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Un balance entre armas y manteca

En el rebufo de la entrada en vigor de la anulación del Código de Justicia Militar (CJM), se vuelven pertinentes unas palabras sobre la política militar que han llevado el último gobierno y el que se encuentra en curso. Sin duda el reciente fallo de la SCJN y el del juzgado federal de Comodoro Rivadavia se encuentran en sintonía con este paso dado en agosto del año pasado, cuando el Senado aprobó la abrogación del CJM. El lastre que representaba la persistencia de una instancia jurisdiccional allende la justicia civil ya se había vuelto incoherente. Con esta nueva pieza legislativa se afianza aún más en el camino iniciado por la Ley de Defensa Nacional en 1988 –en sus avances y retrocesos- hacia unas relaciones cívico-militares resguardadas por el ordenamiento legal y bajo la supervisión de las autoridades políticas elegidas popular y democráticamente. Esta medida, sumada a iniciativas inéditas en la formación militar de nuestro país, permite que no se vuelvan a cometer irregularidades procesales como sucedió en el caso de Rodolfo Correa Belisle, a raíz del caso del conscripto Carrasco, y en general, que el militar pueda manifestar otro tipo de reciprocidad con la ciudadanía y las instituciones republicanas.

Ahora bien, para que las relaciones cívico-militares sean viables es necesario que se sostenga una política militar a largo plazo. Si la corporación militar es un hecho en el esquema estatal, y si no es razonable temer una reacción por parte de ella, lo más coherente entonces sería convenir en una reforma, tanto longitudinal como latitudinal, de la misma. Desde el escándalo por el funcionamiento deficitario de los radares, hasta la paralización del patrullaje en el litoral marítimo por falta de combustible, el problema no parecería ser tanto la mera falta de presupuesto, como del criterio distributivo con el que se procede a ejecutarlo, cuando no del uso que directamente se hace de él.

 En una entrevista al AHO, Thomas Scheetz, un especialista en economía de defensa, dio en el clavo con una frase que sintetiza la necesidad de replantear los términos en los que se reparte el presupuesto para la defensa. Según él, sería conveniente establecer una suerte de “póliza de seguros” en materia de defensa. No se puede seguir destinando el grueso del presupuesto en defensa a mantener gastos de salarios. Es necesario afrontar, con la misma celeridad con la que se avanzó en materia de punición castrense, una reformulación concreta de lo que es hoy en día la política militar argentina.  Evidentemente esto es algo que una gestión tan duradera –por ahora solo superada por la de Jorge Domínguez en la segunda presidencia de Menem- en el Ministerio de Defensa como la de Nilda Garré no supo conseguir.  Esto es, que el gasto para la defensa, aún contemplando el ciclo de vacas flacas que atravesamos, encuentre un lugar satisfactorio en la curva entre las armas y la manteca.

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.

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6 Responses

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  1. Marcos says

    Bueno, de acuerdo, eso sería deseable, pero desde un punto de vista más práctico es innecesario: si los militares son hoy los que mejor se acomodan al modelo de empleado público que desde los noventa se impulsa, uno que cobre poco pero no moleste, para qué cambiar la situación? Con vistas a darle qué hipótesis de conflicto? Mejor no.

    • Facundo says

      Estimado Marcos, no podría rebatirte tu conclusión… solo aclarar que no estaba ni siquiera haciendo un ejercicio de “what if” respecto a plantear hipótesis de conflicto, sino más bien instar a que se lleven a cabo acciones relacionadas con ciertas cuestiones como el relevamiento del espacio aéreo, o el control contra la depredación en el Mar Argentino, y que esto se complemente con los avances de esta gestión en materia de bienestar ciudadano de las FFAA, que vendría a ser la manteca en mi planteo. Pero quizás tenés razón, y la Garré maneja de taquito el public managment…

  2. Ricardo says

    La hipótesis es de “desmantelamiento de las fuerzas nacioanles” para reconvertiras en fuerzas de intervención rápida pannacionales. El escenario (para mi mirar pesimista) tiene una “contingencia” posible de convulsión social. Las FFAA no estan preparadas para tal efecto, por lo que seguramente pasarán a integrar “fuerzas de otras banderas” en un enroque para la paz social.
    Atte.

    • Facundo says

      Estimado Ricardo, muchas gracias por tu comentario. Como le mencionaba hace un instante a Marcos, no hay mucho diagnóstico prospectivo en mi breve apostilla. De hecho tu comentario me deja un poco perplejo porque ni siquiera mencioné algo respecto al rearme de países amigos como Chile o más amigos como Venezuela… Te agradecería aún más que me aclarares esto. Tu comentario me recuerda a la película Tropa de Elite… ¿La viste?

  3. cansarnoso says

    what if?

  4. Ricardo says

    No Facundo, no vi esa peli.
    Lo mío surgió porque tu comentario disparó lo que estoy pensando, no porque hayas hecho mención. Recordé una suma: La Flota de USA por aquí con su mayor buque un hospital, la arremetida de los rusos, el rearme de Venezuela y Brasil, la infiltración “islamista” en zonas cercanas al Pacífico, la “mentada” lucha contra el narcotráfico… es una ensalada que, si sumamos la crisis social probable con la llegada de la “zona profunda” de la depresión económica, las FFAA tendrán tarea segura en el “campo social”.
    Es para estar atento y pensar prospectivamente.
    Saludos