocasión en Córdoba y la CABA no fueron tan decepcionantes para el oficialismo como los de 2009 y 2013: en el primer caso en estos distritos él estuvo apenas por encima del 10%, en 2013 se ubicó más cerca de 15%, y ahora lograría entre 15 y 20%. Podría considerarse hasta un avance.

Pero ojo: los de ahora han sido sin lugar a dudas los peores entre los correspondientes a elecciones ejecutivas. En 2007 en Córdoba De la Sota y Schiaretti no habían roto con los K, así que sus votos pudieron considerarse en alguna medida oficialistas. En 2011 negociaron nuevamente con los representantes locales de Cristina por las listas provinciales, y luego directamente les cedieron las de diputados nacionales. En cambio ahora aquellos los dejaron afuera y salieron terceros lejos.

En cuanto a la CABA, en 2007 y 2011 los K lograron ubicarse como principal oposición y disputar el balotaje contra el PRO. Con flaco desempeño en ambos casos, es cierto. Pero ahora directamente quedaron fuera de juego en primera vuelta.

¿Tienen relevancia estos resultados como indicadores de una tendencia nacional? Por el peso de los distritos sin duda que la tienen: reúnen casi un 20% de los electores de todo el país. Pero ojo: ya se sabía que eran los dos distritos importantes más duros para el kirchnerismo.

No es nuevo tampoco que él tenga problemas para hacer pie en los distritos centrales. Algo que en estas elecciones en particular viene reforzado por peculiaridades locales y también por un contexto económico complicado.

Influye que haya en ellos oficialismos más o menos exitosos, que compiten con candidatos del gobierno nacional no muy atractivos que digamos.

También influye que la crisis golpee particularmente a los sectores productivos, sea del agro, de los servicios o de la industria, que tienen peso electoral importante en estas áreas. De allí que sus electorados sigan tendencias similares a las ya observadas en Mendoza y en Río Negro: muy pocos de estos votantes esperan que si hay continuidad de las políticas económicas, de todas ellas, como promete Kicillof, o como insinúa Scioli “de casi todas”, vaya a haber soluciones para quienes dependen para vivir de la salud de la producción.

Para redondear un domingo negro el peronismo tradicional venció al FPV en La Pampa, otro distrito que seguramente jugará con la disidencia en agosto y octubre. Y en Corrientes se impuso ampliamente la UCR.

Scioli pudo mostrar, en compensación, la victoria de La Rioja. Una provincia a la que le está gustando cada vez más volver también por otras razones: allí puede reencontrarse con Menem, y si no mostrar autonomía de los cristinistas duros hacia adelante, por lo menos mostrarla hacia atrás: llevar a Zannini de la mano a festejar en tierras riojanas debe resultarle una modesta venganza por haber tenido que ir a jurarle amor eterno a Máximo en Santa Cruz días atrás, y escuchar de boca de su compañero de fórmula que ninguno de los dos cuenta mucho, porque lo único importante es “el proyecto”. Es decir, Cristina.

Además, puede que para el motonauta no haya mal que por bien no venga: con los malos resultados que le brindaron cordobeses y porteños tal vez consiga que la presidenta le suelte algo más de soga para hacer su propia campaña, mostrarse distinto y hasta innovador. Y así hacer pasar el enroque general de funcionarios que el gobierno propone a la sociedad como una fórmula para hacer un poco mejor las cosas de aquí en más.

La mayoría no quiere cambiar todo, dicen las encuestas, pero sí quiere al menos cambiar algunas cosas, entre ellas el estilo y los modales. Seguramente en las próximas semanas Scioli se esmerará en atender esa expectativa. Deberá hacerlo sin hablar de la Justicia, ni de fútbol, ni de política de medios, ni de relaciones exteriores, sin dar detalles de economía, ni de lucha contra la corrupción ni de inseguridad, ni de educación. Pero nada de eso será un obstáculo insalvable a su proverbial talento para moverse en compañía de los espíritus.

por Marcos Novaro

publicado en TN el 6/7/15

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Mortal efecto “Scioli ya ganó” sobre la Justicia

El ya consagrado candidato oficialista empezó a desplegar su campaña. Apuesta a mostrarse como artífice de una reconciliación en marcha. Lo graficó esta semana yendo del abrazo con Menem en La Rioja a una emotiva declaración de amor a Máximo en Santa Cruz. Su clave es convertir la ambigüedad que muchos le reprochan en arma de seducción, y representar así a una amplia porción de la sociedad que quiere sólo un cambio de estilo, menos confrontación. Y que además acompañó en su momento al menemismo y recuerda hasta con cariño al riojano, y ahora hace lo propio con Cristina, no ve contradicción en ello.

Mientras tanto, la todavía presidenta no se estuvo quieta. Se dedicó toda la semana a la Justicia, su principal obsesión de estos tiempos: no descansará hasta convertirla en su exclusivo juguete. Con lo cual deja bien en claro por un lado que no se equivocan ni el votante peronista del llano ni el propio Scioli cuando ven la lógica de pasar de menemista a kirchnerista. Pero por otro que la reconciliación será de la familia peronista, no estará abierta a los demás, ni mucho menos se les permitirá sentarse a la mesa del poder: él se volverá exclusivo instrumento de esa gran casta, tal vez distribuyéndolo más parejamente, sí, pero sólo entre sus facciones.

Cristina actuó como siempre hace, con desenfado: en un solo día, mientras la Corte seguía dudando de la conveniencia y oportunidad de frenar el desplazamiento de jueces y fiscales independientes, o avalar los reclamos de inconstitucionalidad de la ley de subrogancias, la presidenta firmó de un plumazo 15 decretos designando setenta jueces, subrogantes y fiscales. Que se suman a los muchos que impulsa el oficialismo en el Consejo de la Magistratura y provincias, para controlar juzgados con incumbencia en casos de relevancia institucional, como AMIA y el pacto con Irán, de corrupción o procesos electorales.

Lo hizo aupada por la creciente “sensación de continuidad” de estos días: con Scioli instalado en cabeza de las encuestas, tiende a fortalecerse la idea de que el enroque general de funcionarios que el oficialismo le está proponiendo a la sociedad será consagrado en las urnas. Así que los que quieren un cambio se quedarán con las ganas y los que se han atrevido a desafiar al poder pagarán las consecuencias. Es la hora ideal para que truene el escarmiento, y para ganarle de mano a las demás facciones peronistas. Scioli con sus votos vendrá luego a legitimar lo que ella haya dispuesto. Y se conformará con que lo dejen poner a alguno de los nuevos miembros de la Corte, cuando sea la hora de volver a ampliarla. Tal vez entonces Lorenzetti haya superado su casi constante ambigüedad, que disfraza cuando puede de espíritu salomónico. Pero a nadie le va a importar.

Quienes todavía confían en el estilo moderado de Scioli, y le atribuyen un potencial efecto terapéutico sobre las dañadas instituciones de la república, deberían advertir los fuertes incentivos que existen para que el peronismo, de su mano, se esmere aún más en distribuirse la torta judicial y abroquelarse frente a los reclamos que puedan hacer los extraños. Y es que el peronismo se prepara para gobernar en la etapa que viene con mucha menos plata y menos verticalidad que en la que pasó. Probablemente también con menos polarización. Así que necesitará no menos si no mucha más protección judicial. Porque más problemas serios podrían llegar a resolverse en los tribunales.

Para poner un simple ejemplo, si durante el kirchnerismo sólo algunas provincias disidentes se atrevieron a dar cauce judicial a sus reclamos por fondos apropiados ilegítimamente por la nación, ¿cuántas lo harán a partir del año próximo, cuando esos fondos serán más necesarios que nunca para asegurar la supervivencia política de las elites territoriales y el presidente tendrá muchos menos medios que ahora para alinearlas simbólicamente con “el modelo” o asignar premios y castigos arbitrarios con los que salir del paso?

El peronismo nunca fue respetuoso de la división de poderes ni de los frenos y contrapesos republicanos, pero menos que menos lo fue con poca plata en los bolsillos. En momentos como esos, el segundo gobierno del primer Perón, su infausto regreso en los setenta, los primeros tiempos de Menem, los últimos de Cristina, es más firme que nunca la fe en su más primaria concepción del poder: la Justicia independiente no existe, hay Justicia amiga o enemiga.

No se le conocen, por otro lado, a Scioli ni a su entorno disidencia alguna de esta concepción. Que además ha sido elevada a doctrina consagrada en estos años, con la colaboración incluso de sectores moderados y civilizados del partido, que tiraron a la basura lo que habían ido incorporando de fe republicana, aunque más no fuera por los golpes de la vida y ósmosis del ambiente, sus predecesores en la cúspide del PJ de los años ochenta y noventa.

Esta dirigencia ha vivido una verdadera contrarreforma antiliberal, bien a la vista si se compara el ánimo que en su momento guió los pasos de Esteban Righi y el de Gils Carbó, o los planteos del ministro Rosatti vis a vis los que suele hacer Julio Alak. En resumen, el problema no son sólo La Cámpora y los jóvenes fanatizados, es toda una dirigencia con motivos y argumentos para actuar como si la ley no fuera más que un suplemento del poder.

Hace pocas semanas se realizó un encuentro de Justicia Legítima donde se despotricó contra lo único rescatable que hizo el kirchnerismo frente al Poder Judicial, contribuir a una Corte Suprema mínimamente independiente. El argumento que expuso allí el ex canciller Jorge Taiana, una persona en general moderada en sus opiniones, fue revelador: “la judicialización de la política es el resultado de la debilidad de los poderes conservadores, que embarran la cancha para tratar de evitar una mayor legitimidad de la transformación y la ampliación de derechos. La politización de la Justicia es lo contrario, es lo que tenemos que hacer, es la razón del surgimiento de Justicia Legítima”.

Si la usa el “gobierno popular” la justicia se politiza y el pueblo es feliz. No importa si en el camino también zafan los funcionarios corruptos, se esconden las razones de acuerdos internacionales, etc. Lo que hay que evitar es que la usen los demás. Tan simple y conveniente como eso. Y de tan simple y conveniente es risueña la expectativa de que van a renunciar porque sí a esta idea.

por Marcos Novaro

publicado en Perfil el 4/7/15

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Escondamos a Milani, y que la griega desquiciada se calle

Vicky hizo esta semana su recorrida de elefante en el aquelarre K, y prestó así un valioso servicio a la república, servicio que no habría que dejar pasar. Como suele pasar, sólo los niños y los locos dicen la verdad cuando los adultos supuestamente sensatos se niegan a admitirla y miran para otro lado. Algo que a medida que la fiesta k llega a su fin hacen más y más adultos supuestamente sensatos, en distintos frentes, desde la economía a la Justicia.

La verdad que la griega mostró es archiconocida: que Aerolíneas Argentinas, igual que muchas otras áreas del estado nacional, es un desqucio. Cientos de designaciones con altísimos sueldos han agravado el desmanejo de años de una compañía que no sólo pierde millones de dólares todos los días, sino que para atraer a la clientela tiene que usar todo tipo de triquiñuelas de cuarta contra otros pocos prestadores que todavía se interesan en el “mercado” argentino.  Mientras, negociados millonarios en la compra y el alquiler de aviones son a duras penas escondidos debajo de la alfombra en una firma que no le rinde cuentas a nadie, porque legalmente no es ni pública ni privada, en verdad su titularidad sigue en el limbo desde que supuestamente el kirchnerismo decidió “recuperarla”. Casi una decena de gremios ignoran el hecho de que así como va la compañía no tiene futuro alguno, y se pelean por las sobras de esta festichola de gasto a cuenta de los ciudadanos, la mayoría de los cuales ni sueña con despegar sus pies del suelo. Lo que sí hace en cambio la clase media acomodada, aprovechando lo que queda de los pasajes a 18 meses en pesos para ir a Miami a llenar las valijas de cualquier cosa que pueda necesitar o no en el futuro próximo, cuando la fiesta haya acabado y el dólar esté por las nubes.

Para completar la escena, Cristina combina su habitual torpeza para ofrecer candidatos potables al electorado y la ajustada lógica que conduce a variantes cada vez más degradadas de su modelo populista, para proponer al getón de la compañía en cabeza de lista en el distrito vidriera del país. Como para cerrar el cuadro de la farsa perfecta está bastante bien. Para dejar de invitar a la tragedia, no.

Vicky dijo dos cosas curiosas durante el sorprendente vuelo de Austral a Rosario que piloteó. Agradeció personalmente a Recalde por tratarla como una reina cada vez que viaja en la aerolínea estatal, y agradeció más en general a su gobierno por todos los millones que ha ganado con su ayuda. Si seguía adelante y daba más detalles de a qué se refería tal vez la estantería del bazar oficial se hubiera hecho añicos. Así que salió presuroso Aníbal Fernández a hacerla callar y denunciar una conspiración. De esas que siempre vienen bien para volver a esconder la mugre: Canal 13, según el próximo gobernador bonaerense, si tiene éxito el enroque general de cargos que el oficialismo propone para seguir adelante, no sería un canal informativo sino un servicio ilegal de inteligencia que arma operaciones para destruir al país. Obvio que hay que cerrarlo entonces.

Ojalá Milani fuera tan sincero como la desquiciada vedette voladora y contara sobre sus millones y los favores que recibió y dio en estos años, las reales operaciones de inteligencia que montó, ahora que ya no está obligado al silencio por la cadena de mando. Pero sería como pedir que Zannini dejara de presentarse como el Dilma Rousseff criollo y recordara, en vez de sus años de cárcel las veces que manipuló las leyes y la constitución tanto de Santa Cruz como de la nación para darle basamento pseudolegal a los proyectos más dañinos concebidos por sus jefes.

Ojalá alguien de todo el elenco oficial imitara el desparpajo delirante de la Vicky y dejara de mentir por un rato. Pero lo más importante es que escuchemos lo que la vedette dijo y dejemos de mentirnos a nosotros mismos. La griega no va a poder tomar en los próximos años los vuelos de Aerolíneas pues es considerada una persona peligrosa. El colmo de la locura es que todos los demás pensemos que con Scioli y Zannini de pílotos, y Milani vigilándonos, será razonable subirnos al avión.

por Marcos Novaro

publicado en TN el 29/6/15

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Scioli no miente cuando promete gobernar con Zannini

¿Scioli engaña a Cristina, a los moderados que todavía ven en él la última esperanza blanca, o a ambos a la vez? Y cuando se muestra increíblemente ambiguo sobre los problemas de la economía, cuando dice que Argentina necesita que el gobierno acelere el curso que lleva porque así va a volver a crecer, ¿se engaña a sí mismo, engaña a Bein o a Kicillof?

Estas eran preguntas que hasta la designación de Zannini como su compañero de fórmula y la presentación del resto de las listas oficiales muchos se hacían. Y lo más probable es que la respuesta fuera una mezcla de las tres opciones en todos los casos: como buen peronista, Scioli iba surfeando las olas, sin una preferencia demasiado firme respecto a la playa a la que terminaría arribando.

Pero ya no tiene mayor sentido insistir: Scioli no sólo se convenció de que para las elecciones le conviene abrazarse a Cristina, también ha asumido que gobernará con ella. Y no porque crea en las supuestas bondades del “proyecto”, tampoco porque ignore la bomba de tiempo que ella está dejando detrás, sino precisamente porque sabe muy bien que aquél no tiene futuro y que el efecto de ésta puede ser devastador y desarmarla será muy complejo. Así que entiende necesitará abrazarse a CFK, a La Cámpora y a todo el que tenga algo de poder para compartir con ellos los costos. No vaya a ser que le echen la culpa de las malas noticias que habrá que repartir a diestra y siniestra.

La ola que lo depositó en la fervorosa apuesta por la continuidad que hoy profesa está compuesta tanto de encuestas de opinión como de un estado calamitoso de las cuentas fiscales: Scioli advirtió que sin Cristina no iba a poder ganar, probablemente al mismo tiempo que concluyó que las arcas públicas van a estar tan agotadas cuando llegue a la Presidencia, si es que llega, que no tendría margen alguno para la rebelión. Lo que supone una cierta paradoja: es porque sabe perfectamente que el modelo económico y distributivo está catatónico, que concluyó que no podrá prescindir del modelo político, que deberá acelerar para atravesar un valle de lágrimas y usar todos los medios creados en estos años para la imposición omnímoda del Ejecutivo nacional con el fin de evitar un estallido o evitar al menos que, si el estallido se produce, lo arrastre a la ruina.

Su apuesta por el camporismo por tanto tiene su lógica no sólo de acá al 10 de diciembre, sino para lo que seguiría después. En otras palabras, no sólo acepta a Zannini para engañar a Cristina, lo acepta porque piensa usar todas sus artes y recursos, así como los del resto de los ministros y legisladores cristinistas, con vistas a sobrevivir al dilema fiscal y económico que ellos mismos han gestado.

No es la primera vez que, sin plata, el peronismo gobernaría con la fusta en la diestra. Lo pretende hacer, como casi siempre hizo el peronismo, con el argumento nacional y popular en la siniestra: el ajuste no será ajuste, será como ya es ahora, como fue desde 1950, o en 1973, “soberanía económica”.

Scioli se inscribe así en la larga tradición de líderes peronistas engañadores: Perón mandando cartas a Montoneros con citas a Mao y el Che, mientras preparaba su regreso al poder de la mano de López Rega; Menem anunciando el salariazo mientras tejía un plan de gobierno con Di Tella, Cavallo y los muchachos de Bunge y Born; el propio Kirchner declarando su lealtad a Duhalde y la voluntad de continuar la tarea emprendida por Lavagna al mismo tiempo que se preparaba para conducir al cadalso a ambos.

Siempre en estas historias hay un engañador, un socio y cobeneficiario, y un engañado. Es cierto que la historia no se repite mecánicamente, pero mucho menos lo es que se corrige o que se vuelve inocua, pura farsa. Por lo que podemos estar seguros de que en caso de que Scioli llegue a la Presidencia vamos a presenciar un nuevo juego de engaño y desengaño, considerables conflictos y un desenlace de tragedia para alguna de las partes, o todas ellas. Que esperemos sea menos cruento que los que nos regaló Perón, y más parecidos a los de Menem y Kirchner.

Una primera pregunta que cabe hacerse al respecto es si Scioli ya tiene decididos los roles en la pieza teatral que planea encabezar tras su llegada al poder, o si sigue escribiendo el libreto sobre la marcha, y como suele hacerse en las telenovelas de entregas semanales, acomoda los papeles según lo que manden la audiencia y los avisadores.

Todo parece indicar que su estrategia es más bien de este segundo tipo. Y en ello se parece más a Menem que a Perón o a Kirchner: su programa de acción, sus alianzas y la composición misma de su eventual gobierno los va tejiendo según las circunstancias. Lo que no es mala idea dado lo incierto del escenario que lo rodea, y la altísima probabilidad de que se vuelva aún peor en 2016, enfrente encuentre muchos problemas y sólo después de lidiar con ellos pueda construir un poder firme, controlar la administración y su coalición de apoyo.  Algo que a Menem recordemos le costó dos años de descalabros, conflictos y recambios de gabinete. Y en cambio Perón y Kirchner consiguieron mucho más rápido y supieron desde un principio cómo encarar.

Por ahora Scioli celebra que también Cristina se decidió a convertirlo en presidente. Que ella no se autopostulara a ningún cargo, que evitara el Máximo error y mandara a su hijo a Santa Cruz, que dispusiera una muy democrática competencia por la gobernación bonaerense son todas señales de que la señora está dispuesta a apostar racionalmente por un bien común, común a todo el elenco gobernante, y no pretende hacer locuras.

Hay que ver de todos modos si la racionalidad sigue primando cuando la campaña se empiece a agitar. ¿Aceptará esconder a Zannini como siempre ha hecho en tiempos electorales con los más impresentables de su elenco estable, los Bonafini, los D´Elía, los Báez? ¿Moderará la polarización dejando que Scioli hable un poquito aunque sea del cambio, y que Bein o algún otro por el estilo vuelva a pronunciar alguna promesa mínimamente razonable sobre economía? Perón decía, con esa brutalidad campechana que lo caracterizaba, que para hacer un rancho no viene mal mezclar con la paja y el barro un poco de bosta, y que el secreto es saber la dosis exacta, porque si se pone demasiada las paredes hieden y la casa se derrumba. Los más sabios kirchneristas saben muy bien que la polarización no es algo que convenga en cualquier circunstancia, y la próxima elección será una de esas situaciones en que lo más importante es dosificar todo con cuidado.

por Marcos Novaro

publicado en TN el 22/6/15

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