Skip to content


Liberalismo y política: respuesta a H. González

A continuación mi respuesta a la réplica de Horacio González a la Carta abierta a (todos) los firmantes de la Carta Abierta/1 que publicamos hace unos días aqui:

Querido Horacio: agradezco, valoro y retribuyo el sincero afecto que expresa tu carta.
Me temo que has construido un muñeco de paja, lo has calificado de liberal y bautizado Tito Palermo, y tras cartón te has dedicado a arrojar piedras contra él.
Pues bien, ese sayo no me lo pongo. En mi opinión el liberalismo político no es ajeno ni a la voluntad política, ni a la pasión, ni al conflicto, y no puedo, por tanto, compartir tu identificación del liberalismo con la sustracción de la política. Pero llego en este camino nomás hasta aquí. Si existen, los liberales a secas que se defiendan solos.
El diablo está en los detalles, y en el blend están todas la diferencias que importan. Por tanto, en lo que me atañe, y dado nuestro mutuo conocimiento, encuentro sumamente curioso que me despaches al purgatorio de los sustraedores de la política y de la voluntad política. Te ves para eso obligado a hacer unos malabares muy desconcertantes. Tu carta es algo reiterativa: me calificás en tus escasas cuatro páginas de liberal media docena de veces y acompañás cada calificación con un solo argumento, invariable, y una sucesión de ejemplos. Me basta con el primero: “Ante un problema donde está en juego la cuestión nacional, el liberal pide sustracción del nacionalismo… Eso soluciona el conflicto, el restar del problema su condición de tal. Queda su osatura mínima. Sustraído el nacionalismo de la nación, queda en pié un árbol institucional, enjuto, la racionalidad en sí misma.”. Juro estar convencido de que esa ni vos mismo te la creés en lo que a mi respecta. Desde luego, no pienso como vos, porque no creo que “sustraído el nacionalismo de la nación”, queden apenas unas instituciones y una racionalidad. Pero lo asombroso no es disentir contigo, lo asombroso es que creas que podés describir así mi forma de pensar y actuar políticamente. Me remito a debates bien conocidos, densos política y culturalmente, y a un librito que publiqué hace más de un año, Sal en las heridas, lleno de pasión y compromiso con nuestro país y en contra del modo nacionalista de proponernos identidad nacional. Lo que hacés es como si a mi se me ocurriera, por el hecho de que hablás de cooptación, por ejemplo, sostener que sos un seguidor de las modas actuales creyendo que toda política es populista y todo lo político es populismo.
No puedo sino rejuntar las perlitas de tus calificaciones; te referís a mi “lenguaje despojado, sustraído, robado de toda historicidad…”, a mi “liberalismo… sinónimo de política neutra, inodora, insípida…”; a mi “ilusión liberal”. En la carta en la que, según vos, “en realidad” sustraigo la política, me refiero a cursos de acción – diferentes a los que ustedes celebran o justifican en vuestra carta – plenamente políticos, conflictivos, que suponen actores, tensión, lucha, historia, valores. La identificación que te das el lujo de hacer, entre lo político y el modo en que te gusta o creés necesario que lo político sea, se hace patente en la presentación final de tu dilema: hay que elegir, ensuciándose las manos, entre Kirchner que ataca a la oposición tildándola de nueva unión democrática, y ese lenguaje despojado, sustraído, robado de historicidad. En otras palabras, para vos, la elección es entre un Kirchner que, ya sabés (decís), “no supo sustraer el voluntarismo, el populismo, la mitología, el chicanerismo, el laclauísmo, el significantevacioísmo, el avivatoísmo”, y la nada. ¿Por qué no elegir entre ir a quemar iglesias o defender el matrimonio religioso y la educación católica en las escuelas? ¿O entre Chávez y los golpistas?
Tu dilema corre por tu cuenta; lo dolorosamente llamativo es que hagas como que no ves que mi posición, que podrá ser equivocada, es tan densamente política como la tuya. Tan llena de pasión y compromiso. En 1955, antes del golpe, no había quienes activamente lucharan por reformular el conflicto y el antagonismo argentinos. Ahora sí; no se si somos pocos o muchos, pero estamos haciendo tanta política como ustedes.
La dimensión liberal – para usar tu palabra – en esto no está ausente, al contrario: presta especial atención a las formas en que el poder es gestionado, a los modos en que los conflictos se procesan y en que los adversarios se constituyen. Se importa mucho con cosas tales como la lentitud, la perplejidad, la prudencia, la mesura, el temple, necesarios en la acción – con todo aquello, en fin, que te ha dado la real gana de denominar sustracción de la política y de la voluntad.
Como ves, no te he dado de barato esta vez ni un tranco de pulga.
Un fuerte abrazo,
Tito.

Posted in Kirchnerismo, Paro Agropecuario, Politica Argentina, Populismo.

Tagged with , , , , , .


2 Responses

Stay in touch with the conversation, subscribe to the RSS feed for comments on this post.

  1. Angel Vargas says

    Estamos aquí para combatir o para defendernos?

  2. nelson says

    “El liberalismo politico no es alergico al conflicto…”

    Shakespeare nos cuenta, en el final de Hamlet, que el rey Fortinbras manda retirar todos los cadaveres que habian quedado ahi luego de las violentas escenas que habian sucedido. ¿Parece sugerirnos que ahi empieza la politica? Al menos esa sera la version que adoptara posteriormente el liberalismo, por mas sus voceros intenten negarlo. El conflicto para el liberalismo no pertenece a la política, sino a la esfera policial o llegado el caso militar. Sin embargo, Marx en su formidable obra va a despejar esta incógnita: Fortinbras, después de todo, no ha retirado realmente los cadáveres: sólo los ha ocultado entre las bambalinas, fuera de la escena, para que sigan “oprimiendo como una pesadilla el cerebro de los vivos” (Marx, en el XVIII Brumario).