Skip to content


De las plazas al Congreso (reflexiones acerca de la crisis argentina)

Reproducimos el documento del  Club Político Argentino (CPA):

Los integrantes del Club Político Argentino (CPA) coincidimos desde el comienzo en la necesidad de enfatizar nuestra activa vocación civil. Como parte de nuestras preocupaciones, organizamos el pasado 5 de julio una jornada de discusión en torno al conflicto desarrollado entre el gobierno nacional y los sectores de la producción agropecuaria. Lo hicimos en la convicción de que, más allá de la relevancia sustantiva de los asuntos en juego, este conflicto ha sido extraordinariamente expresivo de los problemas de la Argentina en nuestros días, desde la economía política del modelo de desarrollo, hasta la cultura cívica de un país que persiste en viejas formas de conducir los asuntos públicos.

Lo que sigue es un documento consensuado entre varios de nosotros y que recoge nuestras conclusiones sobre las lecciones del conflicto desatado en marzo pasado y aun no resuelto. Es necesario, sin embargo, hacer una importante aclaración. Lo aquí señalado refleja un grado de consenso importante entre los miembros. Sin duda, cada uno podría hacer un énfasis mayor o menor en alguna dimensión. Incluso es posible que no haya una plena coincidencia en cierto(s) aspecto(s) puntual(es). Sin embargo, más allá de las diferencias que pudieran tener los autores, el texto que sigue sintetiza y expresa un acuerdo sobre lo fundamental entre ellos.

I. La economía política del conflicto

La crisis desencadenada por el paro agropecuario alcanzó una gravedad inusitada, en gran medida por la ceguera política del Poder Ejecutivo. El timing y la magnitud del aumento en la presión tributaria que afectaba a los productores agropecuarios, con la implantación de un esquema de retenciones móviles impuesto sorpresivamente y aprovechando la vigencia de un código aduanero vigente desde los tiempos de la dictadura, fue percibido por los actores perjudicados como una verdadera provocación, puesto que las alícuotas resultantes de su aplicación se añadieron a niveles previos ya muy elevados y modificados previamente en numerosas oportunidades. Por otra parte, la decisión de imponer un nuevo esquema de mayores retenciones a la producción agrícola fue el epílogo de una infructuosa sucesión de medidas desafortunadas que, detrás de la pregonada intención de moderar la presión sobre el precio interno de los alimentos proveniente del alza de las commodities en los mercados internacionales, condujo a una crítica situación a varios segmentos de la producción primaria (carne, leche y trigo).

En lugar de encauzar la disputa como un conflicto distributivo propio de cualquier sociedad compleja, el Ejecutivo lo presentó como una presunta conspiración “golpista” de sectores oligárquicos minoritarios en contra de un gobierno popular y progresista. Fue un fenomenal error de cálculo del kirchnerismo, que decidió construir al “campo” como enemigo, ignorando por completo no sólo los impresionantes cambios que tuvieron lugar en la economía y la sociedad rurales durante las últimas dos décadas, sino también el hecho evidente de que su aporte ha sido clave –y debería continuar siéndolo- para entender y sustentar la fuerte mejoría observada en el desempeño económico de los últimos años. La agricultura argentina ha experimentado, en efecto, un proceso acelerado y profundo de innovación tecnológica y expansión de la producción. En los últimos 20 años aumentó la producción de cereales y semillas oleaginosas en casi el 200 por ciento, pasando de poco más de 30 millones de toneladas al final de la década del 80, a casi 100 millones en la última cosecha. Esta expansión productiva fue producto de una revolución tecnológica impulsada por nuevas variedades que surgieron de la aplicación de la biotecnología y de nuevas prácticas agronómicas, como la siembra directa, acompañadas por una nueva generación de maquinaria agrícola y, más recientemente, por el impacto de las tecnologías de información y comunicación. Esta revolución tecnológica también tuvo consecuencias de gran magnitud en la organización económico-social del sector. Por un lado, permitió mayor rentabilidad a la agricultura en términos absolutos y también relativos con respecto a la ganadería, que compite por el uso de la tierra, así como con otras actividades económicas no agrícolas, que compiten en el uso del capital. El resultado fue un ingreso de capitales no agrarios que potenciaron a empresarios agropecuarios con gran capacidad de gestión para desarrollar una nueva agricultura en gran escala, en campos alquilados y con uso intensivo de tecnología y capital humano. Este proceso también tuvo un impacto importante sobre las comunidades rurales. Seguir Leyendo el Documento  (en PDF)

Posted in Kirchnerismo, Paro Agropecuario, Politica Argentina, Politica Económica.

Tagged with , , , .


2 Responses

Stay in touch with the conversation, subscribe to the RSS feed for comments on this post.

  1. Escriba says

    Leo y leo y siento que se escribe desde Suecia ¿Dónde están los actores políticos de la moderación cívica? No los veo. En este documento nada se dice de cómo operaron los medios de comunicación en medio de la crisis política en la que -según el texto- el Gobierno parece ser el único responsable.
    Hay que ver cómo se sigue operando en estos días de caída de bonos. El documento es muy lindo pero es de un país que no existe. ¿Dónde están los dirigentes no kirchneristas que quieren eso que se pide ahí? ¿O Duhalde o Macri quieren una redistribución en serio del ingreso vía algunas de las medidas que ahí se proponen? ¿O Reutemann, a quien se elogia sin nombrarlo es un adalid de la calidad institucional -veamos cómo se maneja el PJ de Santa Fe?
    Quedan muchas cosas más, espero poder escribirlas en algún otro lado.
    Saludos

  2. Tito says

    ah! Escriba, qué bien!!! PASASTE DE LAS CHICANAS A LOS ARGUMENTOS! TE FELICITO!!!!!!!!!!!!!!!! ESPERO QUE CUMPLAS TU PROMESA DE ESCRIBIR LAS MUCHAS COSAS QUE TE DEJÁS EN EL TINTERO (SEA EN OTRO LADO O EN ESTE, TANTO DA). SÍ, EL DOCUMENTO ES LINDO, GRACIAS!