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Candidaturas eran las de antes

Las llamadas “candidaturas testimoniales” son un fiel testimonio de la degradación de ciertas maneras de hacer política. Pero no son una tempestad en día sereno: hay motivaciones inmediatas, antecedentes cercanos y sobre todo hay condiciones estructurales que permiten su aparición.

Los motivos inmediatos de esta impostura son harto conocidos: la necesidad del kirchnerismo de evitar que los siempre infieles barones del conurbano jueguen a dos puntas, poniendo sus fichas electorales tanto en las menguantes alforjas del Frente para la Victoria como en los bolsillos del llamado peronismo “disidente”. En estructuras partidarias sin vida interna ni competencia democrática, los costos que la organización no afronta se los hace pagar –con la devaluada moneda de la credibilidad- al conjunto del sistema político. En una política vaciada de ideas, de valores y de proyectos, dominada por cajas negras, lealtades fiscales y mafias territoriales, el fin electoral de corto plazo parece justificar todos los medios.

Claro que los antecedentes se reparten a lo largo y a lo ancho del espectro partidario. Por un lado, esa estratagema es un eslabón más de una extensa cadena de decisiones del oficialismo que están en las antípodas de una auténtica preocupación por el mejoramiento de la calidad institucional. Desde la reducción del Consejo de la Magistratura hasta la manipulación del INDEC, desde la reglamentación de los Decretos de Necesidad y Urgencia hasta la imposición del adelantamiento electoral, desde el oscuro blanqueo de capitales hasta la distribución discrecional de subsidios a empresarios amigos, abundan los ejemplos de acciones gubernamentales reñidas con la separación de poderes, la transparencia o la ética pública.

Pero por otra parte, esas candidaturas falaces constituyen una vuelta de tuerca, en el peor sentido, de una serie de malas prácticas seguidas por dirigentes de diferentes extracciones partidarias, que no hacen otra cosa que fomentar el descreimiento, y con ello, el distanciamiento de amplios sectores de la ciudadanía con la política.

Para citar apenas algunos botones de muestra vale la pena recordar los numerosos casos en los que un dirigente elegido para ejercer una función, a poco de andar, y sin siquiera cumplir una mínima parte de su mandato, se presenta para otro cargo electivo. En un sentido análogo, también se dan varios ejemplos en los que un representante “retiene”, gracias a generosas licencias, un cargo legislativo para el que fue electo, mientras ocupa sus días en ejercer una función ejecutiva que considera –por diferentes motivos- más útil o apetecible. A esto hay que sumar otras situaciones anómalas, tales como los escuálidos requisitos de residencia, que permiten que un candidato/a “salte” de un distrito electoral a otro con pasmosa facilidad y llamativa velocidad.

En un rubro distinto, que merecería un análisis particular aunque sus consecuencias son igualmente perniciosas, tenemos los casos extremos de aquellos legisladores electos que entran al Congreso por una lista, pero que sufren una súbita conversión en su ideario, y se pasan al bloque o al partido de enfrente(¡). La casualidad ha querido que esas conversiones se den en el sentido de pasarse al oficialismo, de donde suelen provenir contantes, sonantes y persuasivos argumentos.

En este tobogán de compromisos que no se cumplen y de promesas que no se honran, ahora les toca el turno a los candidatos que mantienen su cargo ejecutivo electivo pero que simultáneamente se presentan para un cargo legislativo que de antemano advierten que no van a ejercer. Estaríamos asistiendo así a la crónica de una defraudación anunciada.

Sus defensores se escudan diciendo que es “legal”, y además ellos estarían “anunciando” a la población –en un programa de cable o almorzando con Mirtha Legrand- que no van a asumir sus responsabilidades. Aquí la falacia es doble. De un lado, que legalmente algo se pueda hacer no significa que deba hacerse, y en todo caso, tal parece que estamos más bien ante un defecto de la justicia y no frente a una novedosa virtud de la política. Pero además, no se cumplen elementales requisitos de notificación previa, fehaciente y expresa al votante. Si en mi negocio yo vendo botellas de licor con un alto porcentaje de agua adentro, la información debe constar en la etiqueta, y ningún juez me salvaría de la estafa por haber reconocido mi falta en un programa de Marcelo Tinelli.

Pero más importante que entrar en el detalle de estas trapisondas, es prestar atención a las razones de fondo que posibilitan que esas manipulaciones sean un billete cada vez más corriente en los vericuetos de nuestra política criolla.

Al menos podemos señalar tres factores clave: una normativa político-institucional demasiado permisiva; unas instancias de control político-electoral demasiado laxas, y sobre todas las cosas, un grado de participación y organización política de la ciudadanía demasiado débil.

Esta triste combinación de debilidad en la participación ciudadana, de laxitud en los controles y de permisividad normativa está en la raíz de muchos de nuestros males; y si no somos capaces de cambiar este balance negativo, ni de castigar electoralmente a quienes se aprovechan de esas debilidades, seguiremos alimentando una peligrosa espiral donde lo que sobra de apatía se confabula con lo que falta de escrúpulos.

Mientras tanto, los problemas sociales y económicos, tanto los de origen doméstico como los de naturaleza internacional, se agravan a un ritmo vertiginoso. Frente a esta realidad el gobierno apela a una táctica electoral supuestamente eficaz, pero subordinada a una pésima estrategia. En vez de ampliar su base de sustentación social y política, en vez de fortalecer una coalición a través del diálogo y el acuerdo, particularmente con aquellos sectores que pueden ser motor de la recuperación socioeconómica, opta por el encierro. Su respuesta es aislarse, atrincherarse en una de las fracciones del cada vez más fraccionado Partido Justicialista. En vez de sumar candidatos nuevos, opta por repetir candidatos viejos.

Por este camino no es difícil vislumbrar algunas de sus esperables consecuencias. El Ejecutivo saldrá de las próximas elecciones más debilitado, porque el Frente para la Victoria, en cualquiera de los cálculos, obtendrá menos votos y menos escaños que en 2005 y en 2007. De paso también se debilitará al Parlamento, que durante seis meses, y en medio de una crisis socioeconómica agudizada, tendrá titulares con menor respaldo político que quienes estarán en el banco de los suplentes. Para complicar las cosas, la pelea sucesoria al interior del peronismo se intensificará, y en momentos en que más necesitaríamos de la política, quienes siempre dijeron que venían a fortalecerla, o a cambiarla para mejor, le estarán sirviendo en bandeja el ajuste a las desiguales fuerzas del mercado.

Pero lo peor que podríamos hacer con toda esta historia es no aprender la lección. Por eso es fundamental que ciudadanos y ciudadanas, dirigentes de diferentes extracciones con honesta voluntad de cambio, y organizaciones de la sociedad civil, sumemos nuestros esfuerzos para retomar el necesario debate por una reforma política integral, orientada a mejorar la calidad de nuestras instituciones y prácticas.

Porque los males de la política democrática no se resolverán con menos política o con menos democracia; sino con más y mejor política, con más y mejor participación, con más y mejor democracia.

La Plata, 15 de abril de 2009

www.antoniocamou.com.ar

Posted in Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.

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7 Responses

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  1. Federico Moughty says

    Acuerdo en mucho de lo que dice el artículo y desacuerdo en mucho otro de lo que dice el artículo. En sí, cuando se trata de un problema de “opiniones” es bienvenido de mi parte, pero cuando hay menciones a hechos que entiendo que no son ciertos (en el sentido de “no científicamente comprobables”) entro a dudar de o bien el esfuerzo puesto en el escrito o bien en la honestidad de quien lo escribió.

    En este caso particular procedo a aclarar de que hablo:

    “En un rubro distinto, que merecería un análisis particular aunque sus consecuencias son igualmente perniciosas, tenemos los casos extremos de aquellos legisladores electos que entran al Congreso por una lista, pero que sufren una súbita conversión en su ideario, y se pasan al bloque o al partido de enfrente(¡). La casualidad ha querido que esas conversiones se den en el sentido de pasarse al oficialismo, de donde suelen provenir contantes, sonantes y persuasivos argumentos.”

    Amén de que espero pruebas de los “contantes, sonantes y persuasicos argumentos”, creo que “esas conversiones se den en el sentido de pasarse al oficialismo” requiere una demostración empírica. A lo mejor ustedes pueden demostrarme con cantidad de casos que esto es cierto, pero me parece que la relación entre legisladores (incluyendo al VicePresidente de la Nación en su ejercicio lesgislativo de presidir la Cámara de Senadores) electos por la coalición oficialista que se han pasado a la oposición y los legisladores electos por partidos o coaliciones opositoras que se han pasado al oficialismo; da que las conversiones se dan en el sentido de pasarse a la oposición.

    “Sus defensores se escudan diciendo que es “legal”, y además ellos estarían “anunciando” a la población –en un programa de cable o almorzando con Mirtha Legrand- que no van a asumir sus responsabilidades. Aquí la falacia es doble. De un lado, que legalmente algo se pueda hacer no significa que deba hacerse, y en todo caso, tal parece que estamos más bien ante un defecto de la justicia y no frente a una novedosa virtud de la política. Pero además, no se cumplen elementales requisitos de notificación previa,  fehaciente y expresa al votante. Si en mi negocio yo vendo botellas de licor con un alto porcentaje de agua adentro, la información debe constar en la etiqueta, y ningún juez me salvaría de la estafa por haber reconocido mi falta en un programa de Marcelo Tinelli. “

    No me queda claro que exista “falacia” y mucho menos que sea doble. Estamos diciendo que algo es legal y que está anunciado. En el mejor de los casos no será lo suficientemente anunciado por lo que se tratará de un “déficit de información” pero nunca y bajo ninguna circunstancia de una “falacia doble”. Porque además y por definición el presentarse a una candidatura no es un compromiso a asumir la banca. No hay sustento legal ni antecendentes que lo sostengan.

    Espero que contesten mis comentarios (que no son críticas, que las tengo, sino observaciones en torno a la verosimilitud de lo escrito) y lo publiquen.

  2. Horacio Aldo Cingolani says

    Tratemos de hacer encuentas para ver como hay que gobernar y exijámoslo a este y al próximo gobierno. unámosno los ciudadanos. Argentideas

  3. Marcos says

    Hay en mi opinión dos temas en discusión, claramente distinguibles, uno el de los cambios de lealtades o pertenencias políticas durante el ejercicio de un mandato, otro, el problema de las candidaturas truchas o como se las llame. Pero en ambos terrenos se discute lo mismo, me parece: si lo que ahora hacen gobierno y oposición es más o menos equivalente y más o menos lo mismo que ya se ha venido haciendo o hay diferencias muy marcadas que no permiten decir que lo de hoy, lo de Cobos y lo de Scioli, sean versiones de lo ya conocido y tolerado en otros casos.

    Creo que algo de lo que dice Federico es cierto: por qué pensar que está bien y es republicano que los peronistas disidentes abandonen el kirchnerismo que practicaban con entusiasmo hasta hace muy poco sin dejar sus bancas, ni siquiera sus posiciones partidarias, y está mal lo que hizo Borocottó? Por qué pensar que estaba bien que Michetti se presente a legisladora y no que lo haga Scioli? Pero convengamos que hay diferencias entre unos casos y los otros. Y tal vez no son sólo diferencias de grado, sino de calidad.

    Borocottó se pasó de banca no por un conflicto con sus anteriores socios, porque disintiera con sus proyectos, o porque él cambiara de idea, sino por un negocio que le ofrecieron escandalosamente celebrado en la Casa de Gobierno. Si se conocieran todos los detalles, es decir, si se supiera realmente lo que se intercambio, es bastante seguro que se podría penar legalmente el comportamiento de los involucrados: tráfico de influencia, incumplimiento de la función, malversación de fondos, etc.. Es dificil decir que es lo mismo que sucedió con el alejamiento de Cobos o Solá del oficialismo. En estos casos sin duda ha habido oportunismo, inconsecuencia, etc.. Pero ha habido un conflicto sobre políticas y es por esas diferencias que se rompieron acuerdos. Deben los involucrados renunciar a sus puestos, a sus pertenencias partidarias? Bueno, habría que ver caso por caso, y habría que verlo en función no sólo de lo que a cada uno conviene sino de lo que corresponde, y en ello es claro que Cobos no está en la misma situación que Solá. Pero en todo caso la discusión creo es otra que en el episodio que involucró a Borocottó.

    En cuanto a las candidaturas sucede algo semejante: son casos de lo mismo Michetti y Scioli, son diferencias de grado, o hay diferencias más serias entre ellos? Michetti no es la jefa de gobierno y al menos ahora ha aclarado que asumirá su banca. Scioli no preve hacer algo parecido. Incluso su candidatura podría considerarse anticonstitucional, es decir ilegal: los gobernadores no pueden ser legisladores de sus distritos, y al ser electo, antes mismo de asumir, ya estaría cometiendo un acto punible.

    La diferencia entre lo que es objetable y lo que ilegal a veces puede ser menor, o confusa. Pero nunca intrascendente.

  4. Antonio says

    Estimado Federico,

    Muchas gracias por tus comentarios, entre otras cosas porque me permiten tratar de mejorar este artículo de opinión.

    Sobre el primer párrafo que citás confieso que dudé mucho en escribirlo, y en incorporarlo al artículo, entre otras cosas porque habla de un problema distinto del tema de las “candidaturas testimoniales” que es el eje de la nota de opinión. Lo puse igual porque creo ciertos pasajes –aquellos que no están mediados por la exteriorización previa de diferencias, de conflictos o de rupturas políticas- generan igualmente efectos negativos sobre la ciudadanía. En ciencia política usaríamos aquí el término más técnico de “cooptación” (Cfr. Diccionario de Bobbio), que yo eludí para hacer más llano el texto, pero de eso estoy hablando. Y reconozco de entrada en el párrafo que estas situaciones merecerían “un análisis particular”. Desde ya que sería interesantísimo hacer un trabajo empírico sobre esta cuestión (quizá alguien lo ha hecho para el caso argentino y no lo conozco), porque entre otras cosas permitiría corroborar o refutar mis apreciaciones. Pero el punto de interés creo, no sería tanto comparar quien va para el lado del oficialismo y quién va para la oposición, sino en términos longitudinales ver si a lo largo de los años han aumentado o no los casos –hasta donde podamos comprobar- de cooptación, y a través de que mecanismos e instrumentos (naturalmente que yo tengo mis sospechas) se opera. Para decirlo hipotéticamente, creo que entre el gobierno de Alfonsín y el de Kirchner ha aumentado un supuesto índice de cooptación (que me gustaría que alguien elaborara). Entre mis casos “preferidos” de los últimos tiempos: Graciela Ocaña, Díaz Bancalari, Borocotó, los legisladores de Tierra del Fuego, etc.

    Sobre el otro punto, el de las falacias voy rápido. La primera es la conocida “falacia naturalista” que los especialistas en ética y filosofía analizan, al menos, desde la formulación inicial de David Hume: del “ser no se puede derivar el deber ser” (que algo sea, haya sido o pueda ser no se sigue que –moralmente- deba serlo). Te lo dejo para que los rastrees. La segunda falacia es de ambigüedad: el gobierno quiere confundirnos al hacernos creer que “informar” y “notificar” es lo mismo, pero son dos conceptos totalmente distintos. Creo que el ejemplo en el texto es claro, pero lo presento de otro modo. Supongamos que vos querés divorciarte de alguien, echar a un inquilino que no te paga el alquiler, o despedir a un trabajador que no cumple sus obligaciones: vos podés gritarle en la cara a esa persona que no la querés ver más o lo que sea, se lo podés “informar” a los gritos, en la calle, o donde fuera. Pero ningún Juez considerará ese acto como una “notificación”. Ningún ciudadano/a que va a votar tiene la obligación de escuchar la radio o de ver TV (muchos, además, no tienen ninguno de esos dos aparatos ni pueden comprar el diario). Que se esté difundiendo información no significa que se esté notificando. En esto, por supuesto, nuestro derecho civil y comercial, está un poco más desarrollado que nuestro derecho político. Sobre las falacias, un tratamiento clásico lo encontrarás en el libro de Irving Copi (Eudeba), Introducción a la Lógica.

    Cordiales saludos,

    AC

  5. Antonio says

    Estimado Marcos, mientras contestaba un comentario de Federico, apareció también el tuyo. Efectivamente creo que no hay que confundir la franja (ya no creo que sea una clara línea) que separa lo legal de lo político, la conveniencia de poder con el enriquecimiento ilícito, etc. En ese sentido anoto un par de cosas adicionales.

    Por un lado, me parece que hay cuestiones de grados, que en algún momento cristalizan en un rechazo. Es decir, paulatinas tergiversaciones en el tema de las candidaturas, el cumplimiento de los mandatos, los pases de distritos, hasta que alguien hace algo que se pasa de la “franja”, y eso es lo que a mi juicio ha hecho el gobierno con las candidaturas “testimoniales”. Que se pasó de la franja es en parte corroborable, porque la normativa comparada de otros países, no el nuestro, penaliza esos comportamientos.

    Por otro, es claro que el tema de las lealtades políticas mucho tiene que ver con la matriz nac. & pop de nuestros partidos, y el escaso contenido programático, en ideas, en visiones, etc.de los mismos, y los nulos incentivos negativos que tiene nuestro campo político. Si Solá pudo ser un exitoso Secretario de Estado de Menem (duró como 8 años) diciendo A, y luego un exitoso (en el sentido de que alcanzó el poder, lo conservó todo el tiempo, y después pasó a otra posición de poder), diciendo no A, y desde hace un tiempo, dice =A (me faltan signos lógicos…), entonces la política no tiene límites.

    Pero aquí, otra vez, mucho tiene que ver con lo hacemos o no hacemos, lo que castigamos o no castigamos como sociedad, y de nuestro efectivo grado de participación y organización.

    Abrazos y adelante!!!

    AC

  6. Federico Moughty says

    Antonio,

    No me convencen tus argumentos, pero agradezco las respuestas.

    Sigo pensando que no puede afirmarse que los cambios de coalición vayan en el sentido del oficialismo más que en el otro. Vos decís Graciela Ocaña, Díaz Bancalari, Borocotó, los legisladores de Tierra del Fuego, etc. de los cuales el último me parece un poco arresgado.

    Y yo puedo decir Solá y Cia, Cobos y Cía, Reutemann y cía, Romero y cía, los libres del Sur… ¿Cuantos son?

    Y vos pedís “notificación” de algo que no tiene un compromiso legal. No creo que puedas sostener que presentarme a una candidatura “debo” asumir la banca.

    Para terminar. Las “candidaturas testiomoniales” no comienzan en esta elección (hay varios casos anteriores como Urquía en el 2007) y no las comienza el oficialismo en esta elección sino Felipe Solá.

    Saludos,

    Federico

  7. Antonio says

    Estimado Federico,

    Quedan efectivamente planteadas nuestras diferencias de opinión, y es bueno que así sea.

    Lo único que destacaría es que -conceptual y políticamente- las candidaturas llamadas “testimoniales” son diferentes a lo que hemos visto hasta ahora.

    En algunos países algo más sensatos que el nuestro, un gobernador en ejercicio NO se puede presentar como candidato a legislador, debe renunciar con cierta anticipación al momento de oficializar las listas de legisladores. Esta es la verdadera forma de “obligar” a alguien a sumir su banca, y en definitiva, su compormiso político con el votante. Pero este sano principio de incompatibilidad no está contemplado por nuestra normativa política, y eso es parte del problema. Por cierto, y a mi juicio es lo que hay que cambiar.

    Desde el Club Político Argentino hemos hecho una propuesta concreta en este sentido. Se puede acceder en:

    http://clubpoliticoargentino.blogspot.com/

    Cordiales saludos, AC