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EL FACTOR COBOS

En una película prehistórica de cuyo nombre no puedo acordarme, Alec Guinnes es el jefe de una banda de ladrones que la noche previa a un atraco revisa con sus secuaces los pasos que van a dar. Después de repasar cada uno de los movimientos minuciosamente programados, exclama con dudosa satisfacción: “el plan es perfecto; lo único que puede fallar es el factor humano”.

Corrido de la UCR por su decisión de sumarse a la fórmula kirchnerista, ilustre desconocido para la gran mayoría de la sociedad, y ubicado por el gobierno en la estratégica función de adorno institucional, Julio Cleto Cobos aprovechó la crisis del campo para inventarse un espacio político que no tenía, y que nadie pensaba darle. De rebote, puso en evidencia una desatendida regla de la política argentina: “hay que elegir con mucho cuidado al señor de la campanita”. Al fin y al cabo, buena parte de los cimbronazos vividos en la última década y media tuvieron como protagonistas a las dos mitades del binomio presidencial: primero fue la imposible cohabitación entre Menem y Duhalde, luego la estruendosa renuncia de Chacho Alvarez, y ahora el angustioso voto negativo de este “radical K”, devenido en inesperado partero de la historia.   

Sin saber si está viviendo el final de una farsa, o el comienzo de una tragedia, el mediático vicepresidente observa desde la ventana de su casa cómo algunos radicales que anteayer lo consideraban un traidor, hoy han empezado a mirarlo con cariño; y los mismos peronistas que antes le daban una cálida bienvenida a su nuevo hogar político, ahora se estorban para pegarle. No hay caso, debe pensar, acá la gente es muy inconstante.

Ciertamente, Cobos ya se ganó un lugar en la memoria colectiva por su agónico e inesperado desempate en la madrugada del 17 de julio, pero su verdadera creación política corre el riesgo de pasar inadvertida. Me refiero al espacio de diálogo que abrió, desde su precaria posición de poder, con diferentes sectores del país que eran olímpicamente ignorados por el gobierno de los Kirchner. De paso, también le ganó de mano por unas horas a la Presidenta de la Nación, cuando anticipó la jugada de mandar la Resolución 125 para ser debatida en el Parlamento.

Si lograra aplacar el odio que lo carcome, el kirchnerismo no debería desdeñar estas innovaciones políticas del señor vicepresidente. Como bien se ha dicho en estos días, la derrota en el Senado le ha dado al gobierno una nueva oportunidad, que conlleva en partes iguales riesgos de encerrarse en peligrosas obsesiones aislacionistas, o posibilidades de “cambiar dentro de la continuidad”.

En ese cuadro, tal vez la mayor amenaza para la administración K no provenga, al menos por ahora, de una oposición todavía dispersa. Más bien, el mayor riesgo está en  que ese espacio inaugurado por el vicepresidente empiece a ser ocupado, de manera más o menos caótica, por importantes referentes justicialistas que ya han comenzado a hacer fila con dirección al 2009, y sobre todo, al 2011. Por eso, el acuerdo con diferentes sectores sociales no sólo es una necesidad estratégica del gobierno para enfrentar una serie de graves problemas socioeconómicos, también es un urgente requerimiento táctico para bloquear el surgimiento de nuevos y aguerridos competidores por el poder. En este punto es donde asoma, creo, un dilema de hierro: o bien el gobierno empieza a ocupar de manera creíble el espacio político que abrió Cobos, o ese lugar va a empezar a poblarse con ambiciosas astillas del mejor palo peronista.

Mientras tanto, desde su Mendoza natal, Julio Cleto Cobos atisba el horizonte con una rara mezcla de angustia y esperanza. En noches de pesadilla debe verse perseguido por desaforados militantes kirchneristas, arrebatados por la idea de explicarle en carne propia por qué se sienten un tanto defraudados. Pero en amaneceres entusiastas, vagamente alucinado, recupera el mismo ánimo que lo llevó a saltar a los brazos de la ex Primera Dama, y quizá hasta se ilusione pensando que aún lo aguarda un futuro glorioso.

Después de todo, la política argentina es muy rara, y el kirchnerismo es capaz de cualquier sorpresa: quién te dice que no termine siendo candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

La Plata, 19 de julio de 2008.

Posted in Kirchnerismo, Paro Agropecuario, Politica Argentina.

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3 Responses

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  1. Hugo de Almagro says

    “candidato a gobernador en la Provincia de Buenos Aires”. SENSACIONAL. Un hallazgo.

  2. Marcos says

    Va a ser divertido cuando Cristina ya no pueda evitar viajar, y tenga que dejarle la banda, tal vez la única solución imaginable en ese caso es que lo lleve con él en la valija.
    De endemientras el problema que no veo cómo van a resolver es el del gabinete, donde parece ya nadie quiere quedarse. Supongamos tres alternativas:
    1, primera, y seguramente la preferida, estiran todo a la espera de que el clima cambie. Difícilmente eso mejore las cosas para el ejecutivo, pero al menos puede ayudar a que maduren una de las dos soluciones siguientes.
    2, un gabinete técnico con alguna capacidad de crear credibilidad, es lo que parece les están recomendando muchos economistas, puede que funcione pero el peligro que corre en este contexto de debilidad de la presidente, que sea fácilmente penetrado por intereses y el partido.
    3. Así que tal vez lo mejor sea un gabinete federal y peronista, fruto de algún tipo de acuerdo en la mesa del PJ que Nestor esté dispuesto a avalar. Eso supondría algo realmente difícil de imaginar, que el susodicho se banca ir a esa mesa a algo más que despotricar y dar órdenes de movilización.

  3. Fernando says

    La película se llama “The Ladykillers” y es de 1955
    http://www.matthiasgiger.ch/movies/backs/Ladykillers%201955%20front.jpg

    Salute!
    FC