Skip to content


La misión del Congreso

El sorpresivo e improvisado proyecto de adelantamiento de las elecciones legislativas para el próximo 28 de junio es probablemente la jugada más arriesgada de toda la vida política del matrimonio Kirchner. Si obtienen un triunfo electoral, habrán ganado un cierto margen de maniobra para capear una tormenta que, en una porción nada despreciable, ellos mismos siguen alimentando. Si pierden, habrán montado un aparatoso escenario para una eventual huída de sus compromisos de gobierno.

Claro que el camino al desenlace tiene todavía que superar algunos democráticos y republicanos “escollos”. En principio, la modificación de la fecha deberá ser aprobada por el Congreso Nacional; y luego, habrá que ver si se concreta la discutible candidatura de Néstor Kirchner –devenido en impostado pingüino bonaerense- para dar la madre de todas las batallas en la provincia de Buenos Aires.

En este marco, los distintos sectores de la oposición están quedando a la defensiva, entrampados en el irresponsable juego político de cortísimo plazo que le está imponiendo el kirchnerismo.

Mientras tanto, la dinámica de la crisis socioeconómica local y los perniciosos efectos de la crisis global, ya han comenzado a retroalimentarse mutuamente y a potenciarse.

¿Es posible salir de esta peligrosa encerrona? ¿Hay acaso un camino más productivo que la oposición puede comenzar a transitar? ¿Qué papel puede encarnar una amplia y diversificada ciudadanía independiente, que mira atónica estas maniobras electoralistas en la cornisa? Tal vez la respuesta, o al menos parte de ella, podamos encontrarla en el Congreso.

Quizá como en los aciagos días de la crisis de 2001-2002, y otra vez en el 2008, en virtud de su capacidad para procesar el conflicto entre el gobierno y los sectores agropecuarios, el Congreso está llamado hoy, nuevamente, a jugar un rol de la más alta responsabilidad institucional.

Buena parte de esa responsabilidad pasa en la actualidad por ensanchar el horizonte de toma de decisiones, por generar un sentido del tiempo político que no se agote en el cortoplacismo electoral. En momentos como los que vivimos se hace imprescindible producir una cierta visión de futuro consensuado, dibujar los trazos gruesos de una renovada orientación estratégica, abrir espacios donde las demandas y los conflictos comiencen a encontrar nuevos cauces institucionales de expresión y vías progresivas de resolución.

En este sentido, el Congreso es el ámbito idóneo para que las distintas fuerzas políticas acuerden un programa legislativo de consenso que parta de la base de recuperar sus atribuciones constitucionales, y que apunte a garantizar la gobernabilidad democrática del país en un contexto de fuerte zozobra socioeconómica, de alta incertidumbre internacional, y de evanescente poder político presidencial. Ese programa mínimo, incluso, podría servir para allanar el camino a la integración de ciertas candidaturas.

Algunas de esas iniciativas implican desandar los equivocados caminos por los que nos ha llevado el matrimonio gobernante; otras, en cambio, suponen llevar a la práctica una serie de positivos anuncios que el propio oficialismo hizo, pero que no ha concretado todavía, o que avanzan a marcha muy lenta.

Los componentes básicos de ese programa podrían incluir:

  1. Acuerdo con los sectores agropecuarios en base al documento conjunto de la Comisión de Enlace del 12 de marzo de 2009;
  2. Normalización inmediata del INDEC mediante una ley que garantice su autonomía institucional del Poder Ejecutivo Nacional;
  3. Convocatoria a la Mesa del Diálogo Argentino para debatir con diferentes sectores de la sociedad y la política los grandes ejes de la agenda pública del país: desarrollo, integración al mundo, pobreza, empleo, seguridad, etc.;
  4. Normalización de las relaciones con el Club de París y los organismos multilaterales de crédito, incluido el FMI;
  5. Avanzar en la negociación con los tenedores de títulos externos (holdouts);
  6. Respaldo a la independencia institucional de los órganos de control del Estado y combate a la corrupción, dejando sin efecto todos los intentos de limitación o intervención por parte del Poder Ejecutivo en sus estructuras, funciones o iniciativas  (Fiscalía de Investigaciones Administrativas, Oficina Anticorrupción, AGN, etc.);
  7. Derogación de la Ley de “blanqueo” de capitales;
  8. Derogación de la reforma del Consejo de la Magistratura, retornando la constitución del cuerpo a su formato original;
  9. Normalización de las relaciones con Uruguay en base a un acuerdo consensuado para superar el conflicto por la instalación de la planta de Botnia;
  10. Fortalecimiento del MERCOSUR en el marco de una estrategia regional coordinada para enfrentar la crisis internacional.

Tanto las políticas económicas específicas para enfrentar la situación actual, como las políticas sociales, que antes de la agudización de la crisis ya parten de un piso de pobreza que ronda el 30% de la población, requieren de un marco creíble de reglas donde el equilibrio de poderes, el sistema de estadísticas nacionales o la seguridad jurídica no sean una rama degradada de la literatura fantástica. Una sociedad que a diario comprueba que en la política “todo vale”, se hunde paulatinamente en una anomia sin término.

Las próximas elecciones, en junio o en octubre, consagrarán a un puñado de ganadores y dejarán un tendal de perdedores, pero seguramente nuestros problemas nos estarán esperando, agravados, al día siguiente del acto comicial. Incluso bajo la hipótesis de un triunfo pírrico del kirchnerismo en tierras bonaerenses, el escenario postelectoral más probable a nivel nacional es que el oficialismo sufrirá una importante sangría de escaños, ya sea a manos de la Coalición Cívica y la UCR, ya sea a manos del PJ “suplente”. Por tal razón, nuestra dirigencia debe comenzar desde ahora a elaborar un núcleo estratégico de decisiones consensuadas para afrontar la crisis. De lo contrario, la sociedad en su conjunto estará nuevamente al borde de una peligrosa frustración, y los sectores más vulnerables padecerán la amarga combinación de malas políticas locales y de peores condiciones externas.

Frente a un Poder Ejecutivo que no hace del diálogo su práctica discursiva predilecta, que no se reúne con la oposición, que toma decisiones cruciales -e intempestivas- en el solitario vértice de una pirámide de poder que día a día muestra cimientos más endebles, el Congreso Nacional tiene una misión de enorme responsabilidad institucional. Confiemos en que estará a la altura de la circunstancias. Apoyémoslo activamente para que así sea.

La Plata, 16 de marzo de 2009.

Posted in Kirchnerismo, Política, Politica Argentina, Politica Económica.

Tagged with , , .


4 Responses

Stay in touch with the conversation, subscribe to the RSS feed for comments on this post.

  1. Víctor Serge says

    ¿Carrió presidenta?

    ¿Pagar a los tenedores de bonos en defol? Uds son unos caraduras, se cae el capitalismo y pretenden llevarnos a ese abismo meda¡ianet un ajuste social que implica llevar a la miseria l pueblo

    De derecha, cada vez más de derecha, los vamos a ver de la mano de Reutemann y Macri dentro de unos años…

  2. Antonio Camou says

    Estimado Víctor,

    Dos o tres aclaraciones que me parecen importantes:

    1) No creo que el capitalismo se esté cayendo a pedazos, pero naturalmente puedo estar equivocado. Más bien, lo que creo que estamos viviendo es una furibunda crisis, de dimensiones epocales, que obligará a un cierto rediseño de reglas a escala global, y a nuevas relaciones entre los actores estratégicos mundiales. No es la primera vez que sucede en los últimos 100 años: pasó algo parecido, pero más leve, en el trienio 1971-1973 (el inicio de este ciclo que quizá hoy se esté agotando), también en la salida de la segunda Guerra Mundial (1944-1945), y en 1929/1930. Son algunas de las grandes crisis que ha tenido el capitalismo en su ya varias veces centenaria historia, y hasta ahora de todas esas crisis ha venido zafando. En parte por algo que pensaba el propio Marx: un modo de producción no termina de caerse hasta que la dinámica social no hayan generado otro en condiciones de reemplazarlo. Y no parece haber “otro” modo de producción a la vista. Al menos así lo están entendiendo millones de persona en el mundo que, a la hora de asegurar sus bienes y ahorros, lo hacen, entre otras cosas, comprando dólares (¡), o sea, la moneda de la primera economía capitalista del planeta.
    Por eso, lo importante aquí es tratar de vislumbrar –hasta donde sea posible- cuál es el nuevo juego de reglas que se puede ir gestando, qué papel (marginal) podemos jugar nosotros en su rediseño, y sobre todo, cómo nos adaptaremos a ellas. A la vista de los antecedentes, hay cierta probabilidad, entre otras cosas, de que el sistema evolucione hacia mayores regulaciones y exigencias de transparencia, y que se castigue fuertemente a los países (empresas, bancos, etc) que no se adapten a ello, que mientan con sus estadísticas, que incumplan sus compromisos, o que rechacen monitoreos internacionales. Justamente nosotros no parecemos bien equipados en este delicado rubro.

    2) La Argentina necesita –entre muchas otras cosas- inyectar dinero fresco a su economía para expandir su capacidad productiva y fomentar el consumo de los sectores populares, de modo tal de volver a hacer andar la rueda de la actividad económica. Pero el pequeño detalle es que no lo tiene, o en todo caso, tiene poco y acotado porque no puede incurrir en déficit fiscal, a menos que, reciba un fuerte respaldo crediticio externo, como solamente hoy lo pueden ofrecer los organismos multilaterales de crédito, incluido el FMI.
    Este razonamiento lo esgrimen muchos economistas serios y progresistas. Y hasta cierto punto lo ha entendido, y bastante bien, el propio gobierno kirchnerista, que anunció el arreglo con el Club de París, que está negociando con los bonistas en este preciso momento (entre otras cosas porque esos bonos hoy no valen nada!), y que incluso –hasta donde se rumorea- está teniendo un acercamiento con el FMI. Todo esto es correcto!
    El punto en todo caso no es si acercarse o no a esos organismos, la clave es qué se hace con el apoyo que recibimos. Si esos apoyos se pierden en los bolsillos de unos pocos empresarios amigos o en los barones del conurbano, será el peor de los mundos posibles; si en cambio sirven para fomentar el consumo de los sectores populares y reactivar la economía, habrá sido una medida auténticamente progresista, más allá de cualquier retórica pseudonacionalista. De ahí la importancia de un control colegiado de esos fondos como solo puede hacerlo el Congreso, a la vista de todos.

    3) Finalmente, todavía no sé a quién voy a votar en las próximas elecciones, aunque es más que obvio que no voy a votar a Kirchner. Pero más allá de a quién vote cada uno, que dependerá de legítimas diferencias democráticas entre nosotros, el punto en cuestión es que gane quien gane, si no empezamos a definir algunos lineamientos estratégicos de política DESDE AHORA, amplios y consensuados, la crisis se agravará, y serán los sectores más vulnerables de la sociedad quienes pagarán sus mayores costos. Y esto es lo que hay que evitar poniendo manos a la obra.

    Cordiales saludos,

    AC

  3. FEr says

    “En este sentido, el Congreso es el ámbito idóneo para que las distintas fuerzas políticas acuerden un programa legislativo de consenso que parta de la base de recuperar sus atribuciones constitucionales, y que apunte a garantizar la gobernabilidad democrática del país en un contexto de fuerte zozobra socioeconómica, de alta incertidumbre internacional, y de evanescente poder político presidencial. Ese programa mínimo, incluso, podría servir para allanar el camino a la integración de ciertas candidaturas.”

    Me parece exageradamente optimista la propuesta, no se como de un panorama realmente fragmentario puede emerger un consenso de esa magnitud. Y lo que es más, un consenso productivo.

    Me parece que hay que ser comprensivo ante la suspicacia que genera cualquier mención a los organismos de crédito internacional, así esto signifique no más que una evasión autocomplaciente ante una realidad que ya los incluye concretamente.

    Perdón, pero no creo que el Parlamento este a la altura de las circunstancias. El: “mi voto no es positivo” no fue más que una escaramuza. La agencia política deberá, creo, pasar por otro lado.

  4. Antonio says

    Estimado Fer,

    Es posible que la apuesta al Congreso sea extremadamente optimista, e incluso ingenua, y lo acepto de entrada; también comparto que un congreso como el que tenemos no da mucho margen para el optimismo; pero también creo que el panorama que se abre el 29 de junio va a ser más complejo y fragmentario que el actual. Y eso hará más necesario, pero que sea necesario no significa que se produzca, una mayor coordinación entre los actores políticos. Pensemos en posibles escenarios, que resumo en cuatro:
    -triunfo contundente del oficialismo:
    -triunfo leve del oficialismo:
    -triunfo leve de la oposición:
    -triunfo contundente de la oposición:
    Si excluimos por ahora los dos escenarios extremos, creo que los escenarios posibles (yo diría, como se ven las cosas hoy, bastante probables) son los del medio: el oficialismo no logre mantener las bancas que renueva, aunque ganara en Buenos Aires, por lo tanto, el Ejecutivo después del 28 de junio va a ser más débil, y no más fuerte que hoy. Aún ganando en Buenos Aires, presionando a los diarios, o lo que fuere, los actores políticos, sociales y económicos (internos y externos) van a leer que ha comenzado el principio del fin del kirchnerismo, y a un “pato herido, aunque quizá no del todo rengo” le va a costar mucho implementar decisiones (tomarlas las puede tomar), y hacerlas sustentables. Eso, a mi juicio, puede obligar a transformar al Congreso (al actual y al que empezará en diciembre), en un actor necesario de una coalición de políticas que empiece a ofrecer ciertas reglas creíbles a mediano plazo. En esos acuerdos no pueden dejar de estar: Carrió, Cobos, Morales, Macri, Solá y Reutemann. Esas reglas serán clave para estabilizar un barco que, para ese entonces, navegará (navegaremos) en el medio de la tormenta.

    Cordiales saludos,
    AC