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Con muy poco…

Con muy poco, el Ejecutivo ha logrado bastante: por de pronto, cambiar el clima reinante y generarle algunos problemas a la oposición.

Por cierto no es nada seguro de que eso se pueda sostener. Unos pocos puntos bastante generales en una carta de intención, y un gesto oportuno de la presidente, abrieron un camino, pero cualquier paso en contrario puede cerrarlo. Hay sin embargo por lo menos un par de buenas razones para esperar que eso no suceda. En primer lugar, tendría seguramente costos importantes para los principales involucrados. El Ejecutivo tendrá difícil explicar que la Mesa de Enlace vuelva a ser la de los cuatro jinetes del Apocalipsis, después de que ha mostrado que se los puede hacer levantar medidas de protestas con poco más que promesas. Y éstos, por su parte, que ya están pagando el costo de disciplinar a las bases más revoltosas, tendrían que aceptar que éstas tenían razón y que convenía no conseguir nada pero tampoco ceder, frente a un gobierno que los quiere ver “de rodillas”.

Además, tampoco en la oposición es claro que prime el criterio de “cuanto peor mejor”. Al menos no para toda la oposición. Carrió salió a criticar el principio de acuerdo, y la UCR fue arrastrada detrás de ella, pero no parece que a Solá y compañía ese camino le interese en lo más mínimo. Mucho mayor provecho pudo sacar de la foto con la Mesa de Enlace en el Congreso, y seguramente seguirá sacándolo si puede arrogarse la función de apretarle el cuello al Ejecutivo sin estrangularlo. Que es lo que el grueso de los involucrados quiere que alguien haga. Con sensatez, estima que los votos contra el kirchnerismo ya existen, simplemente hace falta que alguien los represente, y para maximizar las chances de hacerlo, de lo que se trata es de interpretar al votante medio de ese amplio sector, no al más enojado.

La pregunta en todo caso es cuánto puede recuperar el oficialismo del crédito perdido en el último año, en caso de avanzar por esta vía de la gestión responsable y negociada del conflicto con el campo. Ante todo, puede dejar de perder. Y eso ya sería bastante. Aunque sostener que lo es no resultará fácil para su ala moderada: en caso de que su imagen no repunte, podrían volver a la carga los halcones que en su seno sugieren polarizar, y en todo caso morir peleando antes que esperar dócilmente a que concluya el mandato. Pero, si no los votos, pueden pesar a favor de sostener la vía negociada otros actores, como por ejemplo legisladores y gobernadores del peronismo del interior, que no enfrentan una amenaza electoral de la oposición en lo inmediato, pero podrían enfrentarla si la situación se deteriora, y en ese caso verse obligados a optar ya no entre provincializar o no la campaña, sino entre enrolarse en el peronismo disidente o en el localismo.

Tras la fuga de senadores y diputados de Santa Fe y otros distritos acaecida en febrero, estos actores provinciales que se mueven en una zona gris, que son muchos, adquirieron un papel moderador muy importante. Ellos podrían, aun en medio de una eventual ola de indignación antikirchnerista, motivada en un empeoramiento de la situación, o en la necesidad de echar culpas a alguien por todo lo que pasa, tenga o no sentido hacerlo, mantener a flote al Ejecutivo nacional. Pero éste deberá hacer méritos si quiere asegurarse esta atención. Será difícil, porque se sabe que cuando los dirigentes justicialistas huelen sangre, no se detienen a preguntar si es propia o ajena, pero tal vez al gobierno nacional le resulte más fácil razonar con ellos que con los votantes, que tienen la misma propensión y encima están sometidos al canto de sirena, en los medios y en la arena política, de quienes sugieren que siempre una pelea es mejor que un arreglo.

Lo que podría al gobierno embretarlo de nuevo es suponer que, porque modere el conflicto, logrará que las organizaciones del sector abandonen la militancia opositora, se dividan, o él pueda pasar a la ofensiva en áreas colaterales, con ideas como la de intervención en el comercio de granos, la distribución selectiva de asistencia y cosas por el estilo. Si la jugada de Cristina en la reunión con el campo funcionó, fue en gran medida porque se cuidó de que su participación se reprodujera en los medios, en imágenes o palabras. De ese modo todos pudieron pensar que había sido muy positivo lo que hizo, sin que su devaluada credibilidad lo desmintiera. Ello demuestra que el gobierno que encabeza todavía puede solucionar problemas, y a eso debe dedicarse, pero difícilmente pueda convencer, seducir, menos aun ganar elecciones. Si tomara debida nota de ello, se podría evitar esta permanente sobreexposición mediática a que la condenan unos estrategas comunicacionales que tienen muy poco de profesionales.

Posted in Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.

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