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Un privilegio para los amigos

Según describió Horacio Verbitsky, el ex-presidente Kirchner les ha regalado a los intelectuales que forman parte del denominado “espacio Carta Abierta” algo que hasta ahora le ha privado al resto de los argentinos: una conferencia con preguntas abiertas sobre los principales temas de la actualidad nacional. El periodista describe el tono amable en que transcurrió el encuentro, con numerosos desacuerdos que no impidieron que ambas partes contrapusieran cordialmente sus puntos de vista.

Lo cierto es que una cosa es contestar preguntas incómodas sobre INDEC y tren bala a purtas cerradas ante un público que, más allá de desacuerdos parciales, es abiertamente afín al gobierno, y otra muy distinta hacerlo frente a las cámaras de televisión y ante las preguntas de periodistas neutrales y hostiles. La única vez que Kirchner se prestó a esta situación, no se privó de rodearse de una hinchada que le festajaba sus respuestas irónicas y sus chistes a la vez que silvaba a quienes hacían preguntas incomodantes. Tampoco se privó de increpar a quienes preguntaban cosas molestas, ni de imponer un indisimuladamente arbitrario criterio de selección de preguntas. Ello, claro está, anuló cualquier posibilidad de diálogo razonable sobre los temas en cuestión, derivando más bien en una seguidilla de burlas y comentarios chicaneros.

Es natural que los intelectuales de Carta Abierta se hayan sentido unos privilegiados al poder presenciar una conferencia mucho más abierta y franca. Después de todo, es lo que muchos querríamos ver y escuchar: Cristina o Néstor respondiendo preguntas sobre las decisiones más polémicas del gobierno sin acusaciones ni chicanas (o, aunque sea así, más de una vez en cuatro años). Por supuesto, uno puede leer la columna de Verbitsky y pensar “bueno, al parecer no lo demuestra, pero Néstor es capaz de responder a las críticas expresando su punto de vista sin ataques ni hinchadas vociferantes detrás”. También se puede, claro, sentir un poco de envidia, y preguntarse “¿por qué, si tiene esa capacidad, Kirchner se la concede a un grupo de intelectuales afines y se la niega a la sociedad en su conjunto?”.

Seguramente es más fácil discutir con quienes en general están de acuerdo. Los demás somos un caso perdido. En cualquier caso, pertenecer a Carta Abierta tiene sus privilegios, como haber podido participar de esta “experiencia sin precendentes en la democracia argentina”.

Posted in Política.

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2 Responses

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  1. Marcos says

    Me parece interesante ver lo que dice la última declaración de la gente de la Carta Abierta, la solicitada con la que convocaron al acto del Congreso: repiten toda la cuestión de la derecha malvada egoista y destituyente, pero en una parte se dedican a enumerar temas pendientes y críticas hacia el gobierno: el Indec, el desconocimiento de la CTA, el tren bala y lo que es creo más importante que todo eso, la falta de una reforma impositiva progresista. Obviamente, el problema es que estas críticas o autocríticas (digo autocríticas porque contra lo que la solicitada dice, que “no somos parte del gobierno”, firman unos cuantos que son funcionarios, pero bue, es un detalle), llegan un poco tarde, es difícil imaginar que ahora a los Kirchner se les de por ser reformistas, cuando van a estar tapando agujeros todos los días, siendo que dejaron pasar la oportunidad para hacer reformas cuando tenían todas las chances a su favor. Pero eso también puede ser un detalle. Me parece importante ver que también los oficialistas se ven en la necesidad de abrirse a otros temas, y puede que en ellos se pueda dialogar de un modo más constructivo que en la cuestión política general, que está demasiado contaminada de frustración.

  2. Javier says

    Lo interesante es que, según relata Verbitsky, Kirchner les prometió a los intelectuales de Carta Abierta “profundizar el rumbo” cuando termine el conflicto. Es algo parecido a lo que dijo hace un tiempo Torre sobre perdonar las carencias del presente por las promesas del futuro. El problema es que en materia de reformas realmente progresistas (principalmente la reforma impositiva, pero también en cuanto a políticas de salud y educación que vayan más allá de aumentar el presupuesto) se hizo muy poco cuando el momento era propicio. Ahora parece que solo queda aceptar el mal menor y creer en la promesa de que se hará más en el futuro. Será cuestión de confiar en que Carta Abierta también tiene el privilegio de recibir promesas confiables de los Kirchner, y no consignas vacías como la “calidad institucional”, que ya quedó claro que era una consigna vacía.