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Los tres espacios de la competencia electoral

Hay quienes dicen que la competencia electoral en ciernes dividirá el campo político en tres bloques, oficialismo, peronismo disidente y oposición no peronista. Pero esa parece ser la situación en la provincia de Buenos Aires, y no ser fácil de extrapolar al resto del país. En verdad, lo que podemos encontrar en un recorrido más amplio es que efectivamente hay tres tipos de situaciones, pero sólo una tiene que ver con la división en tercios del electorado.

Por un lado están las provincias en que el peronismo hará una campaña local, lo más alejada posible de la política nacional y la defensa del gobierno de Cristina, para revalidar sus títulos o ganar posiciones locales y distritales, tratando de conservar o acrecentar porcentajes de adhesión históricos a los caciques territoriales, muy superiores a los que obtendrían de asociarse con el kirchnerismo. En todas esas provincias (la obvia excepción es Santa Cruz) muy difícilmente habrá candidatos peronistas identificados con el gobierno nacional, y los que lo estén lo disimularán, y aunque éste podrá sumar su aporte a los guarismos nacionales, los jefes locales se ocuparán de aclararles a sus seguidores y votantes que los apoyos que obtengan serán de su exclusiva cosecha. Las demás fuerzas políticas les harán claro las cosas difíciles porque ellas sí están interesadas en nacionalizar la elección, y si lo logran (como parece será el caso en Mendoza, en Chaco, y tal vez en algunos otros lugares), podrán arrebatarle la mayoría al PJ. Como sea, el resultado en términos generales puede estimarse será la conservación, aunque acotada, de la posición preeminente que viene ejerciendo el peronismo en las provincias pequeñas del interior.

Después están los tres grandes distritos en que el oficialismo nacional ha quedado reducido a una mínima expresión y la competencia será entre peronistas antikirchneristas y otras fuerzas políticas: Capital Federal, Santa Fe y Córdoba. Gane quien gane, el gobierno nacional perderá indisimulablemente toda gravitación en ellos, El efecto que esto vaya a tener en la arena pública es bastante incierto, en parte puede depender de una decisión periodística muy arbitraria: la noche de los comicios, dónde se sumarán los votos de Reutemann y Schiaretti? Los de PRO en Capital se sumarán a los de los peronistas disidentes de la provincia de Buenos Aires? Sumar votos distritales de un modo u otro tendrá una enorme significación, y contar o no con la colaboración de al menos algunos medios al respecto de por sí justifica el esmero oficial en controlarlos. Como sea, el gobierno nacional podrá eventualmente disimular, disipar en un escenario fragmentado lo que se parecerá bastante a una ola de rechazo, pero no podrá en ningún caso evitar que se revele que su proyecto carece de representatividad en las áreas más modernas del país.

Por último entonces, tal vez para moderar este efecto, está el caso bonaerense. Junto a Santa Cruz y algún otro distrito menor serán los territorios en que el peronismo oficialista todavía puede competir. Y eventualmente ganar. Siendo que él no hará realmente campaña en ningún otro lado, es de esperar que concentre allí sus recursos. Pero por lo que ya se ve ellos son de todos modos muy escasos. La discusión sobre la candidatura de Scioli y demás “testimonios” ha tenido el efecto de disimular la obsesión de los Kirchner por ser los exclusivos titulares del favor electoral: sólo así se entiende que insistan en la candidatura a diputado del ex presidente.

Porque convengamos en que para un líder político que se precie, que ha sido presidente hasta hace dos años y se retiró del gobierno con una alta popularidad, que además ejerce la presidencia de su partido, y un control muy férreo sobre él, y cuya mujer es a la sazón jefa de gobierno en ejercicio, bajar al llano a pelear por una banca de diputados parece a priori algo innecesario, rebajarse y someterse a un peligroso desgaste. Si los Kirchner entienden que no lo es, que al contrario, resulta de vida o muerte hacerlo y hacerlo con éxito, es algo que en sí mismo merece explicación.

Para ilustrar el punto recordemos que Menem en 1997 se hallaba en una situación no muy distinta, y lo que hizo fue precisamente lo contrario: sabiendo que las encuestas no favorecían precisamente a su persona, se corrió de la campaña, que debieron enfrentar con lo que pudieron los caciques locales del PJ, e incluso el entonces presidente terminó beneficiándose de que a algunos de ellos no les fue muy bien que digamos. Al menos dos diferencias saltan a la vista entre la situación, los recursos y el estilo de Menem y los de los Kirchner, que tal vez ayuden a entender la estrategia de estos últimos. En primer lugar, aquél desde un principio había apostado a un liderazgo nacional más colaborativo con los jefes distritales, había sabido ganar su confianza y atender sus intereses, y podía prever claro que la lealtad de éstos no sería eterna, pero no tenía motivos para temer reales o imaginarias conspiraciones para destruirlo. En segundo lugar, Menem estaba seguro de haber obtenido, a lo largo de una larga carrera política llena de subas y bajas, un capital político que podía conservar aun a pesar de lo que entendía era una pasajera impopularidad. Y actuaba en consecuencia, estratégicamente, invirtiendo su capital a lo largo del tiempo, en aras de maximizar sus resultados. Los Kirchner son de otra escuela. Habiendo tomado el poder prácticamente “por asalto” y construido sobre la base de la “insolidaridad”, imaginan sus competidores pretenden hacer lo mismo que ellos; y no tienen en mente nada parecido a una retirada táctica, dado que viven, por decir así, “con lo puesto”, sin lugar donde replegarse hasta que pase el mal tiempo. Hijos de circunstancias excepcionales, parecen secretamente comprender hasta qué punto su tiempo es pasajero, y actúan en consecuencia. No hacen otra cosa que lo que hacen, es cierto, porque no les place, pero también porque no pueden.

Posted in Elecciones 2009, Kirchnerismo, Politica Argentina.

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8 Responses

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  1. María Esperanza says

    Excelente comparación. Es probable, es más, que el mismo Kirchner esté haciendo este tipo de análisis. (Yo tengo la hipótesis de que el gobierno de Néstor Kirchner estuvo predicado sobre una serie de lecciones tomadas dell proceso de 1997-2001.) Sin embargo, creo que habría que extenderla un poco en el tiempo, ya leyendo este texto pareciera que la estrategia de Menem fue exitosa,mientras que la estrategia de Menem de “correrse” de las elecciones tuvo, creo, resultados ambiguos en el mejor de los casos.
    Si bien pudo mantener un marco de tranquilidad que le permitió llegar relativamente en calma hasta el 1999, luego de la derrota de 1997 quedó claro que ya en ese momento su proyecto re-eleccionario no era viable,su liderazgo quedaba resquebrajado y Duhalde pasaba a tener poder de veto, las lealtades de aquellos gobernadores y senadores que tantos asados habían comido con él era más bien superficial y que, por lo tanto, la vuelta de su “retirada táctica” pasaba a ser contingente de muchos factores impredecibles. (De hecho, el tiempo reveló que un “regreso” de esa retirada era ya imposible.)
    Si se quiere, otra diferencia es la ausencia hoy de una sucesión clara de gobierno como lo fue la Alianza en su momento. Menem podía pensar que ganaba la Alianza, fracasaba (dicen que Menem alentó la candidatura de De La Rua, al que imaginaba el más incapaz de los candidatos posibles) y luego volvía él, aunque creo, como ya lo dije, que sobreestimó las lealtades de los gobernadores y otros líderes territoriales, para no hablar de su atractivo social; Kirchner debe saber que si pierde la interna del PJ no hay vuelta posible.

  2. Andrés el Viejo says

    Uno tiene una relación ambigua con las analogías, como con ciertas mujeres: no puede prescindir de ellas, pero tampoco atarse a ellas. Hago esta salvedad sobre todo para mí, que siento fascinación perversa por el uso de analogías.
    Comparto la objeción de María Esperanza: el análisis me parece más riguroso (en los dos sentidos posibles) sobre los Kirchner que sobre Menem. Tal vez, porque Menem ya es sólo un espectro del pasado, mientras que los Kirchner, cualquiera sea el pronóstico sobre su futuro, es obvio que aún dan pelea. La estrategia de la retirada es muy peligrosa y, en el caso de Menem, se probó errada. Si él confió, como dice la entrada y es muy probable, en que la estolidez de De la Rúa abriría el camino a su regreso, se equivocó por partida doble: sobreestimó la solidez del sistema económico que él mismo había contribuido a consolidar y subestimó a su rival interno.
    Menem calculó que, en caso de sucederlo otro peronista, era inevitable que el Presidente peronista se convirtiera en el jefe del movimiento. El peronismo puede, eventualmente, subsistir sin cabeza por un tiempo. Lo que no puede es subsistir un minuto con dos cabezas. Las alternativas eran: una nueva reelección o enredar la interna de tal modo que el inevitable candidato para 1999 llegara debilitado a las elecciones y perdiera. No creo que Menem, que no es tonto por cierto, tomara muy en serio la alternativa reeleccionista, si colaba, mejor, pero en todo caso servía para que el PJ perdiera meses preciosos sin candidatura definida.
    Dudo que, en sentido estricto, esto se pueda considerar una “retirada”. En todo caso, se podría hablar de una retirada del poder estatal (que, por otra parte, no era una elección, sino una fatalidad), pero con el fin de afianzar el poder partidario.
    Aún si admitiéramos el concepto de retirada, está claro que no brindó los dividendos que supuestamente podría haber ofrecido. No conservó el poder partidario, fue a una elección presidencial que no podía ganar y, en la instancia decisiva del balotaje (ahí sí) se retiró ante una derrota segura y humillante. En aquel abril de 2003 murió, dejando su espectro para que no lo olvidemos.
    En el caso de los Kirchner, es igualmente imposible tentar la retirada como estrategia. Es verdad que ahora no hay un Duhalde capaz de aglutinar las fuerzas peronistas. Pero la dispersión de liderazgos tampoco es garantía de conservar el control del aparato partidario, más bien de lo contrario. Ninguna de las oposiciones existentes (interna como externa) puede realizar el desmonte total del “modelo”, pero sí pueden y seguramente lo harían dañar partes importantes. Si el “modelo” se estrella por su propia dinámica (lo que no está demostrado pero no es imposible) la responsabilidad caerá con justicia sobre los Kirchner. Pero si se estrella porque se le mutilan los instrumentos que podrían evitar el choque, para el pueblo la responsabilidad también será de ellos, en este caso injusta pero inevitable.
    Saludos y perdón por estos balbuceos desordenados

  3. Vox Populi says

    Me parece que Kirchner se arriesga a ser candidato porque es el único referente que tiene el gobierno, es el creador del “modelo” y “estilo K”, es el que consiguió el mayor éxito con dicho modelo, y creo que tuvo una de las mejores presidencias de la historia, si tenemos en cuenta todo el mandato desde los aspectos económico y políticos. Entonces en una situación como ésta no puede esconderse o “retirarse” (no se por qué algunos desean tanto su retirada). Por ende, me parece absolutamente correcta su candidatura.
    En lo que estoy de acuerdo es que Kirchner se está manejando exclusivamente en términos electorales y está descuidando el gobierno. Además está teniendo expresiones y actitudes desafortunadas, producto del “clima de opinión” adverso que están propagando continuamente los medios de comunicación. La verdad es que la única instancia donde se expresan todos los ciudadanos es el voto y la última vez que se votó(2007) quedó claro cuál fue la voluntad popular. Entonces este clima adverso no es “real” o comprobado sino producto de consultoras y medios de comunicación. Aunque efectivamente, este clima de opinión anti K de los medios seguramente va a tener su influencia “real” en el resultado electoral. Si alguien duda de esto que recuerde que Kirchner está enfrentado con el pulpo Clarín (Clarín, Todo Noticias, Canal 13, Radio Mitre, Magazine, metro, La Razón, DyN, etc).

    Saludos.
    (Lo único que faltaba: pedir que Kirchner actúe como Menem)

  4. Marcos Novaro says

    Estimados Esperanza, Andrés y Vox Populi, vayamos por partes. La analogía servía para pensar estrategias electorales, no todo lo que debe o puede hacer un líder político en épocas flacas, para tratar de sobrevivir, revertir la decadencia, o hacerla menos indigna. Esto último es mucho más complicado y acepto que al respecto la comparación con Menem no sería muy edificante ni aleccionadora. Pero ateniéndonos exclusivamente al tema electoral, sí lo creo: porque Menem hizo bien en no recorrer el país durante el 97, sabiendo que de hacerlo su partido se perjudicaría, dado que su imagen era mucho peor que la de la mayoría de los gobernadores. Por qué Kirchner no hace lo mismo? Vox Populi dice que porque tiene que defender el modelo y es el mejor candidato. Me da la impresión de que podría hacerlo mejor poniéndose en segundo plano, y negociando con los que pueden ganar esta elección. Es decir, por ejemplo, poniéndolo a Scioli pero bajándose él, por ejemplo, cediéndole el terreno a Reuteman y Schiaretti y que los dos más Scioli se maten por ver quién es el mejor presidenciable después del 28 de junio, o incluso (y ahí si imitar a Menem) disputarles sus eventuales triunfos y participar de la pelea. Eso supondría jugar racionalmente a favor del partido y de su gobierno, pero por algún motivo Kirchner no cree que ese sea un camino atractivo. La lógica que me parece gobierna su razonamiento es que si puede evitar que la sucesión del liderazgo en el PJ se anticipe, y mantener entonces dividida a la oposición interna y externa, podrá aun reconquistar a la opinión pública, y conservar entonces el gobierno después del 2011, y prefiere correr el riesgo de perder la elección de medio término a que la ganen otros de su partido y ya no tener más futuro. Coincido por tanto en ese punto con Esperanza: el criterio es que si hay sucesión en el PJ no hay vuelta atrás, no podrá conservar siquiera una cuota de poder, ni volver a él. Pero agregaría: en cambio sí se cree que hay vuelta atrás en la relación con la opinión pública, del descrédito público sí se puede volver. Y bueno, nada más parecido a Menem en el 97. Y nada más equivocado.

  5. Shays says

    Menem no previó el desastre del 2001. Aún así sacó el 24 y pico% de una, y ante una atomización forzada del PJ por obra de Duhalde.
    No creo que Kirchner pudiera sobrevivir 4 años en el, ostracismo y volver. Si vuelve, es que los que siguieron fueron mucho peores, hicieron un desastre peor que el 2001 y ya no nos va a importar mas nada.
    Lo de Kirchner es absolutamente lógico. Si no se presenta desaparece. Presentándose tiene una chance de sobrevivir.
    Lo que sigo sin entender es la insistencia en el “modelo”. El modelo se limita a una serie de enmiendas sobre las privatizaciones mas desastrosas, dictadas por la necesidad de caja sumada a la oportunidad de hecer populismo para mantener el poder.
    El modelo no será desarmado, porque sólo es una construcción parcial y no hay plafond ni nacional ni mundial para soluciones del tipo de los ´90.

  6. Marcos Novaro says

    Estimado Shays, “absolutamente lógico” no lo veo, tiene su lógica, sin duda, pero fundada en diagnósticos bastante discutibles. Insisto con la opción por provincializar la elección: si dejaba que cada cacique hiciera su trabajo, y él se corría, podía todavía decir que los que ganaban lo hacían gracias a él, a los recursos que les manda, a los seis años de crecimiento, a que los despegó de Menem, a lo que sea, ¿por qué no iba a poder seguir tallando frente a poderes locales que de todos modos siguen siendo acotados?. Me parece que su opción es a la vez muy exigente para su propio liderazgo, y muy favorable a la autonomización de los líderes locales, lo contrario de lo que aparentemente pretende lograr. Es decir, muy poco lógica.

  7. German says

    Marcos, me gustaría volver al comentario inicial de María Esperanza sobre la experiencia menemista 97-99, pero no desde los liderazgos, sino desde la cooperación con el Congreso.
    Quizás juzgues esta relación de inconsecuente para la supervivencia política; yo, por mi parte, acepto que esta cooperación es menos necesaria que en los dos últimos años de Menem. De todos modos, mi comentario es el siguiente: el Congreso 97-99 fue uno muy hostil a los planes del presidente en aquella época. Los Kirchner, por su parte, han optado siempre (y bastante racionalmente) por jugar muy fuerte en la arena electoral local, en especial en Diputados nacionales. Hoy las circunstancias son otras, muy distintas a las anteriores en lo que hace a los recursos fiscales y simbólicos de la presidencia, pero la pregunta podría ser: ¿qué es mejor, una primera minoría afín, o una mayoría “prestada”?

  8. Marcos Novaro says

    Está muy bien la pregunta, y supongo que la respuesta será: depende para qué. Como efectivamente también Kirchner no cree que la cooperación legislativa vaya a serle realmente necesaria en los dos años que faltan, es probable que concluya (creo que con vos), que es mejor correr el riesgo de lo primero. Acierta en eso? Bueno, si la crisis empeora y necesita de la colaboración de los gobernadores puede que no, verdad? Esto está en relación también al tema que discutía Camou sobre los escenarios: con un resultado no muy malo pero una crisis que se agudiza, el gobierno tendrá de todos modos muchos más problemas de los que se han visto hasta acá, no podrá conseguir mayoría ni “prestada”, y entonces el escenario de desgaste y derrumbe parece que se aproximaría. Como en todo, creo que los Kirchner hacen política para que todo les salga bien, y bue, parece que las condiciones no son las adecuadas para eso.