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¿Soluciones chinas para el problema argentino?*

Cristina Kirchner no encontró las soluciones comerciales que fue a buscar en su reciente viaje a China. Pero sí parece haber encontrado algunas soluciones políticas. Unas que, si hay que darle crédito a sus palabras, se inspirarían en una supuesta o real afinidad entre el peronismo y el maoísmo, halladas o inventadas no para promover un romántico regreso a las pasiones revolucionarias que agitaron a esos movimientos políticos en el pasado, sino más bien para homologar el esmero que sus herederos están poniendo en batir records de crecimiento capitalista, y proveer una visión de futuro al actual “modelo argentino”, que pueda dejar contento al arco que va de Carlos Zanini a Franco Macri.

El problema que los peronistas argentinos, a diferencia de los chinos maoístas, no hemos podido resolver, dijo Cristina, es el de la estabilidad, la “continuidad en el tiempo de políticas de desarrollo”. Con ello la presidente pudo querer aludir tanto a que, como tantas veces se ha dicho, nos ha faltado un “proyecto nacional”, como a que lo que realmente faltó fue control monopólico y sostenido del estado, o para decirlo de modo más acorde a las circunstancias actuales, que nos sobra alternancia en el poder, en suma, democracia.

Tal vez simplemente estaba queriendo caerles simpática a sus anfitriones. Recordemos que la última vez que los Kirchner quisieron conseguir ventajas económicas de China, la reconocieron como “economía de mercado”, algo que los países desarrollados se niegan a hacer y con lo que nuestros gobernantes transigieron sin duda porque para ellos el asunto carece de toda importancia. Considerando ese antecedente, podría creerse que ahora quisieron dejar en claro que tampoco les importa mucho que allí haya o no libertades políticas y pluralismo. Pero el asunto no acaba ahí. Porque las palabras de la presidente no fueron una mera ocurrencia del momento, ni estaban sólo dirigidas a oídos orientales, sino también al público local, y encierran una buena cuota de confesión intelectual: revelan algo de lo que los Kirchner, igual que muchos otros en nuestro país, siempre han pensado sobre lo que “nos hace falta”, y lo que “nos podría haber evitado muchos males”.

Ellas permiten comprender mejor, por caso, el hecho de que toda la estrategia kirchnerista para afirmarse en el poder, desde que se hicieran de él, ha estado encaminada a limitar la competencia, cooptando, dividiendo o destruyendo por cualquier medio a sus adversarios. Así como la reminiscencia de “revolución cultural”, guardias rojos incluidos, que acompaña a casi todo lo que los Kirchner han promovido en la sociedad civil y el espacio público. Pero por sobre todo iluminan el modo en que han encarado la posibilidad de tener que abandonar el poder, como una verdadera lucha a matar o morir.

Hace unas semanas Eduardo Fidanza publicó un interesante artículo en La Nación en el que consideraba las perspectivas que supondría para el país la continuidad en el tiempo de las políticas en curso. Su argumento era, muy esquemáticamente, que Argentina podría seguir creciendo a buen ritmo, y durante bastante tiempo, aún con inflación alta y baja calidad institucional, o para decirlo en los términos que aquí hemos usado, con una democracia cada vez más limitada. Apelaba para sostener su argumento a dos casos históricos: no precisamente el de China, sino los períodos desarrollistas de Brasil y Corea. Fidanza, sin embargo, pasaba por alto el hecho de que la inflación y el autoritarismo, que podían ser más o menos “tolerables” en los años sesenta del siglo pasado, lo son mucho menos hoy en día (a menos que se tenga para ofrecer un mercado del tamaño de China, y las ventajas de su mercado laboral), y también que existe otro “modelo” más cercano, y mucho menos promisorio, al que tendríamos más chances de imitar: el venezolano.

Es indudable que en los últimos tiempos los Kirchner han mejorado sus posibilidades de seguir en el poder más allá de 2011. ¿Podrían acaso en esa eventualidad “dar estabilidad al desarrollo”? ¿Podrían, por ejemplo, institucionalizar reglas económicas para dejar de alentar la fuga de capitales, e institucionalizar el peronismo, para dar estabilidad y consistencia a la elite política? Si no lo hicieron entre 2005 y 2008, cuando tuvieron la oportunidad, y una por cierto envidiablemente buena, no hay mayor motivo para pensar que puedan, o quieran, o sepan hacerlo en el futuro. El problema que enfrentarían para intentarlo en el futuro sería doble. De un lado, hay algo que a Argentina, en comparación con esos otros casos, indudablemente le falta: la estabilidad de un estado desarrollista, aun una autoritaria como la de los generales brasileños de los sesenta, o totalitaria como la de los comunistas chinos de la actualidad, tiene poco y nada que ver con la mayor o menor prolongación en el tiempo de la suerte de una banda de oportunistas. Del otro, hay algo que nuestro país posee, y de lo que difícilmente pueda prescindir: un grado y una valoración del pluralismo que, con todo lo bueno y lo malo que pueda acompañar la discordia política, nos vacunan contra el tipo de estabilidad que el matrimonio gobernante promueve.

* Publicado en El Economista

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De la guerra de maniobras a la guerra de posiciones

Hasta hace unos días, el opaco desempeño de la selección argentina en Sudáfrica 2010, la ofensiva opositora con el 82% móvil para los jubilados, las facultades delegadas y las investigaciones sobre la embajada paralela en Caracas parecían retrotraer la relación de fuerzas relativa entre gobierno y oposición a un escenario similar al de mediados de 2008. Lo cierto es que la aprobación de la reforma al Código Civil -para extender el derecho de contraer matrimonio a parejas de personas del mismo sexo- parece haber desdibujado ese escenario. Si bien es difícil estimar cuánto durará la incipiente primavera entre los sectores progresistas de la clase media y el gobierno, lo cierto es que el gobierno está tratando de aprovechar la coyuntura política, capitalizando la cautela que la oposición mostró –sumado a las declaraciones de Franco Macri– ante el procesamiento del jefe de gobierno porteño, o bien promocionando a funcionarios jóvenes como Diego Bossio en clave de renovación kirchnerista. Irían por más: quieren que el proyecto de ley de Servicios Financieros para el Desarrollo Económico y Social, del diputado Carlos Heller, empiece a tratarse este año.

Estos rápidos pases de iniciativa legislativa parecen indicar que la relación entre gobierno y oposición puede prescindir de los meros ataques frontales. Antes bien, la acción parece tener lugar en las trincheras: no se puede arrasar con el adversario, quitarle recursos decisivos, ni hacerlo retroceder en forma significativa. El asedio es recíproco, pero ambas partes parecen estar tomándose en serio. En este sentido, la oposición también tiene iniciativa. Podrían citarse el acuerdo Bonasso-Filmus que por ahora permitió una media sanción al reflotado proyecto de ley de protección de los glaciares cordilleranos, o bien la posible teleconferencia con la que Antonini Wilson tomaría la posta de Sadous. Estos hechos revelan que por debajo de la superficie y de todos los fuegos de artificio que unos y otros sean capaces de crear, la coyuntura está dominada por posiciones más o menos estables: gobierno y oposición pueden provocarse daños respectivamente. Pero se permanece en las trincheras.

Como sea, algunas cosas de todos modos van cambiando, con el tiempo se vuelven irreversibles ciertas tendencias. Una de ellas es la que está desnacionalizando las apuestas políticas de los dirigentes peronistas: visto que el gobierno nacional requiere de más y más recursos para mantenerse en pie, y esos recursos se les niegan a los distritos, los gobernadores e intendentes desconfían cada vez más de que un modelo tan necesitado de la concentración de recursos, y que tiende a no poder generarlos con la misma velocidad con que los consume, les convenga en el futuro. En este sentido pueden leerse las crecientes presiones para desdoblar elecciones a gobernador.

La eventual aprobación del proyecto del 82% móvil denota bien esta transición desde las maniobras a las posiciones. Si el Ejecutivo nacional lo veta, estará dando evidencia de que no cuenta ni contará con recursos para atender todas las demandas. En este caso, como debería compensar el veto con aumentos no previstos en el presupuesto, de todos modos su caja se reduciría aún más. En cambio, si es que no lo veta pero lo posterga, ¿Quiénes verían recortados sus ingresos? Si se lo posterga, estaría dando señales de que en el futuro los gobernadores no podrán contar con mayores recursos. Difícilmente los recortes llegarían a aquellos que reciben subsidios como las empresas prestadoras de servicios privatizadas, como propuso hacer Roberto Lavagna. Por lo tanto, a los gobernadores les convendría entonces confiar su destino a alguien que no crea en el distribucionismo por vías administrativas, como Macri, Solá o Duhalde.

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El entusiasmo no lo es todo*

Así como Perón se definió a sí mismo como el “primer trabajador”, Cristina Kirchner lo ha hecho como la “primer hincha” de la selección: tras la catástrofe frente a Alemania, se apresuró a tomar posición desde la ética del aguante, atajando las esperables críticas a Maradona, y al propio gobierno por haber promovido su contratación, con la idea de que “hay que apoyar a la selección en las buenas y en las malas”. El recurso es remanido pero no por eso deja de ser eficaz: permite invertir los términos de la discusión, y poner a los que critican en el banquillo, ya que si lo hacen es porque “no tienen aguante”, falencia que como se sabe vuelve a un hincha muy poco confiable, casi un traidor.

También se sabe que, por regla general, no son las hinchadas las que ganan los partidos, mucho menos los mundiales. Y que, contrariamente, para que las hinchadas sean nutridas y entusiastas, conviene que haya profesionales, jugadores y técnicos, que hagan bien su trabajo. Pero esto último no siempre se verifica: hay hinchadas que acompañan a equipos largamente fracasados. Lo hacen en función de una épica del fracaso, que genera un tipo particular de entusiasmo, inmune a los sinsabores, que incluso puede alimentarse de ellos: en estos casos se deja ver una curiosidad del entusiasmo tout court, el hecho de que él, en última instancia, se alimenta de sí mismo. Es por ello que sólo en el fracaso el “aguante” llega a su máxima expresión. Está, por decirlo así, en “estado puro”, precisamente porque no depende de logros circunstanciales, de las mieles efímeras del éxito, sino que se afirma pura y exclusivamente en la identificación con la camiseta, es pasión, amor y odio, cero cálculo o “especulación”.

Contra lo que se suele creer, los comportamientos resultantes no carecen de lógica. Todo lo contrario: puede decirse que están animados de una lógica imbatible, incuestionable. Porque, como sucede con las ideologías totales, no hay dato o acontecimiento capaz de desmentirla. Es por ello que tantos intelectuales tienden a abrazar la cultura de la hinchada, a actuar ellos también como la gente del tablón. Y, por la misma razón, no tiene nada de extraño que políticos “de convicciones” como los Kirchner, a medida que se volvieron más ideológicos y menos prácticos en sus reacciones y decisiones, más dispuestos hayan estado a rodearse de hinchas y justificarse en sus términos.

Lo interesante del caso es que en esta deriva hacia el “hinchadismo”, los Kirchner hacen más que lo que quisieran y advierten por el bien de sus adversarios: ante todo porque anuncian que, de su mano, podemos esperar poco más que “heroicas derrotas”; y además, porque se obligan a enamorar (más precisamente en este caso, a ser apañados por quien concita y administra el amor de los hinchas), y en caso de no lograrlo, corren el riesgo de que el odio los arrastre. Los ideólogos del “hinchadismo” podrían contra argumentar que esos riesgos son un precio razonable a pagar por el premio que significa el monopolio de la pasión, con el que el resto, los políticos profesionales de la oposición, jamás podrían siquiera soñar. Pero existe evidencia suficiente como para desconfiar de tal justificación. Los más eficaces políticos han sido siempre, aquí y en todos lados, los que han sabido reunir capacidades pasionales y profesionales. Y es bastante evidente que, en los últimos tiempos, el creciente y constante deterioro de las calidades profesionales del vértice kirchnerista ha enaltecido a los políticos opositores sin requerir mayor esfuerzo de su parte. Y lo ha hecho no sólo en esas capacidades, sino en todos los terrenos: la seducción colectiva concitada por figuras apenas conocidas, gracias a unos pocos gestos o intervenciones parece indicar que el mercado pasional argentino está desde hace tiempo sobreofertado y con poca inversión se pueden obtener grandes ganancias en él.

Por otro lado, las dificultades que desde siempre han tenido los Kirchner para enamorar, incluso a sus más entusiastas seguidores (de las que Luis D´Elía ha dado en estos días una explicación que podemos considerar definitiva), debería haberlos prevenido contra la tentación de jugarse a todo o nada en ese terreno. Tal vez una explicación más plausible de por qué lo han hecho sea que esa opción siguió y no precedió a los fracasos: el “aguante” más que una premisa ha sido un refugio ad hoc para una camarilla que, sintiéndose asediada y careciendo de muchos otros recursos para actuar, ha decidido mantenerse en sus trece y jugar su destino simplemente a que “pase la mala racha” y vuelvan los buenos tiempos. Claro que, a más de suerte, será preciso que no se crucen con ningún equipo medianamente motivado y profesional.

* Publicado en El Economista

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¿Vientos de cambio en Westminster?

El pasado lunes el vice Primer Ministro británico, Nick Glegg, presentó la tan esperada propuesta de reforma política. Esta propuesta trae a cuestas nuevos interrogantes sobre el futuro del bien conocido modelo Westminster. La declaración completa está disponible en la página del Parlamento británico.

La reforma cuenta con tres propuestas principales: la reducción del número de parlamentarios, la adopción del sistema electoral de voto alternativo y la redefinición de las circunscripciones y el modo en que estas son definidas. Estas están acompañadas por un cuarto punto: el llamado a un referéndum para el cinco de mayo del año próximo. Este último punto ha generado controversias, no solo dada la extrañeza de un referéndum en el Reino Unido, sino también respecto de la conveniencia o no de que el mismo sea concurrente con otras elecciones.

En relación a la necesidad de una reforma política son de interés los argumentos del viceministro Nick Clegg. Los mismos se basan en la existencia de un “sistema político roto que es necesario arreglar” y en la necesidad de “limpiar la política” para recuperar la confianza del electorado otorgándole mayor poder. La modificación del tamaño de las circunscripciones y el cambio del sistema electoral son vistas como formas de dotar de legitimidad al mismo. Así, el líder de los libdems afirma que parte de la desconfianza de la población se deriva del hecho de que “millones sienten que sus votos ni siquiera cuentan” apareciendo en todo su esplendor las dudas sobre los sistemas electorales mayoritarios. Sin embargo, la propuesta de Clegg no se dirige hacia un sistema proporcional sino al voto alternativo (AV), bajo el cual las circunscripciones continuarían siendo uninominales. Esto ha llevado a algunos sectores de la opinión pública británica a proponer otros sistemas, en especial el sistema electoral de voto único transferible que se acercaría más a un sistema proporcional. Mientras los conservadores se aferran al sistema vigente (FPTP), es probable que un cambio al AV tenga como corolario una nueva coalición entre libdems y los laboristas.

Con estas discusiones de fondo es interesante preguntarse no sólo qué tipo de reforma es deseable sino que tipo de reforma es posible hoy en día en el Reino Unido. Más allá del malestar cada vez mayor con el sistema electoral actual, la pregunta de Colomer sigue vigente. En efecto, ¿Cuántos cambios estarían dispuestos a aceptar el electorado y los partidos británicos?; ¿Podría acaso pensarse en un sistema proporcional?; ¿Se toleraría el abandono de las circunscripciones uninominales?; ¿Tiembla el modelo Westminster o los cambios son más superficiales de lo que parecen?

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El duelo Menem-Duhalde: internas justicialistas que no lo son tanto*

Cada vez que el peronismo se enfrenta al desafío de procesar la sucesión de su liderazgo, quedan perfectamente a la vista dos rasgos que lo caracterizan, al menos desde la desaparición de su fundador: de un lado, la heterogeneidad de recursos políticos con que se compite en su seno y la ausencia de reglas de juego definidas y consensuadas como para homologarlos y dirimir la cuestión; del otro, la capacidad de todos o al menos parte de los protagonistas de la disputa para trasladar las diferencias internas al escenario político nacional, haciendo de ella una batalla decisiva por el poder político y el control del estado en la que para muchos no peronistas “vale la pena participar”. Lo primero determina que la competencia gire en gran medida en torno a la definición de las propias reglas de juego, y lo segundo, que esa definición no se logre, o se logre sólo en forma episódica e informal. Así sucedió con las internas de julio de 1988, cuyo resultado recién terminó de decantar gracias al plebiscito por la reforma constitucional bonaerense realizado dos años después, en agosto de 1990; y de nuevo, fue lo que pasó en 1998, a raíz de la convocatoria a un nuevo plebiscito, que finalmente no se concretaría y significó un “empate técnico” que habría de prolongarse nada menos que hasta 2005.

La historia de este segundo episodio es particularmente ilustrativa, sobre todo para los tiempos que nos tocan vivir, signados por una nueva y abierta disputa sobre las reglas de competencia y por la prefiguración de varias coaliciones peronistas alternativas.

Hacia 1998, Menem y Duhalde controlaban recursos suficientes como para bloquearse el uno al otro, en distintos terrenos, pero no para imponerse definitivamente. El presidente tenía en sus manos no sólo el Ejecutivo nacional, sino la Corte Suprema y la presidencia del partido; el bonaerense por su parte disponía de la habilitación formal para ser candidato presidencial, el apoyo de una mayoría de los congresales partidarios y el control férreo del mayor distrito del país. En una convocatoria a los afiliados, podría eventualmente triunfar, pero Menem podía evitarla, y así lo hizo, postergando la resolución de la fórmula presidencial hasta abril de 1999, ganando tiempo para habilitar su segunda reelección, con el respaldo de los gobernadores y del supremo tribunal. Continued…

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¿Primarias para todo el mundo?

Se han publicado en el Boletín Oficial los decretos 936/2010, 937/2010 y 938/2010 con los que el gobierno reglamenta la Ley Nº 26.571 de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral. Recordemos que esta ley modifica las Leyes Nº 23298 Orgánica de los Partidos Políticos y Nº 25611 de Internas Abiertas y Simultáneas. Así se corrobora lo anunciado por el ministro del Interior Florencio Randazzo en el día de ayer: el desarrollo de las internas primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) para los comicios presidenciales del año próximo tendrá lugar el 14 de agosto de 2011.

Las incógnitas giran en torno a cuáles van a ser los pasos que siga el peronismo federal, sobre todo teniendo en cuenta las restricciones que representa la ley para la la conformación de alianzas. Ya Duhalde había anticipado su reticencia a participar de las primarias del PJ si se mantenía esta cláusula. ¿Terminará éste haciendo una interna por fuera del PJ? Y si esto sucede ¿Facilitará la negociación coalicional con figuras extrapartidarias como Mauricio Macri en un posible frente antikirchnerista? Si los partidos van a tener que definir las listas 60 días antes de la realización de las PASO, y esa decisión sería inmodificable hasta las elecciones generales, las respuestas a esos interrogantes podrían resultar afirmativas.

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Los desafíos de una mayor competitividad

El hecho de que el kirchnerismo, lejos de resignarse a la declinación, mostrando los dientes, día tras día y a diestra y siniestra, a quienes se atreven a aspirar a desplazarlo del poder, haya retenido el control de los recursos públicos imprescindibles para mantener medianamente alineados a gobernadores y legisladores del PJ detrás suyo, y esté demostrando además en estos últimos tiempos que puede remar contra las corrientes predominantes en la opinión pública, y conservar al menos alguna chance de cara a las presidenciales del año que viene, ha elevado los requisitos que deberán satisfacer las oposiciones para competir en esa instancia. La gran pregunta que hoy se plantea, por tanto, es si alguien estará en condiciones de satisfacer esas condiciones, es decir, si alguien podrá formar una coalición suficientemente amplia para derrotar al oficialismo, o si la fragmentación opositora terminará permitiendo que éste, aun sin recuperar la mayoría, retenga el poder.

Es difícil saberlo, y más difícil aun predecir quién y cómo podría formar una nueva mayoría. Lo que es en cambio más predecible es que, dada la renacida competitividad del Kirchnerismo, la elección no sólo se polarizará contra él , sino dentro de la oposición, a favor de la opción que parezca tener más chances. Hasta hace unos meses, de los tres tercios en que quedó distribuido el grueso del electorado tras las parlamentarias de 2009 (ACyS, peronismo disidente y oficialismo), este último era el que parecía tener menos chances de crecer, aun de mantenerse en el tiempo. Como la perspectiva era de una continua declinación oficial, que incluso podría dejar a los Kirchner fuera de la segunda vuelta, las otras dos opciones, e incluso corrientes menores de la oposición, tenían margen para crecer tanteando el terreno, marcando las diferencias que más combustible les aportaran, dejando en suspenso la selección de aliados y las definiciones estratégicas. Hoy la situación parece ser bien otra: con un oficialismo recuperado, son los dos conglomerados opositores los que están sometidos a la amenaza de la “desclasificación”, y están compelidos por tanto a ganar competitividad, para que esa amenaza no actúe como profecía autocumplida y naufraguen sus posibilidades ya antes de empezar la campaña. Con un electorado demostradamente movil a conquistar, la posibilidad de que quien “parezca más débil” termine debilitándose y quede fuera de la competencia es muy alta. De allí que la carrera presidencial se esté anticipando y acelerando, y no haya mucho margen para el error. Continued…

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Buena fe y patriotismo

Cuando hay buena fe y patriotismo no hay espacio para el dolo; se excluye totalmente el delito: estas son las palabras del presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, relacionadas con su propuesta de reforma a la legislación especial para el juzgamiento de militares.

Propuesta y debate han sido alimentados respecto a este tema por la reciente condena a un Coronel del Ejército por la desaparición de once personas durante la retoma del Palacio de Justicia en 1985 (tras la toma violenta conducida por el M-19). Condena ante la cual el presidente ha respondido enérgicamente, ofreciendo incluso una alocución televisada en compañía de todos los miembros de la cúpula militar.

Con esto, Uribe suma más a una serie de actos que van profundizando el conflicto entre su poder y el judicial, en medio de afirmaciones agraviantes contra la independencia de esa rama y la autoridad –e incluso seguridad- de sus funcionarios. Enemiga de las instituciones y de las Fuerzas Armadas, fue la expresión utilizada para mencionar a la jueza a cargo del caso. Continued…

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Pasión de multitudes: La formación del gobierno en Holanda

Para aquellos interesados en coaliciones, en sistemas partidarios, en los partidos extremos, y en sistemas electorales, las recientes elecciones holandesas y las negociaciones de las próximas semanas en torno a la formación del gobierno serán para alquilar balcones.

Los resultados del miércoles pasado no han dado a ningún partido un mandato indiscutido para liderar el próximo gobierno ni permiten pensar en ninguna coalición natural. Por ello deberán comenzar ahora las negociaciones entre los líderes políticos para juntar la mitad más uno de los 150 escaños parlamentarios que permitan alcanzar la mayoría necesaria para formar gobierno. El primero en intentarlo será el Partido Liberal (VVD), uno de los dos grandes ganadores de la jornada electoral. Los liberales han aprovechado la coyuntura europea para seducir a un sector importante del electorado con su tradicional discurso centrado en el recorte de impuestos y del gasto, transformándose por primera vez en su larga historia en el partido más grande del reino. Con 31 escaños, sin embargo, el Partido Liberal necesitará al menos otros dos socios para formar gobierno ¿Con quién podría hacerlo? Continued…

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Los cambios en las fuerzas de oposición*

Mientras con sus confusas iniciativas para levantar el corte en Gualeguaychú y los viajes de ida y vuelta a Sudáfrica de los referentes del “movimento social” llamado Hinchadas Unidas el gobierno volvía a mostrar que suele ser su peor enemigo, el escenario opositor empezó a desentumecerse y mutar. Y es que, tras el relativo empantanamiento de sus iniciativas legislativas, sus principales protagonistas parecen haberse convencido finalmente de que el principal desafío que enfrentan no es complicarle las cosas al gobierno en esa arena, sino construir alguna coalición y candidatura capaz de reemplazarlo.

Los peronistas disidentes dieron un paso que, por lo pronto, es difícil de evaluar, aunque a largo plazo puede terminar siendo decisivo: conformaron una mesa de conducción que potencie su eventual participación en la interna abierta del PJ, o en su defecto la alternativa de rechazarla y competir en 2011 fuera de esa estructura. La apuesta coloca a Kirchner frente a un dilema. Si acepta las condiciones que los disidentes pretenden para que la competencia sea imparcial, esa interna abierta puede volverse ocasión para que se movilice toda la opinión antikirchnerista del país. Como lo viene advirtiendo Duhalde desde hace meses, conviene no minimizar lo que pueden valer las internas para liquidar los sueños continuistas antes incluso de las elecciones generales. Y es que el bonaerense al menos está convencido de poder darles a esas internas un uso equivalente al que con provecho le dio a la convocatoria al plebiscito bonaerense contra la re-re de Menem en 1998. Si temiendo este aprovechamiento de su reforma política, el kirchnerismo opta en cambio por manipular las reglas de juego, y volver a las internas un mero trámite, o directamente hace imposible su instrumentación, legitimaría una salida en bloque de los disidentes, que podrán presentarse fortalecidos como sostén de una candidatura del “peronismo verdadero” contra el aparato, al estilo de los renovadores en 1985. En cualquiera de los dos casos, de todos modos, los disidentes aun deben resolver quién sería su candidato, y si en el trámite de definirlo pierden la cohesión lograda, o terminan optando por alguien poco convocante, extraviarían la oportunidad que han ganado. Por lo pronto es poco lo que se puede decir al respecto: los protagonistas principales del sector, y sus eventuales aliados, como Macri, tienen muchas opciones abiertas, las que combinadas entre sí dan un enorme número de resultados posibles, por lo que conviene evitar especulaciones y esperar. Continued…

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