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Peronismo de geometría variable*

Quisiera llamar la atención sobre dos cuestiones que las elecciones pasadas han hecho patente: las burbujas electorales y la geometría variable del peronismo. Son relevantes por constituir -conjeturo- rasgos perdurables que, si bien no son inéditos, han ganado nitidez en la escena político electoral argentina.

En cuanto al primero, la volatilidad de un electorado que a veces parece móbile qual piuma al vento , produce composiciones heterogéneas que serían insólitas si las preferencias del votante estuvieran configuradas sobre la base de identificaciones partidarias más firmes (no estoy sugiriendo que esto sea ni mejor ni peor).

Una de las consecuencias es la emergencia de liderazgos tal vez fugaces, pero que la imprevisibilidad del juego político puede llevar a cargos de gobierno sin las credenciales que, por lo menos yo, considero necesarias para pensar que han de ejercerlos competentemente.

A mi entender, es el caso de Pino Solanas: si la burbuja electoral continúa creciendo, podría llevarlo -¿por qué no?- al gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Y Julio Cleto Cobos -aunque su fuerza electoral no fue testeada directamente en las pasadas elecciones- que me disculpe, pero no encuentro aún motivos convincentes para confiar en sus condiciones presidenciales.

El fenómeno de las burbujas trae al tapete la cuestión de la responsabilidad del votante, en un ambiente cultural en que éste se siente mucho más inclinado a ver la paja en el ojo del representante que la viga en el suyo. En cuanto a la geometría variable del peronismo, patente en el número de alianzas electorales en las que participaron agrupamientos peronistas, mi hipótesis es que ha cambiado radicalmente si tomamos en cuenta la historia pasada: antes, los peronistas se abrían -si no quedaba más remedio- para volver: los incentivaba la existencia de un electorado relativamente cautivo que definía un campo de disputas unificado, el “peronismo”.

La “Gran Cafiero” de 1985 ilustra este comportamiento. Ahora, ese campo electoral unificado no existe, y los distintos peronistas tienen incentivos para permanecer, literalmente, con un pie dentro y otro fuera. Muy pronto podremos testear esta hipótesis. Si los principales peronismos consiguen dirimir su disputa en una sola interna peronista (abierta o cerrada) entonces sería equivocada. Veremos.

*Publicado en el diario La Nación el domingo 5 de julio de 2009.

Posted in Elecciones 2009, Kirchnerismo, Politica Argentina, Populismo.

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4 Responses

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  1. Luz del Día says

    Uno de los problemas para pensar las cuestiones electrales es que las mismas son demasiado complicadas como para reducirlas a un par de párrafos. Por eso, entiendo bien que la necesidad de volcar ideas en un editorial periodístico obliga a resumir, a veces hasta convertir una idea en una caricatura. Pero allí está la hipótesis y quisera comentarla.

    En la Argentina no hay UN electorado. Hay electorados diversos, muy diversos y, sobre todo, hay formas igualmente diversas de producir el voto. Ni siquiera puede afirmarse que un distrito tenga una característica única, como puede observarse en la mayoría de las provincias. La figura del elector moderno, como la propia idea de ciudadanía, no es sino una utopía, aunque esta utopía sea crucial en tanto es constitutiva de la modernidad. Pero el porblema no es la “responsabilidad” del elector (un vocablo que presupone cierta voluntad normativa), sino que la gente cuando vota no es una expresión más o menos responsable de la visión utópica inscripta en la definición del “ciudadano elector”. Cuál sería la responsabilidad, me pregunto, de la gente que es arrastrada en Formosa para votar por alguien que seguramente ni conocen, luego del secuestro de sus DNI lo cual, además, constituye un delito federal. Menciono este caso porque creo que es una versión extrema del problema que intento plantear, pero no creo que diferente a tantas otos casos. Por ejemplo: cuánto elector jóven conoció y votó a De Narvaez gracias a Tinelli? Ciertamente una forma de producir sufragio que escapa a los cánones de cualquier visión clásica del elector responsable.
    Por eso, Solanas es una expresión no de la volatilidad “del electorado” sino en todo caso lo sería del electorado porteño, cuyas características difieren sustancialmente de otros electorados, aunque más no sea porque se trata del único distrito absolutamente urbano de todo el país (aunque por cierto no sólo por esto). Y si uno mira la historia electoral de la ciudad, desde la famosa victoria del PSI en 1930, situaciones similares se han producido en muchas ocasiones. Me parece necesario encontrar explicaciones que no pasan simplemete por mostrar su “volatilidad”. Qué expresa esa “volatilidad”? Qué formas de producción del sufragio está expresando? Yo creo -es una simple suposición- que Solanas nunca va a lograr ser jefe de gobierno, en buena medida porque si algo destaca en ese electorado porteño es una enorme capacidad para distinguir elecciones legislativas de las ejecutivas. En ese sentido, creo que se trata de un electorado mucho más “responsable” de lo que sugiere la nota, aunque en esta idea de responsabilidad ya sobrevuela también algo de tentación valorativa.
    A mi entender, el voto a Solanas es la expresión de la crisis a la que el kirchnerismo ha llevado al llamado “progresismo” que, también hay que recordarlo, gobernó la ciudad durante muchos años. Entre las tantas demostraciones de las escasísimas luces políticas de Nestor Kircher -uno de los políticos más torpes y a la vez sobrevalorado de toda la historia argentina- la casi desparición de los elencos progresistas de la ciudad debe anotarse en su haber. Los fagocitó hasta dejar el espacio sin referentes. Pero los electores que quieren votar al progresismo están allí y vieron en Solanas la posibilidad de encarnar su voto. No es simplemente un voto volátil, sino la expresión de este doble proceso: hartazgo con una gestión identificada con el signo del progresismo y consecuencia natural del sistemático asesinato al que Kirchner sometió a los eventuales liderazgos de ese espacio. Podría argumentarse que Carrió también fue parte de esta “masacre”, es cierto, aunque creo que en una medida menos intensa y despiadada.
    Un fenómeno distinto es el del Cobos. De tantas formas opera como la contracara de Kirchner que, así como al ex presidente se lo sobrevalora muy por encima de sus pocas luces, al vicepresidente se lo subvalora en exceso. Es cierto que hay en su figura aún mucho de misterio que finalmente puede no ser sino incapacidad. Pero no es Solanas, vamos: desde el punto de vista de la administración, ha sido gobernador de Mendoza (y justamente en un momento bien complicado en el cual esa provincia perdió su apacible ritmo cuyano como consecuencia de la explosión del comercio con Chile y el Pacífico); desde el punto de vista político fue el único capaz de plantarse ante Kirchner cuando la casi totalidad del elenco político supestamente apto para el gobierno escapaba al baño aceleradamente para evitar papelones públicos ante un sólo grito del líder. Creo que el problema de Cobos no es Cobos, sino esa especie de espada de Damocles que pesa sobre cualquier presidente que no sea peronista en la Argentina. O cree alguien seriamente que si Cristina fuera de un partido no peronista seguría sentada en el sillón de Rivadavia? Que clase de estructura de poder es el peronismo, capaz de someter a todo el sistema político argentino a semajante condición?
    Muchas gracias por su blog!

  2. Marcos Novaro says

    Tanto la nota de Tito como las objeciones de Luz del Día me convencieron, lo que demuestra que debo andar medio confundido. Como sea, aun aceptando las diferencias entre Solanas y Cobos, y hasta las expectativas que es lícito tener con alguno de ellos o con otras “figuras emergentes” del 28 de junio, creo que el argumento fundamental de Tito al respecto, que no hay que apurarse a festejarlas y no hay muchos motivos para pensar que vayan a pasar fácilmente de las críticas al kirchnerismo y la seducción de una volatil opinión a la construcción de sólidos proyectos políticos, se sostiene. Pero lo que me parece de todos modos más interesante es el otro punto, que apenas presenta y creo merece mucha más atención: ¿puede el peronismo volver de algún modo a ser un partido, o seguirá siendo un espacio político sin forma, sin bordes claros, y con varias opciones compitiendo abiertamente entre sí? Si entiendo bien la alternativa que atrae a Néstor en estos días es evitar que eso suceda: con el objetivo de reflotar la transversalidad ahora desde una posición minoritaria, preferirá obviamente que se divida, incluso que pierda las elecciones del 2011. Como en muchas otras cosas, repite lo de Menem, pero peor.

  3. daniela says

    Lástima luzdedía, no me acostumbro a los nicks. Interesantes la nota y el comentario.
    Ahora me queda una duda, ¿alcanza con pensar que es por distinguir entre elecciones legislativas y las otras, para entender que el electorado de la Capital vote Macri…Solanas?
    Luzdedia, me resulta oportuno dejar de juntar `responsabilidad` con ese dejo moral y ver de si es posible educar en la vida política a nuestra prole.

    Definitivamente coincido en la necesidad de pensar cómo se produce el voto Y sí, recuerdo la “gran Cafiero”, y hasta con algo de nostalgia.

  4. Ricardo says

    Yo no creo que ni la capacidad de Kirchner sea tan sobrevalorada ni la de Cobos tan infravalorada.
    Es mas, creo que la capacidad de Cobos está sobrevalorada.
    No se cuántas veces más fácil será ser oposición que oficialismo.
    La muñeca necesaria para una o para otra son distintas por el simple hecho del nivel de responsabilidad, para empezar.
    En cuanto a la estructura de poder que es el Peronismo… Bueno, si, el peronismo es el único garante de la gobernabilidad que tiene el país en este momento. Y, como tal, también tiene la capacidad de garantizar la ingobernabilidad.
    Esto es mérito del Peronismo y desmérito de los demás partidos y/o actores políticos.
    El peronismo reemplaza en ese sentido lo que fue el Partido Militar y el Partido del Mercado. Si queremos ser optimistas, es menos malo que la estabilidad dependa de la política y no de las armas o el hambre y el bolsillo.
    Y es desmérito de los demás actores políticos por su profunda incapacidad para construir poder. Ellos son los que perdieron credibilidad con los factores de poder reales del Pais.