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Plataformas

La decadencia de cualquier género (las postales de verano, el piropo, la serenata) suele aflojar el pudoroso lagrimal de la nostalgia; en algunos casos, además, ofrece algún motivo para la sana preocupación. El asunto viene a cuento por el inocultable declive de un arte menor, la escritura de plataformas.

Digo escritura, y no lectura, porque en ninguna imaginaria edad de oro de la participación política la completa digestión de densos mamotretos partidarios fue objeto de masivo entusiasmo. A lo más, el improbable lector o lectora sobrevolaba el índice, exploraba la introducción, y se concentraba en aquellos asuntos de su particular interés, directo conocimiento o abrasadora actualidad: nuestra posición frente al conflicto limítrofe indio-pakistaní, el plan de acción frente al paludismo, la precisa geografía de las propuestas de alcantarillado, etc.

Todavía en 1989 el Instituto Superior de Conducción Política del Partido Justicialista creyó oportuno publicar en varios volúmenes su Análisis, Lineamientos Doctrinarios y Propuestas para la Acción del Gobierno Justicialista. Tengo a la mano el tomo I, que se extiende a lo largo de 395 detalladas páginas, donde se desmenuzan, entre otros temas, lo que habría de hacerse con la “regionalización de los servicios de salud”, el abaratamiento de los fletes de “nuestra Flota Mercante”, y la “plena industrialización del Cobalto 60”.

Ignoramos si el entonces candidato Carlos Saúl Menem leyó el documento, pero según es fama fue el propio caudillo riojano quien empezó a herir de muerte al género; lo hizo un día que, muy suelto de cuerpo, señaló en una revista de variedades que “si antes de las elecciones decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie”.

Pasados los años, los distinguidos intelectuales kirchneristas reunidos en el espacio Carta Abierta no dejan de lamentar que las decisiones de un gobierno que apoyan carezcan de un cierto marco programático. “No creemos equivocarnos –advierten en su cuarta epístola a los compatriotas- si decimos que falta la elaboración, explicitación y proyección de algo previo a ciertas medidas importantes”. El punto es digno de toda atención porque señalan orfandades escriturarias y doctrinales que constituyen un notorio déficit de la pareja presidencial. Como todos sabemos, Néstor Kirchner es un tribuno de atril enjundioso, pronunciar atolondrado y diccionario angosto, mientras que la actual presidenta –en cambio- es una oradora distinguida y de palabras tomar; pero ambos han discurrido por la política navegando con vivaz bandera de ágrafos. Sin ir muy lejos, la insólita plataforma que el Frente para la Victoria presentó para los comicios presidenciales de octubre de 2007 era un sesudo y agendatario documento enumerativo que insumía la friolera de… tres páginas.

Mientras tanto, se dice por todos lados que “la gente quiere oír propuestas”. Pero salvo honrosas excepciones tal parece que no está dispuesta a “leerlas”; ya sea porque carece de tiempo o de conocimientos para analizarlas, ya sea porque no está muy dispuesta a fundar su juicio electoral en un dificultoso ejercicio de documentación comparada. Con un criterio algo más intuitivo, parecería que “la gente” prefiere invertir sus horas en otros quehaceres y orejear a los candidatos según como vayan apareciendo en “Gran Cuñado”, o en algún otro entrevero televisivo. De este modo, en momentos en donde abundan los cruces judiciales, los sondeos maquillados, las operaciones de prensa o el reparto de plasmas, las viejas plataformas partidarias parecen melancólicos ensayos de borgeana categorización del mundo.

Y sin embargo, hubo un tiempo en que los denostados pero imprescindibles partidos políticos escribían plataformas como una parte habitual de su vida interna y de toda contienda democrática. Se nos dirá, con mucho de razón, que el problema clave es que hoy ya no tenemos partidos; y también que las cicatrices de la ausencia nos llevan a fogonear una idealización mal avenida: las plataformas nunca fueron un contrato inviolable entre representantes y representados, ni una implacable herramienta de responsabilización. Pero al menos cumplían algunas funciones importantes. Por de pronto, tendían a vincular un análisis de la situación actual y una propuesta concreta de resolución de problemas con cierta doctrina, con algún lineamiento estratégico de mediano o largo plazo. Además, en esos documentos se intentaba compatibilizar, a veces al riesgo de la mera mixtura, las visiones tecno-políticas disímiles al interior de una organización partidaria. Y finalmente, el proceso de elaboración de las plataformas oficiaba de espacio de integración, de posicionamiento y de competencia de los expertos que luego podían ocupar estratégicas posiciones de gobierno.

Sea como fuere, para algunos ya es tarde para lamentarse porque hoy los vientos parecen soplar para otros rumbos discursivos; pero otros, en cambio, aún creen que vale la pena rescatar ese género declinante aunque vayamos un poco a contracorriente. Como me confesaba un militante de a pie, defendiéndose por la telegramática brevedad de cierto colorido panfleto repartido en la vía pública: “Si escribimos textos largos, no los lee nadie; y a fin de cuentas, quién se va a acordar después de  lo que escribimos”.

Bien mirado, quizá haya algo peor todavía que escribir plataformas para el común olvido, y es olvidar el por qué teníamos que escribirlas.

Posted in Elecciones 2009, Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.

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5 Responses

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  1. daniela gutierrez says

    Estimado,

    Con el desayuno suelo leer diarios, y el suplemento cultural de la Nación de hoy ADN, está dedicado con nostalgia al género epistolar y particularmente a las cartas entre escritores/políticos argentinos. Y ahora ésto, su texto, no hace sino acongojarme un poco más.

    Me debato entonces: ¿felicito a ud por su reflexión justa y precisa o más bien me dejo llevar por el arrebato y largo el llanto?
    ¿qué será de aquello que llamábamos ideas o conceptos? ¿correrán la misma suerte que auguraba Kafka para los besos por escrito, que no llegaban a destino porque eran bebidos por los fantasmas? Entonces, me temo, los fantasmas engordaran y nosotros los que nos alimentamos de ideas como comidita y como placer….iremos desfalleciendo.

    buuuhhh, pero lindísima la reflexión. Saludos,
    Daniela

  2. Diego says

    Encuentro al post muy reflexivo, interesante para un profundo análisis. Hoy día todos escuchamos comentarios acerca de la falta de debate y propuestas verdaderas (no las que se usan con fines electorales) sino las que deberían formar parte de una agenda estratégica, de un país previsor y garantista mas allá de la bandera política de turno que se encuentre flameando.

    Creo la famosa frase que Menem se atrevió a confesar, no hizo otra cosa que poner al descubierto la visión personal de un hombre sobre las expectativas de las masas. Pudo adelantarse, sino fue el pionero, de la frivolización de la casta política y el que mejor comprendió el punto débil de los electores: “la necesidad de lo inmediato” o “la satisfacción instantánea”. Los problemas se resuelven como yo lo decido. ¿Para qué voy a instaurar el debate? Eso puede que lleve mucho tiempo y desgaste, sobre todo cuando aparecen las miserias humanas en una lucha que se asemeja cada día más a la de la ubicación en una cartelera teatral que a la del protagonismo patriótico y responsable de hacer lo correcto.

    Ahora bien, es justo preguntarse que rol asumimos en todo esto. ¿Votaríamos a un candidato que nos dice que la resolución de tal o cual problema le llevará más de un mandato? ¿Lo asociaríamos con sinceridad o con ineficacia? ¿Estamos dispuestos verdaderamente a debatir, concensuar y acordar? o ¿nos arrojamos al canibalismo de la conquista de electores sin importar el costo?

    Personalmente, creo que esta casta política al igual que los directores del mercado, han comprendido que nuestro punto débil es tan egoísta que vale la pena gastar millones de pesos en conformarlo con papelitos de colores, grandes marquesinas y publicidades a correr el riesgo de que reaccione y se revele ante sus propias ambiciones.

    Por favor, despertemos de este letargo y volvamos a hacer de la política una herramienta de cambio.

  3. Donato Pecorelli says

    Menem, tal vez sin proponérselo, fue el gestor de toda esta etapa de realineamientos que las contingencias lo presentan todavía muy efervescentes. El golpe de timón de acercar el justicialismo fundacionalmente de raigambre nazifascista hacia el liberalismo propuesto por Alsogaray, fue determinante. Veamos.

    1. Produjo la reacción dentro de su partido que se expresó como “kirchnerismo”, confusa y tóxica sopa con ingredientes de “izquierda nacional” (?)-autodenominados-, anarquismo, marxismo-leninismo y cualquier cosa que le permitiera hacerle eco al estertor de la muerte anunciada de la experiencia socialista soviética en la región a través de su agencia cubana y que podríamos englobar en una categoría denominada “socialistoidicismo latinoamericanoide”; actualmente, es el anclaje de los populismos latinoamericanos.

    2. Significó oxígeno y una puerta de salida para el peronismo tradicional que se había quedado estancado en su visión nazifascista; es decir, como ocurriera con la socialdemocracia en Europa con relación al comunismo, aquí, en una escala obviamente menor, el viejo peronismo de raigambre nazifascista, “movimientista”, con vocación de partido único aunque el marco operante no se lo permitiera, pasaría a ser un partido con vocación “republicana” para adecuarse a las democracias modernas más evolucionadas. Eso es lo que está conformando actualmente en el seno del justicialismo y es lo que explica, en parte, el resultado electoral.

    O sea, el impacto del menemismo, vendría a ser equivalente dentro del justicialismo, al alvearismo dentro de los centenarios radicales; en una aproximación, obvio, hay de por medio muchos detalles de gran significación que lo diferencian que serían muy largo0s de precisar.

    Concretamente, el golpe de timón de Menem significó una evolución positiva y su aparente “FRIVOLIDAD”, no fue otra cosa que un gran sinceramiento expresado a su vez en una apertura brutal pero necesaria al mundo global real en forma de política de shock, sin gradualismo, de allí los descalabros no comprendidos si no se tiene VISIÓN ESTRATÉGICA.

  4. Antonio says

    Estimad@s amig@s,

    Gracias por los comentarios, de un modo u otro la “nostalgia” no deja de ser un signo de una ausencia, y en este caso mucho se refiere a la capacidad de nuestro sistema político y de nuestra sociedad civil para producir un campo de tensiones político-intelectuales donde debatir ideas, estrategias y proyectos, y en la configuración de ese espacio simbólico los partidos son obviamente fundamentales!

    Cordiales saludos, AC

  5. Paula says

    Justo ayer o era anteayer?, que veía “poder vacante”, donde estaba su conductor Asis con el gobernador de Chubut, Mario Das Neves. Esto lo traigo a cuento, porque fue ahí que oí al gobernador re-electo mientras comentaba graciosametne que en su primera eleccion, contra todas las predicciones él habia ganado por 4 puntos al radicalismo (tradicionalmente ganador en esa provincia). Y lo más increible, es que logró esto sin ningun tipo de promesa, salvo la del cambio, ni una obra nombró en toda su recorrida por no sé cuantas miles de casas……y pese a esto la gente lo votó sin saber a qué votaba….sólo un cambio….pero sin saber el rumbo de dicho cambio. Asi es la gente. Esa es la gente que vota. Y esa gente somos todos. Eso es lo trágico.