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¿Para qué le sirve al Gobierno la estatización de las AFJP?*

El gobierno se prepara para festejar, la semana próxima, la aprobación de un nuevo “salto adelante”: la expropiación de las AFJP.

Con la votación en el Senado de la ley, obtendría una doble victoria, por un lado política, dejando definitivamente atrás la crisis en que se metió con las retenciones móviles y de la que empezó a salir, según él, con otra estatización, la de Aerolíneas, y ubicando una vez más a sus opositores del lado de la defensa de un pasado neoliberal injusto y frustrado; por otro, económica, sumando recursos a las arcas públicas para pagar los compromisos financieros del año que viene, impulsar la obra pública, más necesaria que nunca dados los signos visibles de desaceleración, y a la vez mantener abierto el flujo de recursos hacia los empresarios y los gobernadores que le sean fieles, con su natural impacto en la preservación del poder político construido hasta aquí.

Tras cartón, podría retomar la iniciativa perdida hace medio año, y como suelen decir en la Casa Rosada, instalar una Presidencia que aún no habría comenzado.

Convengamos en que, por de pronto, han podido salir del paso. Un gobierno que en los hechos está casi totalmente inmóvil, gracias a la batalla contra las AFJP aparece activo, audaz, o al menos dándole pelea a la crisis de las finanzas mundiales. Eso no puede negárseles. Ahora que, respecto a los grandes réditos que se esperan obtener cabe ser un poco más escéptico.

Ante todo, en términos económicos hay que ver cuánto ha perdido la economía privada y las propias cuentas públicas a raíz de la decisión de suprimir el sistema de capitalización de la noche a la mañana. La incertidumbre y la desconfianza hacia el gobierno, que ya estaban bastante instaladas antes del anuncio, se han agravado seriamente desde entonces. Incluso entre sectores empresarios que se habían mantenido en todo momento alineados, como es el caso de los bancos, hasta ahora nunca afectados en sus intereses por el kirchnerismo. La aceleración de la fuga de capitales, que en el año ya suma alrededor de 20.000 millones de dólares, más que compensa lo que el gobierno espera embolsar el año próximo con la medida. La evaporación del crédito, en un momento en que preservarlo es la meta de todos los gobiernos del mundo, es otro efecto inmediato de la decisión oficial . Se replica de esta manera un cuadro que se vivió ya a fines de los noventa: el sector público absorbe todas las fuentes posibles de financiamiento y deja a los privados a la intemperie cuando más necesitan de ellas.

Desde el oficialismo se promete una compensación más o menos inmediata: el gobierno administrará mejor que las AFJP los fondos previsionales, los orientará más rápida y eficazmente a estimular la producción y el consumo, y por tanto este efecto recesivo será rápidamente revertido. Habrá que ver. Por de pronto, hay que decir que los antecedentes no son muy alentadores: en nuestro país el sector público está lejos de ser un asignador más racional de los recursos que el privado.

En términos políticos las cosas también se presentan complicadas. La brecha de confianza con los actores empresarios que se comenzó a abrir con el conflicto por la 125, lejos de cerrarse, se ha vuelto más profunda. El oficialismo siempre ha querido presentarse como una suerte de versión local del modelo coreano, y no del bolivariano, pero va quedándose sin argumentos para sostener esta pretensión. En los avances en dirección a estatizar la economía, ha introducido crecientes desequilibrios. No sólo por culpa de la ineficacia de los instrumentos escogidos (allí están los subsidios, el Indec, y por último Aerolíneas para demostrarlo), sino también ahora de la oportunidad elegida: desplazar a los actores privados puede ser políticamente redituable cuando hay recursos y oportunidades que repartir, pero poco recomendable cuando lo que se reparte son costos y malas noticias. Esto explica en alguna medida al menos el escaso entusiasmo con que las AFJP defendieron su negocio: en verdad, las ganancias ya las habían embolsado, y ahora tenían por delante el duro trámite de tener que explicarle a los aportantes que los estados de cuenta que recibían periódicamente no reflejaban realmente la realidad y sus ahorros en gran medida se habían esfumado, ¿qué mejor que ser liberados de esa responsabilidad y poder argüir que han sido víctimas del estatismo desenfrenado? Inversamente, para los aportantes será obligado concluir que han sido robados por los Kirchner, porque han sido ellos los que terminaron de cubrir una sucesión de estafas previas, apenas veladas por la contabilidad creativa, con su abierto manotazo. En suma, es de esperar que pasado el momento inicial, la expropiación se revele como un daño impuesto a muy diversos actores, y se cargue a las espaldas ya bastante comprometidas del gobierno, debilitándolo en vez de fortalecerlo.

De todos modos, él espera poder salir airoso tapando literalmente con cemento los disgustos que ha causado. La obra pública absorberá el desempleo que se está generando por la caída de la actividad privada, y permitirá reactivar el alicaído sector de la construcción. Más que compensando de esta manera el efecto que se pueda haber provocado con el encarecimiento del crédito, la fuga de capitales y demás. Además, dado el desprestigio de las AFJP, originado tanto en la concepción rentista con que manejaron desde un principio su negocio, como en la sociedad creada con sucesivos gobiernos para enchufarle a los aportantes bonos de dudoso valor, no habría que temer la formación de una coalición defensiva similar a la del campo. Lo mismo piensan, evidentemente, el grueso de los gobernadores y legisladores del peronismo: y en su caso seguramente sopesan también la posibilidad de que, de salir mal la operación, podrán echarle la culpa al matrimonio gobernante, y disculpar su participación, como antes hicieron con tantas decisiones tomadas por Duhalde, o por Menem.

Hay que ver si es tan fácil para el peronismo librarse esta vez de su responsabilidad institucional en los desmanes cometidos por el gobierno ejercido en su nombre. Debería contar con una ayuda equivalente a la que en su momento le prestaron De la Rúa y Chacho Álvarez, y es dudoso que Carrió, Morales, Macri o Binner sean tan torpes de repetir ese error. Además debería mediar un colapso económico e institucional que enturbie las aguas lo suficiente como para hacer pasar por nuevo un reciclado de ex legisladores y gobernadores de muy frescas complicidades oficialistas. Y es difícil que la imaginación destructiva de la pareja presidencial llegue a tanto.

Como escenario más probable, lo que tendremos por delante es una continuidad de la decadencia y pérdida de eficacia del modelo político y económico de los Kirchner. En el cual, simplemente el dinero no alcanzará para todo lo que el gobierno se compromete a hacer, y entonces se suceden más manotazos y fugas hacia delante, de durabilidad y rentabilidad cada vez menores.

En el mismo caso de los fondos de las AFJP lo que se advierte es que el Ejecutivo antes de disponer de ellos ya los ha gastado varias veces, para pagar deuda, sostener los subsidios, financiar obras en las provincias, etc.. Si no alcanzan tendrá que decidir qué sacrifica. Pero tal vez para cuando lo haga sea un poco tarde: habrá cargado sobre sí enormes responsabilidades y no podrá desentenderse muy fácilmente.

Si pudiera combinar este flujo de recursos con un cambio de gabinete, tal vez tendría más chances de salir airoso. Pero a esta altura esperar que algo así suceda es casi ingenuo: el gobierno Kirchner es lo que es, Massa al menos lo ha comprendido. Con ese plantel, no es de asombrarse que la negación de los problemas de inflación, endeudamiento, y ahora de caída de la actividad y desempleo, esté dando por resultado un ajuste abrupto, que tanto en términos de tasas de interés como de desaliento al consumo, se parece muchísimo a esa política ortodoxa que el gobierno decía los poderosos del mundo le querían imponer. Pero lo peor no es eso sino que los efectos negativos del ajuste no son acompañados de los esperables beneficios, en términos de inflación, mejora de las cuentas públicas y el ahorro público y privado. El manotazo a las AFJP es de un lado demasiado torpe para remediar este desequilirio entre costos y beneficios, y del otro demasiado acotado para sacar a la actividad económica de su abrupta desaceleración.

* Publicado en El Economista el viernes 14/11/08

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina, Politica Económica.

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3 Responses

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  1. daniela nipoti says

    Interesante! Gustó, gustó…

    Algunas cosas que comentar:

    * No veo victorias. Bah, podría pero no quiero. No se que tan copado es ver victorias ejecutivas en tratamientos legislativos. Y si las decido ver, no podría soslayar el beneficio colateral que trae al ejercicio democrático la victoria K.

    * Sumando recursos al arca pública para costear sus gucci o compromisos financieros. Whatever. Me quedo con la presunción de inocencia y juzgar los hechos. La posta es que estoy media cansada de comentarios del estilo, hay cosas que podrían ser irrefutables y por donde encausaría el argumento como: el pbi crecía al 6% mientras que el GP al 60%.

    Saluti!
    DN.

  2. Marcos says

    Mal que mal, el gobierno reacciona y el hacerlo deja en claro que no es totalmente necio: manotear las AFJP podía significar más gasto público a lo pavote, pero con el paquetazo de medidas de emergencia de días después se reducen impuestos, es decir que se apuesta a que sean las empresas las que gasten o inviertan. Los anuncios sobre obras aunque parecen más importantes (71000 millones!) en verdad lo son menos (ya estaban casi todos presupuestados, es en 5 años, con la velocidad con que se viene gastando en ese rubro hay buenas chances de que no se llegue ni a la mitad de lo anunciado), obviamente nada de esto es para festejar, sería bueno que el estado sepa administrar y haga obras rápido y bien, pero en la alternativa entre que destinen todo lo que caiga e sus manos a De Vido, o bajen los impuestos para que las empresas no despidan demasiada gente, parece mejor lo segundo. En fin, todo podría ser peor.

  3. Rinconete says

    Marcos

    Las AFJP fueron una estafa legal. Además de ser anticonstitucionales, ineficaces y compulsivas. Fueron un regalo a los bancos, sin contrapartida, que desfinanció al Estado.

    No lamento su desaparición. Si lamento que el gobierno rehuya el debate sobre el momento elegido. No tiene nada de malo hacerlo ahora, teniendo en cuenta la coyuntura internacional y la crónica de una muerte anunciada de un sistema en el que el propio Estado tiene que inyectar recursos para aumentar las jubilaciones que no llegan al mínimo. Por eso no me parece mal que se haga cargo del sistema en su conjunto.

    Hablar de ¨manotazo¨ o, como parte de la oposición, de voluntad del gobierno de ¨hacer caja¨ para las elecciones del ´09 resulta un poco pobre (ningún gobierno requiere de ese tipo de acciones para asegurarse la verdadera ¨caja¨ política).

    Por último, bajar impuesto o cargas sociales para evitar despidos en la Argentina es tan eficaz como decretar un blanqueo de capitales para tentar inversiones significativas.

    Saludos cordiales,
    r.