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“Répétez avec moi”: Apuntes teóricos sobre Kirchnerismo y repetición

Mucho se ha escrito en las últimas semanas sobre la célebre frase del Dieciocho Brumario de Marx citada por la presidenta CFK en sus discursos del 17 y 18 de junio. En la profusa recepción del lapsus presidencial, las intervenciones más destacadas han sido las de Beatriz Sarlo y Horacio González. Ambas ponen en juego argumentos sofisticados sobre la relación entre historia y repetición, entre temporalidad y política y por lo tanto merecen un análisis detallado. Adelantamos nuestra conclusión para luego ir al detalle: la recepción de la cita de CFK –que cita a Marx citando a Hegel– no ha sido pensada desde la lógica de la repetición, que le da sentido, sino que ha sido subsumida en la lógica del antagonismo. Este antagonismo, proponemos, se nutre de la intensidad y del goce provisto por la lógica de la repetición histórica pero por eso mismo debe negarla. El kirchnerismo nos invita, para no repetir la historia de los 90’, a repetir el antagonismo planteado por el primer peronismo y parece haber encontrado la complicidad de importantes sectores del país en este eterno retorno de lo igual. Nosotros y el kirchnerismo extraemos de esa repetición el goce de un compulsivo TOC histórico en el cual los actores políticos y sociales repiten (repetimos) cual autómatas los gestos antagónicos del pasado. Conocemos bien el libreto excitado del antagonismo pueblo v. oligarquía: de un lado incluye acusaciones de golpismo y anti-patria, del otro de totalitarismo y confiscación. Hasta ahora lo venimos repitiendo al pie de la letra.

Si dejamos de lado por un momento el antagonismo –si evitamos repetirlo– podremos concentrarnos en la repetición en sí. El fragmento de Marx que CFK parafraseó es bien conocido y postula que: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. Los comentaristas en general coincidieron en subrayar el reemplazo del término “farsa” por el de “comedia” en el discurso de la presidenta. Algunos, como González, defendieron el lapsus y lo repitieron como clausura de sus propias intervenciones en el contexto de una denuncia del “bonapartismo agrario”. Otros, como Sarlo, identificaron en ese lapsus el vano optimismo de quien augura en la comedia un drama con final feliz gracias a la sabia intervención del estado. Sarlo sostiene, sin embargo, que la omitida farsa podría aplicarse al propio gobierno de CFK que invoca a peligrosos fantasmas del pasado (golpismo, oligarquía rural, etcétera) a los que no estaría en condiciones de conjurar.

En sus agudos análisis Sarlo y González discuten la cuestión de la repetición histórica pero no logran extraerse de la repetición del antagonismo ni desactivar su lógica intrínseca. Ambos autores reflexionan sobre una cita y una historia que se repiten y al hacerlo reiteran la excitación de esa historia: la intensidad de un viejo antagonismo es repetida en las páginas de La Nación y (valga la repetición) de Página 12. La imposibilidad de sustraerse a la intensidad y la excitación del antagonismo impide que éste pueda ser efectivamente “citado fuera de sí” y que pueda interrumpirse la proliferación de excitaciones. Sólo se puede estar a favor o en contra de la cita, en contra de la farsa o de la comedia kirchnerista, sólo es posible excitarse dentro del antagonismo repetido, nunca fuera de él. Que la excitación esté ínsita en el antagonismo debería decirnos algo acerca de las pasiones desatadas por la repetición del antagonismo. Es posible que hoy el antagonismo pueblo v. oligarquía nos cite mal y ya no logre ex–citarnos como antaño. Si el antagonismo hoy no significa la irrupción de los trabajadores, de un grupo desaventajado o de una minoría en la vida pública del país entonces nos cita mal y nos sienta mal, nos cae mal, nos repite.

Y nos cita mal porque la mera excitación ya no permite citarnos virtuosamente –incluso Marx (que cita mal) es mal citado. González apunta con buen tino que el propio Marx se equivoca al citar una frase que Hegel no habría escrito nunca. Sin embargo, Marx cita mal a Hegel en un sentido todavía más profundo. En ese breve párrafo del Dieciocho Brumario Marx está cuestionando a la filosofía de la historia hegeliana en su conjunto. La progresión dialéctica hacia un conocimiento absoluto y hacia una conciencia de la libertad es dejada de lado para sugerir una historia de recurrencias kierkegaardianas; una anti-dialéctica cuyas oposiciones no se conservan-superan sino que son repetidas sin sentido y sin superación alguna. La repetición, afirma Kierkegaard en una frase inesperada de su texto Repetición de 1843, “recuerda hacia adelante” y “hace a la persona feliz”. Kierkegaard no aclara qué tipo de felicidad trae aparejada la repetición de este recuerdo premonitorio pero no es difícil reconocer cierto goce perverso en los rostros de quienes hoy escriben y declaman “autoritarios” y “oligarcas”.

La sensación de un recuerdo del futuro sobrevuela el conflicto entre gobierno y campo e invoca, gracias a la cita de CFK, también a los espectros de Marx. Esta espectralidad de la repetición que nos excita y nos cautiva, como al personaje del fugitivo en la Invención de Morel, debería ya dejarnos libres. La misma presidenta parece ser oblicuamente consciente de esta lógica repetitiva del antagonismo en la que el kirchnerismo ha elegido involucrarse e involucrarnos. Su cita equivocada de la errónea cita de Marx parece indicar que ella misma ha advertido la iteración de la que es al mismo tiempo sujeto y objeto. Es incluso posible que la presidenta haya detectado los ecos de Eva Perón en las inflexiones de su propia voz en el fragoroso discurso del 18 de junio en Plaza de Mayo. Sin embargo, es difícil impedir que los ecos del primer peronismo suenen afectados y arcaicos en el siglo XXI al igual que las frases del Quijote resultan arcaísmos cuando son re-escritas siglos más tarde por Pierre Menard.

Para concluir, un proyecto político debe ser evaluado por las pasiones que desata, por el tipo de mundo de la vida que construye. La estructura repetitiva de los ritos del populismo parece no poder ex-citarnos, sacarnos fuera de nosotros mismos, cambiar el libreto que recibimos de generaciones anteriores. Si el antagonismo y su repetición nos excitan en lugar de ex-citarnos deberíamos tranquilizarnos y disfrutar de las iteraciones propias de la democracia: las elecciones periódicas, las campañas electorales, las segundas vueltas, las sesiones del congreso y el activismo social. La intensidad que desata la repetición del antagonismo, si no es interrumpida (¿relajada?) a tiempo invoca los espectros de otro tipo de interrupciones que afectan precisamente a las iteraciones republicanas que deberíamos repetir con mucha mayor vocación compulsiva.


Posted in Kirchnerismo, Paro Agropecuario, Politica Argentina, Populismo, Usos de la historia.

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5 Responses

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  1. Marcos Novaro says

    Estimado De Quincey, me parecen muy sugerentes estas ideas de la repetición y el “recuerdo hacia delante”, y se me ocurrió que en el ciclo de repeticiones que ha protagonizado Kirchner se puede encontrar una lógica o una secuencia, que revela hasta qué punto funciona como búsqueda de la repetición virtuosa su uso de la memoria y de la historia: cuando empezó su gobierno, Néstor estableció una repetición entre el 25 dfe mayo del 73 y el del 2003, y con eso tematizó todo lo que pasó en el ínterin como una larga derrota que se podía reparar, y eso funcionó muy bien, y le dio grandes satisfacciones al matrimonio y hay que recordarlo, a muchos conciudadanos que se enamoraron también de la idea y se volvieron jóvenes idelistas como los del 73.
    En su climax de poder quiso apostar por otra repetición, la del renunciamiento de Evita, consagrando a su mujer, y lo logró, y parecía que ahora sí si Evita viviera nos ´haría muy felices a todos…
    Pero cuando eso empezó a fallar el recuerdo hacia delante empezóa traicionar a su alquimista, que exploró otra repetición bajo el influjo de la maldición de los paralelismos, la del 55, y entonces se quiso reconstruir la escena del peronismo-antiperonismo pero para que esta vez perdieran los malos, y la cosa no salñió como se esperaba, pero a medida que más se alejaba del deseo, la realidad más confirmaba la premisa que lo movía, y entonces se aceleró la descomposición, con lo cual se llegó al punto de origen, por fin kirchner se propuso jugarse a todo o nada y lanzó esta analogía con el 17 de octubre: un renunciamiento que fuerce a las masas a jugarse por la revolución o por la reacción, y en la que se defina si se va a fundar un nuevo orden o se va a disipar el kirchnerismo en la nada.
    Si esta es la lógica que gobierna la repetición entonces me parece que se combina no con una fijación estática del pasado, sino una muy dinámica, extraordinariamente dinámica y maleable en verdad, en el supuesto de que se puede reescribir la tragedia.
    Bueno, todo esto es medio un delirio, pero lo voy a seguir pensando.

  2. jorge says

    Mas allà del palabrerìo se esconde una profunda gorilada. Creo que todos los elementos a favor de constituir la retenciòn de la 125 ya fueron esbozados . ¿ A quien se le puede ocurrir que quienes han ganado y ganan fortunas estèn exentos de todo tipo de impuestos y los pocos que pagan lo hagan a tasa preferencial, cuando nosotros , la gente de a piè, o sin 4×4 , segùn se lo quiera ver, pagamos sin chistar desde hace dècadas el 21% de IVA en cada alimento que compramos.
    La s clases medias argentinas son incorregibles. Son gorilas e imbèciles

  3. Marcos says

    ??? La propensión al insulto a la que cede Jorge no sería de preocuparse si no estuviera demasiado extendida. Apuesto a que es de clase media.

  4. elquepaso y se fue says

    La propensión al insulto de Jorge es directamente proporcional a la de repetir cliches del resentimiento social, muy gastados que justamente no cree ya nadie.

  5. ricky esteves says

    Repetición & Diferencia.
    En este juego de repeticiones, que no es otra cosa que forzar acontecimientos contingentes en series inmanentes se filtra lo singular de nuestra realidad política. Lo singular del Kirchnerismo es el desplazamiento del significante “Derechos Humanos”. Esta sin duda es una propuesta al menos interesante para comenzar a darle contenido a la democracia argentina. “Derechos Humanos” es una noción tan amplia y vaga que casi cualquier demanda se podría articular equivalencialmente bajo este significante. Podemos discutir mucho sobre como el gobierno ha hegemonizado este término. Pero darle significado a los derechos humanos es una disputa que debería considerarse una oportunidad de generar grandes acuerdos (no consensos) como los que han establecido las democracias de Brazil y Chile. La política de derechos humanos ha tenido cierta coherencia con el proyecto de la transversalidad, hoy atravesada por la disidencia (no es positivo) de Cobos -Podríamos decir por las retensiones.
    Lo que no se articula en el discurso de los Kirchner es “liberalismo”. Esto, creo yo, es lo que genera tantas reacciones. El estar “fuera del mundo”, justo en estos momentos que asistimos a una importante crisis financiera internacional, podría no resultar tan malo después de todo.
    Tampoco le hechemos la culpa a los Kirchner de cosas que están fuera de sus posibilidades. “El mundo” nunco fué “uno”, en un momento hubo “tres”, después “dos” (desarrollados y en vías de desarrollo). Que la Argentina no esté en la cuenta de “unos” y “otros”, eso es quedar atrapado en la rueda de las repeticiones. Una vez más, un hecho singular, una alineación inesperada -la realización de la latinoamericanización de la política argentina. Argentina se alía al buen salvaje. La argentina camisada arde en cólera y no acompaña los cacerlazos con el cantito “que se vayan todos” porque la última vez que lo hicieron vinieron los Kirchner. Personalmente Chavez me parece un personaje muy colorido que se ha atrevido a experimentar otra vía a la democracia.
    Me parece interesante los procesos políticos que desbordan lo institucional y Venezuela podría servir de experiencia para expandir el horizonte de lo político.En algún sentido este giro latinoamericanizante es también una diferencia en esta serie de repeticiones en la que siempre se mira hacia adentro o hacia afuera.
    De alguna manera, pero “menos latinoamericanizado” el modelo de los Kirchner -bajo el término derechos humanos- crea una forma peculiar de presentar lo político. De esta manera las grandes demandas, “redistribución del ingreso”, “equidad de género”, derechos de segunda generación como “la despenalización del consumo de drogas”, etc. no provienen de afuera sino del mismo Estado. Esto abre un problema que ha quedado un poco solapado que es la diferencia o distancia entre Estado y Sociedad Civil. En este sentido, este camino de institucionalización de las demandas brinda grandes oportunidades, pero al mismo tiempo abre el interrogante sobre como transcender ese espacio de demanda desde fuera del Estado. Esto sería “no se puede correr al gobierno por izquierda”. Y esto está a la vista, solo se lo corre por derecha.
    Esto ha provocado una resistencia inesperada, tanto en su fuente como en su manifestación. Que no te caigan bien las “Madres” es una cosa, pero que de ahí se genere una posición en contra de los derechos humanos es otra muy diferente.
    Mientras tanto los postergados siguen, postergados, pero como Sujeto privilegiado de un modelo que los tiene como centro de un equilibrio inestable entre subsidios e inflación.
    Lo que sí es inmanente, tanto para el 18 brumario como para la democracia argentina reciente es lo político.
    Lacan crea una conceptualización al rededor de la noción de “falo” que puede resultar muy útil para la política. La castración -la internalización de la ley, proceso indispensable para las formaciones inconcientes que dan origen al Sujeto- la experiencia de la falta, el vacío, es una buena manera de pensar la política. Laclau replica este esquema, rescatando la noción de objeto “a” (petit a), el lugar donde se fija el reflejo del Deseo. Laclau propone que el populismo es la forma en que el Objeto del Deseo es rebajado a la cosa, que en definitiva es lo que puede generar un goce real.
    Con esto quiero decir que en el fondo todos deseamos un gobierno justo que logre satisfacer todas las demandas. Pero ese es solo un gobierno ideal. El de Kirchner es un gobierno real, que en definitiva es una fuente real de goce, aunque este goce sea el de criticar, o de contar infinitamente las repeticiones y las diferencias.

    Muy buen Blog. Muy buenas las reflexiones y las intervenciones de los lectores (salvo -porsupuesto- esta).

    Saludos Muy Cordiales,

    ric