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Tiempos electorales y coparticipación…

Las disputas por la apropiación de rentas fiscales han sido un escenario hostil a los acuerdos de largo plazo en la política argentina. No obstante, Néstor Kirchner ha anunciado recientemente que es preciso hacer una nueva ley de coparticipación que “desagravie” a la provincia de Buenos Aires,  “porque en los años 80, lamentablemente, se le sacaron 6 puntos”.

La particular coyuntura de los ochentas permitió, en efecto, que importantes cambios tuvieran lugar en el federalismo fiscal argentino y que, como sostiene el ex presidente Kirchner, la provincia de Buenos Aires cediera un porcentaje importante de coparticipación. Por un lado, el gobernador Alejandro Armendáriz (UCR) permitió destrabar el acuerdo entre los gobernadores peronistas y el Gobierno Nacional (GN) en el Convenio Transitorio de 1986, cediendo un  porcentaje de su coparticipación y posibilitando que ninguna provincia recibiera menos recursos fiscales (nominales) que en 1985. Por el otro, si bien la ley de Coparticipación de 1988 supuso un aumento en el coeficiente de coparticipación de la provincia en relación al Convenio (de 17.95% a  21%), el acuerdo con el entonces gobernador Antonio Cafiero (quien confiaba en sus posibilidades de asumir el GN) implicó que la provincia no recuperara el porcentaje que le hubiese sido asignado de mantenerse los coeficientes de la ley de 1973 (23%) (De todos modos, vale la pena recordar, la provincia fue compensada luego con el Fondo del Conurbano, en el freezer desde el 2002).  

Si algo demuestran estos episodios de reestructuración general de las relaciones fiscales es que estos escenarios solo son posibles cuando los tiempo políticos y económicos se aceleran (coyunturas críticas), y que su resolución depende de factores tales como  la capacidad del GN de realizar compensaciones a las provincias, la situación macroeconómica, la integración partidaria entre ejecutivos provinciales y el GN, y la coyuntura electoral que define los costos de transacción presentes y futuros de los actores. Esto, sumado a la compleja trama institucional que estructura estas negociaciones –una ley convenio requiere el acuerdo inicial de todos los gobernadores, mayorías especiales en el Congreso, y mayoría en cada una de las 24 legislaturas provinciales  permite cuestionar la factibilidad de lo anunciado por el ex presidente Kirchner.

Si bien las declaraciones de Kirchner pueden entenderse como una reacción ante las presiones del gobernador Scioli, hoy uno de los pilares de la coalición presidencial, por lograr una mejora en su crítica situación fiscal, sea a través de una modificación de los coeficientes o introduciendo impuestos no coparticipados al esquema de coparticipación (retenciones,  impuesto al cheque), es curioso notar que estas afirmaciones tienen lugar en medio del cubierto y encubierto reclamo que han realizado diputados y senadores oficialistas de las provincias más chicas para que se respete el piso del 34% que deben recibir de la recaudación de la administración central (hoy las provincias reciben aproximadamente un 25% de la recaudación nacional): ¿estarían dispuestas estas provincias a compensar a la PBA sin obtener nada a cambio por su buena voluntad?  Si a esto se le suma el rápido deterioro de las finanzas provinciales, producto, en parte, de las subas salariales otorgadas a empleados públicos para compensar el efecto inflacionario, es poco probable que estas provincias estén dispuestas a entrar en un acuerdo que no les reporte beneficio alguno, aún si el GN argumenta que está dispuesto a ceder por sí mismo los seis puntos. 

Desde el punto de vista de la racionalidad política, Kirchner parece orientarse a fortalecer su coalición electoral en un distrito clave (episodio muy distinto al sucedido en 2004, cuando -bajo presión del FMI-, el GN presentó una ley de coparticipación que, paradójicamente, perjudicaba principalmente a la provincia que ahora se pretende resarcir. La iniciativa fue rápidamente desechada). En efecto, el enfriamiento de las “relaciones especiales” con algunos gobernadores puede haber generado una mayor sensibilidad del kirchnerismo en relación a los reclamos financieros y fiscales de algunas provincias (evidenciado,  por ejemplo, en el reciente acuerdo entre ANSES y Córdoba).  Una de las razones del GN para avanzar sobre esta política, a pesar de las dificultades enunciadas, puede deberse a la necesidad de asegurar su bastión electoral en la provincia para las elecciones venideras del 2009 y 2011. En esta línea, la movida política del ex presidente podría estar indicando que los tiempos políticos se han acelerado y, por lo tanto, que es preciso resguardar la construcción política de la incursión de otros actores alejados del oficialismo, que tienen por objetivo destronar al kirchnerismo en las elecciones presidenciales de  2011, empezando por el 2009. Visto desde el otro lado, la presión por modificar la forma en que se distribuyen los recursos fiscales equivale a un cambio en el precio (más alto) de la cooperación política tanto en ámbitos legislativos como ejecutivos.

Si este es el diagnóstico presidencial, entonces los beneficios deberían universalizarse a la mayoría de las provincias. Más aún, si bien la coalición kirchnerista tiene su principal apoyo electoral en la PBA, decisiva en las elecciones presidenciales, el votante mediano de las elecciones legislativas se encuentra más alejado del denso conurbano. ¿Es posible articular una estructura de pagos que permita aumentar la coparticipación de Buenos Aires, y seguir negociando discrecionalmente la cooperación con otras provincias? Parece difícil, por lo menos, que la PBA obtenga una mejora sin que eso active viejas disputas interprovinciales en donde cada provincia busque mejorar su situación relativa de forma permanente. 

 

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.

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2 Responses

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  1. Marcos says

    Muy interesante. Se me ocurren dos alternativas extremas para interpretar esta iniciativa, a ver cómo te suenan: la primera es que NK sigue disparando a diestra y siniestra en la más oscura oscuridad que lo rodea desde principios de año. No tiene mucho sentido entonces buscarle racionalidad a lo que simplemente es fruto de la improvisación: imaginará que puede así convencer a los bonaerenses y echarle la culpa de que no pase nada a los demás distritos, para preparar su candidatura en la provincia, sin haber meditado mucho sobre otros efectos posibles de sus palabras, por ejemplo, que alguien se las tome en serio.
    La otra interpretación es completamente opuesta: se trataría de una iniciativa orientada al largo plazo, animada por la expectativa opuesta a la que movió a Cafiero en 1988 a ceder puntos de coparticipación; ya que pronto no estarán más en la Rosada, pero pueden todavía aspirar a conservar algo de su respaldo social en algunos distritos, sobre todo en Buenos Aires, por qué no redefinir las reglas de distrbución de recursos de un modo que debilite el poder del que ellos mismos disfrutaron en el gobierno nacional, en favor de los bonaerenses? Esto no sería inviable si efectivamente sacrifican ese poder central: si Nación acepta que las provincias en general vuelvan del 25 al 34%, a cambio de que algunas de ellas, en particular Buenos Aires, recupere un plus, el único que pierde sería el futuro presidente que venga a reemplazar a Cristina. No sería más negocio, verdad?

  2. German says

    Me parece que queda claro que es improbable que en el corto plazo se sancione una nueva ley de coparticipación. Todos los actores prevén esto y yo no estaba sugiriendo otra cosa… No creo que esa declaración por sí misma tenga un impacto sobre el electorado, y tampoco sobre los apoyos políticos del kirchnerismo.

    Eso no quita el hecho de que el gobierno tenga que “arreglar” a algunas provincias por fuera o por dentro de la coparticipación para afianzar su coalición para el 2009. Entonces la cuestión es cómo se pretende hacer eso, a partir de qué herramientas… En ese escenario mi otra pregunta -para la cual no ofrezco ninguna respuesta- es si posible mantener una estrategia de negociación bilateral (provincia por provincia).

    Puede ser que lo de Kirchner haya sido un desatino… de todas formas, la presión cada vez más pública de la PBA indica que por pulsión o repulsión, el GN debe estar pensando en algo. Y si a esto se le suma que todas las provincias están haciendo reclamos similares, y que ellas son los actores clave para la estrategia electoral en las elecciones del 2009, entonces las declaraciones de Kirchner, aunque confusas, pueden servir de puntapié para pensar como se pretende encausar esta negociación.