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Insistencia (la Secta del Fénix son los otros)

Hay un problema serio para la democracia en general, y para la gobernabilidad de este gobierno en particular, en la insistencia de N. Kirchner en describir el “antagonismo” del conflicto actual en términos “gobierno nacional y popular” vs. “comandos de la Libertadora, grupos de tareas”.

Se insistió mucho con los riesgos para la democracia que implica este modo de “articulación”, en este blog, en columnas recientes en los diarios también. Por eso el tema aquí no es particularmente la línea discursiva, sino su insistencia. O en el oficialismo no hay reflexión sobre este punto, o hay una decisión estratégica de insistir en él. Como el principio de caridad de los filósofos analíticos sostiene que en una argumentación no podemos presuponer la locura o la estupidez de los interlocutores, debemos pensar que hay una decisión. No la entiendo, pero me alarma.

No sé muy bien cómo seguir a partir de este punto, pero sí que es importante pensar a partir de aquí, a partir de recordar la relevancia de la insistencia del ex presidente en franquear un límite (en representación de la presidenta, según su discurso). Un límite en el modo de establecer el antagonismo y describir a un conjunto relevante y diverso de ciudadanos que se le oponen, de modos igualmente diversos, por motivos diversos, seguramente muchos de ellos también inaceptables en democracia.

No sólo porque no es una descripción adecuada de ese conjunto de personas. No sólo porque es riesgoso para la democracia colocar a los rivales de hoy del otro lado de la línea del Estado de Derecho. No sólo porque se insiste en esa descripción, a pesar de las diversas voces de alarma al respecto, voces que a veces vienen de sectores cercanos al gobierno. También porque hay algo destructivo (auto destructivo, destructivo en general), que no se puede normalizar, ni procesar, ni incorporar a la vida política. Algo que requiere un cuestionamiento, un pensar democrático que resista a esa insistencia.

Se trata de una estrategia que parece inspirada en la Secta del Fénix, el relato de Borges. Allí se describe a la Secta como un grupo secreto y expandido, tan secreto y expandido que finalmente todos y cualquiera podrían ser miembros de él, incluso sin saberlo.

Sería lógico pensar que un discurso oficialista tratara de pintarse a sí mismo de ese modo: como una “esencia” indefinible con la que todos y cualquiera finalmente podrían identificarse. Sería muy propio de la democracia intentar esa descripción, sabiendo que va a fallar e intentar recolectar tantas voluntades ciudadanas como sea posible, tantas identificaciones como sea compatible con gobernar, decidir, producir ganadores y perdedores, y finalmente inventar paliativos para compensar al menos parcialmente los efectos dañinos esas decisiones que, en promedio, intentan producir más beneficios que perjuicios.

Sin embargo, el discurso de NK hace lo contrario. La Secta del Fénix son los otros. La Secta del Fénix tiene una genealogía que se remonta a los golpes de estado, a la proscripción, al autoritarismo, al terrorismo de Estado. Y lo peor del caso: a cualquiera le puede caer el sayo. Basta con no creer que lo que él defiende es el gobierno nacional y popular contra la S. del F.

Posted in Kirchnerismo, Paro Agropecuario, Política, Politica Argentina, Usos de la historia.

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3 Responses

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  1. Marcos says

    Toda esta escenografía sobre el gobierno nac and pop y la oligarquía malvada es preocupante claro, y es interesante ver cómo se refuerza a medida que la secta del Fenix crece, como toda ideología, encuentra siempre datos de la realidad para confirmarse, aunque sean datos cada vez más marginales, absurdos y que tienen que ser retorcidamente interpretados.
    Es muy parecido a lo que le pasaba a Chavez con las movilizaciones opositoras: mientras más masivas, más él se veía en la necesidad de insistir en que era la oligarquía, y entonces se llegaba al absurdo de hablar de cientos de miles de oligarcas movilizados por las calles de Caracas.
    Me parece que la diferencia en el caso argentino es que ese relato es desde un comienzo insostenible, y entonces no hay que temerle tanto a que logre efectivamente el oficialismo construir un escenario de polarización, sino a que se aisle tanto y se interne tan profundamente en el ridículo, que no tenga forma de volver. Como dice Hernán, la secta se extiende tanto que ya la paranoia no hay forma de detenerla porque se ve confirmada todo el tiempo. Si es así no se ve cómo esta gente va a lograr hacer un corte en este conflicto y hablar de otra cosa.

  2. Hernán Charosky says

    La insistencia…formará parte de la estrategia del colectivero enloquecido?
    Cuanto más se señala la inadecuación de las comparaciones con el 55 y el 76, más se insiste en ellas, más crudamente aparecen en el discurso oficialista. No lo había pensado, pero parece un indicador de esa estrategia que Marcos describió dos posteos atrás…

  3. Hernán Charosky says

    La referencia a los comandos civiles y a los grupos de tareas en el discurso presidencial no se dirigió al conjunto reunido en Palermo, sino a los grupos que realizaron escraches. Esto debería matizar lo que sostuve , sin embargo no creo que cambie el fondo del argumento.
    Este dato matiza la idea de que la retórica de comparar al rival con ejemplos de lo más abominable de nuestra historia se usó generalizadamente: no, se dirigió a un grupo específico que ejerció algún tipo de coerción sobre legisladores y funcionarios oficialistas.
    Sin embargo, un escrache no es un secuestro, por más condenable que creamos que es el escrache. La exageración, la falta de parámetros en la comparación cumple la función de equiparar lo que no es similar. Y produce el efecto de colocar al otro del otro lado de la línea de lo humano: se lo compara con delitos de lesa humanidad.
    Además, la asociación entre los otros y “los que se oponen a la política de derechos humanos” es de larga data en este conflicto: apareció en el discurso presidencial de la primera semana del conflicto.
    Por lo tanto, el uso de esta comparación, aún cuando más acotado en el discurso, sigue siendo poderoso para asociar a los enemigos con lo peor de nuestra historia.