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¿Y por qué no tirar del hilo de las internas abiertas obligatorias?*

Fue del todo razonable que la oposición aceptara el diálogo propuesto por el Ejecutivo nacional a condición de ampliar su agenda, e incluyera en ella los temas de políticas públicas que necesitan urgente solución, y sólo pueden encontrarla a través de un acuerdo interpartidario. Una vez comprobado que no es nada fácil avanzar por ese camino, los concurrentes al diálogo parecen haber quedado expuestos a la crítica de los opositores desleales: los que sugieren, como Carrió, que incluso aceptar sentarse con el Ejecutivo es un grave error, o algo aun peor, un acto de complicidad imperdonable.

Tal vez haya algo de cierto en que se ha cometido un error, pero en todo caso no fue ese que señala la señora Carrió: tal vez lo que sucedió fue que, en su afán de ampliar la agenda, se pasó demasiado rápidamente por alto la oportunidad más a la mano de avanzar en algún acuerdo concreto. Y si esa posibilidad existió y todavía existe, es en un asunto que no tiene que ver con las políticas públicas, sino con las reglas de juego, y que reviste no poca importancia para evitar males mayores en el proceso de transición que se ha abierto tras el 28 de junio: nos referimos al tema que figuraba solitario en la agenda con que el gobierno hizo la convocatoria a los partidos, el de la reforma política, y más en particular a la medida que el oficialismo sugirió al respecto, la reimposición de la norma, derogada en 2006 y nunca cumplida, para que todas las fuerzas políticas estén obligadas a hacer internas abiertas simultáneas para definir sus candidatos.

La norma en cuestión es muy discutible, pero tendría en los tiempos que corren un indudable beneficio: permitiría imponer un cronograma para resolver las disputas internas en los partidos y las coaliciones de cara a las elecciones de 2011, y acotar de modo rápido e incruento el juego especulativo resultante del entrecruzamiento de amenazas de cambio de bando, rupturas de acuerdos y del festival de promesas de apoyo de todo tenor y grado de credibilidad que se ha desatado como fruto de los resultados electorales. Porque convengamos en que no todo lo que ellos produjeron es para festejar: han contribuido a fragmentar como nunca antes el escenario político, y a diversificar las opciones a la mano de los distintos líderes y facciones; con lo que, dada la escasa certidumbre sobre lo que puede suceder de aquí hasta las próximas elecciones, lo más razonable sea para los involucrados conservar el mayor margen posible de libertad, prometer pero no comprometerse a nada, y tratar de adivinar las cartas y las apuestas de los demás antes de decidir las propias. Igual que en el terreno de la economía, el contexto es, en suma, favorable a una acelerada fuga de capitales, y a la desinversión, porque quien se arriesgue a colocar sus fichas en el tablero antes que el resto, tal vez pueda arrancar con ventaja, pero corre serios riesgos de perderlo todo en caso de que las cosas empeoren y su apuesta falle.

Puede concluirse de lo dicho que cambiar el cuadro de situación, imponiendo de común acuerdo reglas inescapables para todos, que creen certidumbre y en cierta manera obliguen a invertir en una u otra de las muchas opciones disponibles para cada cual, es muy oportuno, y a la larga puede ser beneficioso para todos. Incluso puede ser más importante que acordar sobre una u otra política pública, pues la existencia o no de reglas de juego tendrá un efecto decisivo sobre cualquier política que se intente.

Pero si es así, ¿por qué los opositores han sido tan indiferentes ante la propuesta oficial? Parte de la explicación puede ser que, como no confían en el Ejecutivo, ven gato encerrado en su sugerencia: los peronistas disidentes temen que los Kirchner usen los recursos del presupuesto para condicionar a los candidatos, o para digitar a su favor el resultado de una interna, y el ACyS, y en particular Cobos, creen que los quiere perjudicar, llevándolos a una fractura, u obligando al vicepresidente a renunciar antes de tiempo. Tal vez haya algo de cierto en todo esto, pero también puede ser que en la negativa opositora haya motivos más difíciles de confesar.

Muchos de los radicales y sus aliados temen que, en una interna abierta, Cobos se imponga por su popularidad sin necesitar de la ayuda que ellos pueden brindarle, y entonces les birle el control del resto de las candidaturas y gane demasiada autonomía, como sucedió con De la Rúa en 1998. Los jefes territoriales de la UCR, los socialistas y Stolbizer pueden sacar más ventaja de postergar las cosas, mantener abierta la opción por una candidatura propia y dejar mientras tanto que Carrió siga torpedeando al mendocino con sus sermones principistas. Por su parte, los peronistas disidentes, y en particular Reutemann, Das Neves y demás aspirantes a suceder al kirchnerismo en el gobierno y en el control del PJ, no tienen ningún apuro en avanzar hacia esos objetivos. Por un lado, porque necesitan que los Kirchner hagan lo que se niegan a hacer, aplicar un ajuste en las cuentas públicas, y que el desprestigio resultante se cargue en ellos, y no en el conjunto del peronismo, que podrán presentar como libre de culpa y cargo por todos los desmanejos cometidos en estos años cuanto más lejos todos ellos se mantengan de cualquier decisión oficial. Claro que arrebatarles cuanto antes el control del partido podría ser también una forma de lograrlo, pero para eso deberían adelantar el apoyo a un nuevo líder, con lo que caerían en los mismos problemas que los radicales tienen con Cobos, y el riesgo que correrían frente al Ejecutivo sería el opuesto: enajenarle todo su respaldo partidario puede ser una vía rápida y segura hacia el caos. Así que la opción preferida también parece ser mantener lo más posible la ambigüedad, estirando un tiempo de indefinición hasta que la situación misma decante en su favor.

Todos estos razonamientos son, por decir lo menos, de corto aliento, cálculos de ocasión. También ellos, fruto de un escenario carente de reglas y sometido a todo tipo de eventualidades. Tal vez sea mucho exigirles a nuestros dirigentes que miren más allá, que se pongan por encima de las circunstancias y se arriesguen a convertir el declive del poder kirchnerista en la oportunidad para mejorar el sistema político. Pero al menos podrían intentarlo, porque sería finalmente en su propio beneficio.

*Publicado en El Tribuno de Salta.

Posted in Elecciones 2009, Kirchnerismo, Politica Argentina.

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13 Responses

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  1. PAC says

    Buenas: como casi siempre, me pareció muy bueno el post. Ahora bien, me surgen dos dudas. La primera es que el apoyo a una reforma que vuelva a instalar la obligatoriedad de las internas partidarias está marcado por una cuestión coyuntural: en un contexto sin reglas claras, donde la fragmentación se ha vuelto moneda corriente, la realización de internas podría ordenar un poco el escenario. Pero ¿constituye una cuestión coyuntural una buena razón para apoyar una normativa que va, al menos en principio, a durar más allá de la especial coyuntura en la que ella es adoptada? O, en otros términos, ¿no deberíamos pensar en los méritos o inconvenientes de las internas obligatorias dejando de lado, aunque sea parcialmente, a la coyuntura?
    La segunda duda es la siguiente. Si un (pre)candidato se siente fuerte frente a la “ciudadanía independiente”, ¿no podría nuestro sistema electoral presidencial, con doble vuelta, incentivarlo a “jugar por fuera” de un partido, especulando con la posibilidad de colarse en esa segunda vuelta? En el ejemplo de Cobos, si éste se sintiera lo bastante fuerte, podría amenazar al resto de los “cívicos” con postularse por fuera, contando con la posibilidad de que, llegado el caso, podría “clasificar” para el ballotage sin el apoyo de los “cívicos”. Volviendo a poner la idea en otras palabras: el sistema electoral presidencial puede operar en sí mismo como una especie de interna abierta, tal como, con los matices del caso, ocurrió con el PJ en el 2003.
    Saludos!

  2. mario says

    El post desnuda una omisión generalizada entre las fuerzas políticas asistentes al diálogo. De allí que la pregunta sería ¿ hay voluntad de impulsar una reforma política ?. Respecto a una de las observaciones de PAC, el legislador siempre debe impulsar una norma que atienda a la realidad que siempre es coyuntural. Más que un producto académico y teórico debe construir una solución En este caso, me parece que las elecciones internas abiertas simultáneas y obligatorias son necesarias pero no suficientes. Es preciso reglar tambien los presupuestos constitutivos de las coaliciones para reducir niveles de especulación, tal como refiere PAC. La actual precariedad nos exhibe tres coaliciones predominantes en crisis de funcionamiento. La coalición de gobierno, el ACyS ( ha trasladado a la coalición la lógica de los movimientos internos del partido radical) y la del triunvirato pro. Me inclino a pensar que la convocatoria al diálogo, partía de esta lectura.

  3. Federico says

    No me parece que las internas abiertas y obligatorias sean la solución. Es cierto que es necesaria una reforma en la estructura de los partidos, pero la reforma debe surgir del propio partido.
    Ya tenemos el precedente del fracaso del intento anterior de generalizar las internas abiertas, no veo porque habría de funcionar ahora, en todo caso la situacion esta mas complicada que en el 2005. Además, una interna por si sola no garantiza cohesión (el partido de lopez murphy se separo por los resultados de una interna por ejemplo).
    Las internas abiertas deben ser una opción de los partidos, no una imposición, y en definitiva la normalización y choesión del partido debe venir de la mano de aquellos que tienen genuino interés enque esto suceda.

  4. Marcos Novaro says

    Estimados, retomo dos objeciones relacionadas, de PAC y Federico, me parece que confiar en la autorreforma es un poco iluso, los partidos por sí mismos son incapaces de resolver sus problemas, al menos necesitan un poco de ayuda de fuera, en primer lugar, y en segundo lugar, si la ley entre 2002 y 2006 no funcionó fue creo porque desde 2003 primó el impulso del Ejecutivo nacional en dirección a reordenar el sistema a su gusto, que como sabemos falló. Ahora el gobierno es mucho más débil y los candidatos a sucederlo tienen motivos para sentirse inseguros, así que se reúnen creo al menos condiciones mínimas para que una regla común pueda alcanzarse y aplicarse: los puede beneficiar a todos, o al menos casi todos pueden creer que los puede beneficiar. Saludos

  5. Federico says

    Marcos,

    Es cierto que el gobierno es mas debil hoy, pero el PJ sigue siendo el partido fuerte del pais, y no fue solo el gobierno nacional el que boicoteo el proyecto. Facilmente una situación igual prodría repetirse. Paso a nombrar algunas objeciones mas:

    1- No soy abogado, pero creo que hay precedente jurídico como para que una facción de un partido busque anular el proceso de internas obligatorias o impugne su resultado (ver caso Salvatierra).

    2- Las elecciones internas no son nuevas, quizas no son tan comunes como nos gustaria, pero tampoco son la panacea. Fueron un práctica mas o menos regular en el PJ y UCR, y esto no impidió la crisis en estos partidos. No hay forma de asegurar que las internas abiertas y obligatorias mejoren el funcionamiento de los partidos.

    3- Las internas obligatorias representan un cercenamiento de la autonomia partidaria y de los derechos de los afiliados. Me podrías decir que es un pequeño precio a pagar por la normalización de los partidos, pero esto no esta asegurado y yo por mi parte creo que no es un precio tan pequeño.

    4- En la misma línea del punto anterior, el proyecto de internas obligatorias puede damnificar especialmente a los partidos mas chicos a los cuales les convendría, en un principio, manejar otro tipo de sistema para la selección de candidatos.

    En fin, tengo muchos mas cuestionamientos, pero no quiero aburrir demasiado. Me diculpo por la extención, pero el tema es de mi interés.

    Saludos.

  6. Andrés el Viejo says

    Me permito presentar dos objeciones, una de carácter más general y otra más bien circunstancial.
    Creo que todo intento de resolver la llamada crisis de los partidos por medio de reglamentaciones legales pretende atacar la fiebre sin curar la infección. Los partidos no están en crisis porque algunos malvados los usen en provecho personal (esto ocurre en todo el mundo y no necesariamente causa crisis e incluso a veces proporciona estabilidad), sino porque refractan las dificultades derivadas de un momento de transición, en el que el neoliberalismo imperante durante casi treinta años quebró y no está claro cómo y con qué será reemplazado. Las ambiciones y pequeñeces personales tienen su papel en esta comedia, pero el libreto se escribe en otra parte. No importa qué alquimias se intenten, la crisis de la representación política sólo podrá resolverse (si se resuelve) cuando aquel interrogante tenga respuesta.
    Los intentos artificiales de reforma, en tanto, no son inocentes. Las internas abiertas son un mecanismo, como se ha señalado en algunos comentarios, que viola la razón misma de ser de un partido político. Este, se supone desde los tiempos de güelfos y gibelinos, es un agrupamiento voluntario de ciudadanos que comparten la defensa de ciertos intereses, ideas y programas de acción. Sus decisiones, por tanto, ya se trate de acciones, autoridades internas o candidatos, deben ser tomadas por los ciudadanos comprometidos con esos rasgos comunes. ¿Qué sentido tendría que yo votara las resoluciones, autoridades y candidatos de un conjetural Partido Monárquico? Semejante distorsión permite, además, que unos partidos intervengan subrepticiamente en las decisiones internas de otros, como bien pudo comprobar Carlos Alvarez cuando perdió la interna a manos de José Bordón. Pero esto es lo de menos; son picardías menores. Lo más grave es que el sistema de internas abiertas tiende necesariamente (y, agrego, deliberadamente) a la dilución del carácter propio de los partidos, tendiendo a hacer un magma indiferenciado en que da más o menos lo mismo un partido que otro. Modelo que a la larga resulta insostenible. El caso más logrado de un partido solo con dos nombres y dos listas de candidatos (EE.UU.) ha empezado a resquebrajarse con la derechización creciente del Partido Republicano.
    La otra objeción es de orden más limitado. Federico comenta: “Es cierto que es necesaria una reforma en la estructura de los partidos, pero la reforma debe surgir del propio partido”. Y Marcos responde: “los partidos por sí mismos son incapaces de resolver sus problemas”. Me parece advertir aquí una contradictio in terminis. La legislación que “resuelva los problemas” debe ser aprobada por esos mismos partidos. Si estos son incapaces de resolver sus problemas en su propio ámbito, ¿por qué serían más capaces de hacerlo desde la legislación? ¿No suena esto, una vez más, a sacar la cuestión del ámbito de los afiliados y ponerlo en un terreno que se supone más recoleto y más atento a las oopiniones de los politólogos que a las de los integrantes de los partidos?
    Saludos

  7. Federico says

    Andres el Viejo,

    Estoy casi completamente de acuerdo con tu comentario, pero me reservo sobre si la crisis de los partidos es provocada deliberadamente por grupos interesado. Para mi responde mas a cambios en la sociedad civil que los partidos no saben interpretar. En realidad las practicas de los partidos fueron iguales en los 80, en los 90 y siguen siendo iguales hoy.
    Y no todos los politólogos estamos a favor de las internas obligatorias, ni siquiera los que no estamos afiliados a ningun partido. :)

  8. Marcos Novaro says

    Estimados, puede que muchas de las objeciones a las internas abiertas obligatorias tengan buen fundamento, pero no veo muchas alternativas que no merezcan objeciones igual de atendibles. La conclusión de unas y otras objeciones podría ser un cierto escepticismo respecto a la posibilidad de cualquier reforma, la contracara de años de expectativas en la “reforma política” que se han consumido en nada. Y de vuelta estaríamos entonces frente a la pregunta que me planteaba al comienzo: dado el marco en que se está desarrollando la transición a un nuevo gobierno, no es preferible casi cualquier regla a la falta de reglas? Mi opinión es que dado que no va a haber acuerdo sobre políticas es más necesario que lo haya sobre un mecanismo para ordenar la competencia, sólo eso, saludos

  9. El Observador says

    Coincido en que se está perdiendo una interesante oportunidad para normalizar el sistema de partidos, y dejar de lado esta “ley de lemas ad hoc” en la que se han convertido las elecciones últimamente.
    Creo que la causa que motivó el fracaso del diálogo fue la agenda abierta, cuando en realidad el diálogo con todos los partidos tiene por objetivo la reforma política. Para gobernar está el gobierno. Para Legislar está el congreso. Se supone que el encuentro entre los referentes de los partidos con el ministro del Interior y el vicejefe de Gabinete, Abal Medina (reconocido politólogo) , se debe concentrar en consensuar las internas abiertas obligatorias. En cambió el diálogo derivó hacia grandes temas (pobreza, seguridad, etc) en los que nunca todos los partidos van a consensuar.
    En fin, a la luz de la actitud y de estos grandes planteos que realizaron los partidos políticos opositores, se desprende que no tienen como objetivo la reforma política. Una lástima, y a su vez, una contradicción ya que estos partidos constantemente se quejaban porque las elecciones terminaban siendo una gran interna peronista. Quizá que de cara al 2011 el Acuerdo Cívico y Social (UCR, CC y PS) prefiere enfrentar a un peronismo disperso y elegir a su candidato puertas para adentro.
    Deberíamos reflexionar y buscar la respuesta de por qué los partidos políticos le tienen miedo a las internas (Recordemos que también en el 2006 la UCR y el PJ votaron por la anulación de la ley de internas simultáneas y obligatorias). Una de las respuestas es que las internas le quitan a los partidos el poder de dar premios y castigos manejando las listas y candidaturas.

  10. PAC says

    Buenas: sólo una cosa, la sentencia en el caso “Salvatierra”, dictada por la Cámara Nacional Electoral en noviembre de 2002, desarrolló una doctrina bastante restrictiva en relación a quiénes y cómo pueden atacar la constitucionalidad de normas, legales y reglamentarias, que regulen en materia electoral y de partidos políticos. En ese caso en particular, en el que se analizaban dos reclamos, uno iniciado por una persona, Salvatierra, que sólo invocaba su carácter de “ciudadano” y otro, planteado por una afiliada al PJ, la Cámara sostuvo que ni el “ciudadano” ni la “afiliada” tenían legitimación activa. Dicho en criollo: no tenían derecho a formular su reclamo ante la justicia. La razón por la cual ello es así es que, según la Cámara, los reclamantes no pudieron demostrar de qué forma la aplicación del régimen de internas obligatorias, abiertas y simultáneas les generaba un perjuicio.
    Además, aunque NO analizó en forma detallada la constitucionalidad del mecanismo de internas obligatorias, abiertas y simultáneas, sí dejó sentado el criterio general de la presunción de su validez constitucional (algo que, en verdad, no dice mucho porque las leyes siempre se presumen inconstitucionales y siempre pueden, eventualmente, ser declaradas inconstitucionales en un expediente, si se cumplen los recaudos del caso).
    O sea que, en definitiva, el caso “Salvatierra” es más un escollo que una ayuda para quienes deseen impugnar la constitucionalidad del régimen de internas abiertas y obligatorias.
    Saludos!

  11. Federico says

    Puede ser, no es mi punto fuerte. Yo tengo entendido que el fallo en primera instancia avaló el reclamo pero la cámara electoral desestimó el fallo, pero sin resolver sobre la constitucionalidad de la reforma. No tengo idea si el caso Salvatierra puede o no presentarse como precedente válido.
    Saludos.

  12. Silvia says

    Estimados, desde la practica cotidiana, que se no soslaya todos estos aportes academicos, por el contrario, el miedo a las internas abiertas supone, en mi caso particular de militante no peronista del conurbano, haber visto como funciona el sistema desde dentro. Y todas las sorpresas que esconde en sus pliegues.
    Por ej: el intendente Othacehe, un democrata, alardeo este año que el eligio a lista de concejales, y tambien a las de la oposicion -mas de una-. Es que los abundantes -en recursos humanos, económicos, institucionales- aparatos del PJ del conurbano, hacen eso: eligen a los concejales de la oposicion antes de las elecciones. Luego, pasan a cobrar -valgan comillas, ya que las omiti- en determinadas votaciones que les son “sensibles” (aqui no pude evitar las comillas)
    De todas formas, creo que la compleja crisis de los partidos politicos no se resuelve resuelve solo por la via normativa, pero necesita de un menu de normas remozadas: la ley de partidos politicos y las suscesivas manipulaciones del codigo electoral no ayudaron por cierto a consolidar fuerzas, a mejorar la representacion ni la oferta de candidatos… Saludos!

  13. PAC says

    Federico: Tenés toda la razón. El fallo de primera instancia resolvió el caso de la forma en que vos indicás. Pero la legislación establece la obligatoriedad general de los fallos de la Cámara Nacional Electoral. Ello hace que si se volviera a plantear un caso similar, Servini de Cubría debería resolver como lo hizo la Cámara.
    Saludos!