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Profundizar la gobernabilidad

En la madrugada de la contundente derrota electoral, Néstor Kirchner señaló que la tarea de la hora era “profundizar la gobernabilidad”. Si bien un día después la presidenta se deshizo en elogios no correspondidos hacia la propuesta de “Pino” Solanas, y miró con grandes ojos avariciosos su buena cuota de diputados, se espera que la orientación efectiva del gobierno camine por senderos menos resbaladizos. Esto es, en vez de avanzar hacia el precipicio abrazados al lema “profundizar totalmente el modelo sin preocuparnos por la gobernabilidad”, sería mejor que la consigna del momento fuese algo así como “profundizar la gobernabilidad pero sin abandonar totalmente el modelo”.

La buena noticia de la semana es que la estructura de incentivos políticos alienta alguna esperanza de conformar un escenario medianamente razonable. En este sentido, podríamos decir que hay una zona de equilibrio de intereses convergentes que propicia el logro de acuerdos, aunque todavía no haya puntos claros de coincidencia. De un lado, la pareja gobernante no está dispuesta a dejar el poder, y del otro, a las diferentes oposiciones (peronismo disidente y sobre todo al pan-radicalismo) no les conviene ocuparlo. Y si bien por el momento ambos se rechazan, las dos partes de la ecuación política se necesitan para transitar el largo y escabroso camino que nos separa del 2011. En el caso del gobierno, razonablemente pretende seguir adelante pero no a cualquier precio, es decir, aceptando cualquier tipo de imposición de nombres o de políticas; en el caso de las oposiciones, requieren tiempo para organizarse, y lo que menos querrían en lo inmediato sería hacerse cargo del poder improvisadamente para efectuar el trabajo sucio de un inevitable ajuste.

Es claro que no los une el amor sino el espanto, pero un poco de unión siempre fue algo más que nada. De este modo, el gobierno requerirá apoyos en el Congreso para enfrentar un escenario socioeconómico complicado, pero la oposición necesitará que el oficialismo navegue por esta crisis sin encallar. Sería suicida para el peronismo disidente o para el “Acuerdo Cívico y Social” dinamitar la nave gubernamental, y un abrupto abandono del Ejecutivo por parte de los Kirchner sería un excelente pasaporte para ellos, y para buena parte de sus más encumbrados funcionarios, hacia un interminable desfile por los tribunales de Comodoro Py.

Ahora bien, no hay gobernabilidad sin consensos básicos entre los actores estratégicos de la sociedad: tanto de los actores político-institucionales -el Congreso, los gobernadores, los partidos y el Ejecutivo Nacional-, como de algunos actores sociales: empresarios, sindicalistas, organizaciones sociales, etc. Esos acuerdos pueden parecer hoy de difícil elaboración pero no hace mucho tiempo enfrentamos un escenario semejante, y como lo han destacado algunos analistas en estos días, la memoria de lo acontecido puede resultar aleccionadora.

En los primeros meses del 2002 el país marchaba a la deriva. Fue entonces cuando el gobierno de Duhalde logró conjugar un esquema básico de poder para encauzar la crisis. En ese esquema fueron fundamentales la convocatoria a un amplio diálogo entre actores políticos, empresariales y de la sociedad civil; la implementación de un programa social de cobertura universal; y la designación de un ministro con probada solvencia técnica, autonomía de gestión y capacidad para generar confianza en los agentes económicos internos y externos. Pero esa trama de decisiones tuvo como marco el virtual pacto de gobernabilidad que el entonces presidente interino firmó el 24 de abril de 2002 con la mayoría de los gobernadores (no lo firmaron San Luis, la Ciudad de Buenos Aires y… Santa Cruz). El texto, bautizado como el documento de los “Catorce Puntos”, no constituyó ningún parteaguas en la historia del pensamiento político occidental, pero sirvió para fijar límites y definir orientaciones políticas clave. Aunque su contenido luce hoy desactualizado en varios rubros, y en otros testimonia el éxito de ciertos eficaces lobbistas, quizá recordar su contenido puede tener todavía alguna función inspiradora. Decía así:

Respetar los acuerdos internacionales de la Nación y reafirmar la vocación de integrar la Argentina al resto del mundo. 2) Firmar en un plazo no mayor de 15 días los acuerdos bilaterales con las provincias, dando cumplimiento al Pacto Fiscal suscripto oportunamente. 3) Elevar al Congreso de la Nación, en un plazo no mayor de 90 días, el proyecto de ley consensuado de un nuevo sistema de coparticipación federal de impuestos. 4) Propiciar las políticas fiscales y monetarias que mantengan la disciplina y los equilibrios necesarios que eviten la suba descontrolada de precios y la inestabilidad cambiaria. 5) Garantizar a los ahorristas, a través de instrumentos legislativos adecuados, la previsibilidad necesaria sobre el destino de sus fondos asegurando su liquidez. 6) Garantizar las acciones que restablezcan en forma inmediata un sistema financiero sólido y confiable. 7) Instrumentar un nuevo acuerdo de responsabilidad fiscal para la administración nacional, provincial y municipal que asegure su cumplimiento mediante un sistema explícito de premios y castigos. 8) Propiciar una reforma impositiva integral moderna y simplificada que aliente y estimule la inversión de capitales e impida la evasión, la elusión y el contrabando. 9) Propiciar la inmediata sanción de la ley de Quiebras. 10) Propiciar la inmediata derogación de la ley de Subversión Económica. 11) Propiciar la repatriación de capitales argentinos destinados principalmente a proyectos productivos con demanda de mano de obra intensiva. 12) Alentar las inversiones nacionales y extranjeras dedicadas a la exportación de productos manufacturados o a la sustitución eficiente de importaciones. 13) Asegurar el cumplimiento efectivo de la reforma política acordada, asegurando la reducción de gastos políticos y burocráticos innecesarios y la modernización de las formas de selección electoral. 14) Asegurar un mecanismo de asignación de planes de empleo convirtiéndolos en empleos efectivos a través del sector productivo.

A la vista de dónde venimos, y por dónde estamos, el futuro no parece tan oscuramente malo; lo único que nos anda faltando son los catorce puntos, una extendida disposición al diálogo y la decidida voluntad de acordar…

La Plata, 5 de julio de 2009.

Posted in Elecciones 2009, Kirchnerismo, Política, Politica Argentina, Politica Económica.

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6 Responses

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  1. Alejandro Ensenada says

    No veo impedimentos serios que puedan interpretarse como contrarios a la gobernabilidad. El pan-radicalismo tiene una cultura opositora madura, ya que ése fué el papel que con absoluta preponderancia ha cumplido -para su bien o para su mal- los últimos años. Y lo ha hecho civilizadamente. Descartada una desestabilización militar que no tiene siquiera un atisbo de realidad, o económica (¿Acaso no es claro que el poder económico ya no busca involucrarse en golpes y ante un régimen que considera contra sus intereses opta por figar tranquilamente 50.000 millones de dólares en sólo 3 años?). ¿Quien podría corporizar la amenaza de un golpismo civil? Si ha existido en Kirchner el temor a un agente desestabilizador, éste ha sido el propio PJ. Pero ¿quién es hoy el partido justicialista? ¿Cual de los fragmentos del pejotismo podrá asumir la tarea de la desestabilización? Creo que ninguno. Justamente porque se encuentra fragmentado, e incorporado en buena medida a otras fuerzas, incluida el propio Kirchnerismo. Sinceramente no creo en absoluto en un Scioli desestabilizador. Por su lado, el partido gobernante no quedó en minoría absoluta, y conserva un enorme potencial negociador que brinda un fuerte sostén a su propia gobernabilidad. Aunque si veo una amenaza en el propio ex presidente, siempre cercano a exasperar las diferencias y utilizarlas como lanza para enfrentar a unos contra otros, sacando partido de ello. Pero como hay otras vías de acuerdo, y éstas son tan claras, debo creer que la variante populista, y la amenaza de un pj golpista son sólo un temor infundado. Si a pesar de esta conclusión, se verificara en la práctica un intento de golpe, que no quepa duda que muchos de los que no coincidimos con este gobierno saldremos a sostenerlo.

  2. Vincent Moon says

    Si los actores principales de la oposición comprenden que lo mejor que puede pasarle al país y a sus instituciones es que este gobierno termine su mandato en 2011 y desoyen bravuconadas/propuestas de irresponsables como los Grondonas, los De Angelis o los Barrionuevos, estaremos transitando un período trascendente en la evolución hacia niveles mas altos de calidad democrática.

  3. Alejandro Ensenada says

    Tiene razón, Vicent. Al país y sus instituciones lo degradan las bravucanadas de los Grondonas, los De Angelís, y los Barrionuevos. Y agregaría que también las diversas bravatas que el mismo gobierno propone como método. En mi opinión la falta de diálogo que sus propios acólitos le adjudican, hace que el gobierno, (a veces de un dogmatismo simplista) provoque reacciones extremas en sus opositores. Debo decir que parte de la sociedad, a causa de este estilo, está creyendo que el gobierno tiene propósitos en contra del país, lo que seguramente no es verdad, pero creo que está ocurriendo. De cualquier forma, debo acordar en que los opositores no brillan por sus méritos. Tengamos fé en que el ambiente político se modificará hacia una oposición (relación entre oficialismo y oposición, no sólo comportamiento de la oposición) inteligente y constructiva, y basada en la sincera búsqueda de una concordancia que responda a nuestros intereses de nación. Reservémomos el derecho de reclamar de la manera más categórica cuando ello no ocurra. Cordiales saludos.

  4. desvinchado says

    El unico elemento desestabilizador en la oposicion es Carrió, que puede impulsar una competencia “a ver quien es el mas opositor” entre ella y Cobos al que se puede sumar Macri si no acuerda con el peronismo disidente. No tiene nada que perder y es la unica que se benifeciaria de una crisis institucional o economica profunda a la 2001. Ella y el campo.

  5. Marcos Novaro says

    Estimado Antonio, parece que estoy condenado a disentir de tus argumentos optimistas. Pero esta vez en serio espero tengas razón vos, pero no veo cómo eso podría ser. La verdad es que no creo haya muchas posibilidades de acuerdo, y si que irán creciendo las posibilidades de conflicto. Si como vos mismo cerrás tu post, “lo único que nos anda faltando son los catorce puntos, una extendida disposición al diálogo y la decidida voluntad de acordar”, no hay ni programa ni voluntad para cooperar entre el gobierno y la oposición. Las señales no son buenas, y no sólo las de los gurkas de ambos bandos, también de moderados que ven bien el tablero y lo que se viene, y se corren a los extremos: Reutemann y De Narváez aunque son gente muy cuidadosa en este caso están mostrando que no es negocio serlo, y los dos salieron ya a dinamitar los puentes que trató de tender Scioli, es cierto que no podían hacer otra cosa porque al mismo tiempo Néstor está atrincherándose más y más en el Ejecutivo, pero me da la impresión de que el resultado será subóptimo para todos y no podrán evitarlo, ambas partes van a ir profundizando esta tendencia a abroquelarse en posiciones duras. Si a eso le sumamos más enojo social, esperable por la gripe A y sus inevitables secuelas económicas, la suba de tarifas, y la retracción salarial que se viene, entonces quién va a moderar un clima que se puede parecer mucho al final de Alfonsín? Para colmo, sin Alfonsín.

  6. Antonio says

    Dear Marcos y amig@s,

    No creo que estemos tan distantes a la hora de ver el panorama que se viene, el irónico final de mi entrada podría frasearse en los siguientes términos: “tan cerca y tan lejos”. Para decirlo con otras palabras, creo que las condiciones económicas “objetivas” son medianamente manejables (mucho mejores, por caso, que en la última etapa de Alfonsín o en la fase terminal de la convertibilidad), tanto por las condiciones internas como externas, e incluso desde el punto de vista de las oportunidades políticas creo que estamos mejor. Sin embargo, la clave parece estar del lado “subjetivo”, las intenciones y decisiones de algunos actores claves que parecen llevar el barco en dirección al iceberg. Quizá podríamos pensar en una “tregua” ante tanta vertiginosidad política. Como vos bien decís en otra entrada, parece que las elecciones hubiesen tenido lugar hace siglos, y lo cierto es que fueron hace tan poco tiempo que el gobierno no ha alcanzado ni a elaborar su duelo, ni a dar con un mínimo Plan B, pese a las informaciones en el sentido de que varios altos funcionarios habría acercado sensatas ideas económicas al respecto.
    Si fuera posible, habría que hacer una especie de “tregua política”, y en esto mucho tiene de responsabilidad la oposición, los intelectuales, los periodistas, para “bajar un cambio”, y darle un poco de aire al gobierno para ver qué rumbo toma. Sin tirar por la borda el “modelo”, hay muchas cosas razonables y accesibles que pueden empezar a hacerse. Pero comparto todos tus temores y apreciaciones, la diferencia por ahí es que yo creo ver (¿o quiero ver?) una luz al final del túnel. Ojalá no sea el tren bala!!!. Abrazos, AC.