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Salida, Voz y Lealtad

En 1970 el economista germano-americano Albert O. Hirschman publicó un pequeño libro repleto de ideas. El autor partía de una observación básica: “Bajo cualquier sistema económico, social o político, los individuos, las empresas y los organismos en general están sujetos a fallas en su comportamiento eficiente, racional, legal, virtuoso o, en otro sentido, funcional”. Ante esas circunstancias, las sociedades tienden a desarrollar mecanismos para corregir esos defectos, que en algunos casos complementan, y en otros sustituyen, a los dispositivos económicos centrados en la competencia. El título del libro encierra las opciones básicas analizadas por Hirschman: Salida, voz y lealtad. Respuestas al deterioro de empresas, organizaciones y Estados.

Veamos un ejemplo sencillo que vale para el consumo, pero también para el compromiso partidario o el matrimonio. Cuando un comprador descubre que el producto que habitualmente adquiere está bajando su calidad, enfrenta tres caminos: la opción de salida lo lleva a abandonar la mercancía y quizá a consumir otro producto; la opción de la voz mueve al consumidor a hacerle saber al empresario que su producto se está deteriorando y que hay aspectos para corregir; finalmente, la opción de la lealtad lo mantendrá fiel al producto, quizá animado por la secreta esperanza de que el deterioro sea transitorio, por la amarga comprobación que otros consumos sustitutos serían aún peores, o por la estructura cautiva del mercado.

Forzando un poco la analogía, el gobierno kirchnerista y la sociedad argentina enfrentarán, antes y después de las elecciones, el clásico repertorio de opciones de Hirschman. Antes de los comicios, y tomando como referencia al justicialismo en el poder, las cartas ya están puestas sobre la mesa. La estrategia de la salida supone en el votante una clara convicción acerca de que el producto ya no va a mejorar, y que hay que empezar a buscar nuevas ofertas de consumo político; la opción de la voz parece identificada con el peronismo “suplente” (el peronismo “titular” obviamente está en el gobierno), que sería una forma de decirle al fabricante que uno prefiere otro modelo pero de la misma marca; finalmente, el camino de la lealtad se identifica con seguir consumiendo más de lo mismo y apoyar al oficialismo.

Pero más interesante que este ejercicio es plantearse una averiguación algo distinta: ¿Qué hará el gobierno de Kirchner después de las elecciones?  Y aquí otra vez nos reencontramos con el trilema. Ciertamente, para analizar todas las posibilidades deberíamos definir con más precisión escenarios referidos a la dinámica de la crisis socioeconómica interna, la profundización o la recuperación de la economía global,  los movimientos de la oposición, y otras variables por el estilo. Pero voy a pasar por alto esas precisiones para estilizar un esquema muy simple.

En caso de un resultado negativo en la Provincia de Buenos Aires la opción de la  salida toma la forma de la llamada hipótesis “abdicante”, según la certera expresión acuñada por Vicente Palermo. Este esquema puede tener diferentes versiones. En la variante que hiciera conocer un líder piquetero de indiscutible llegada al poder presidencial, la conjetura dice así: “si nos va mal en Buenos Aires, le revoleamos por la cabeza el gobierno a Cobos”. En una línea levemente diferente, algunos analistas ofrecen una alternativa más compleja: “si nos va mal en Buenos Aires, adelantamos las elecciones presidenciales para octubre y damos pelea a muerte al interior del peronismo”. Lo que tienen de común estas maniobras, a medio camino entre la irresponsabilidad y la extorsión, es el vacío de gobernabilidad que generarían en el trayecto.
Un resultado electoral más parejo quizá podría inducir a una opción a favor de la voz, que tomaría la forma de una hipótesis “dialogante”. En el marco de una crisis persistente o agudizada, y ante la evidencia de una mayoría ciudadana no kirchnerista, de un Congreso más plural, y de un poder más repartido (incluso dentro de la propia tropa los Intendentes y Gobernadores que arrastren muchos votos pueden reclamar con justicia un lugar en la mesa chica de decisiones), el gobierno se aviene a una estrategia de diálogo y de consenso para enfrentar el último y más difícil tramo de su gestión. En este caso, el kirchnerismo no renuncia a sus convicciones, más bien, se reconoce como parte de un juego de poder más amplio, y desde su proyecto discute con otras visiones e intereses.

La tercera opción se muestra leal a una manera de hacer política que ya lleva varios años de discutible ejercicio; es la hipótesis “abroquelante”. Después de un eventual triunfo en Buenos Aires (“aunque sea por un voto”), el oficialismo refuerza su concepción de que el conflicto crea poder, que los adversarios son en realidad enemigos sin retorno, y que en circunstancias tormentosas más vale apoyarse en un muy estrecho círculo de fieles. En esta variante se profundiza el rumbo que nos trajo hasta aquí.

Demás está decir que según cuál sea la opción que se elija, las perspectivas de gobernabilidad democrática del país se modifican sensiblemente. Las opciones extremas (salida y lealtad) parecen augurar escenarios conflictivos y de destino incierto. Por eso, sería bueno ir juntando ideas y voces para el día después del 28 de junio. Porque tras la “madre de todas las batallas” la clase dirigente debería encarar la “madre (o el padre) de todos los diálogos”.

La Plata, 28 de abril de 2009.

Posted in Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.

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7 Responses

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  1. Marcos Novaro says

    Estimado Antonio, me parece muy bien tu argumento, aunque la verdad es que creo que las posibilidades no juegan a favor de ningún diálogo. Tengo la impresión además que el rumbo puede cambiar de acuerdo no sólo a los resultados electorales sino a la profundidad de la crisis: si no le va del todo mal al gobierno el 28, pero la crisis empeora mucho, sin perspectivas de pronta mejoría, pueden llegar a abdicar igual, eventualmente una situación de ese tipo podría también inducir al diálogo, pero conociendo a los actores y viendo cómo se comportaron hasta aquí no veo cómo podría eso suceder. Saludos

  2. Lucas Martin says

    Estimado,
    Interesante el análisis. Dudo, sin embargo, que sea posible cualquier diálogo con la oposición no peronista. Ella misma, creo, realimenta la imagen según la cual sentarse (el gobierno) a dialogar es abdicar, además del ya consabido giro “ético” que hace que la ética se parezca mucho a ser radical. En cambio, el gobierno (no éste en particular, sino por definición) tiene una capacidad de iniciativa que podría permitirle abrir nuevos “frentes” en los que no se reproduzcan las polarizaciones de conflictos previos. Nuevos conflictos, en este sentido (y bien planteados), podrían dar oxígeno, gobernabilidad o poder. La ley de radiodifusión, podría ser una de las tantas alternativas (pero, ay, aquí uno se pregunta si la oposición está dispuesta al debate). Y también es posible que la crisis despierte el hobbesiano dormido (?) que todos llevan dentro (no yo) y que sea preferible un Kirchner conocido a un Lole por conocer, un Cobos de gestos parecidos al último presidente radical… Además, basta que resurja un poco el radicalismo para que se recupere el peronismo. Habrá diálogo, entonces, quizá, con algunos compañeros de ruta que había sido un poco dejados de lado: los socialismos, los movimientos sociales, la CTA… No sé, es una hipótesis: que el gobierno, por parecidos de familia, sigue teniendo frentes potenciales de diálogo tan amplios como los de la oposición. Falta la iniciativa y el tema de diálogo, lo que está en manos de cualquiera (pese a la reticencia al respecto de la oposición).

  3. FEr says

    Las tres alternativas definen un cuadro interesante de posibles salidas al acto eleccionario. Sin embargo me parece que las alternativas opositoras, a pesar de esa posición coyuntural, no ofrecen tampoco alternativas viables tan diferentes. Es decir, creo que no sólo el electorado “K” está en juego. Las conductas erráticas de Carrió o Solá tampoco son muy alentadoras en un análisis que mire mas allá de lo electoral, la tendencia a los discursos efectistas y la negativa al diálogo es común, aunque ciertamente esa postura desde el oficialismo es más grave.
    Y siguiendo el comentario de Novaro me parece que es cierto que el horizonte es poco alentador, pero lo es también con cualquiera de las alternativas visibles en las que está anclado en este momento el panorama electoral. Insisto el callejón sin salida al que hemos llegado no es patrimonio de los Kirchner, ni Solá, ni De Narvaez, ni Carrió, parecieran representar una conducta tan diferente al matrimonio gobernante.

  4. PAC says

    Ante todo, me pareció muy bueno el análisis. Quizás la variante dialoguista sea la que pueda cobrar forma de un modo más limitado si el resultado de las elecciones configura un escenario en el cual el PJ kirchnerista pueda ir lentamente negociando un traspaso de poder al PJ disidente, para así conseguir que todo quede en familia. La renuncia de CFK o el adelantamiento de las elecciones presidenciales parecen ser más bien meros fantasmas para movilizar a los votantes indecisos. Si efectivamente hicieran algo de eso, el PJ perdería el latiguillo de decir que son “los únicos que pueden/saben gobernar” o que ellos son los que “terminan los períodos de sus mandatos”. Saludos.

  5. Antonio says

    Estimados Marcos, Lucas y FEr,

    Muchas gracias por sus comentarios. Breves anotaciones al margen. Comparto plenamente lo que dice Marcos que los disparadores de la hipótesis “abdicante” no sólo dependen de los resultados electorales, pero los costos de abdicar por las crisis, y no por el resultado, son mucho mayores. Incluso uno podría pensar que abdicar por el resultado permite negociar una salida con pacto de no agresión inclusive, etc. Tengo para mí, de todos modos, que el peor escenario para el gobierno es un triunfo electoral apretado, porque su poder tiene a difuminarse y no tiene excusas para abandonar el barco por el resultado. Será una verdadera trampa real generada por las candidaturas testimoniales. En el mismo sentido, comparto el escepticismo de todos respecto de las perspectivas del diálogo, y claramente esto vale para el gobierno como para la oposición (aunque sus responsabilidades no son idénticas), y no solamente por una cuestión de actitud sino en muchos casos por lo errático de sus visiones y sus pobres proyectos de políticas. De todos modos, también creo que tenemos que hacer un esfuerzo por empujar las cosas en esa dirección. La estructura del no-diálogo suele ser un candidato ideal como profecía autocumplida. Reconozco que a mi me cuesta, pero me parece que éste es un de esos momentos -que han pasado tantas sociedades- en las que hay que sentarse a discutir incluso (o mejor dicho, por lo mismo) con el más odiado de nuestros adversarios. Y quizá los escribidores como uno, los periodistas y los grandes intelectuales, tienen lo suyo para aportar: ¿Se viene el abrazo Verbitsky-Morales Solá en las oficinas de Clarín? Quién sabe… Otra vez gracias por los comentarios. Abrazos, AC

  6. Antonio says

    Estimado PAC,

    Muchas gracias por los comentarios. Creo efectivamente como vos que la hipótesis dialoguista toma una forma “hacia el interior” del peronismo y otra muy distinta “hacia afuera”, lo cual concuerda con la interpretación de que estaríamos ante un peronismo “titular” y otro “suplente”. Pero no habría que perder de vista tampoco la eventual agudización de la crisis, la persistencia en el aislacionismo K. y la propia competencia interna de la disidencia. Dicho de otro modo, el peronismo disidente tampoco podría quedar absolutamente pegado con cualquier tipo de decisión K, pre o post electoral, porque incluso entre ellos empiezan a competir diferenciándose. Simplificando las cosas, un escenario “abdicante” (que yo no descarto) podría dar pie a un panorama como el del 2003, con varias candidaturas débiles compitiendo entre sí, entre ellas, dos o tres del peronismo. Y en un caso como ése, creo que no alcanzaría con un diálogo al interior del PJ, y que serían necesarios acuerdos más amplios. Cordiales saludos, AC

  7. PAC says

    Estimado Antonio: muchas gracias por la respuesta.
    Saludos,
    PAC