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A todo o nada*

Las dos movidas que realizó la última semana el oficialismo, adelantar las elecciones para diputados y senadores nacionales, y endurecer hasta el borde de la ruptura la postura frente al campo, han dado por tierra con la posibilidad que había abierto poco antes hacia una cierta moderación, un declive paulatino, y la provincialización de los comicios. Ahora no queda ya ninguna duda, el kirchnerismo no aceptará un pacífico retorno a la insignificancia, se empecinará en plantear batallas a todo o nada, aún habiendo altas probabilidades de que signifiquen perderlo todo.

El camino de la provincialización, convengamos, era bastante poco promisorio: después de lo de Catamarca, se volvió evidente que los K quedarían muy probablemente reducidos a una fuerza provincial, más bien vecinal, en los municipios del conurbano bonaerense, al volverse para el peronismo de casi todas las provincias más conveniente tenerlos lejos y que no participaran de la campaña. Esa reluctancia del PJ y una esperable seguidilla de derrotas abrumadoras en distritos grandes preparaban el terreno para una pérdida masiva de lealtades en el Congreso, que iba a dificultar enormemente las posibilidades de seguir hasta el 2011. Más allá de cuánto pueda evitarse afecte al electorado la crisis, adelantando los comicios a junio, la nacionalización y la polarización tendrían dos ventajas: forzarían a los peronistas del interior a defender a un gobierno en el que no creen pero del que no pueden alejarse tan anticipada y abiertamente sin generarse a sí mismos un daño serio, no sólo fiscal sino incluso electoral; y achicarían el margen de los peronistas disidentes al polarizar entre el gobierno y una oposición no peronista. En Santa Fe por caso forzarían a Reutemann a no presentarse y permitirían a Rossi perder, pero al menos competir. Lo mismo en Capital con Ibarra y Filmus. En el específico caso de la provincia de Buenos Aires tienen la ventaja suplementaria de no darle tiempo a Solá para arreglar su entuerto con Narváez ni para recoger adhesiones municipales disimuladamente alentadas por los mismos caciques que nutren las filas del gobierno. Kirchner, de nuevo en el centro del ring, desafía ahora a una oposición que seguiría siendo poco más que lo que ya era antes de la crisis con el campo, un rejunte de los viejos radicales que pocos quieren ver de nuevo gobernando el país, con aliados locales que poco ayudan a dar un alcance nacional a las listas que integren. Aun perdiendo votos, el ex presidente podría seguir entonces siendo el patrón del conurbano, y el jefe de un PJ atrapado entre seguirlo (esperando que todos los costos de sus errores finalmente los pague él mismo), o correr el riesgo de la fractura y la ingobernabilidad.

La reapertura de la confrontación con el campo no es una pieza en sí misma necesaria para esta estrategia electoral, pero sí lo es en la perspectiva que de ella se hace su protagonista: la batalla debe tener también un correlato social e ideológico, debe ser también una revancha contra los ricos y oligarcas que lo frenaron en 2008, para que el peronismo y el conjunto de los votantes aprendan de una buena vez que sólo hay dos caminos, el suyo, y el de la “reacción”. Así, los comicios del 2009 no se parecerán a los de 1997 ni a los de 1989, sino a los de 1952, esos buenos viejos tiempos en que el pueblo respondía a los llamados del líder aun en medio de dificultades económicas, porque “sabía” que la alternativa era darle alas a un enemigo de clase e ideológico irreconciliable.

Como es evidente, este es el costado más arbitrario y más inefectivo de la estrategia. La confrontación con el campo tiene altas posibilidades de neutralizar en vez de reforzar los argumentos con que el oficialismo está planteando la polarización y la nacionalización: como ya se vio el año pasado, las demandas de ese sector encuentran eco en amplios sectores medios y aún bajos, y su desatención por parte del oficialismo le quita argumentos a la idea de que sólo él sabe gobernar, puede preservar el orden y enfrentar la crisis. La oposición en cambio no necesitará demostrar que puede cumplir mejor esos roles, simplemente le alcanzará con declamar la unidad nacional perdida y que es preciso maniatar al chofer oficial antes de que nos lleve a todos al despeñadero.

Como van las cosas, entonces, en el mejor de los casos el oficialismo lograría en junio una acotada primera minoría, tal vez una de las peores elecciones que haya hecho el peronismo en su historia, muy lejos de aquél abrumador plebiscito que revalidó los títulos del general al comienzo de los años cincuenta. Pero aún así, eso dejaría conforme a Kirchner. Nadie podrá cuestionar su derecho a seguir tomando decisiones y el peronismo deberá hacer malabares para desprenderse de su herencia en las presidenciales siguientes. Para la unidad de ese partido será una dura prueba, y tal vez ocasión para que resuelva de un modo institucional, es decir a través de algún tipo de regla formal que perdure en el tiempo, el gran desafío que aún tiene pendiente, el trámite de la sucesión interna.

Para las demás fuerzas en cambio puede ser una ventaja: a diferencia de lo que hizo la Alianza en 1997, en que ganando terminó limitando sus posibilidades de crecimiento electoral y territorial futuro, hoy la oposición no peronista debería pensar que tal vez lo mejor sea seguir por el camino que va, y mantener ofertas lo más adecuadas a las circunstancias de cada distrito que se pueda, para maximizar su capacidad, este año y en los siguientes turnos electorales, de captar votos que muy probablemente seguirá perdiendo el PJ. Para ella provincializar todavía puede ser una alternativa válida.

Y adoptarla sería razonable aún por otra razón. Y es que, en el peor de los casos, el gobierno perderá incluso en el Conurbano. En ese caso, como ya lo han anunciado desde el vértice oficial, más abiertamente que en el ocaso de la 125, Cristina renunciaría: habremos pasado rápidamente del ´52 al ´55, siempre en la particular interpretación kirchnerista, y deberemos pagar por haberle soltado la mano a nuestros preclaros líderes, que nos darán así una última lección de cómo entienden la responsabilidad política. En lo inmediato eso significará que Cobos acceda a la Presidencia, pero no para hacer un gobierno propio, mucho menos uno radical: en términos concretos, le implicará cargar con la responsabilidad de hacer un ajuste que se puede anticipar complicado en la economía y el gasto público, supervisado por la persistente mayoría del peronismo en las dos cámaras. Para colmo en medio de una fractura seguramente profunda del PJ, que se habrá quedado una vez más sin regla para la sucesión. Es de prever que, en ese marco, será aún más probable que en el anterior que quienes participen de esa batalla por la sucesión, Solá, Reutemann, Macri, tal vez otros más que se anoten, tendrán más chances de llegar a la Presidencia en 2011 que cualquier candidato no peronista. Con lo cual, de nuevo, no habría razones para que estos y sus fuerzas políticas se esmeren en hacerle más fácil el trabajo a aquellos, y las hay en cambio para que trabajen con vistas a un crecimiento distrital más a la mano y mucho más perdurable.

* Publicado en El Economista

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.

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18 Responses

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  1. Javier says

    El misterio parece ser por ahora cuáles son las perspectivas electorales reales del gobierno. ¿Puede “ganar” la elección, al menos como primera minoría y con un triunfo en la provincia de Buenos Aires? En principio podemos proyectar los votos perdidos: los del campo, que fueron importantes para la victoria de Cristina. Votos ganados parece no haber. El problema es que el voto opositor posiblemente se divida en dos bloques, lo cual puede permitirle al gobierno sacar una ventaja con poco. Pero si el escenario se polariza y se observa una tendencia clara, también puede darse que alguno de los dos bandos empiece a concentrar los votos opositores. En ese caso, es posible que la suerte de los Kirchner dependa de la capacidad y voluntad que tengan sus aliados del PJ bonaerense a nivel local, para asegurarles un mínimo mantenimiento de su base electoral.

    En este caso, parece no quedar más alternativa para el gobierno que tratar de maximizar los beneficios de una base electoral alicaída pero significativa, y buscar estrategias que impidan que algún grupo opositor concentre los votos inconquistables (que casi seguramente son la mayoría).

  2. Cientifico Político says

    Ah bueno, tenés el futuro más claro que Carrió. Compraste el libro de Horangel 2009-2011?
    No se puede especular que Cristina va a a renunciar en caso de una mala elección (improbable) y que Cobos va a ser presidente, etc. Parecen las futurologías que hacen Bonelli y Sylvestre en A Dos Voces. Por favor, un poquito más de cientificidad y menos chamullo.

  3. Cientifico Político says

    Marcos, disculpame por el tono del mensaje anterior. Lo que pasa es que como miembro del lego, escribí sin premeditar lo necesario (aún me falta un año para pertenecer a la Academia).

    Sartori dice que ante todo hay que formar adecuadamente los conceptos de tal forma que sean unívocos y excluyentes. Además para poder utilizarlos con fines empíricos deben tener un bajo grado de abstracción, de forma que abunden en características pero tengan un alcance limitado.
    Esto viene a cuenta por la utilización del concepto “EL CAMPO”, que aunque me esfuerce para comprenderlo no lo logro. No sé si te referís a la Mesa de Enlace o lo utilizás en el mismo sentido que los noticieros y los programas de análisis periodístico (es decir, como “la totalidad de los habitantes del interior del país que cosecha de sol a sol todo el año”). Si podés decirme a qué te referís con “EL CAMPO” te lo agradecería.
    Saludos

  4. Andrés el Viejo says

    Es curiosa la persistencia con que el centroizquierdismo (y en esto, tanto el c-i opositor como el filokirchnerista) insiste en considerar a Ibarra como portaestandarte del kirchnerismo en la Capital, cuando el mismo interesado no deja pasar ocasión ni oportunidad para negarlo y, por el contrario, descargar artillería sobre el Gobierno.
    Lo dicho: curioso.

  5. Seba. says

    Sobre lo “arbitrario” del conflicto del campo, creo que cargás demasiadas tintas en el gobierno, y no en la utilidad para las estrategias de los opositores (de la que muchos dirigentes de de las diversas agrupaciones que componen la mesa de enlace participan abiertamente), precisamente por lo que decís: “…su desatención por parte del oficialismo le quita argumentos a la idea de que sólo él sabe gobernar, puede preservar el orden y enfrentar la crisis”. Creo que no tomar en cuenta la estrategia de los diversos sectores de oposición (sectoriales, políticos o lo que fuere) que convergen en la mesa de enlace o en los cortes de ruta en el interior, lleva a la falsa imagen de que sólo el gobierno es un actor político con iniciativa, que marca la cancha a su gusto (y lo hace mal) mientras que el resto no juega.
    Un poquito fuerte lo de la renuncia de Cristina, ¿no les parece?

  6. Julio says

    Me parece que aca no importa lo que opinen los opositores en el poco tiempo que le queda para al menos presentar propuestas y seducir,la gente no tendrá tiempo casi para evaluar en medio de tantos conflictos y noticia nueva por parte del gobierno a quien votar pero en la lucha del campo esta la clave del asunto porque como decía scioli con la comida no se jode pero en un país que es consumista y paga impuestos con el” bolsillo tampoco”.No te parece?

  7. Marcos says

    Estimados, vamos por partes, lo de el científico político en su primera versión mejor achacárselo a esos deditos que demasiado rápido se esmeran en apretar el enter. Pero en su versión ya más calmada creo que tiene razón, hacer futurología no es científico ni sirve frecuentemente para mucho, hay en juego demasiadas especulaciones y en el caso de esta nota confieso haber caído en esa tentación. A mi favor puedo decir que es un poco inevitable a la hora de hablar de las elecciones, porque creo que en este caso más que en otros los actores se están acomodando a lo que se va a venir después de los comicios, que es por otro lado muy incierto. Eso se conecta con lo que dice Seba: la verdad es que no creo sea exagerado ni “un poquito fuerte” contemplar la posibilidad de que Cristina renuncie. No hacerlo puede ser incluso algo forzado, porque creo que de hecho sí está en los cálculos de los actores. Del lado oficial como arma para polarizar, y también como posibilidad efectiva, preferible a por ejemplo “hacer el ajuste” con un gobierno en minoría. La idea de irse con el 35% de los votos, por decir algo, y un “record” de crecimiento y lucha por la justicia tienta a muchos oficialistas. Del lado opositor, porque creo que parte de los problemas del peronismo se deben a que no existe una regla de sucesión, y entonces todo es más o menos válido para procesarla, pero hay muchas opiniones distintas al respecto: están los que creen mejor sostenerlo a K hasta el final, porque igual él solo se irá con todos los costos por sus errores, los que creen que hay que obligarlo a que se quede y haga todo lo que no quiere hacer, como creo es la idea de Duhalde, y los que prefieren el PJ se rompa abiertamente, y aún que CK se vaya antes, para tener la ocasión de ganar la presidencia, y puede que Solá esté pensando en estos términos.

    En cuanto a lo del “campo”, Seba, Andrés y Julio, efectivamente es una formulación periodística pero me parece que en este caso es bastante consistente: la mesa de enlace y el activo ruralista movilizado, que representa directamente a los capitalistas del agro, han logrado representar en forma más amplia a otras capas sociales del campo y centros pequeños e intermedios que viven directamente de él, y por tanto decir que son “el campo” es equivalente a decir que los intentendentes del conurbano son (o eran, habrá que ver si siguen siendo) “el conurbano”. En este caso,convengamos que tener el control del 60 o el 70% de los votos equivale a un control político bastante férreo. En las zonas agrícolas es muy probable que un porcentaje similar se vaya a alinear seguramente en función de la correspondencia de los candidatos con las demandas de la Mesa de Enlace. Será interesante ver cómo actúa el aval y el repudio chacarero sobre las listas y los discursos. Y tiene mucha razón Seba cuando dice que ellos también apuestan con la polarización, y no simplemente reaccionaron ante la iniciativa oficial, pero creo que hasta antes del adelantamiento de las elecciones en la mesa de enlace y en general en la dirigencia ruralista había cálculos más matizados, los que esperaban poder sacarle concesiones a un gobierno debilitado a cambio de una paz transitoria. NK anticipó seguramente con buen juicio que eso sólo iba a debilitar al gobierno y agravar las cosas, porque al final del camino igual la Mesa y todo ese activismo iba a hacer campaña en contra, así que actuó en consecuencia. Mi pregunta era si necesitaba hacerlo, si no tenía otra salida, y yo creo que sí, podía adelantar las elecciones y de todos modos ser concesivo con “el campo”, aún sabiendo que igual iba a movilizarse en contra suyo, para presentar un rostro más moderado, simplemente no quiso hacerlo, porque en su interpretación moderarse es debilitarse, y bueno, creo que se equivoca, igual que se equivocó el año pasado, y va a pagar probablemente por eso igual que pagó ya el año pasado.
    Saludos

  8. Andrés el Viejo says

    Marcos: en primer lugar y para que se entienda bien, usted no tiene ninguna obligación de contestarme y yo no reclamo tal cosa. Lo que me sorprende es que me englobe en una respuesta a otros comentaristas sobre un tema que yo no toqué y no haga referencia al que sí toqué.
    Saludos

  9. FEr says

    Interesantes aportes en estos momentos de definición. Lo que realmente yo me preguntaría es si no estamos simplificando severamente la realidad política en la que estamos inmersos. La ausencia de ningún tipo de discusión por fuera de la electoral definen un panorama verdaderamente opaco ya que los actores: “gobierno”, “oposición” y “campo”, no son más que cómodas generalizaciones para fijar alguno límites analíticos elementales.

    Los K cuentan con una ventaja, que bien señala Marcos, que radica en que todos los actores se siguen situando y definiendo por negación a su posición. Es cierto que una derrota electoral para los Kirchner sería realmente catastrófico, dado lo volatil que evidenció ser su base política en los últimos tiempos (recordemos su nombre fantasía: “Frente para la Victoria”). Pero, al mismo tiempo, el capital político disponible parece exiguo. Es decir, en caso de que la elección resultara pareja o en favor de algún sector opositor, no se vislumbra ningún tipo de solución práctica visible. El tan discutido factor “campo” persistirá como un elemento incomodo. ¿O acaso alguno de los candidatos será tan suicida de proponer suspender las retenciones?.

    El PJ flirtea desde hace rato con la idea de ruptura o unidad (casi desde la Renovación en 1983-87) y eso no lo convierte, y creo que al contrario, en un actor secundario. Como bien ha señalado Novaro en otro artículo, en la Argentina nadie ha podido gobernar prescindiendo del peronismo. La provincialización fue una estrategia exitosa hasta tanto la oposición no la utilizara como de hecho hizo, pero sin olvidarnos que una oposición engendrada desde el propio seno de la coalición gobernante. Siguiendo con la futurología creo realmente que el PJ se reciclará (en su versión K, duhaldista o la que sea), y que esta oposición “ambulancia”, surgida a izquierda y derecha del mapa, pocas respuestas podrá dar entre esa fragmentación regional y unas pretensiones nacionales.

  10. Daniela Nipoti says

    Interesante! Gustó. A decir:

    º Slippery Slope: “como van las cosas, entonces, en el mejor de los casos el oficialismo lograría en junio una acotada primera minoría”
    Aún sin rebatir los presupuestos que se sientan, no es necesario que esto suceda. Además, veo variables grosas que están afuera: si va a haber vacas en liniers en junio, si se canaliza en campaña la atomización de oposición desde el oficialismo, si se conforman coaliciones de oposición percibidas negativamente desde la ciudadanía. Pero salio en el Economista, así que todo bien.

    º Banco las predicciones. Ojo, te puede salir la gran fukuyama, siempre; pero -como mínimo- aporta analizar una potencialidad y sus consecuencias. Va, va.

    º Pregunta personal: hay algo de deseo en estas predicciones?

    Saluti,

    D.

  11. Marcos says

    Estimado Andrés, efectivamente mezclé tu comentario con otros que no se referían al mismo asunto, disculpá, lo tuyo se refería a Ibarra y nada más, ahora que lo releí lo entendí menos que antes, vos pensás que el ex jefe de la ciudad es algo distinto al kirchnerismo? Que vendría a ser qué cosa? Por lo que se ve le está pasando algo parecido a lo que sufrió ya Chacho: su única posibilidad de volver al escenario es de la mano de quienes en el gobierno necesitan un rostro progre clasemediero que exija poco a cambio, puede que en un contexto de mayor debilidad de NK acepte de Ibarra cosas que nunca hubiera aceptado de chacho, que se presente como “kirchnerista crítico”, pero si quisiera presentarse como no kirchnerista simplemente dejaría de servir y no figuraría en ningún lado, porque la oposición tampoco le haría un lugar. Así que lo veo un poco complicado no considerarlo como del campo oficial.
    Habrá que ver si otra gente que tiene más base propia o cree tenerla puede hacer un kirchnerismo crítico un poco más autónomo en serio, es decir sin el expreso o apenas disimulado sostén de Alberto Fernández: lo están intentando De Gennaro, Sabatella, y compañía, pero la suerte electoral de toda esa gente me parece que puede ser un poco pobre, porque la misma dinámica de polarización que el gobierno y la oposición impulsan los va a dejar mal colocados. Saludos

  12. Marcos says

    Estimada Daniela, mis preferencias son mucho más confusas que mis predicciones, te lo puedo asegurar. Si uno quisiera de una vez por todas que los peronistas paguen por las macanas que hacen y no se las descarguen a otros preferiría razonablemente que a Kirchner le vaya más o menos bien y no así a los peronistas disidentes, si uno privilegiara la gobernabilidad preferiría que haya un empate de tercios y se vean obligados a negociar los dos años finales, si uno quisiera que se castigara el populismo irrespondable y la mala gestión quisiera una clara derrota del gobierno y si uno quisiera que se forme ya un liderazgo fuerte que procese la sucesión en el PJ preferiría que esa derrota se la imponga un peronista disidente, así que la verdad, no tengo idea de qué es lo mejor. Saludos

  13. Daniela Nipoti says

    Muchas gracias por su amable rta!

    Saludos,

    D.

  14. Andrés el Viejo says

    Estimado Marcos: no me convence tu análisis sobre Ibarra, especialmente porque se basa en barajar posibilidades racionales y dejar de lado los hechos.
    Ibarra no desperdicia aparición en los medios (y a eso debe también tener unas cuantas) para criticar al Gobierno. En el central conflicto con los empresarios agrarios, se alineó con éstos. Que tenga o no tenga futuro fuera de algún vago “pankirchnerismo” es un asunto que difícilmente podría alterar el pulso de ese pavo real que consiguió dilapidar todo su capital político y nunca sacó conclusiones de ello. Las personalidades también inciden en las decisiones y, si no, preguntémosle a Felipe Solá.
    No tiene nada que ver con Sabbatella, que toma sus distancias, insinúa sus críticas y se alinea firmemente con el Gobierno en todas las cuestiones de vida o muerte: conflicto con los empresarios rurales o ley de radiodifusión, por ejemplo. Este sí puede hacer el juego de progresismo independiente pero aliado. Para hacer lo mismo, Ibarra debería cambiar sus actos, lo que no es probable.
    Saludos

  15. Marcos says

    Estimado Andrés, a ver si entiendo bien, según vos el problema de Ibarra no es, como digo yo, estar atado al destino del kirchnerismo porteño, sino él mismo y su inconducente ego, puede ser, tal vez se confunden ambas cosas. Convengamos en que muchas veces la gente no paga por sus pecados, a veces paga por los de otros, y en muchas ocasiones del modo más injusto paga por sus méritos, muchos kirchneristas pueden tener un destino más bien injusto en este sentido, ser los más perjudicados por su declive, por no tener la cobertura incombustible que ofrece el PJ, como en tiempos de Menem les pasó a los reformistas de mercado, ahora esta gente progre y que en muchos casos ha actuado de buena fe, puede terminar siendo recontrarepudiada por algo que finalmente no estuvo de acuerdo en que se hiciera. En fin, eso no se si lo compartís, pero en todo caso me parece es lo que ha sucedido y seguirá sucediendo con Ibarra, que no digo no tenga un ego desmedido y sea bastante frívolo, pero ha pagado con creces por ello, mientras que muchos otros no lo hicieron. Saludos

  16. Andrés el Viejo says

    Estimado Marcos: Seguramente, tenemos una diferencia de enfoque importante. Es necesario, entonces, ser un poco más exhaustivo en la exposición. Las carencias de Ibarra como político no explican todo, pero tienen su influencia. Por carencias entiendo no sólo su egocentrismo exacerbado, sino también su notoria incapacidad para la construcción política. Un hombre que tuvo a su disposición un aparato descomunal como el del GCABA durante cinco años, lo usó para meter a su gente en puestos influyentes y bien remunerados y, cuando se juega su sobrevivencia en el puesto de mando, tiene sólo tres diputados adictos sobre 60, no es precisamente un constructor.
    Su relación con el kirchnerismo fue epidérmica. Recibió apoyo en 2003 para evitar que Macri copara la ciudad y otro apoyo, este inmerecido, frente a las consecuencias de la irresponsabilidad y falta de criterio político en el caso Cromañón. Irresponsabilidad, porque los acuerdos con los dueños de boliches y la errática política en materia de inspección facilitaron que la tragedia se produjera. Falta de criterio político, porque en las cruciales horas que siguieron al desastre, un político hubiera aparecido en el lugar a hacerse cargo de las tareas, en lugar de comandar el operativo desde una oficina recóndita. Actuar así le hubiera valido respeto y reconocimiento, aún más si le tocaba soportar reproches duros esa noche terrible. Prefirió resguardarse y nunca asumió realmente la responsabilidad que le cabía, incluso si dijo en forma abstracta que la asumía. En los hechos, hasta su destitución se mantuvo arrogante y procuró descargar responsabilidades donde pudo.
    Posteriormente, si su rencor hacia Telerman lo empujó a una fragil semialianza con el kirchnerismo en la elección local de 2007, después brilló por su ausencia en la campaña presidencial. Al año siguiente, ante el conflicto agrario, siguió el rumbo que le indicaba su estrella polar (la clase media porteña).
    Desde luego, no son las condiciones personales la explicación completa. Creo que Ibarra es un perfecto “frepaso residual” y que esa condición política hace juego a la perfección con un sustancial sector de lo que se llama progresismo o centroizquierda. Sus errores y omisiones son, con los matices personales que todos dejamos en lo que hacemos, los errores y omisiones de ese sector. Llegado a este punto, es obvio que el progresismo o centroizquierda no es lo que inflama de amor mi corazón. Pero es adecuado ponerlo explícito, ya que mi análisis político sobre el tema no es el de quien se esfuerza por ser objetivo pese a su cercanía, sino el de quien lo hace pese a su lejanía.

  17. Marcos Novaro says

    Estimado Andrés, efectivamente diferimos, no creo que Ibarra sea solamente lo que vos decís, su gestión en la ciudad en muchas cosas fue mala, por ejemplo en el manejo del problema de las villas, en la relación con el sindicato y las inspecciones, etc.. Pero con Cromagnon aunque hubiera actuado mejor esa esa noche terrible, era difícil que saliera ileso, y eso porque no tenía cobertura partidaria, y a muchos les interesaba que cargara él con todas las culpas, por ejemplo a los que sí se escondieron alevosamnente en su cueva de los glaciares, y nadie o casi nadie los criticó por hacerlo.
    La falta de base partidaria que sostuviera su gestión en la mala se puede achacar a su incapacidad para construir, sin duda, pero convengamos en que los partidos porteños se fragmentaron por su propia dinámica, y en todo caso el pecado de Ibarra fue que creyó que eso le facilitaba las cosas, y lo perpetuó. Tampoco está muy claro que pudiera haber intentado otra cosa con éxito. Menos actuando bajo la sutil intervención del PJ nacional y porteño en todas sus decisiones. Asi que la verdad creo que se suman muchas cosas, sus errores, las debilidades de la llamada centroizquierda, hasta ahí estaríamos de acuerdo, y también las intervenciones de otros actores para nada inocentes, que hicieron mucho daño y en tu reflexión quedan totalmente al margen. Y lo peor es que quedaron al margen también de los costos políticos: cómo puede ser que el PJ porteño, el sindicato e incluso el gobierno nacional hayan sacado tan baratas las macanas que se mandaron en la ciudad, y tengan todas las chances, en los dos primeros casos, de seguir disfrutando de los beneficios de sus monumentales recursos?

  18. Andrés el Viejo says

    Estimado Marcos: “Otros actores para nada inocentes”. Siempre los hay. Y entre ellos diferencio: los macristas de diverso pelaje ¿era legítimo esperar que actuaran de otra manera? ¿Por qué habían de hacerlo? Aprovecharon una oportunidad porque se la dejaron picando. ¿Los que habían estado más cerca de Ibarra, por qué iban a asumir culpas ajenas, en virtud de una nada clara solidaridad de centroizquierda?
    En parte, comparto la idea de que fue un error de Kirchner no viajar y poner el pecho (como sí lo hizo en el desastre de Río Turbio). Pero, francamente, si lo hubiera hecho y contrastaba con la ausencia de Ibarra, hubiera contribuido a hundirlo aún más. Pero lo considero un error, porque le hubiera cortado el paso a la utilización por el macrismo.
    Sobre el PJ Capital, lamento no poder emitir opinión por su inexistencia como tal. Su presidente, en todo caso, no ahorró esfuerzos para ayudar a Ibarra, que lo hiciera por convicción o por vínculos familiares no viene al caso. Del resto, como no hay ningún funcionamiento conjunto real, cada uno habrá hecho lo que le pareció. Yo sé de unos cuantos que colaboraron con Ibarra largamente.
    El lboque K de la Legislatura intentó salvarlo de la destitución, pero no pudo. No llevó su entusiasmo hasta la autoinmolación, pero le anduvo cerca.
    El sindicato, recuerdo perfectamente, le puso el número para los dos actos públicos de apoyo a Ibarra mientras se desarrollaba el juicio político. Tampoco fue hasta la autoinmolación. Y yo pregunto: ¿más allá de la opinión que uno tenga del sindicato municipal, por qué había de sacrificarse por Ibarra?
    Francamente, no veo por qué otros actores tenían que compartir la suerte del señor de rulitos. Y tampoco veo por qué otros actores, que eran abiertamente opositores, tenían que renunciar a la oportunidad de partirle un palo en la espalda.
    A los que lo habían acompañado algún tramo del camino se les podría reprochar que no lo acompañaran también a la hoguera, si se trataba de proteger un proyecto político de alguna enjundia. No lo había, ni trazas de él.