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Veinticinco años de democracia y uno de Cristina

Hace veinticinco años exactamente se restablecían las instituciones democráticas en el país, después de casi ocho de una dictadura enormemente destructiva, que había fracasado en todo salvo en practicar el mal. Las dos décadas y media transcurridas desde entonces están marcadas por infinitos conflictos, algunos avances y logros, pero también unos cuantos fracasos y retrocesos. Algunos problemas dramáticos que en un comienzo parecían irresolubles, como la autonomía militar y la inflación galopante, pudieron ser finalmente superados. Otros, como la debilidad de las instituciones del estado y la corrupción, nos siguen acosando. Y otros más, como la pobreza, se han visto agravados. Dentro de este complejo panorama, ¿qué responsabilidades les cabe a cada uno de los gobiernos que nos tocaron en suerte? ¿cómo podemos evaluar el desempeño del actual, que cumple también ahora un año en funciones?

La democracia heredó en 1983 una economía que venía de sufrir un par de años de inédita depresión, caída abrupta de la inversión y muy alta y creciente inflación. La deuda había crecido enormemente y consistía en gran medida en créditos de corto plazo cuyas tasas de interés se habían elevado enormemente. Resultaba por tanto impagable para un estado con un déficit galopante. Durante las dos décadas que siguieron se intentaron todo tipo de fórmulas y variantes para dominar la inflación y convertir esa pesada deuda en algo manejable, que no impidiera la inversión y el crecimiento. Pero Argentina pareció ser el huracán en que naufragaban todas las recetas económicas. Aún las reformas de mercado, que por un tiempo lograron cierto éxito, sobre todo en controlar la inflación, se hundirían en el desprestigio de una nueva y aún más violenta tormenta, fruto de los desequilibrios externos acumulados para refrenar los precios.

Cristina Kirchner inició su mandato hace un año cuando esta situación parecía haber sido finalmente superada, con el respaldo que le brindaban cinco años de crecimiento sostenido y acelerado de la economía, con un saldo comercial y un superávit fiscal que aseguraba cubrir holgadamente los vencimientos de la deuda, que había sido renegociada exitosamente tres años antes, fijando tasas de interés y plazos de vencimiento manejables. Precios de la soja por las nubes estaban impulsando el crecimiento y nutriendo la recaudación, que le aseguraba a la presidente poder gastar una masa de recursos que el presupuesto ponía a su entera discreción. Pero no todo era tan favorable como parecía, y una serie de decisiones libremente adoptadas y muy mal encaminadas complicarían rápidamente la situación, reviviendo los viejos y recurrentes problemas de ingobernabilidad económica. Si se quisiera escribir un manual de lo que no hay que hacer en economía varios capítulos podrían llenarse con las decisiones tomadas en los primeros doce meses de Cristina. Pese a las señales provenientes del mercado interno en cuanto a que la inflación estaba llegando a niveles alarmantes, se siguió manipulando el Indec al tiempo que se elevaba el gasto público, sobre todo en subsidios a los servicios en gran medida orientados a sectores de medios y altos ingresos; para financiarlos se incrementaron las retenciones por tercera vez en poco tiempo, con tan mal cálculo y tacto político que se generó un conflicto descomunal con sectores que en gran medida habían votado al gobierno y que pasaron masivamente a la oposición, y que además venían siendo castigados con limitaciones de todo tipo al comercio exterior (orientadas a bajar los precios internos sin afectar la demanda), precisamente en el momento en que más beneficios podía obtenerse de un aumento de las ventas externas. Fruto del fracaso de esa alza de las retenciones se recurrió a medidas para salir del paso que agregaron desconfianza en un mercado financiero cada vez más alarmado por las señales externas: se intensificó la colocación de bonos en Venezuela a altas tasas de interés, se manotearon los fondos de los jubilados y cuando todo eso no alcanzó se anunció un indiscriminado blanqueo de capitales. A resultas de todo ello el fisco vuelve a estar a las puertas de una crisis de pagos, sin margen para aumentar el gasto ni para devaluar la moneda, la economía se enfrenta a la perspectiva de una caída abrupta de sus exportaciones por consecuencia de la disminución de la inversión y la incertidumbre generalizada, y la fuga de capitales se acelera, justo en el momento en que todos los países del mundo se esfuerzan por atraerlos y por ganar competitividad. Peor, imposible.

En 1983 Argentina se había convertido en un paria internacional: las violaciones a los derechos humanos, la invasión de Malvinas y el default no declarado de la deuda lo habían convertido en un actor impredecible, peligroso, básicamente irresponsable. Alfonsín hizo un esfuerzo enorme por revertir esta situación, y en gran medida lo logró. Pueden objetarse muchas de sus políticas en este campo, y lo mismo cabe decir de las de Menem y De la Rúa, pero lo que es indudable es que esos gobiernos nunca dejaron de apostar a una inserción internacional del país como garantía de la estabilidad democrática y como medio para recuperar una senda de crecimiento y progreso para la economía y la sociedad en su conjunto. De no ser por ello difícilmente se hubiera logrado la tolerancia que los gobiernos centrales y los organismos multilaterales demostraron ante los incumplimientos financieros del país. La comprensión que el mismo mereció tras la crisis del 2001 fue sin duda la más costosa contribución que hicieron a la democracia argentina. Y tal vez haya sido la última.

Cristina asumió en diciembre de 2007 prometiendo, entre otras “correcciones” al modelo instaurado por su marido, mejorar las relaciones con el mundo, dedicarle tiempo y esfuerzo a establecer vínculos firmes con los países desarrollados, lo que, podía inferirse, incluiría resolver disputas heredadas de aquella crisis, como eran los juicios acumulados en el Ciadi, la situación de los hold outs y el default con el Club de París, etc.. El valijagate no dio tiempo ni para iniciar ese camino y convenció incluso a los más razonables funcionarios de Cancillería de que el gobierno norteamericano era por lo menos indiferente ante la suerte que le tocara a su par argentino. Lo que alentó a abrazar también en este terreno una visión polarizada e ideológica de los conflictos en danza, contra lo que Cristina había pensado hacer, y justo cuando la estrella de Chávez y su rol de financista de última instancia entraban en crisis y el antinorteamericanismo virulento dejaban de estar de moda. El fracaso de iniciativas como la del rescate de rehenes de las Farc y la obtención de la presidencia de Unasur le revelaron que las cosas en el mundo no se resuelven con solo dar discursos; y el errado timing de otras, como fue el caso de las ofertas a los hold outs y el Club de Paris, revelaron además de eso cuán costoso es improvisar cuando la suerte deja de jugar a favor. Finalmente, la crisis internacional pareció dar la señal de largada para una ofensiva ya sin matices en la dirección contraria a lo que se había prometido: expropiaciones que suman más litigios en el Ciadi, violación de derechos de propiedad que demuele la poca confianza que el país despertaba en los inversores y un nacionalismo militante y agresivo que, dada la insignificancia militar y política del país, sólo redundará en mayor aislamiento.

Posted in Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.

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9 Responses

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  1. Osvaldo Fandiño says

    Muy buen anàlisis. Lo suscribo totalmente. Con un sincero agradecimiento por el contacto les deseo lo mejor para estas fiestas y el año nuevo. Muy atentamente. O Fandiño

  2. Andrés says

    Buenas,

    Muy pobre el análisis. Las razones:

    1) Asume inocentemente que los resultados de las políticas corresponde exclusivamente a los gobernantes, cuando hay y hubo una infinidad de actores cuyo protagonismo resultó decisivo a la hora de coartar (Alfonsín) o profundizar (Menem) las políticas oficiales en materia económica. No se puede analizar 25 años de democracia y su impacto económico sin mencionar a los capitanes de la industria de los 80 o a los grupos enfrentados a fines de los 90 (devaluadores vs dolarizadores).

    2) No desarrolla los escenarios socio-económicos, en especial los diferentes sectores, intereses y las dinámicas naturales de los conflictos corporativos y sectoriales.

    Por ejemplo, es de una ingenuidad pasmosa (por no hablar de plena ignorancia, inaceptable para un escritor de un blog de estudios políticos) asumir que “Cristina Kirchner inició su mandato hace un año cuando esta situación parecía haber sido finalmente superada”. La historia argentina demuestra que justamente cuando hay abundancia es cuando aparecen los conflictos por redistribución de la riqueza o por proyectos antagónicos (mayor o menor injerencia del estado en la economía). Cuando la cosas van mal, la gente baja la cabeza y elije la continuidad por miedo a la debacle (ejemplo, el voto a Menem en 1995).

    3) Mucha descripción de eventos importantes pero superficiales (ejemplos: el valijagate, el canje de rehenes de las FARC) a la hora de hacer análisis estructurales o de proyección a largo plazo. A su vez, poca o nula mención a la relación de fuerzas entre sectores y a los reacomodamientos, sin lo cual no se puede entender la habilidad política del gobierno para nacionalizar los fondos jubilatorios y Aerolíneas pese a la derrota por la 125, o a hacer aprobar paquetes económicos bastante controversiales.

    4) Prejuicio implícito sobre el nacionalismo como necesariamente asociado a imperialismo y/o militarismo. A su vez, priorización implícita de la ‘imagen ante inversores internacionales” a la hora de evaluar al gobierno de CFK, cuando el caso de Brasil de este año prueba que tener investment grade no garantiza nada (y hasta incluso resulta contraproducente si las “inversiones externas” se canalizan fundamentalmente a actividades especulativas y, a la hora de hundirse, hacen perder a la moneda local la mitad de su valor).

    Saludos,

    Andrés

  3. Marcos says

    Estimado Andrés, inocente, ingenuo, superficial y prejuicioso como soy estoy convencido que: 1. este gobierno es el màs berreta que hemos tenido en suerte conseguir desde el 83. 2. era una pena tenerlo en épocas de abundancia y va a ser terrible tenerlo en las que vienen de escasez, 3. Argentina debido en gran medida a esto, a que ha tenido “habilidad política” de sobra para espantar capitales en vez de atraerlos, va a caer más que Brasil y tardar mucho más que ellos en salir del pozo, 4. tal vez muchos kirchneristas esperen que si las cosas van mal “la gente baje la cabeza” y se los siga bancando pero no creo que eso pase. Igual con suerte me equivoco y tenemos un 2009 maravilloso, brindemos por eso, buen año!

  4. Shays says

    Muy lúcido análisis. Coincido con lo de berreta, que se ha ido agigantando en los últimos tres años, porque , para mi, en los dos primeros demostró una muy buena lectura de los esatdos de animo imperantes. Después se la creyó y ahí si se berretizó.

  5. Andrés says

    Marcos,

    El problema es que tu “convencimiento” no está arraigado en datos medibles y discutibles sino en impresiones personales. Con semejante base, uno puede llegar a la conclusión de que Menem fue el mejor presidente y Kirchner el peor simplemente porque así lo percibe.

    Creo que no es necesario que te recuerde que el círculo de los “capitales” que vienen a invertir está sufriendo profundas transformaciones a nivel mundial. En estos últimos meses demostraron que Brasil va llevando la crisis peor que la Argentina, lo cual nos enseña que es mejor ser prudente a la hora de vaticinar lo que nadie sabe que va a pasar.

    La época que se viene exigirá a los analistas que piensen “out of the box” y que entiendan que el paradigma de “hagamos bien los deberes así vienben los capitales” probablemente no corra más. Escuchaste hablar del Buy American que el gobierno de Obama está proponiendo? Quién va a invertir en países en desarrollo pensando exportar su producción si existirán barreras para ingresar dichos productos en los mercados de los países desarrollados?

    Saludos,

    Andrés

  6. Marcos says

    Estimado Andrés, tal vez tengas razój y todo el mundo se convierta al modelo argentino, y los que tarden en darse cuenta de esa salida salvadora se hundan en todo tipo de penurias, puede también que Obama mande a sus funcionarios a estudiar posibles salidas con los craneos del Plan Fénix y que el FMI no sólo le pida a Néstor perdón sino que le ruegue que vuelva a alimentar sus arcas.

    Lo de Brasil supongo es un chiste: con un gobierno fortalecido y un paquete descomunal y barato de asistencia, tiene todas las chances de salir bastante bien parado, Argentina la única chance que tendrá es que a Lula le sobren unos cuantos miles de millones y se digne sacrificarlos en sostener a Cristina.

    Si tenés tanta confianza en el modelo te recomiendo que vendas dólares y compres todos los pesos que puedas.

    En una cosa sí tenés creo razón, la racionalidad no salva a nadie. Aun los que hacen bien las cosas pueden perderlo todo, y los que erran una y otra vez pueden salirse con la suya. Pero estos lo logran en todo caso porque desparraman los costos. Es por eso que gobiernan países cada vez más pobres, donde siempre hay alguno que los festeja y les dice a los que los sufren que la culpa es del imperio.

    Saludos

  7. Andrés says

    Marcos,

    La idea es abrirse a pensar que distintas sociedades necesitan distintas políticas económicas, que no tiene por qué haber una sola global.

    Así como creo que el modelo del capitalismo anglosajón no se aplica a la Argentina, tampoco creo que el modelo del Plan Fenix tenga necesariamente que aplicarse al resto del mundo.

    Lo de Brasil es una realidad. Si el país está TAN fortalecido, cómo se explicala brusca devaluación de su moneda y la fuga de capitales? O para ir a un aspecto más específico, cómo se explica la brusca caída de sus compras a la Argentina recientemente?

    Muy triste que tus análisis caigan permanentemente en el maniqueismo de “los que hacen las cosas bien vs los que hacen las cosas mal”. No hay matices, grises intermedios ni nada.

    Saludos,

    Andrés

  8. Marcos says

    Estimado Andrés, tu tristeza es de lo más comprensible, por mi parte, muy respetable.

    Por supuesto insisto en creer que el relativismo tiene límites bien claros, que hay cosas que están bien hechas y otras que no, y que hay políticas que no sirven en ningún lugar del mundo, como muchas de las que han sostenido y todavía sostienen los del Plan Fénix. Porque hay claro todo tipo de realidades y de opciones posibles, pero también hay realidades duras contra las que chocan indefectiblemente los que se niegan a reconocerlas.

    El mundo es sin duda heterogeneo pero es uno solo, y las “versiones de la historia” no pueden desconocer que Argentina es un país que no sólo no atrae capitales sino que los expulsa desde antes de la crisis global. Querer ignorar eso tiene sólo dos explicaciones, el error intelectual o la deshonestidad.

    Insistís con Brasil y creo que ya sin mucho asidero: el problema no es que ellos devaluaran, sino que Argentina no pueda hacerlo, porque viene arrastrando desde mucho antes una muy alta inflación que se desmadraría completamente si lo hiciera. En gran medida la caída de las compras a Argentina se debe a que nosotros decidimos muy astutamente dejar de venderle trigo, para que todos aquí, incluidos los que no lo necesitamos, lo compremos bien barato, con lo cual, ya antes de la crisis y la sequía, la producción de ese grano venía cayendo.

    Esos son algunos datos duros de la realidad que no pueden desconocerse. Después se puede discutir sobre interpretaciones y opciones, pero la costumbre kirchnerista de negar la realidad y discutir en abstracto sobre estas, sobre valores, intenciones y tristezas personales o colectivas es absolutamente contraproducente. Respecto a ella no tengo ningún interés en plantear matices, grises ni intermedios.

    Por último: los Kirchner han sido y siguen siendo muy malos gobernantes, más allá de compartir o no los objetivos que se hayan propuesto, y por mi parte en algunas cosas los he compartido, pero no son, ni creo haber dicho que lo fueran, los responsables de todos los males: Argentina es un país que tendría problemas más serios que Brasil aun cuando estuviera al mando alguien más sensato. Eso para aclarar que no creo para nada todo el despelote que existe y que se va a agravar, se vaya a disipar como un mal sueño cuando se vaya esta gente.
    Saludos

  9. FEr says

    Hermoso intercambio de opiniones, muy logrado por cierto.

    Coincido en una cosa con Marcos en cuanto al agravante que significa el kirchnerismo como aglutinamiento político en esta coyuntura crítica. EL enorme consenso adquirido, tras una elección pobre (en 2003), y la notable popularidad alcanzada por Kirchner en sus primero pasos fue asombrosa. Una retórica hábil y el uso de recursos políticos disponibles le permitieron, en una coyuntura favorable (potenciada por la sensación de que nada podia ser peor que 2001, como horizonte parteaguas), esconder la inexistencia de un proyecto economico concreto, asi como de aliados que lo sostuvieran, en caso de haberlo, en el largo plazo.

    En una coalicion que quiso ser transversal (recuerdo el flirteo con Carrió y compañía, a pesar de la actualidad) y termino siendo únicamente un peronismo a la sazón menemista, una liga de partidos provinciales. Esa imagen excesivamente positiva agrava la posterior caida, y el craso error que supuso elegir la continuidad con Cristina.

    En ese progreso de consolidacion política es que fue reviviendo monstruos que compusieron este panorama crítico. Reinsertando el imaginario de peronista- antiperonista, gobierno- antigobierno, chavista o neoliberal. El problema con las relaciones carnales con Venezuela no deben ser planteadas en términos de las cualidades democráticas de Chavez o en funcion de una falsa retórica latinoamericanista bolivariana, sino en términos de los beneficios que puede o no reportar a nuestra economía.

    Coincido con Andres que el discurso de “inserción al mundo” debe ser expuesto con cuidado, quizá en términos más estratégicos. ¿Qué es la inserción en el mundo?. Los K nos insertaron en el mundo técnicamente, lamentablemente como exportadores de materia prima, tal como si estuvieramos en el siglo XIX. Una economía rentística que jamas fue discutida. Lo que convierte el tan mentado conflicto con el “campo” en un verdadero error político, planteado en términos de un partido de fútbol, en en cual jamás se discutió más nada que la magnitud de la presión impositiva sobre las exportaciones. NADA de modelo de país ni mucho menos.

    El desgobierno con Cristina es notable, quizá un hecho tan trivial como que no se le conoce la voz al Ministro de Economía es un dato elocuente. Mientras se persista con esa negación absurda no sé cuales son los riesgos potenciales, aunque me parece que los argentinos tenemos una propensión inusitada en detectar “crisis” en todos lados, sin medir su magnitud real ni sus posibles soluciones. Los resultados salen a la luz con la fuga masiva de cuadros de la coalicion gobernante (y que nombres ¡¡) y una ausencia sistemática de la Presidente. Espero que por lo pronto esto sea una derrota electorar, y no pase a mayores.

    Saludos.