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No mano dura, sino firme*

Por Ema Cibotti, Historiadoa, Madre de Manuel Lischinsky

El drama de la inseguridad tiene víctimas de toda clase y condición, no focaliza ni en ciertos grupos sociales ni en zonas urbanas o rurales, y como no contamos con estadísticas, no sabemos con certeza cuántas muertes acumulan la siniestralidad vial, la delincuencia común o el gatillo fácil. El dato es vital para cualquier Estado.

La percepción pública no está sólo en la agenda mediática, también dimensiona un peligro real. Hay confusión y divisiones entre quienes suponen que el reclamo por la seguridad es un latiguillo de derecha, autoritario, y quienes sospechan que defender la vigencia de los derechos humanos es una bandera de izquierda que sólo sirve para recordar el horror del terrorismo de Estado. ¿En qué momento nuestra nación divorció el valor de la seguridad con el respeto a los derechos humanos? Allí anida la impunidad.

¿Por qué, en el legítimo afán de proteger los derechos de los imputados, se vulnera el pedido de justicia de las víctimas que quedan indefensas, sumidas en el desamparo? Si son personas de condición humilde, ni siquiera tienen la posibilidad de denunciar la implacable maquinaria de dilaciones y prescripciones que alimenta una inequívoca sensación de indefensión, de falta de justicia y de impunidad.

El reclamo no significa olvidar que la violencia está asociada a la desigualdad, a la injusticia social. Basta decir que recibe muy rara vez sanción, un conductor que atropella a una persona pobre. ¿Dónde está la autoridad pública que ponga un freno a tanto abuso?

No se trata de mano dura, y menos de pena de muerte. Se trata de la mano firme de un Estado de Derecho. Los padres fundadores de la patria lo dijeron a su modo. En La Gaceta de Buenos Aires, de 1812, Bernardo de Monteagudo predicaba: “No hay libertad, no hay igualdad, no hay propiedad si no se establece la seguridad que es el compendio de los derechos del hombre: ella resulta de los derechos de todos para asegurar los de cada uno”(.) ” y mientras el pueblo no conozca este supremo derecho, la posesión de los otros será más quimérica que real.”

* Publicado en Clarin, DEBATE, el 27/03.

Posted in DDHH, Política.

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One Response

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  1. Ric Duró says

    También http://www.delailusion.blogspot.com/ (*)
    Estimados
    La seguridad (no la inseguridad) sería la cuestión.
    Nacer para morir es “lo seguro”.
    El foco en la discusión sobre si estamos o no inseguros es, como mínimo un dato de “Control”. O sea: ha calado hondo el discurso que genera la “PsicoBioPolítcia” (buscar aquí (*) la definciión)… !Que alguien nos otorge seguridad!… Será porque “Dios ha muerto”.
    Jamás estuvimos seguros; nada está “seguro” en el Universo. ¿por qué debería estarlo en la sociedad humana?
    Esta reflexión no otorga voto al desquicio político actual de la Argentina.
    Pero es “otra” discusión.

    Atte.
    Ric Duró