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¿Dinero o ventarrón?

El pasado domingo 7 de diciembre el diario Perfil publicó un interesante reportaje al ingeniero Felipe Solá. La entrevista ofrece mucha tela para cortar, pero en esta ocasión quiero detenerme solamente en un punto. Me refiero a la cultura y las prácticas del fraude electoral en el país, especialmente en el conurbano bonaerense.

Ya se sabe que las formas del vicio son muchas, pero el ahora diputado peronista disidente se concentra en dos de ellas, las que se materializan a través del robo de boletas, o aquellas algo menos sutiles que consisten en la compra de fiscales y presidentes de mesa.

La adquisición de un presidente permite, entre otras mañas, la ejecución del “voto cadena”. Con una destreza didáctica que envidiaría más de un profesor de ciencia política, Solá lo explica así: “El presidente de mesa le da al puntero de afuera un sobre sellado y abierto, el puntero se pone en la puerta y a cada tipo que baja del micro le pone la boleta adentro y cierra el sobre; éste se lo guarda en el bolsillo y recibe otro sobre sellado abierto del presidente de mesa: tiene que devolver el sobre abierto. No estamos trampeando votos, estamos obligando al tipo a cumplir por guita o por algo por el estilo”.

El insidioso manejo de las boletas también aporta lo suyo: “entra un tipo y revuelve todas las boletas”, entonces tienen que “entrar todos los fiscales con el presidente de mesa, que puede decir ‘entramos’ o ‘no entramos’. Puede tener mala voluntad, puede ser fiaca, o puede estar comprado… Otra cosa es que cada tanto entra un tipo con una campera muy grande, aunque haga calor, y sale lleno de boletas de los partidos que no quiere que sean votados. Tres o cuatro personas entran, no votan porque no encuentran la boleta; la quinta dice que faltan boletas, se suspende el comicio, a las 6 de la tarde aguantaron al 60 por ciento de la gente, empieza a haber cola, mal humor, gente que deja de votar, descreimiento, olor a trampa”. De acuerdo con el cálculo del ex Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, con estas técnicas “se le puede limar hasta el 15 por ciento a un candidato opositor”.

La conclusión de Solá es que las elecciones se ganan de dos maneras: “O dinero o ventarrón, que es cuando la gente tomó una decisión y la ve en todas las mesas, en todos los barrios, y te tapa”.

Las palabras de Solá pueden generar, al menos, dos reacciones igualmente válidas. La primera mira hacia atrás, e induce a preguntarnos por qué, durante su largo mandato al frente del ejecutivo provincial, no se llevó adelante una reforma política capaz de conjurar algunos de los más groseros vicios alentados por nuestros dispositivos electorales. La segunda, en cambio, mira hacia adelante: por un lado, nos mueve a re-ubicar en la agenda pública la necesidad de una reforma del proceso electoral, por otro, nos compromete en lo inmediato con una estrategia capaz de enfrentar el dinero y su estela de corrupción y de clientelismo. Esa alternativa es la participación ciudadana organizada.

El año próximo se jugará una elección crucial en territorio bonaerense, y lamentablemente es de esperar que estas tácticas de “fraude hormiga” se multipliquen allí donde el control ciudadano sea más laxo. Por eso es fundamental un acuerdo operativo, más allá de eventuales alianzas programáticas, de todas las fuerzas políticas republicanas para compartir fiscales, de modo de garantizar una cobertura territorial completa. En el mismo sentido, es de esperar el activo compromiso de Presidentes de Mesa independientes, capaces de actuar con ecuanimidad pero con decisión en esas jornadas. Y también será fundamental que organizaciones de la sociedad civil locales, así como veedores extranjeros, puedan ser eficaces observadoras del procesos electoral.

Asimismo, los partidos y las fundaciones interesadas en promover la educación cívica, las instituciones de educación superior y los medios de comunicación, podrían aunar esfuerzos para realizar una campaña de difusión y de capacitación ciudadana en torno a esas prácticas fraudulentas, y sobre los mecanismos más efectivos para desbaratarlas. En definitiva, si es que no va a existir “ventarrón”, la clave es reducir el margen de acción del “dinero” que compra voluntades, que trapichea boletas o que desvía miradas indiscretas.

A nuestro cuarto de siglo de recuperada vida democrática no sólo hay que recordarlo con merecidos homenajes. También hay que honrar ese recuerdo con el compromiso permanente de mejorar la cultura y las prácticas de la democracia. Las elecciones del año próximo serán una excelente ocasión para mostrar lo mucho que hemos aprendido, o lo que todavía nos falta por aprender.

La Plata, 10 de diciembre de 2008.

Posted in Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.

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