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Las ofertas del poskirchnerismo

En poco más de quince días, el antikirchnerismo ha ido ocupando el centro de la escena, haciéndose de la iniciativa política y definiendo un camino por el que habrá de transitarse para resolver no sólo quién sucederá a Cristina en 2011, sino qué habrá de suceder con su gobierno y con el peronismo desde 2009 hasta su momento de caducidad.

Se habla de una escena con tres patas. Una K, una peronista no K y una no peronista. Si recordamos un poco, esta era más o menos la situación cuando Kirchner llegó al poder, su tercio era minoría entonces incluso dentro del PJ. No es descabellado pensar que, tras una experiencia que ha tenido tan poco de innovadora y menos aun de constructiva, se vuelva más o menos al punto de partida.

Hay todavía de todos modos muchas incógnitas que resolver en las estrategias que se han ido dibujando dentro y fuera del PJ para hacer a un lado al mantrimonio gobernante. Y también habrá que ver cómo influye el contexto económico en este proceso: porque los actores pueden hacer todo bien, incluso el oficialismo puede enmendarse y colaborar a una transición más o menos ordenada, pero un agravamiento de la situación económica puede echar a perder hasta las más meditadas fórmulas políticas.

Lo cierto es que la crisis también ha seguido profundizándose en estos días, volviendo incluso al presidente Obama un actor ya un poco “viejo”. Con una economía en recesión e ingresos fiscales cayendo a gran velocidad, los tejes y manejes del gobierno local para manotear fondos de todos lados y postergar pagos no serán suficientes, tampoco lo serán las amenazas de expropiación para frenar despidos, y entonces quedará un solo recurso, emitir para aumentar el gasto y sostener como se pueda el nivel de actividad, lo que no sería muy diferente de lo que hacen los gobiernos serios, sólo que en nuestro caso será acompañado no de deflación ni de moderada inflación, sino de un alza de precios de nuevo galopante, erosión de las reservas y corrida tras el dólar. Una típica crisis argentina. Piloteada por Néstor, Cristina y Moreno, un desastre de proporciones está casi asegurado.

Un escenario electoral más competitivo puede que estimule a los K a dejar de hacer tantas macanas, ante la evidencia de que alguien está recogiendo los heridos y los errores se pagarán en muy contantes votos bien pronto. El intento de cambiar de estrategia hacia el campo podría ser indicador de que algo de eso sucede. Pero puede también que en la desesperación se encierren cada vez más, abusen de los recursos que les van quedando a mano, y se vuelvan aún más destructivos de lo que han sido. Los manejos del Indec, la compra de medios y las amenazas a empresas muestran que ese camino está abierto.

Como sea, se ha visto ya que, perdido por perdido, los K tienden a volverse muy destructivos. Ello le plantea un problema serio a los proyectos poskirchneristas respecto a la transición: ¿será posible acorralar y debilitar a los Kirchner y al mismo tiempo ofrecerles una vía de salida a sus ojos aceptable, para acordar con ellos una transición que evite perjuicios mayores para todos? ¿o una vez que estén acorralados y heridos, se volverán tan peligrosos para los demás y sobre todo para un PJ realineado o en proceso de realineamiento, que la única solución que éste imaginará o tendrá a su alcance, como queramos verlo, será un apresurado y caótico asalto al poder?

El desmonte del castillo de naipes de los Kirchner puede ser tan rápido que tal vez no de tiempo ni espacio para comportamientos destructivos. A eso apuestan al menos Solá y compañía. Una derrota K en el único distrito importante que aún controla (ya no hay prácticamente kirchnerismo en Capital Federal, Santa Fé y Córdoba), dispararía un rápido cambio de manos del poder, y Cristina deberá terminar su mandato como vicaria ya no de su marido, sino de la coalición formada por los enemigos jurados de éste.

Ello tendría una ventaja importante en términos económicos y fiscales: permitiría hacer el ajuste y corregir las distorsiones introducidas en estos años, facilitando la gestión de la crisis y sin mayores perjuicios para los candidatos de 2011. Además, evitaría un proceso de desconcentración territorial del poder como el que siguió a 1997 y que recordemos significó un insalvable desequilibrio fiscal: se podría reemplazar el cuadro de concentración de recursos y discrecionalidad en su asignación a las provincias que montó Kirchner por un equilibrio más estable y que obligue a las provincias a ser menos irresponsables.

Pero todo ello es por ahora puramente especulativo. Por de pronto lo que habrá que ver es cómo se desenvuelven los candidatos en un escenario nuevo, signado por una crisis creciente y por cambios muy veloces en los alineamientos políticos. Ello exigirá mucho de su parte. Por lo que podemos imaginar que el resultado dependerá más que de recursos institucionales, organizativos, y monetarios, de las dotes que cada uno pueda mostrar para volverse un campeón electoral.

La crisis puede ayudar a la oposición y los disidentes del PJ, pero si es muy seria puede también estimular el voto conservador, la cuestión social va a pesar pero los recursos para hacer clientelismo que todavía tiene el gobierno nacional, aunque acotados, pueden servir para procesarla. Es impensable que los K puedan recuperar la mayoría, pero una cosa es que se forme un trípode medianamente equilibrado, y otra muy distinta es que haya fuga masiva de apoyos y el gobierno nacional se quede prácticamente solo.

Solá ha comprendido bien esta situación, tomó la iniciativa y se ha convertido en el challenger del ex presidente. Posicionarse en una escena tan complicada es haber recorrido la mitad del camino. El uso que viene haciendo de la “ambulancia” le ha dado hasta aquí muy buen resultado: aunque se le pueda reprochar sea muy indiscriminado, es mejor para él que lo acusen de eso y no de ser incapaz de juntar gente en torno suyo. Sobre todo para la mentalidad peronista eso es lo más importante. Que logre convencer a De Narvaez de someterse a su liderazgo no importa tanto por lo que éste le aporte en términos de intención de voto, porque lo que hoy indican los encuestas tendrá poca significación en unos meses, ni tampoco por los fondos de campaña, que cuentan aun menos, si no por la señal que eso significará para el resto de la dirigencia peronista, diferenciándolo de Kirchner (y también de Lole): es como decir “vean señores del peronismo, que en esta carpa van a tener su lugar, nadie o casi nadie será excluido, etc.”. Tampoco tiene mucho sentido que lo acusen de haber sido kirchnerista hasta hace muy poco: para el peronista medio se sabe ya que la consecuencia no es una virtud muy relevante. El puede, además, hacer una campaña que avance sobre las otras dos patas del trípode sin problemas: cada voto duro del PJ que consiga sabe que vale doble, porque es un voto menos para la lista K, y mordiendo parte del voto de clase media y ganando apoyos cobistas puede ir definiendo a su favor ya desde ahora la batalla por la presidencia. Su único obstáculo en verdad puede provenir de uno de sus aliados iniciales: No le conviene a Macri acaso que los Kirchner sobrevivan en la provincia, para seguir teniendo él chances de ser quien forme, desde fuera del PJ, una coalición panperonista para 2011?

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.

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4 Responses

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  1. Jesica says

    alguien me podria responder una pregunta que hice aca: http://www.yacteka.net/foro/politica-f12.html

  2. FEr says

    En este segundo comentario en el blog me tomó el atrevimiento de hacer una observación acerca de la respuesta a mi anterior comentario y el nuevo posteo. Me da la sensación que el análisis se muestra un tanto parcial sobre algunas cuestiones puntuales a las que remitiré.
    Me parece que, en un registro excesivamente electoralistas, se ponderan virtudes en Solá en un fuerte contraste con las impiadosas críticas propinadas al gobierno, que dicho sea de paso comparto casi en su totalidad. Quisiera recordar que esos méritos de Solá conduciendo, o intentando conducir, la “ambulancia” peronista ya los tuvieron los K, en ese largo proceso de la victoria en el fallido ballotage hasta la consolidación, con nombre propio, de lo que todos llamamos, con total naturalidad, kirchnerismo. Y me permito señalar que Solá formó parte integral de esa coalición, que contó con las mismas virtudes iniciales que destacás de la nueva intentona aglutinadora.
    Es indudable que el gobierno, con Cristina a la cabeza, está cometiendo una serie de errores estratégicos grandes que están abriendo una brecha de incertidumbre en lo que van a ser las futuras arenas electorales. Sin embargo es dudoso que esa ruina sea tal, a pesar de lo elocuente de la torpeza oficialista, y creo que existe una seria sobreestimación de los opositores, con Felipe a la cabeza. Es indudable que los K puedan ser derrotados en elecciones, pero me permito ir más allá, y desconfiar de los méritos electorales. Las propuestas alternativas, si es que las hay, carecen de relevancia ante esta tónica tan llanamente electoralista. No es que dude de la capacidad de estos actores “poskirchneristas” en las elecciones, sino que dudo de su capacidad de consolidarse en caso de ganar ante esta situación crítica, y ante un voto fragmentado.
    Me parece que Scioli y Cobos son las cartas claves que definirán la suerte de las coaliciones electorales. Aunque no pondría las manos en el fuego por el éxito de sus gestiones, ni por la gobernabilidad que heredarán.

  3. Marcos says

    Creo que tenés plena razón en cuanto al electoralismo: la política argentina se ocupa cada vez menos parece de resolver temas concretos, si uno se pregunta cuáles son los problemas en discusión hoy en día ve que hay un montón, pero ninguno es muy preciso que digamos, y en todos los términos en que están planteados y las opciones de solución cambian velozmente, las prioridades se alteran una y otra vez, y todo se acomoda a necesidades muy circunstanciales, en general, de orden electoral. Por cierto, la oposición a los K no plantea mayor novedad a este respecto, así que no hay por qué ser especialmente optimista sobre el tipo d egobierno que puede llegar a crear en el futuro. Aunque en mi opinión es muy difícil imaginar que pueda ser peor que el actual.
    Mi observación iba dirigida a otro punto, y es que contra lo que parecía estábamos condenados hasta hace poco, se van formando opciones nuevas, puramente electorales por cierto, pero al menos de algún tipo, y es mejor eso que nada. Podríamos estar peor, eso es todo.

  4. Horacio Aldo Cingolani says

    La verdad que ahora estoy con la variante de apoyar a quien presente mejores ideas e impresione que va a gobernar bien, para todos por igual, con polítcas de largo plazo, seriamente, creando confianza, consultando al pueblo,… No me interesa si es peronista o radical, ni de centro, de izquierda o derecha, SI ME INTERESA que tenga buenos criterios, que sea imparcial, que consulte, y no gobierne por caprichos.