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El colectivero loco ataca de nuevo

La imagen que ofrece una cúpula oficial olvidada de los urgentes problemas de gobierno que debería intentar resolver, y desesperada por cambiar su suerte electoral, alterando todas las reglas de juego e inventando fórmulas cada vez más estrambóticas, deja en evidencia algo que ya desde un comienzo debíamos haber registrado como ciudadanos, y que desde marzo de 2008 resultó imposible disimular: el kirchnerismo tiene algo de desmesura y sinrazón, dicho en otras palabras, de enajenación. Aunque es una locura con lógica, lógica que habrá que entender para evitar males mayores.

Acelerar el paso para evitar más deserciones y polarizar hace tiempo que dejó de resultarle al gobierno. Pero él no ha dejado de intentarlo en lo que va del año, en una carrera por escaparle a una suerte electoral que, sin embargo, se presenta cada vez más negra.

Primero fue el adelantamiento de las elecciones. Cuando Solá neutralizó el efecto que los Kirchner esperaban lograr con ello, aviniéndose a los términos que De Narváez le reclamaba para continuar unidos, se reveló que la jugada le implicaba al gobierno, más allá de una dudosa ganancia en relación a las no tan malas condiciones fiscales que ofrecería junio en comparación con octubre, nacionalizar el resultado que arrojarán los comicios bonaerenses, con lo que se negó la posibilidad de disipar esa batalla decisiva detrás de elecciones en distritos del interior menos sensibles a su caída en las encuestas. De este modo, mientras creía resolver un problema se generó otro: su suerte quedó definitivamente atada a un distrito en que, a pesar de toda la maquinaria clientelista existente y toda su dependencia de los fondos nacionales, aún hay competencia electoral efectiva, a diferencia de esos otros en los que el peronismo se reproduce de un modo más o menos mecánico. Duhalde aprendió duramente esta lección en su momento (en verdad en dos momentos, en 1997 y de nuevo en 2005), y Kirchner debió haber aprovechado esa experiencia, como tantas otras. Y lo hubiera hecho de no haber sido que construyó su poder en la errónea creencia de que nadie tenía nada que enseñarle.

Luego se pasó a la reedición del conflicto con las entidades ruralistas, en la expectativa de que un contexto de penuria creciente dispusiera a los demás actores a alinearse con el gobierno, contra los que todavía pueden exportar y proveer divisas a la economía. La coparticipación parcial de las retenciones de la soja resultó un aliciente demasiado escaso como para producir ese efecto, y reprodujo las conductas que ya han incorporado casi todos los actores secundarios del peronismo, y unos cuantos no peronistas, en relación al estilo kirchnerista: hacer todos los trámites necesarios para poder pasar por caja a cobrar, haciendo lo posible para no compartir la suerte que se prevé cada vez más inminente sellará el fin del “proyecto nacional y popular”.

El paso siguiente fue, como era previsible, avanzar sobre Clarín, con interferencias, multas y ofertas de participación accionaria que, como en el caso de YPF, se presentarían como parte del proceso de “renacionalización” de grandes empresas argentinas. Con la cobertura del proyecto de ley de radiodifusión, cuya función como cortina de humo ha tardado menos en develarse que en casos hoy olvidados, como el de los feed lots y otros productos mediáticos de la inventiva oficial, el gobierno imaginó poder acorralar a una empresa debilitada en su conducción, y que no ha salido indemne de la campaña de desprestigio lanzada ya hace un año sobre ella. Pero la ofensiva oficial pasó por alto el hecho de que para ese multimedio plantar bandera frente al gobierno se ha vuelto absolutamente imprescindible, en parte por los motivos que éste le achaca, y que le permitieron beneficiarse en la etapa de auge del kirchnerismo de una relación privilegiada con él (apenas hace un año, recordemos, era frecuente que las tapas del gran diario argentino se concertaran en Olivos): la necesidad de despegarse de la imagen de un grupo empresario concentrado y orientado exclusivamente por sus propios intereses, para presentarse frente a la audiencia como un auténtico órgano de la opinión pública, enfrentado al poder de turno en defensa de la libertad de expresión. Nada más beneficioso para él, por tanto, en su camino a recuperar prestigio y credibilidad, que asegurar la batalla entre gobierno y oposición se presente como una lucha entre el poder y la sociedad.

Por último, y ya acorralado por los decepcionantes resultados de sus previas escaladas, los Kirchner han lanzado el operativo Scioli. En un ya desesperado intento de fugar hacia delante, y evitar mayores deserciones, buscan así forzar al gobernador y los intendentes a actuar como sus testaferros electorales. Si no hubiera sido por el adelantamiento de los comicios, la polarización con el campo, la puja abierta con los medios, y sobre todo la indisposición a ceder ante referentes moderados del propio peronismo (Reutemann Schiaretti, etc..) tal vez hubieran hallado algo más de solidaridad en esas bases partidarias, que sin duda beneficiaron en sus tiempos de gloria, y que ahora, aunque disimulan, están tan dispuestas como los demás a abandonarlos a su suerte. Pero dado que todo lo anterior ya estaba hecho, el esmero por atar a los jefes distritales bonaerenses a la candidatura de Néstor no deja de ser razonable, aunque a la postre no logre mayor eco, o termine teniendo un resultado desfavorable para unos y otros: finalmente es probable que Scioli acompañe en su caída al ex presidente en vez de ayudarlo a elevarse en las preferencias de los votantes. La posibilidad de que sea sólo Scioli quien vaya a elecciones, sin el ex presidente, aunque con Massa y la hermana Alicia, tal vez sea una alternativa para evitarlo, pero lanzada desde una posición de debilidad, y con tan mal timing (mientras tanto se expone al gobernador a una campaña desgastante y se prolonga una incertidumbre que no alienta ni a los que dudan ni a los que aún apoyan al gobierno) los pronósticos tampoco pueden ser alentadores.

En la aceleración progresiva que está impulsando la estratega oficialista hay sin duda lógica: el tiempo juega en contra, por tanto conviene apretar el pedal y enfrentar a los enemigos cuando aún no son todo lo poderosos que pueden llegar a ser en el futuro. Hasta allí la apuesta es lógica. Sólo que esa lógica opera en el marco de una creciente enajenación: el oficialismo sigue sin admitir que no es el único jugador, ya ni siquiera tiene la iniciativa, y por tanto sus acciones se inscriben en un sistema de fuerzas que no controla y que, al contrario, cada paso que da vuelve más y más en su contra. Los actores que lo rodean, incluso los que inicialmente podrían colaborar con él o al menos no están interesados en combatirlo a muerte, estiman no sin razón que mientras más tiempo pase, más costoso será abandonar el vehículo oficial, y es preferible salir algo magullados antes que estrellarse. Moderar, disimular, y transigir por tanto, se vuelve cada vez más difícil, aunque la tradición peronista sea increíblemente flexible al respecto.

Dicen que solemos terminar pareciéndonos a nuestros más acérrrimos enemigos. Con los Kirchner tal vez esté pasando eso: no hay nada en ellos que justifique considerarlos fascistas, ni siquiera autoritarios, como la oposición más virulenta les achaca; pero sí parece haber cierto isomorfismo en la secuencia y la lógica que gobiernan su “enloquecimiento” con las que sellaron el destino de los militares del Proceso: el kirchnerismo también tuvo su etapa inicial de omnipotencia videlista, una en que creyó podría hacer casi cualquier cosa y ocultar debajo de la alfombra las secuelas indeseables de sus actos; luego vivió un breve interregno de apertura violista, esos meses en que Alberto Fernández creyó que él podría moldear y manejar a una Presidenta dialoguista, amiga de Estados Unidos y abierta al cambio, pero descubrió que nada de eso estaba en los genes del sistema de poder que había ayudado a montar; sistema que ingresó casi inmediatamente en la fase “galtierista”, compuesta de un regreso a las “fuentes programáticas irrenunciables” y de fugas hacia delante cada vez más destructivas. Cabe preguntarse hasta dónde se extenderá esta fase y qué costos impondrá a la sociedad. Y si será posible y a través de qué vías darle cauce a una etapa de colaboración para la transición. El rol de Bignone lo pueden ejercer los propios Kirchner. Aunque cuesta imaginarlos haciéndolo.

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.

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12 Responses

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  1. Andrés el Viejo says

    ¿”Interferencias” al multimedios Clarín, señor Novaro? ¿Usted está de broma?

  2. Javier says

    Lo más intrigante de todo esto es que Scioli haya aceptado adherir a la maniobra de los K. Creo que hay dos opciones posibles: a) Las necesidades económicas de la provincia son tan urgentes que la situación de la provincia sería insostenible en pocas semanas de darse una pelea con el gobierno nacional; b) Scioli espera ganar y considera que eso puede resaltar su imagen sin quedar totalmente atado a los Kirchner, abandonando el barco más adelante. En este sentido, tanto para el gobernador como para los intendentes sigue siendo más rentable esperar hasta último momento y luego esperar que nadie se los recrimine.

    Posiblemente una victoria de Scioli genera un clima de tensión políticamente insostenible. Ni la oposición, ni los medios ni la clase media van a aceptar que una victoria “testimonial” del gobernador bonaerense plebiscite al gobierno K. El gobierno considerará lo contrario, pero sin recursos para financiar a sus aliados políticos, su suerte parecería estar echada.

  3. Marcos Novaro says

    De acuerdo con vos Javier, hay que ver cuál de esos motivos pesa más en el ánimo de Scioli de aquí en adelante, aunque en principio puede imaginarse una mexcla de todos ellos es lo que lo mantiene alineado a los K. Como sea, el asunto es que en algún momento, probablemente bien pronto, se empiecen a resquebrajar esos compromisos. El gobernador también puede optar por poner a un pariente, o incluso retirarse a último momento, siendo que se ha pospuesto hasta el momento del cierre presentar la lista definitia. Otra jugarreta que muy probablemente le va a significar más problemas al oficialismo.

    Lo de las interferencias a Clarín estimado Andrés no creo haya sido una broma, ni mucho menos lo fueron las multas que le aplicó varios días seguidos la banda de Guillermo Moreno. Es posible dudar de que estas cosas sucedan o tengan todas el mismo origen oficial, claro, pero siendo que hasta aquí todos y cada uno de los temores o sospechas sobre las prácticas kirchneristas se han ido confirmando, creo que conviene darlos por buenos y no por bromas.
    Saludos

  4. Federico Moughty says

    Marcos,
    El análisis es mas que bueno (más allá de algunos detalles como te marcan Andrés sobre las “interferencias” y Javier con el tema Scioli), pero…
    Si bien sacás chapa de “yo no acuso al gobierno de autoritario” al principio del último párrafo, la realidad es que terminás comparando a un gobierno democrático elegido por el sufragio popular (más allá de su propio poco “republicanismo” entendido como en tus propias palabras “alterando todas las reglas de juego e inventando fórmulas cada vez más estrambóticas”) con el Proceso.
    Es decir, terminás habilmente haciendo aquello que decís no hacer. Más que una crítica ese párrafo merece un duelo (al estilo de “La esfera y la cruz” de Chesterton).
    El mismo isomorfismo se podría haber planteado con Alfonsín (del Tercer Movimiento Histórico a la negociación con el PJ renovador a los informes en Canal 7 sobre La Rioja de los que Campolongo se borraba) y Menem (de la impunidad inicial al Pacto de Olivos a la impunidad final), pero no, vos elegiste hacer la comparación con el Proceso.
    Hacen más este tipo de planteos por deslegitimar la democracia que “los estiramientos normativos” del gobierno.
    Hacete cargo.
    Saludos.

  5. Raúl C. says

    Novaro:
    1. No, interferencias no hubo ninguna. Clarín nunca publicó cuál fue la causa (así quedaba en la opinión pública una ‘vaga sensación’ de que las hubo), pero igual se supo por otros medios.

    2. Ante la comparación con el Proceso, pensaba negarla enfáticamente. Pero en lugar de eso debo felicitarlo por su creatividad.
    Cuando ya se había usado a Hitler, Stalin, Ceaucescu, Nerón y Mussolini, usted encontró a quienes teníamos más a mano ¡y nadie se había dado cuenta!

    • Marcos Novaro says

      Estimados, debo estar equivocado con lo de las interferencias nomás, eso me pasa por ser tan mal pensado.

      Lo de la analogía con la lógica procesista, estimado Federico, no creo que pueda hacerle mucho mal a nadie, y si bien puede ser objetada por mal gusto o exageración creo que la comparación que hacés, poniéndola en la escala de daños institucionales por encima de los manoseos oficiales a las leyes y la constitución, es aún más exagerada.

      Simplemente quería dejar en claro que no es la primera vez que somos gobernados por enajenados, que la situación merece ser considerada con detenimiento y evitando simplificaciones, que la hsitoria puede ayudarnos a entender la deriva de grupos gobernantes que pierden lazos representativos y más en general vínculos con la realidad, y de paso, es cierto, provocar un poco.

      Para que vean que mis intenciones son puramente especulativas y humoristicas, y no revisten daño institucional, los invito a refrescar la que creo es la mejor parodia que se ha hecho de las actuales autoridades.

  6. Raúl C. says

    ¡Referí! ¡Ley de Godwin, referí!

  7. Marcos says

    Para la mano, la ley no se aplica a las parodias, menos a una tan bien hecha!

    Y tampoco se puede aplicar por extensión al Proceso, al menos no en general. Digamos, si alguien quisiera hacer una versión argentina de la ley de Godwin, y decir que toda comparación con Videla y cia cierra una discusión, estaría meando fuera del tarro: los propios Kirchner han mostrado lo útil y productivo que puede ser esa evocación. Han abusado de ella, y nadie puede decir que hayan cerrado la discusión, mucho menos que la han perdido.

    En cualquier caso, creo que el punto es el que señalaba Federico, sólo que creo él no tiene razón: no hay tal isomorfismo con Alfonsín o con Menem, se los puede criticar sin duda a ambos por muchos motivos pero ninguno de los dos fue un presidente enajenado y autodestructivo.

  8. Shays says

    Te felicito Marcos, comparto tu análisis. Está claro que el mecanismo de autopercepción del gobierno respondió a la misma lógica del del proceso y otros tantos gobiernos, cualesquiera fuera su origen legítimo o ilegítimo, que compartían una visión tipo “yo-soy-Gardel-y-los-anteriores-un-desastre”.

  9. Andrés el Viejo says

    Yo entiendo que usted sea mal pensado, pero lo que complica todo es que usted no sea mal pensado en relación con el multimedios Clarín, veterano de más de sesenta años de engaños sugeridos y mentiras explícitas. Pero su notable indiferencia respecto a) de informarse sobre el hecho que denuncia y b) las objeciones de varios comentaristas señala que el uso de las “interferencias”, aún de falsa atribución, le parece a usted un legítimo procedimiento para combatir a la tiranía K. The people rests.
    Saludos

  10. Marcos Novaro says

    Estimado Andrés, existe una diferencia que te pasa desapercibida, quivalente a la que se suele señalar cuando se habla de los crímenes y atropellos del Proceso, para seguir con la molesta analogía: no es lo mismo delitos cometidos desde el estado que los que cometen los particulares.
    No tengo por qué dar explicaciones sobre Clarín, ni siquiera soporto leerlo, no lo hacía cuando era kirchnerista ni tampoco ahora. Por otro lado, como toda empresa, persigue sus ganancias, y si ha incurrido en trapisondas, se trata de prácticas particulares de una empresa, sin duda poderosa, pero que carece de responsabilidades institucionales. Es por tanto incomparable con las prácticas ilegales o de dudosa legalidad a que recurre el actual gobierno y recurría ya su inmediato predecesor: ellas merecen un trato diferente y son infinitamente más graves.

    Clarín manipula la información, en mayor o menor medida hoy de lo que lo hacía hasta principios de 2008 aunque con una orientación opuesta, y desarrolla prácticas colusivas con funcionarios públicos o aspirantes a serlo, como siempre hizo. Mientras tanto los funcionarios K le pagan a las barras bravas de River y Boca, probablemente con recursos públicos, para perjudicarlo. Son dos actores equivalentes peleando por la legitimidad, dinero o poder? No, ni en términos legales ni en términos políticos existe equivalencia. Por último, no creo que haya ninguna tiranía K que combatir, hay un gobierno abdicante que se está autodestruyendo a pasos acelerados y en todo caso lo que hay que combatir es la irresponsabilidad y torpeza de ese gobierno y el oportunismo de quienes quieren sacar provecho de él y contra él, y terminarán perjudicándonos seriamente al resto. Ese es el ánimo de mi comentario, y si ud. no lo advirtió es porque me confundió con otra persona, saludos

  11. Andrés el Viejo says

    Estimado Marcos:
    No estoy de acuerdo con usted en la distinción que realiza entre las responsabilidades del Gobierno y de Clarín. Esa distinción, me parece, se basa en atribuir el poder sólo al Estado y, provisoriamente, al Gobierno de turno. Creo que no es así: los poderes económicos son anteriores (lógica, no cronológicamente) al Estado, lo manejan tanto como pueden y lo enfrentan en tanto no lo manejen. En todo caso, yo admitiría atribuir “el poder” al Estado si lo tomamos en el sentido de “Estado ampliado” del que habla Gramsci: aparato estatal + sociedad civil”: En ese Estado ampliado un grupo empresario tan poderoso y un aparato ideológico tan extenso como Clarín no es un factor al que pueda ubicarse limitadamente como “persona privada”.
    De todas maneras, aún desde su punto de vista, es difícil sostener la aceptación sin examen de la versión de las “interferencias” que Clarín sugirió, digo que sugirió pues nunca habló claramente sobre el origen y los motivos, ni cuando eran dudosos ni (menos aún) cuando quedaron claros.
    Le agradezco la atención y paciencia que dedica a mis pequeños comentarios.