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Tabaré y el Papa se alejan de Maduro. Carta Abierta no

Tabaré Vázquez, el Papa Francisco y hasta los populistas italianos en los últimos días marcaron distancia con el régimen chavista. Nadie quiere quedar pegado a la catástrofe, o casi nadie: Carta Abierta dio ejemplo de consecuencia.

Mauricio Macri se entrevistó con el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, en Colonia, y se pusieron de acuerdo bastante rápido en reclamar se convoque cuanto antes a elecciones transparentes, fiscalizadas por veedores internacionales, en Venezuela.

Los dos sacaron provecho de la reunión y de ese acuerdo: el argentino porque sigue mostrándose como un líder con capacidad de diálogo e incidencia en los temas más relevantes de la agenda regional, y aprovechándose de que Brasil todavía no logra recuperar su tradicional peso en ese terreno (y mientras esté Bolsonaro en el Planalto puede que esta ventaja para Argentina se prolongue); y el uruguayo porque le permitió revelar una actitud más responsable y menos ideológica que la mayoría de sus socios del Frente Amplio, y tal vez logre así que este no pierda tantos votos cuando se elija a su sucesor, en octubre próximo, por la posición que ha adoptado sobre el drama venezolano, rechazada ampliamente en Uruguay igual que en todos los demás países de la región.

Algo semejante hizo el gobierno italiano, compuesto por populistas de derecha y de izquierda, que en principio estuvieron entre los pocos que resistieron la ofensiva de la Unión Europea contra el régimen chavista y no reconocieron a Juan Guaidó. El canciller italiano, Enzo Moavero recibió días atrás a una delegación enviada por el gobierno provisional, aunque siguió sin reconocer abiertamente la legitimidad de su designación por la Asamblea Nacional. Pero a continuación decidió negársela a las elecciones de mayo pasado, que consagraron la reelección de Maduro, y avalar el reclamo de nuevos comicios transparentes, que deberían hacerse “cuanto antes”. También decidió enviar ayuda humanitaria.

Casi en simultáneo el Papa Francisco hizo filtrar una carta supuestamente secreta dirigida a Nicolás Maduro en que le reprocha que en el pasado se aprovechara ladinamente de sus buenas intenciones. La carta dice textualmente que el diálogo que el Vaticano propició en 2016 llegó a acuerdos que el chavismo gobernante incumplió, y que no hay garantías de que eso no se vaya a repetir

En suma, Francisco dice haber sido engañado y utilizado por Maduro, dando a entender que ya no confía en él. Y modifica disimuladamente la postura que hasta ahora tenía sobre el diálogo: apenas días atrás había dicho que éste dependía de que “las dos partes lo aceptaran”, y como la parte que no quería repetir el chasco de 2016 era la de las fuerzas democráticas, le seguía haciendo el juego al régimen, dando a entender que éste al menos era más flexible y abierto a su mediación. Ahora por suerte ha dejado de enredar las cosas y enredarse, y toma distancia. También dejó de lado la absurda comparación con la mediación papal en el diferendo por el canal de Beagle entre Argentina y Chile: en Venezuela no hay dos “partes”, mucho menos dos estados en pugna, hay de un lado una dictadura que arrasó con la legitimidad democrática y constitucional, y del otro una amplia mayoría social y la última institución que respeta la constitución, y busca recuperar la democracia antes de que sea tarde.

Sucede que, a medida que pasa el tiempo, cada vez es más difícil rechazar esa descripción de la situación, y también el hecho de que para el régimen ya no hay salida que no suponga graves conflictos y costos: o él se impone a la sociedad y a la Asamblea Nacional a través de la represión y una abierta conversión al castrismo, o se fractura y entra en una fase de descomposición que puede ser bastante violenta. Los opositores más optimistas y algunos analistas sugieren que existe también la opción de que Maduro y su grupo queden aislados y decidan ceder o escapar. Pero sinceramente las posibilidades de que algo así suceda son mínimas.

Y es que todavía el régimen cuenta con recursos internos y externos para sostenerse. Entre los externos está la solidaridad de actores que no consideran la democracia pluralista un valor, y en muchos casos la estiman un disvalor. Es el caso de los regímenes híbridos o totalitarios de Rusia, China, Turquía, Irán, Nicaragua y Cuba. Y también de la izquierda populista latinoamericana. Para muestra basta un botón. Volvió a la palestra Carta Abierta, pero no para imitar esta vez al Papa, sino para ir en la dirección contraria: celebró la resistencia chavista contra el imperialismo, y que en el corazón de esa resistencia esté la unidad de las fuerzas armadas venezolanas en su apoyo, según ellos, la garantía de la paz y la concordia, de que el golpismo no triunfe.

Es curioso el argumento: para estos intelectuales de izquierda el hecho de que el último sostén del régimen chavista sea la fuerza militar no es evidencia de su carácter autoritario y antidemocrático, ni mucho menos de su recurso cada vez más asiduo a la violencia y la violación de los derechos humanos, tal como sucediera en otras dictaduras latinoamericanas que en el pasado ellos repudiaran. Sino que es todo lo contrario: es la prueba de que Maduro es legítimo y pacífico. Lástima que no extendieron su elogiosa referencia al papel de los militares a sus colegas de la policía, los grupos paramilitares y los servicios de inteligencia. Por ahí lo daban por descontado: encuentran el mismo espíritu antimperialista en todos esos matones, usen o no uniforme. O por ahí les dio un poquito de vergüenza. Porque una cosa es soltar un lagrimón pensando en los militares chavistas como émulos de Perón, y otra pensar en el Sebin, el Servicio Bolivariano de Inteligencia, sin acordarse Massera y Astiz.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 13/2/2019

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La Pampa quiere ser tendencia

Este domingo 17 de febrero se vota por primera vez en el país, inaugurando un año electoral que va a ser movidito. Además de largo, muy largo.

Se trata de las internas no obligatorias de la Pampa. Uno de los distritos más chicos del país (su padrón representa menos del 1% del nacional), pero que ha jugado en la escena nacional roles importantes, y contó para hacerlo con una dirigencia local, sobre todo peronista, muy estable y muy hábil en las negociaciones legislativas y presupuestarias con la Nación.

La gran novedad es que esta vez quienes competirán por las candidaturas, y en mayo próximo competirán por los cargos ejecutivos locales y distritales, para empezar el de gobernador, integran una nueva generación, están menos curtidos y tienen muchos menos kilómetros recorridos en las lides electorales que Carlos Verna, el actual mandatario, que se autoexcluyó de la competencia por cuestiones de salud, y Rubén Marín, el otro sobreviviente de los años noventa, formando ambos una entente que, como De la Sota y Schiaretti en Córdoba, le dieron estabilidad a la política provincial por varias décadas. Los nuevos, ¿estarán a la altura del desafío? ¿Y si no cumplen con las expectativas de los votantes, ni de un peronismo que necesita mostrarse renovado no solo ahí si no en muchos otros lugares del país?

La forma en que el peronismo procesará esta sucesión de los liderazgos locales va a tener relevancia nacional también por otro factor: en La Pampa se está llevando a la práctica lo que Cristina y su sector vienen promoviendo urbi et orbi, listas de unidad que incluyan a todos los sectores y eviten que la fragmentación y los cismas que ese partido ha venido sufriendo en los últimos años beneficie una vez más a Cambiemos. El de la Pampa será el primer ensayo para saber si eso funciona, atrae a los votantes, o los espanta por ofrecerles una bolsa de gatos que estos no quieren ver juntos.

Téngase en cuenta que en 2017 el Cambiemos pampeano estuvo cerca de dar un batacazo: triunfó sorpresivamente en las internas provinciales; luego, en las elecciones generales, el peronismo remontó y logró quedarse como siempre con la mayoría de las bancas legislativas en disputa, como siempre sucede. Pero la competencia quedó abierta y va a poner también suspenso en el resultado en esta ocasión.

También por un atractivo que ofrece la competencia dentro de la oposición distrital: los radicales tienen su candidato a gobernador, el diputado nacional Daniel Kroneberger, y el PRO el suyo, el colorado Carlos Mac Allister. Así que los electores tendrán un incentivo extra para participar en su interna. Que no existirá en el caso del oficialismo: ese es otro inconveniente de las listas de unidad, ya se sabe quién será el candidato, ¿para qué ir a votarlo?. Más si participar es optativo. En este caso el elegido del peronismo es Sergio Ziliotto, ex ministro de Verna y actual diputado. Tampoco para las intendencias habrá mucha competencia que digamos en esa fuerza.

El otro resultado que va a hacer ruido es el de la intendencia de la capital, Santa Rosa. En este caso porque la controla el radicalismo, y el peronismo apuesta a desbancarlo, aprovechando una gestión bastante deslucida.

Pero por sobre todo, en lo que va a centrarse la atención es en cómo resultan los números globales en comparación con dos años atrás. Eso permitirá responder, o algunos intentarán que responda, la pregunta respecto a cuánto perdió Cambiemos desde entonces, y cuánto recupera el peronismo. Si la elección es más o menos pareja, el gobierno nacional podrá respirar aliviado; si no lo es, tratará de disimularlo y en cambio los peronistas de todo pelaje machacarán con que “hay 2019, estamos volviendo, Macri ya fue, etc”.

¿Tiene alguna chance Cambiemos de salvar la ropa? El electorado de la provincia está formado por dos grandes grupos: los empleados públicos, entre los que siempre gana el peronismo y seguro no están más contentos ahora que dos años atrás con las políticas del gobierno nacional, y los sectores ligados al agro, que seguramente tienen buenas perspectivas para este año pero vienen de uno muy malo, y suelen tener por costumbre dividir su voto, igual que pasa en Córdoba, para los cargos locales y provinciales a veces votan al peronismo y a nivel nacional tienden a evitarlo, y han sido más bien macristas en los últimos tiempos.

Como la de este domingo es una elección puramente local, si sale mal, los ocupantes de la Rosada van a decir seguramente que no los afecta, porque para ellos lo único que cuenta es cómo resulten las cosas en octubre, y tienen motivos para esperar que les vaya mejor entonces que a sus representantes locales ahora. Y puede que así sea. Igual, difícil que puedan disimular del todo que el año electoral lo empezaron con el pie izquierdo.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 12/2/2019

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Duhalde también dispuesto a negociar con cristina

En un reportaje que publica este domingo el diario La Nación, el ex presidente Eduardo Duhalde promueve una vez más a su ex ministro de Economía para liderar la etapa que se abrirá en octubre de este año, y deja caer una frase curiosa: “Cristina no ve mal lo de Lavagna”.

Todos están jugando al misterio y la ambigüedad en el confuso espacio del peronismo. Si ese mensaje de la ex presidente a su predecesor existió, convengamos en que no fue nada claro, ¿qué quiere decir que no “ve mal a Lavagna”?, ¿que podrían entenderse, que le parece más simpático o menos insoportable que, pongamos, Massa o Utrtubey? Si con Massa ya los kirchneristas vienen conversando hace tiempo para buscar una vía de cooperación al menos en provincia de Buenos Aires, ¿será que quieren hacer lo mismo y a nivel nacional con el economista, ahora devenido esperanza del peronismo blanco?

¿Y con qué intención revela esa señal de acercamiento Duhalde?, ¿para abonar la idea de la unidad nacional a la que tanto él como su candidato apuestan como fórmula para promover su espacio y llegar al gobierno? ¿O simplemente como un modo de acercarse a los votantes de Cristina, no a ella, para robárselos (que es algo que, se puede sospechar, también es lo que estaría intentando Massa)?

El mensaje de Duhalde por de pronto tiene varios supuestos. El principal es que Crristina no puede ganar y Lavagna sí, y para Cristina y los suyos el peor escenario es que vuelva a ganar Macri, así que hay que tentarlos a alguna forma de acuerdo, para evitar el mal mayor.

Eso puede sonar más o menos razonable, pero tal vez sea más bien difícil llevarlo a la práctica. Porque ¿qué pasaría si la ex presidente le contesta “ok, encontrémonos y charlemos”? Lo más probable no es que Lavagna le robe algún voto a Cristina si no que pierda a algunos de los que ahora está en condiciones de seducir.

Lavagna está entre los dirigentes con mejor imagen del país, cerca de los números de Vidal. Pero no reúne mucha más intención de voto que Massa o Urtubey, al menos por ahora (suma alrededor de 11 %, muy lejos de los 30 puntos que tiene CFK). Es decir que sus posibilidades de crecer no son despreciables. Y puede hacerlo tanto entre los peronistas moderados como entre los oficialistas desilusionados. En realidad, más entre estos últimos que entre los primeros: quienes simpatizan con él se parecen mucho a los que lo hacían hasta hace poco con el gobierno. Pero lo importante es que a ninguno de esos dos grupos, donde el rechazo a los gobiernos anteriores y sus políticas es muy marcado, les va a gustar que aparezca trenzando con la mayor responsable de esas desgracias. Entonces, ¿cuál es el negocio de Duhalde al revelar este acercamiento con el kirchnerismo?

Tal vez esté demasiado apurado en promover su propia versión de la unidad nacional, que parece ser una en que, ante todo, el peronismo vuelve a estar él mismo unido y actúa como su cemento y motor.

No es una idea que sea fácil de llevar a la práctica, pero convengamos que tampoco lo es la que sobre “el gobierno de unidad nacional” ha dado el propio Lavagna. Para éste parece que todo se reduce a que los distintos sectores confluyan detrás de su candidatura, abandonen la idea de disputarse cargos en internas o cosas por el estilo, y acepten su probada capacidad para lidiar con dificultades económicas. Pero lo más que podría aspirar a sumar de este modo es a retazos del peronismo y el radicalismo, y algunas fuerzas menores, los socialistas de Santa Fe y la corriente de Stolbizer.

Duhalde está pensando, como él mismo dice en el reportaje de marras, en un “gobierno que cuente con mayorías legislativas”, y para crear algo así necesitaría descomponer los dos polos que hoy hegemonizan la política argentina, el kirchnerismo y Cambiemos. Es decir, deberíamos retrotraernos a la situación política que se vivía a fines de 2001, con el agregado de que el peronismo ya no estaría fragmentado como sucedió mientras Menem siguió siendo un ex presidente con aspiraciones.

Repetir esa historia, y en esta versión “mejorada”, ¿es viable?, y más todavía, ¿sería razonable? En nuestra lucha política demasiadas veces se confunde la máxima según la cual “la historia es maestra de vida” por la idea de que se puede repetir la historia para corregirla. A Duhalde, en el fondo, lo persigue el “error” de haber elegido a Néstor Kirchner en vez de a Lavagna para sucederlo en 2003, y quiere tener una segunda oportunidad para corregir el desaguisado que a partir de esa decisión se armó. Pero no es buena idea que confunda lo que él quiere con lo que se puede hacer.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 10/2/2019

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Báez, De Vido, Cristina, mafiosos con menos visión que Don Corleone

¿Por qué, a diferencia de renombradas familias de la mafia, los k no se esmeraron en salvar siquiera a sus hijos del peligro de quedar implicados en la corrupción? Porque hasta los capos mafiosos han tenido en muchos casos un sentido de la responsabilidad familiar y del progreso colectivo que está ausente en la mayoría de nuestros grandes corruptos.

Hay un momento muy revelador de la historia que cuenta El Padrino. Es cuando Vito Corleone, el patriarca familiar, explica que a su hijo Michael le ha reservado un rol especial, el de limpiar el apellido, asegurándole una carrera respetable y credenciales de buen ciudadano, que el resto de los miembros del clan nunca podrían comprar, por más ricos y poderosos que llegaran a ser. Claro que las cosas pueden terminar muy mal, aún saliendo bien, y es lo que da su sentido trágico a la novela de Mario Puzo.

La mafia ha tenido y sigue teniendo, sobre todo en sociedades relativamente jóvenes y abiertas, ese costado que la asocia al progreso para minorías étnicas y otros grupos subalternos. El de ser un método de acumulación originaria a través del cual sectores desfavorecidos apuestan a sortear las barreras existentes para el ascenso social, de modo de integrarse o reintegrarse en la sociedad a la que pertenecen, en mejores términos de los que les ofrece una “vida respetable”.

Ahora que hay mafias y mafias. Así como algunas son más violentas que otras, unas buscan blanquearse a través de la política y otras lo hacen a través de la reconversión económica, o el simple blanqueo de capitales. Y algunas invierten grandes esfuerzos en mimetizarse y volverse con el tiempo respetables, mientras que otras hacen más bien lo contrario, se esmeran en corromper todo lo que hay a su alrededor.

Lamentablemente las nuestras parecen ser de este último tipo, son corruptoras además de corruptas. Y eso no solo genera problemas extra al resto de la sociedad, sino también a sus retoños, sus hijos y herederos, porque reciben una herencia en ocasiones inconveniente.

Es lo que está sucediendo con los hijos de Báez, y ha sucedido ya con los de Néstor y Cristina, los de De Vido y tantos otros. Sus padres no se ocuparon en lo más mínimo de asegurarles una carrera respetable y credenciales de buenos ciudadanos. Nada de eso. Los pusieron a contar billetes.

¿Por qué? Es una buena pregunta. Responderla nos podría ayudar a entender el daño moral y social, no sólo económico y político, que estas prácticas nos vienen provocando.

El mensaje que han querido dar los pater familias de nuestro caso parece ser que estarían muy contentos si sus hijos siguen su ejemplo, porque no hay nada mejor que hacer.

En la actividad mafiosa de los Corleone había un objetivo final, una suerte de aspiración a superarse, integrarse en una sociedad más amplia que el grupo familiar, cuya vida económica y valores se consideraban en alguna medida “mejores”, más “respetables”.

Acá no, la sociedad que rodea al grupo familiar es equivalente a un coto de caza formado por giles que carecen de toda virtud particular y no progresan para ningún lado, a menos que se sumen a las prácticas mafiosas no tienen futuro. Solo la familia lo tiene, y siempre que sea sólo solidaria consigo misma, es decir, no abandone el pacto de la omertá.

Tal vez por eso es que ver cómo el hijo mayor de Lázaro Báez es conducido a la prisión de Ezeiza es particularmente impactante, y aunque por un lado bastante triste, pueda a la vez considerarse una sólida evidencia no sólo de que él y el resto de la banda que abusó del poder por largos años va a pagar por sus crímenes, si no que su diagnóstico sobre lo que somos y valemos como sociedad está equivocado.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 7/2/2019

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Más peronistas se inclinan ante Cristina, ¿para reconciliarse o engañarla?

Con la propuesta de hacer listas de unidad en todas las provincias, Cristina está alejando apoyos a Alternativa Federal. Pero no está claro que eso vaya a alcanzarle para darle más sostén a su candidatura presidencial.

Durante los últimos meses del año pasado Cristina fue reuniendo en torno suyo a algunos ex críticos de su proyecto y su liderazgo: gente en general sin votos ni mayor arrastre partidario. Así que ni Alternativa Federal ni Macri se preocuparon demasiado.

Pero en los últimos días ha habido un par de novedades sí más alarmantes para estos otros dos polos de la competencia nacional: la más seria fue la ruptura del gobernador tucumano, Juan Manzur, con AF justo en el momento en que el sector iba a hacer su gran presentación de verano en la provincia de Buenos Aires.

Manzur anunció que ya no cree necesario ni mucho menos conveniente competir con su predecesor, Alperovich, por lo que buscará una lista de unidad en su distrito. Se infiere que su cambio de actitud obedece a que temió que la competencia no le fuera favorable dado los votos que podía arrimarle Cristina a su contrincante.

Y el problema es que no es un caso aislado: más y más líderes territoriales están en estos momentos aceptando el convite de los kirchneristas de hacer listas de unidad en sus distritos, independientemente de lo que cada uno piense hacer en la elección nacional.

Otro chisporrotazo que debe haber encendido las alarmas en AF y en Cambiemos fue el que se desató casi en simultáneo entre Massa y Pichetto. El primero podría terminar siendo candidato a gobernador bonaerense. Allí una lista de unidad es casi imposible, más todavía ahora que las elecciones serán simultáneas. Pero si Massa acepta jugar ese rol sabe que sus chances mejorarán si logra seducir a votantes de Cristina que no tendrán un candidato propio muy atractivo que digamos para la gobernación (ni Kicilloff ni Magario lo son). Por lo que quiso dejar en claro que no va a decir una palabra en contra de su ex jefa, más bien al contrario, va a imitarla en todo lo que ella viene diciendo. Así que el senador rionegrino se vio en la necesidad de aclarar que no piensa participar de un juego en que la beneficiaria final termine siendo la señora.

Bien podría contestarle Massa: ¿no es contrario a la lógica política misma desconocer las condiciones que impone la competencia electoral?, ¿cuántos en el peronismo “alternativo” van a estar dispuestos a seguir a Pichetto en su negativa a usufructuar aunque sea una porción de los votos de Cristina, que carecen de correlato en candidatos territoriales fieles a su causa? Finalmente, lo que quiere hacer Massa es parecido a lo que viene haciendo la enorme mayoría de los intendentes peronistas de la provincia, pero con un poco más de distancia y disimulo.

La evidencia que ofrecen las encuetas sobre la resiliencia de la ex presidente como la figura por lejos más popular de la oposición, en suma, está llevando ahora sí a actores de peso del peronismo a amoldarse a al menos algunas de las condiciones que ella impone: en particular a la de “unidad como sea”, al menos para las elecciones provinciales y municipales.

¿Dónde está el problema? Lo que podría contestar Pichetto es que el kirchnerismo por esta vía espera, y podría lograr, que tras generalizar los acuerdos locales y distritales de unidad se vuelva irrelevante lo que decidan finalmente hacer los dirigentes que todavía insistan con Argentina Federal en octubre: si la unidad funciona y aporta triunfos electorales a los caciques territoriales, con la colaboración de figuras y votos del kirchnerismo, luego será más difícil de lo que ya es ahora para los disidentes peronistas justificar su rechazo a una convergencia en la elección presidencial, o ignorar el hecho de que así el único que se beneficia es Macri.

Pero Massa tal vez se esté haciendo otra idea de la situación. Si prosperase la candidatura de Lavagna, dejaría de ser muy relevante en octubre qué hayan hecho meses antes los gobernadores e intendentes del peronismo en sus distritos, para ganar sus elecciones locales anticipadas. Los dirigentes como Manzur y demás gobernadores que se ausentaron del lanzamiento de AF en Mar del Plata habrán sido reelectos y tendrán la legitimidad revalidada, y las manos suficientemente libres, para invertirla en pos un triunfo del peronismo renovador.

Es un poco aventurado (por ahora no está nada claro que Lavagna pueda desbancar a Cristina de su posición preeminente entre los votantes peronistas, sobre todo en el conurbano), pero no inverosímil. Y puede que Cristina ya haya previsto ese riesgo, y por eso insista en que la unidad sea también para las listas de legisladores nacionales, como para ahogar un poco más los sueños de la disidencia.

Vistas así las cosas, todo se reduce a un juego de simulaciones: ¿quién está usando a quién? ¿Es Cristina la que saca provecho del desdoblamiento electoral dispuesto en casi todos los distritos, para mostrar que la oposición puede ganar y diluir el rechazo de la mayoría de la dirigencia peronista a su candidatura y eventual regreso al poder? ¿O es esta dirigencia la que se propone usar a Cristina y a los votos que ella aún tiene, para conservar sus cargos, y luego piensa abandonarla a su suerte o peor aún contribuir a su derrota? Los líderes territoriales que en 2017 en gran parte habían ya cortado del todo su vínculo con el kirchnerismo, ¿están revisando esa decisión o solo simulan hacerlo?

Conociendo un poco el instinto peronista lo más probable es que estén haciendo las dos cosas a la vez, y se preparen para confesar su “verdadera intención” cuando todo haya terminado y sea hora de anotarse ya más en serio en el bando vencedor. Si es que algo de esto funciona y encuentran un tronco en que rascarse.

por Marcos Novaro
publicado en TN.com.ar el 5/2/2019

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En Venezuela restablecer la democracia no será nada fácil

Guaidó y los suyos, ¿no pecan de optimistas? ¿Hay realmente chances de que el chavismo colapse, de que las movilizaciones desde adentro y las presiones desde afuera convenzan a parte de los militares y de los antiguos seguidores de Chávez de que hay que frenar a la banda desalmada que se ha adueñado del poder?

Juan Guaidó anuncia cada vez que puede que pronto los militares van a abandonar a Nicolás Maduro, porque solo una porción de la cúpula castrense está involucrada seriamente en el sostén del régimen y “nadie se va a inmolar para sostenerlo”.

Los intelectuales disidentes postulan que es imposible que se produzca un escenario de guerra civil ni nada parecido, porque todo el pueblo está por la recuperación de la democracia, no hay dos bandos en pugna, lo único que controla Maduro es a las bandas paramilitares, y a la fuerza represiva, y a esta a medias, por lo que su recurso a la violencia y la eficacia de la misma también irán menguando.

Los voceros de la Asamblea Nacional, el Parlamento venezolano, confían en que, contando ellos ahora con el apoyo de la amplia mayoría de las democracias de la región y de Europa, y sumándole a eso además las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos, el aislamiento internacional va a terminar sofocando al régimen en el corto plazo, porque él no tiene recursos para sostener ni siquiera el muy magro nivel actual de importaciones en rubros como alimentos y medicamentos básicos, y ni China ni Rusia pueden hacer mucho por ayudarlo, ni van a estar dispuestos a arriesgar demasiado por un país tan distante de sus zonas de influencia.

Todos ellos creen, finalmente, que después de años de divisiones y equivocaciones, la oposición ha encontrado, gracias a la autoproclamación de Guaidó como presidente encargado, la vía para sostener la presión de las calles, dándole un vocero común e incuestionable y a la vez invalidar institucionalmente, con la constitución en la mano, la legitimidad democrática que todavía reclaman para sí los chavistas. Por lo cual esperan que las divisiones en ese espacio, sobre todo los desacuerdos con Maduro y su círculo de parte de viejos chavistas, pronto se multipliquen y lleven al colapso del régimen “desde adentro”, sin necesidad de una lucha abierta en las calles.

Estas cuatro fuentes de autoconfianza puede que sean imprescindibles para darle a la oposición democrática la fuerza de voluntad que necesita para movilizarse y sostener la iniciativa política. Dos cosas que pocas veces lograron combinar en años pasados. Y en lo que desde principios de enero vienen sorprendiendo gratamente a los observadores internacionales y a todos quienes se solidarizan con una democracia que parecía estar extinguiéndose sin remedio.

Pero puede que una cosa sea lo que ellos necesitan creer y otra lo que deben saber para no equivocarse, no pecar, una vez más, de exceso de optimismo. Como cuando se convencieron, a fines de 2015, que Maduro era un inepto sostenido apenas por una banda de narcos y un grupo de inteligencia castrista, y habiendo las fuerzas de oposición ganado la mayoría del Poder Legislativo, en poco tiempo podrían sacarlo de las narices del Ejecutivo.

Como sabemos no fue así. Cuatro años después, mirando hacia atrás, lo que vemos es que el régimen fue cumpliendo paso a paso, con paciencia y disimulo, todos los requisitos para convertir una democracia a medias en algo muy parecido a un régimen de partido único y sin ningún freno. Pese a la fenomenal crisis económica y humanitaria que se desató simultáneamente sobre el país. No deja de tener su mérito.

No es nada seguro que vaya a dejar de ser así. Astutamente Maduro anunció que adelantarán las elecciones, no de presidente, si no de legisladores, con lo cual apuesta a hacerse de la oportunidad para borrar del mapa a la última institución que no controla y todavía respeta la letra y el espíritu de la constitución vigente. “¿Quieren elecciones? Les damos elecciones. Las que nosotros necesitamos para sacarlos del tablero”. ¿Qué van a hacer los opositores, se presentarán o se volverán a dividir y una buena parte rechazará participar, como sucedió el año pasado?

Es cierto que algunos militares se han rebelado, en los últimos días incluso lo hizo un general. Pero se trató de un burócrata sin mando de tropa, nada que realmente amenace el férreo control que Diosdado Cabello y sus amigos cubanos lograron instaurar entre los uniformados. Muy difícil de quebrar porque involucra infinidad de negocios, mafias y privilegios.

Es cierto también que los opositores han vuelto a ocupar las calles, pero ese tampoco es un terreno que el régimen haya abandonado: ayer mismo logró hacer una concentración para festejar los veinte años de la revolución bolivariana, que rivalizó con las manifestaciones en su contra. Gracias a la cual podrá decir que “el verdadero pueblo lo sigue apoyando”, o al menos que hay una “grieta” y nada lo obliga a hacerle caso a la parte del pueblo que, equivocada y manipulada por el Imperio, está en su contra.

Por último, no es menor el interés que en el ajedrez que juegan entre sí las superpotencias, tiene el peón venezolano. Y ni los rusos ni los chinos van a ceder un ápice de las ventajas que le han sacado hasta aquí a Estados Unidos en esa disputa, mientras puedan evitarlo. Menos todavía por una cuestión tan inconveniente para ellos como es la de defender la democracia pluralista y demostrar su superioridad moral o práctica. Nada de eso.

Tampoco hay por qué ser derrotistas. Es indudable que los demócratas venezolanos dieron un fenomenal paso adelante cuando apostaron a la Asamblea, a Guaidó y a impugnar la reasunción de la presidencia por Maduro. Y las democracias occidentales no los defraudaron cuando cerraron filas, casi todas, en su apoyo y dejaron de hacer simples declaraciones de ocasión. Pero nada va a ser sencillo de aquí en más.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 3/2/2019

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El apoyo al gobierno cae porque ya no alcanza con controlar el dólar

El año pasado terminó con buenas noticias para el oficialismo: subía en las encuestas, y subía también el optimismo económico. Esto se debió fundamentalmente a que, de octubre en adelante, logró controlar la escalada del dólar, que había sido el principal motivo de alarma de la opinión pública durante buena parte de 2018.

Pudo disfrutar, en consecuencia, de un diciembre insólitamente calmo. Sin mayores protestas, sin la típica ola de piquetes con que hemos despedido años incluso bastante más promisorios de lo que fue el horrible 2018. Por sobre todas las cosas, sin un solo saqueo ni otras manifestaciones de violencia.

¿Qué pasó desde entonces? La situación cambiaria y financiera siguió mejorando, cayó el riesgo país y bajó drásticamente la tasa de interés, los bonos argentinos se recuperaron y el Banco Central empezó a aumentar legítimamente sus reservas, sin endeudarse. Pero nada de eso alcanzó para que se prolongara la racha de buena onda de la opinión pública con el gobierno. Al contrario, volvió el clima de mal humor, la imagen de Macri volvió a caer y también lo hizo la confianza en que se recupere pronto la economía.

La evaluación negativa de la situación económica, que había bajado entre septiembre y diciembre de 70 a 61%, recuperó en un solo mes casi todo el terreno perdido, y hoy está de nuevo en 69%, según datos de la consultora Opinaia. Los que declaran expectativas positivas sobre la economía cayeron entre noviembre y enero del 35 a solo el 30%. La evaluación negativa de la gestión de gobierno, que se había estabilizado en torno al 68%, saltó en enero al 72%.

Por primera vez, además, la imagen de Macri es peor que la de Cristina: en diciembre el actual presidente todavía tenía 40% de imagen positiva, contra 60% de negativa, mientras que su predecesora reunía 38 y 62 puntos respectivamente; en enero esta se mantuvo casi sin cambios, pero para Macri aumentó el rechazo a 64%, mientras las adhesiones se reducían a sólo 36%.

Y es bastante lógico que haya sido así: después de tres o cuatro meses de calma cambiaria, ya no hay por qué seguir festejando que el dólar esté quieto, la gente vuelve a prestarle más atención a otros asuntos, como la pérdida de ingreso, la inflación y en particular la suba de tarifas, todos temas en que el gobierno nacional tiene mucha responsabilidad y, por ahora al menos, poco o ningún avance que mostrar. O peor todavía, sigue dando malas noticias, en un contexto en que no parece ya justificarse que lo haga porque “no queda otra”.

En particular, no parece haber caído nada bien que, mientras el dólar cae, se sigan aumentando las tarifas, y se prolongue la alta inflación. Si la cotización de la moneda norteamericana está estable o incluso retrocede, ya no se la puede responsabilizar por los aumentos. Así que la responsabilidad está en otro lado: principalmente en el gobierno, que debe estar haciendo mal su tarea. Y peor todavía, no le importan los problemas ni los costos que sus decisiones tienen para la gente común.

Que Guido Sandleris siga en estas circunstancias actuando como principal vocero de la gestión de gobierno puede que no sea, en consecuencia, una buena idea. Menos todavía que se muestre sonriente cada vez que anuncia que se absorberán más dólares del mercado. Porque invita a la gente del llano a preguntarse: ¿si les sobra plata no sería mejor que la usaran en algo que sí nos beneficie?

Es cierto que así como cayó, la imagen del gobierno puede volver a subir y recuperar lo perdido. Esos ciclos ya se repitieron varias veces durante la gestión de Cambiemos. También lo es que entre Guatemala y Guatepeor, no dejaba de ser preferible concentrar las malas noticias en el verano, para poder arrancar en serio el año electoral en marzo con el panorama más despejado. Pero también lo es que por ahora lo que se ha medido es el golpe de los anuncios sobre tarifas, todavía no llegaron las facturas con los aumentos. Cuando eso suceda, y si mientras tanto no se compensa con alguna buena nueva, ¿la situación no será aún peor?

por Marcos Novaro
publicado en TN.com.ar el 31/1/2019

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Francisco sigue mal informado sobre Venezuela

Tras la visita a Panamá, el Papa Francisco hizo dos planteos que quisieron ser neutrales y equilibrados sobre la situación venezolana: dijo que no iba a reconocer a Juan Guaidó porque “en su rol pastoral no podía apoyar a ninguna de las partes en conflicto” y que su prioridad era evitar “derramamiento de sangre”. Por momentos da la impresión de que está muy mal informado sobre lo que está pasando bajo el régimen chavista. Y en otras ocasiones da a pensar simplemente que toma a sus interlocutores por tontos.
Sus dos definiciones de neutrales no tuvieron más que la apariencia.
En lo que se refiere a la legitimidad de Gauidó para asumir la presidencia en forma provisional, porque Francisco olvidó que el Vaticano sí había enviado, pocos días antes, un representante a la asunción de Nicolás Maduro. Cosa que hicieron muy pocos estados más en el mundo, casi ninguno democrático, dado que implicaba legitimar unas elecciones a todas luces fraudulentas y negar el carácter abiertamente anticonstitucional de todos los pasos que el régimen ha dado en los últimos cuatro años, desde sacarle todas sus funciones y hasta la provisión de electricidad a la Asamblea legislativa, a inventar un método ad hoc de elección para el engendro con que la reemplazó, la Asamblea Constituyente.
Lo único que se le reclamaba ahora a Francisco era que se mostrara un poco menos parcial, y también tuviera un gesto con la oposición, con Guaidó en particular, que legítimamente ocupa la primea magistratura porque está tercero en la cadena sucesoria y quienes lo preceden en ella han quedado invalidados, y por tanto con lo que queda en pie de la democracia venezolana, es decir la Asamblea Legislativa, la única institución en que todos los partidos tienen representación, nacida de elecciones que todos avalaron.
Pero por algún extraño razonamiento el Papa interpretó que eso era pedirle demasiado, que le soltara la mano a Maduro y su banda de gangsters o cosa por el estilo. Así que solo repitió el mantra de que debe haber diálogo, lo que en sus término implicaría que una vez más los opositores se sometan a la buena voluntad de Maduro, a su disposición a ceder y reconocer en alguna medida sus errores y horrores. Cosa que nunca ha hecho en estos años, ni piensa hacer, claro.
Francisco completó su deslucida intervención con una frase de ocasión sobre la importancia de evitar derramamiento de sangre que resulta aún más difícil de aceptar: ¿acaso ignora que el régimen ha vuelto a asesinar manifestantes con total impunidad?, ¿o que en su negativa a aceptar la ayuda humanitaria que se le ofrece está condenando todos los días a más y más venezolanos a muertes de otro modo fácilmente evitables?, ¿o que está provocando un éxodo que no tiene comparación con lo sucedido ni en la peor de las dictaduras militares de la segunda mitad del siglo XX en la región?
A principios de los años ochenta Juan Pablo II se comprometió con la lucha democrática en Polonia, su país natal, y contribuyó así a terminar con el totalitarismo soviético en el este de Europa. Lo ayudaron sus afinidades ideológicas con los disidentes polacos, claro, pero también una clara percepción de lo que la época le reclamaba a la Iglesia y en particular a la política vaticana.
Francisco no tiene la sintonía ideológica necesaria para converger, ni siquiera para cooperar en buenos términos, con buena parte de los actores democráticos de la región de la que proviene. Pero eso no es tan grave como su carencia total de olfato político para colocar a la Iglesia que conduce en una posición medianamente digna y útil para resolver los conflictos políticos en danza en ese territorio. Que se vanagloria de conocer muy bien y que pretende recristianizar. Pero que por este camino va a terminar enajenando del todo a la Iglesia romana.
Después que no se sorprenda si los evangélicos de derecha barren del mapa a sus curas y obispos “pobristas” de las zonas más postergadas de América Latina, hablándole a sus habitantes de sus problemas y sus alternativas reales, en ocasiones con un mensaje ideológico extremista para el otro lado, pero seguro con bastante más sentido común.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 30/1/2019

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En Venezuela se libra la última batalla del chavismo

Maduro sabe que solo exterminando a la oposición y forzando a sus bases sociales al éxodo o el empobrecimiento puede lograr que su régimen sobreviva. Así se plantea la última batalla del largo experimento chavista: o se impone una salida democrática o lo hace un nuevo castrismo

Hasta fines del año pasado el régimen chavista venía controlando la situación, desgastando a los opositores y neutralizando las críticas externas. Con lo cual, a pesar de que la economía venezolana continuaba el mismo curso catastrófico que tomara ya varios años atrás, y las protestas por esa situación y la falta de libertades continuaban, no surgían en el horizonte mayores esperanzas de una salida democrática capaz de detener la represión ni el éxodo de millones de venezolanos.

No puede decirse, por ello, que el régimen estuviera acorralado, que alcanzaba con esperar a que, solito, se cayera. O a que una porción del mismo se moderara y negociara una salida. Nada de eso iba a suceder.

Antes bien, él estaba cumpliendo uno a uno sus objetivos. Desde la muerte de Chávez estuvo claro que no podría sobrevivir con un sistema de partidos ni siquiera a medias competitivo. Ni con una economía aunque más no fuera en los márgenes respetuosa de la propiedad privada y de los mercados (para empezar, del mercado cambiario, que en situaciones como esta es el último refugio de quienes desean preservar el valor de sus bienes, como sabemos muy bien los argentinos). Por lo que sus jerarcas encararon la tarea de convertir el populismo radical heredado del líder ausente, en un régimen castrista, y fueron avanzando paso a paso en esa dirección. Desarmando las resistencias que todavía enfrentaban, mientras simulaban dialogar cada tanto con sus críticos internos y externos. Siempre con la ayuda del Papa Francisco y algunos otros amanuenses.

Exterminaron así una a una las instituciones pluralistas. Salvo la Asamblea Legislativa, a la que dejaron sin ningún poder ni función, pero no pudieron evitar que sobreviviera como último reducto de legitimidad democrática y constitucional, gracias a las elecciones de 2015, y la resistencia aunada de los partidos de oposición.

Y fomentaron la fuga del país de su antaño considerable clase media, en la esperanza de que así se secaría la base social de las protestas, y podrían avanzar sin tantos problemas en el proceso de sovietización de la sociedad, volviendo a todos sus integrantes dependientes del Estado para sobrevivir.

El resultado ha sido el experimento de ingeniería social más trágico y destructivo que se haya concebido en la historia de nuestra región. Incluso peor al que tuvo lugar en Cuba desde 1959, porque allí la clase media y la urbanización estaban mucho menos desarrolladas. Tal vez solo comparable a lo sucedido en países asiáticos o en la propia Rusia cuando se impuso el comunismo.

Se entiende entonces lo decisivo que puede ser para el destino de Venezuela y los venezolanos, y también para el futuro de nuestra región, que los críticos externos e internos del régimen chavista estén logrando superar la impotencia que padecieran hasta hace poco tiempo: haciendo pie en la Asamblea Legislativa como última fuente de legitimidad constitucional y democrática disponible, pueden dejar de soñar con que los militares se dividan, se rebelen o suceda algún otro milagro inesperado que horade las bases de poder del régimen. Pueden darle una voz nueva y más unificada a las fuerzas democráticas y sin violar las reglas formales, presionar por una salida, que inevitablemente requiere de nuevas elecciones presidenciales. Y pueden volver a movilizar en las calles, e incluso lograr eco ya no sólo en las clases medias, sino también en sectores populares hasta hace poco alineados con el régimen, expectantes o indiferentes.

Esto último está indicando que, contra los pronósticos chavistas, el éxodo no va a ser suficiente para desactivar las disidencias. Al menos no mientras sobreviva algún mínimo polo organizado alternativo en la sociedad y en el sistema institucional. ¿Es Juan Guaidó el referente adecuado para dar encarnadura a ese polo? Como presidente de la Asamblea y heredero de Leopoldo López, el preso más prominente del régimen, puede intentarlo. Aunque hay quienes extrañan la moderación de Henrique Capriles. Pero Capriles ha apoyado sin ambigüedades a Guaidó en su rol de “presidente provisional” o de transición, pese a las diferencias ideológicas y políticas que los separan. Puede que los intentos frustrados que se sucedieron desde 2015 y cierta toma de conciencia de que esta es la última oportunidad estén removiendo anteriores recelos. Y lo mismo esté pasando en el arco de países democráticos que apoyan la salida: ni siquiera los socialistas españoles han dudado de sumarse a la iniciativa.

por Marcos Novaro
publicado en TN.com.ar el 27/1/19

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Brindis por la política democrática de 2018

Se suele decir que en la política está el origen de nuestros males. “Con otros dirigentes, otros partidos y otro sistema político seríamos un gran país”. ¿Pero no es cierto acaso que la política está conteniendo una economía desbocada? ¿No habría que valorarla un poco más?

El 2018 fue un pésimo año económico. Pero ¿fue un mal año político? Se suele decir que la crisis desnudó lo precario de nuestro gobierno actual, lo propenso que ha sido a cometer errores evitables. Con lo que se ha agregado al “gobierno de los ricos” lo de “el gobierno de los inútiles”. Pero ¿es tan así?

La gran mayoría está enojada y piensa en estos términos. Pero puede que no sea la mejor idea juzgar solo desde el enojo y la frustración. Esos sentimientos impiden ver que este año la política hizo bastante por salvarnos de la economía que tenemos, y venimos sufriendo hace añares. Así que no estaría mal que se lo reconozcamos y brindemos por ella.

La razón es sencilla: cuando se enumeran alternativas mejores que se dejaron pasar, que nuestros políticos supuestamente “no vieron”, ¿no abusamos del diario del lunes, un recurso tramposo que a todos los gobiernos del mundo los dejaría igual de mal parados?, ¿no subestimamos las dificultades de esas otras “alternativas mejores”, al suponer tramposamente que en caso de seguirlas hubiéramos tenido la suerte de que todo se acomodara a nuestros deseos y necesidades?

Si nos cuidamos de esos vicios retrospectivos, alimento de nuestra eterna melancolía, podemos juzgar con mejor criterio lo que sucedió y sigue sucediendo, y advertir lo mucho que hizo y sigue haciendo la política democrática por hacernos la vida más fácil, por resolver nuestros problemas.

Algunos provocados, es cierto, también por la misma política. Porque, para empezar, ¿no fue acaso una mala política lo que nos llevó a la crisis económica de ese año? En parte sí. Pero convengamos en que la política debió elegir a fines de 2015, entre desatar una crisis como la de 2018, o aún más aguda, ya en ese momento, o tratar de escapar de ella con parches, que podían o no alcanzar para evitarla. Los parches del gradualismo en parte funcionaron, pero no alcanzaron. Porque fueron bastante mal administrados, cierto, y sobre todo porque se combinaron con imprevistas dificultades económicas locales e internacionales. Como sea, al final no hubo forma de escapar de los problemas económicos acumulados, y terminamos en el desbarajuste de este año.

Detengámonos entonces en lo que sucedió a continuación. Tres factores fueron decisivos para que la crítica situación cambiaria y financiera se contuviera y tengamos 47% de inflación pero índices en baja este fin de año, un PBI que cayó alrededor de 1,5%, y no bastante más que eso, y la pobreza volviera a ser más o menos la de comienzos del período, un tercio de la población, pero no tengamos saqueos ni protestas violentas en este diciembre inéditamente tranquilo.
Esos tres factores de contención se relacionan con recursos políticos que hicieron bien su trabajo y en general son despreciados o subestimados: primero, el presidente no se encaprichó en mantener su equipo económico ni su programa, se mostró flexible e hizo los cambios necesarios; segundo, la coalición de gobierno se mantuvo en pie, no perdió cohesión en medio del despiole, siguió actuando como la alianza mínima necesaria para asegurar la estabilidad política; y tercero, el Ejecutivo y su coalición pudieron negociar soluciones cooperativas con otros actores del sistema, no hubo bloqueo ni imperó el juego destructivo.

En cuanto a lo primero, es cierto que en los primeros meses de la crisis hubo idas y vueltas, pero era lo esperable para un gobierno que acababa de ganar una elección y había ratificado un diagnóstico y un plan muy optimistas para la segunda mitad de su mandato. Cuando se le quemaron los papeles, no tardó tanto en advertir el problema que tenía delante. Y eso le permitió ir rápidamente al Fondo, acomodar su plantel y empezar a combatir la tormenta. Dujovne lo dijo de la peor manera posible: “cualquier otro gobierno que hubiera hecho lo que estamos haciendo hubiera caído”. Pongámoslo en mejores términos: ¿conoce alguien alguna experiencia de devaluación del 100% en nuestro país que no terminara en un cambio de reglas económicas, por ejemplo la destrucción del mercado cambiario, de gobierno, por crisis de la autoridad presidencial, o del régimen político? No, no hay ninguna. Tan mal no se gestionó esta crisis entonces.

En cuanto al segundo punto, la cohesión de Cambiemos no deja de sorprender. ¿Cuándo se ha visto que los socios de una coalición se mantengan unidos en medio de una tormenta económica como la que vivimos? No sucedió en 2012-3, cuando Massa traicionó a Cristina Kirchner. Ni en 2000-1, cuando el Frepaso y buena parte de los radicales abandonaron a De la Rúa. Ni siquiera en el Tequila, la crisis hasta aquí mejor administrada en democracia, y la más parecida a la actual, en que igual una parte del peronismo se fue con el Frepaso.

Se dice además en estos días que la crisis probó que hubiera sido necesario hacer un acuerdo más amplio, incorporar a sectores del peronismo al gobierno. ¿En serio? ¿No hubiera pasado como en 1987, cuando Alfonsín incorporó a parte del sindicalismo y éste ayudó a derrotarlo en las legislativas y luego lo abandonó apenas la economía se complicó? Las coaliciones son un asunto delicado en todos lados, pero más entre nosotros donde impera el corto plazo y la especulación, así que preservar una coalición mínima como es Cambiemos no es moco de pavo, ni es que tiene alternativas mucho mejores con que compararse.

Finalmente, el tercer punto, la cooperación con adversarios, ¿hay muchas experiencias previas de negociación exitosa como las que le han permitido a Cambiemos aprobar el presupuesto y dar aval legislativo al plan de ajuste con el FMI? Que los gobernadores peronistas evitaron hacer ellos mismos un ajuste es evidente, que forzaron al gobierno nacional a aumentar impuestos en vez de reducir gastos también lo es. Pero aún con estas concesiones las perspectivas que se abren con un plan de estabilización medianamente consistente para el año próximo son infinitamente mejores que las esperables en cualquier otro momento de nuestra agitada historia reciente.

Dejémonos de embromar entonces, la política argentina no anda tan mal. Y si la comparamos con la de algunos de nuestros vecinos, o incluso con la de países de tradición democrática más sólida y duradera, sale aún mejor parada. Es cierto que la mala imagen de nuestros políticos en parte la tienen merecida. Pero Macri, Peña, Dujovne, Negri, Pichetto, Schiaretti y compañía están haciendo su trabajo bastante bien para los parámetros con los que realmente corresponde compararlos, ojalá sigan así el año próximo.

por Marcos Novaro

publicado en TN.com.ar el 26/12/2018

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