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¿Cambiar el índice o cambiar el INDEC?

A principios del mes de mayo, el Jefe de Gabinete Nacional anunció el nuevo índice de precios al consumidor, que hace unos días debutó en sociedad marcando un escuálido 0.6%. Más allá del análisis técnico de la nueva medida, sobre la que todavía faltan conocer detalles y precisiones fundamentales, es evidente que las manipulaciones operadas en el INDEC han ocasionado un gravísimo daño institucional y un claro perjuicio económico y social, donde el ocultamiento de la incidencia real de la pobreza y la indigencia no es un dato menor.

A más de un año de la intervención del organismo, una institución que fue costosamente edificada sobre el esfuerzo de tantos profesionales, técnicos y personal de apoyo, es hoy presa de toda sospecha. Un referente clave en la elaboración de diagnósticos sociales y económicos, una herramienta estratégica para la toma de decisiones, y un patrón de confiabilidad para los observadores, tanto nacionales como extranjeros, ha entrado en un tobogán de pérdida de credibilidad que tardará mucho tiempo en ser revertido. Tal vez ha llegado el momento de pensar no solamente en cambiar un índice, sino en encarar la delicada tarea de promover una reforma integral del organismo rector de las estadísticas nacionales.

El INDEC fue creado hace 40años, en enero de 1968, por un decreto-ley del gobierno militar de Onganía, y reglamentado por otro decreto del General Levingston allá por 1970. ¿No será hora de renovar su estructura orgánica avanzando hacia una mayor autonomía institucional, fortaleza técnica, autarquía financiera e independencia del poder político de turno? ¿Es conveniente que el principal organismo estadístico del país dependa del Ministerio de Economía, cuyas políticas han de ser evaluadas a la luz de los números que el mismo INDEC debe objetivamente proveer? ¿Se puede seguir siendo “juez y parte” en esta compleja cuestión?

Puesto que el Poder Ejecutivo suele acordarse de manera un tanto tardía, errática y oportunista que está aplicando normas dictatoriales, quizá ha llegado el momento para que el Congreso de la Nación tome cartas en el asunto. Lo más adecuado sería que se invitara a las universidades y centros de investigación del país, y a destacados especialistas locales e internacionales, para discutir la nueva estructura institucional de un renovado INDEC. El desafío de producir estadísticas nacionales veraces y oportunas es una cuestión central dentro de la abultada agenda de adeudos en materia de calidad institucional.

Pocos días después del anuncio de Alberto Fernández, un nutrido grupo de intelectuales kirchneristas firmaron una extensa carta en “defensa de un gobierno popular amenazado”. Sin ánimo de ser “destituyente”, es una verdadera lástima que en sus 166 líneas y en sus 11.346 caracteres no hayan encontrado espacio suficiente para hacer una sola mención a la lamentable situación del INDEC. ¿Acaso podemos discutir seriamente los problemas del país -tal como proponen estos intelectuales- sin contar con números confiables?

Antonio Camou (Departamento de Sociología, UNLP)

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina, Politica Económica.

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One Response

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  1. Guillermo says

    La falta de mención del tema del INDEC en la carta abierta mencionada, así como del deterioro generalizado del Estado, -que el manejo de las actuales autoridades está pronunciando-, entiendo que es un error de un falso progresismo que se concentra en considerar a la política como una lucha épica entre grandes actores colectivos (el pueblo, la oligarquia, etc) y subestima a las instituciones en su capacidad de darle un sustento necesario al ordenamiento social en su quehacer cotidiano. La primera postura esta mas asociada con grandes ideales y utopias. La segunda con el gris de la vida cotidiana, de pequeños actos realizados por miles de personas y que en conjunto hacen funcionar -o no- a la sociedad. Tenemos una gran facilidad para exigir derechos, y muy poca disposición con cumplir con nuestras obligaciones ciudadanas: por ejemplo la del funcionario publico de elaborar estadistica solidas con criterios técnicos y que sean transparente y accesibles para todos. Aunque esas estadisticas nos digan cosas que no nos gustan. Convertir el IPC en una cuestion política cabe en la mentalidad de un falso progresismo, ya que su ideal de justicia es tan elevado y grandioso, que la tergiversación de las estadisticas es una cuestion menor plenamente justificada. cordialmente