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Ese obscuro objeto del blanqueo

Con envidiable calma didáctica, la prolija página institucional de la AFIP (Agencia Federal de Ingresos Públicos) explica a los visitantes que su misión principal es “recaudar y controlar el pago de los impuestos, los recursos de la seguridad social y el comercio exterior”, y que trabaja para “intentar un cambio cultural”. Para mayor detalle, su Plan Estratégico 2007-2010 señala que “asumimos la responsabilidad de establecer un marco de acción claro y previsible, difundiendo públicamente nuestra estrategia para los próximos años, construida a partir de la experiencia de una década de gestión como agencia única”.

Confieso que leí el Plan un poco rápido, pero del somero examen de sus objetivos y sus estrategias cuesta deducir algunas de las medidas anunciadas el pasado martes 25 de noviembre por la Señora Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner.

Será por eso que el anterior titular de la AFIP, Alberto Abad, declaró a la prensa: “Estuvimos seis años… trabajando para crear una nueva cultura tributaria, pero ahora esta moratoria va en dirección contraria y rompe con las reglas del pacto fiscal y social. Es un salto al vacío, porque permite blanquear dinero o capitales mal habidos sin que se investigue su origen”. De hecho, y así como está, el Proyecto del Ejecutivo es un verdadero “Punto Final” Penal Tributario. Por ejemplo, para quienes tengan cuentas pendientes con la Justicia, el artículo 3 les garantiza un tranquilo futuro: “El acogimiento al presente régimen producirá la suspensión de las acciones penales en curso y de la prescripción penal, cualquiera sea la etapa del proceso en que se encuentre la causa…”.

De acuerdo con la opinión de muchos economistas y juristas especializados en temas tributarios, este generoso blanqueo o bien no cumplirá con los objetivos macroeconómicos previstos, o bien será profundamente contraproducente en términos de cumplimientos de reglas, o ambas cosas a la vez. Ni hablar de su justificación social: Con qué cara se le dirá al señor o señora que viven de un escuálido salario, carcomido además por la persistente inflación, que deberán seguir pagando 21% de IVA en sus pobres consumos, mientras grandes y turbias fortunas pueden hacer negocios al 1% de comisión.

Puesto que la iniciativa del blanqueo tendrá un discutible efecto económico (antes que eliminar arbitraria y graciosamente los requisitos de entrada de dudosos capitales que están afuera, hay que corregir las causas estructurales por las que huyen los honestos capitales que están adentro!), y ocasionará también un muy negativo impacto tributario, seguramente la iniciativa reconozca otra inspiración intelectual.

Quizá por eso es que no faltan mal pensados, animados tal vez por atávicos y vengativos sentimientos “destituyentes”, que han empezado a creer que el verdadero y obscuro objeto del blanqueo es servir a los amigos del poder, para que hagan entrar al país dineros de fuentes inconfesables.

Como me cuesta creer en estas cosas, confío plenamente en que los señores y señoras legisladoras votarán un enérgico rechazo al esquema del blanqueo enviado por el Poder Ejecutivo. Esos eventuales “votos no positivos” nos permitirían recuperar, al menos en parte, el sentido de que vale la pena creer y respetar algunas reglas básicas, que no es extremadamente estúpido pagar impuestos, y que en definitiva todavía vale la pena apostar a construir un país un poco más serio.

La Plata, 2 de diciembre de 2008.

Posted in Crisis Financieras, Kirchnerismo, Política, Politica Económica.

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