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Legados de ingobernabilidad

“La gente nos pidió, el 28 de junio, que profundizáramos el modelo y que lo aceleremos”. Puede sonar como el discurso de un enajenado. Tal vez sea una más de esas revelaciones que vienen acumulándose respecto a que el ex presidente, y más en general el kirchnerismo, van perdiendo progresivamente todo registro de la realidad. Pero puede también que haya algo de racionalidad en la peculiar reacción que esa frase revela ante los resultados electorales: exploremos esta posibilidad.

El populista crea, a largo plazo, una situación insostenible, autofrustrante. Es como un capitalista que actúa en el mercado pero permanentemente quiere violar sus leyes, invirtiendo en negocios efímeros y acumulando deuda que no podrá pagar. Pero como en este caso, en el corto plazo genera condiciones para su propia reproducción: entender este punto es fundamental para comprender la sobrevida del kirchnerismo, y su radicalización, luego de la crisis con el campo, y de nuevo ahora, tras su derrota en las parlamentarias; pese al “divorcio de las masas”, a las que tanto celebra en sus discursos, que esos acontecimientos revelaron.

Veamos algunos ejemplos. Por caso, la inflación: aumentar el gasto y alentar subas de salarios en un contexto recesivo, cuando ya se está en medio de un proceso inflacionario de carácter crónico sólo puede redundar en la aceleración de los precios, pero ello no necesariamente perjudica al gobierno, porque es a él a quienes se dirigirán sindicatos, empresarios, gobernadores y demás interesados para que se les habiliten nuevos aumentos de precios, salarios y recursos. La inflación a la larga corroe la capacidad del gobierno de controlar la situación, pero en lo inmediato, la refuerza.

Otro buen ejemplo es lo que sucede con el mercado de capitales: las intervenciones discrecionales del Ejecutivo alientan la fuga de capitales, pero como no todos los capitales pueden fugar, o al menos no todos lo pueden hacer a la misma velocidad, opera una suerte de disciplinamiento de los “rehenes”, que se amoldan a las reglas impuestas desde el gobierno para evitar mayores perjuicios, al menos mientras esos costos no sean mayores que los costos inmediatos de la salida. La situación de los bancos en los últimos tiempos y las de las empresas de servicios privatizadas desde el comienzo del kirchnerismo ilustran bastante bien esta situación.

Algo no muy distinto sucede en el plano estrictamente político: el vértice kirchnerista entiende muy bien las ventajas que le provee tener el control del Ejecutivo y de todavía considerables recursos fiscales, frente a un arco peronista cada vez más renuente a acompañarlo. Y han dado señales claras de estar dispuestos a usarlos a pleno en la coyuntura, independientemente de los costos que se acumulen de cara a un cada vez menos lejano 2011. Eso les puede bastar para retrasar lo más posible el momento inevitable en que surja un candidato firme a reemplazarlos, y reducir de paso sus chances de conseguirlo. Como sucedió ya al final del menemismo, para el líder peronista en decadencia ser sucedido por un no peronista es preferible a serlo por un peronista desafiante, dado que en el primer caso al menos tiene chances de retener el control de una parte del movimiento, y podrá esperar al siguiente turno.

Este cálculo es además un motivo suplementario para que la transición siga un curso en que las tendencias populistas se refuercen cada vez más: de allí que sea difícil esperar que la competencia y colaboración entre los actores políticos se acomode a condiciones mínimas de estabilidad y criterios de responsabilidad: de entre los escenarios más posibles tal vez haya que elegir entre uno malo, y otro peor.

¿Cuál sería el escenario deseable para la transición que se ha abierto? ¿qué conductas él requiere de oficialistas y opositores? Imaginemos una oposición que, pese a las diferencias que la atraviesan, se une para detener las iniciativas más destructivas y polarizadoras del Ejecutivo nacional, y fuerza al mismo, o al menos a las porciones del mismo más moderadas, a cooperar en pro de soluciones consensuadas. En el caso de la ley de radiodifusión, por ejemplo, significaría la formación de una mayoría que introdujera cambios, asegurara menos intervencionismo discrecional, un mínimo de reglas de juego estables y legítimas. Sería replicar el caso de la emergencia agropecuaria pero sin veto presidencial, algo difícil de imaginar: en el escaso tiempo transcurrido desde el 28 de junio se ha visto que esto no es algo que interese al Ejecutivo, y que la oposición tiene dificultades crecientes para lidiar con sus propios conflictos, de cara al 2011, y con su necesidad de posicionarse para sacar ventaja del descrédito oficial.

Otros dos escenarios son en cambio más posibles, pero claramente son menos estimulantes, aunque no en el mismo grado, ni por los mismos motivos. En uno de ellos, los legisladores y gobernadores peronistas, estimando poder sacar tajada de colaborar disimuladamente con el Ejecutivo, dejan pasar sus proyectos mientras mantienen un discurso público crítico que les permite desentenderse de los efectos no queridos de las decisiones adoptadas y tomar distancia en los asuntos que vuelven impopular al oficialismo. Fue con esta lógica que se mantuvo la cohesión de las bancadas peronistas al tratarse las facultades delegadas, como antes sucediera con la estatización de los fondos de pensión, y pronto sucederá posiblemente con la ley de radiodifusión, y con más seguridad, con la suspensión de la ley de responsabilidad fiscal y la renegociación de deudas provinciales. La liquidación forzada de empresas de medios en muchas provincias puede ser un anzuelo atractivo para esos actores políticos, así como para los sindicales. De este modo, el kirchnerismo logra postergar lo más posible una resolución de la interna peronista, y eventualmente fuerza a los disidentes a romper con el partido. Por este camino además se abren frentes de conflicto cada vez más intensos con otros actores, como sucedió con el campo, y sucederá seguramente en el terreno judicial con los dueños de medios. Pero el efecto más grave no será ninguno de esos sino que los conflictos se dilatan y se agravan en el camino hacia el 2011. La consecuencia sería una batalla electoral en que Cobos tendrá todas las de ganar, pero puede heredar una situación muy difícil de manejar. Algo parecido al final de los noventa.

El tercer escenario puede ser en algún sentido más auspicioso, pero en sus efectos podría terminar siendo aun peor: si los disidentes peronistas logran abroquelarse, en torno a un referente o a varios dispuestos a cooperar entre sí, e imponen una vía para que el PJ tenga un candidato único y opuesto a la Rosada, y junto con el resto de los opositores bloquean proyectos del Ejecutivo, lo esperable es que el Ejecutivo apriete aún más la canilla de recursos hacia las provincias rebeldes, insista con decretazos y vetos, en suma, escale todos los conflictos. Una conflagración sin reglas entre sectores peronistas puede en este caso llevar a un juego de retagliación que vuelva completamente incierta la transición. La tentación de recurrir a salidas populistas se reforzará: provincias emitiendo bonos, convocando a movilizaciones contra la nación y suspendiendo el pago de compromisos, pueden ser acompañadas de la judicialización generalizada de los conflictos, y un deterioro de la situación económica, con inflación y recesión crecientes, completaría el cuadro ideal para una crisis de proporciones. La transición que tenemos por delante se parecería entonces más bien a la de fines de los ochenta.

Por lo que vemos, que se de un escenario o el otro, depende en principio básicamente de la actitud que adopte el peronismo hacia el gobierno que se ejerce en su nombre. Pero los resultados afectarán esencialmente al próximo gobierno, que mientras más serio sea el deterioro del actual, más chances tiene de ser uno de Cobos y el Acuerdo Cívico y Social. Y el asunto es determinar qué escenario le conviene a él. En principio, lo más fácil para Cobos y el AcyS es seguir como hasta aquí, mostrarse lo más moderados y ajenos posibles a los conflictos, puede que de ese modo la posibilidad de que el gobierno simplemente caiga en sus manos se incremente. Pero puede también que ello suceda en condiciones bastante más complejas de las que les convienen.

Claramente ninguno de los dos le es muy redituable: en el de una progresiva acumulación de problemas irresueltos, las cosas pueden resultarle peligrosamente similares que a De la Rúa y la Alianza: acumulación de deudas y compromisos imposibles de afrontar. La experiencia del gas y la inminente resolución de la cuestión de las deudas provinciales son un indicio de lo que cabe esperar. Cobos y el AcyS podrían intentar otra vía, pero tal vez consigan el peor resultado: azuzar al tigre herido, alentarlo a escalar los conflictos, como ha hecho con Clarín, con el campo. Desescalar sería entonces un precio tal vez alto pero no demasiado alto para quienes adviertan que su principal problema es la tendencia del peronismo a dejar herencias envenenadas.

Posted in Elecciones 2009, Kirchnerismo, Politica Argentina, Populismo.

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14 Responses

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  1. Rinconete says

    ¿Realmente el discurso de Kirchner suena como el de un enajenado? ¿Realmente el kirchnerismo va perdiendo progresivamente todo registro de la realidad?

    Es extraño, el oficialismo pasa de ser solamente un mal gobierno a ser un populismo enajenado, carente de escrúpulos, cuya única voluntad es la de sobrevivir o al menos dejarle un país en llamas a la siguiente mayoría (aunque sean proyectos más o menos contradictorios).

    Obama inyecta liquidez en el mercado. Una liquidez descomunal que sin duda redundará en una inflación que durante años sus conciudadanos deberán afrontar. Nadie seriamente calificaría a Obama por eso de populista.

    Zapatero interviene en el sector de los medios a través de un decreto. Una forma legal y sobre todo efectiva, aunque menos republicana que una ley aprobada por el congreso. Algunos grupos de medios, antes afines, hoy lo critican furiosamente. Aunque nadie diría seriamente que el PSOE a perdido todo registro de la realidad o que intenta dejarle al PP un país en llamas.

    ¿Y si solamente el kirchnerismo estuviera haciendo política, de la manera en que se hace política en la Argentina, es decir con gran improvisación, con mesas chicas, personalismo, con capitalismo de amigos, corrupción de partidos y paradigma amigo-enemigo?

  2. Marcos Novaro says

    Estimado Rinconete, aun para los muy bajos estándares argentinos, me aprece que la etapa de decadencia del kirchnerismo va a ser bastante problemática, por eso te diría que las comparaciones con Obama o Zapatero no creo tengan mucho sentido, sí en cambio, compararlo con el Menem del final, después del ’97, o con el Menem del principio, el del ’88, y al hacerlo me parece que queda en evidencia una diferencia importante, Menem era un salvaje en contextos en que sus salvajadas se justificaban y en términos prácticos ofrecían soluciones, Kirchner no enfrenta un contexto que lo justifique y no ofrece soluciones sino sólo problemas. Está recorriendo el camino inverso al que lo llevó al poder: heredó un gobierno ya en funcionamiento y un contexto excepcional, y quiere legar un país que sufra por no haberlo merecido. No creo estar exagerando en lo más mínimo.

  3. Marcelo says

    Lo veo muy parecido a la transición al gobierno de De la Rúa, el peronismo quieto mientras el jefe se muere atragantado, el radicalismo intentando ver como ser gobierno sin empujar al que se va, incluso hay que ver si va cobos con quien va, podría ser una reedicción de la alianza en algún sentido. Una diferencia -no menor- es la inserción argentina dentro del contexto económico mundial, de la rúa no tenía buenos precios internacionales, un dolar competitivo, ni al sector agroindustrial parado, en eso Duhalde le dejó todo servido a Kircher, si no destruye todo antes de irse no creo que haya que pasar por una situación tan traumática de vuelta aunque pueda hacer bastante lio en su desquiciada búsqueda de un aramburu.

  4. Alejandro says

    Marcos, me parece ajustado tu argumento. El problema que le veo a la línea que sugerís al final es de implementación. Para azuzar al tigre herido, los radicales necesitan la cooperación de una parte del peronismo disidente, y no está clara – al menos para mí – la disposición de éste a cooperar con los radicales siquiera en esta instancia. Mientras Solá, de Narváez y algún otro piensen que tienen chances de llegar a una segunda vuelta con Cobos, no harán nada para ayudarlos a bloquear a los K. Quizás el elector de Lomas esté convencido de que ninguno llega, pero tampoco me parece tan claro. Y mientras esa incertidumbre e indecisión se mantengan, parece imposible que emerja una coalición bloqueante.

  5. Rinconete says

    Marcos
    La comparación con actos llevados a cabo por otros poderes ejecutivos me parece legítima, aún aquellas realidades políticas muy distintas, ya que una parte significativa de las críticas al oficialismo actual se focaliza en sus intenciones. No hablamos de proyectos de leyes sino de la desmesura mesiánica de un delincuente enajenado que busca acumular más y más poder.

    El sistema K no ha cambiado demasiado desde sus inicios (lo que representa sin duda uno de sus mayores defectos). Era tan discrecional, táctico, de mesa chica y personalista en el ´03 como anteayer. La diferencia reside en que cuando descabezó la cúpula militar apenas asumió (esa misma cúpula que los ministros de Defensa de la Alianza y de Duhalde habían peligrosamente imaginado involucrar en tareas de seguridad interior), cuando desde el Estado se propició el debate por el relanzamiento de los juicios sobre DDHH, cuando propuso a Zaffaroni o a Argibay para la Corte o cuando negoció la deuda pública a cara de perro (negociación que cualquier empresario hubiera agradecido si hubiera sido llevada a cabo con la deuda de su empresa por su CFO pero que extrañamente algunos criticaban de parte de su presidente), esos gestos fueron saludados por la misma clase media que hoy lo aborrece. No había consenso ni diálogo en ese momento y no los hay ahora.

    La diferencia con Menem, ya que lo mencionás, es que aquel dejó una Corte deslegitimada, un desempleo kilométrico y un Estado desfinanciado y bobo, que debía ser el precio a pagar para que la ciudadanía disfrutara del derrame que los empresarios generarían una vez que los liberáramos de ataduras, cargas y controles.

    La verdadera discusión es si la nueva ley de medios es mejor que la existente o si el fin de las AFJP son mejor para el país que su vigencia. Si Kirchner impulsa la primera para vengarse de la traición de Magnetto o apoyó la segunda para poder disponer de recursos para realizar sus fechorías es un tema bastante menor.

    Por último: Hay pocas instancias tan competitivas en la Argentina como el Ejecutivo nacional. Cada 4 años hay que rendir un exámen durísimo y es improbable sobrevivir a más de 2 períodos. No se puede decir lo mismo de las corporaciones ni de las gobernaciones o intendencias (ahi lo tenemos a Grondona en la AFA, a Barrionuevo en Gastronómicos, como tuvimos a Juarez en Santiago del Estero). No existen líderes eternos (¿Menem, De la Rúa, Chacho?) y la alternancia, aún en crisis, es la norma.

    Es por eso que, insisto, las ocultas intenciones de los presidentes son irrelevantes.

  6. Marcos Novaro says

    Vayamos por partes:

    Estimado Rinconete, El Kirchner de 2003 tenía a Lavagna de Ministro, un poder acotado en el PJ y el Congreso y estaba obligado a ganrse el amor de las masas, hizo cosas buenas y cosas malas para conseguirlo, pero no creo que haya que achacarle a los que lo aplaudieron, entre quienes no me contaba, las cosas malas, ni mucho menos las cosas peores que se le ocurrieron para taparlas y para salir del paso cuando el contexto dejó de ser tan favorable.

    Volver sobre la ley de medios no sé si es oportuno, solo aclararía que en mi opinión sí es relevante qué tipo de gobierno es al que uno le da más poder para decidir sobre los medios: eso no quita legitimidad al actual Congreso para debatir y eventualmente aprobar la ley, pero sí es razonable decir que los partidos deberían atender a la falta de consenso del actual gobierno tanto como a su manifiesta voluntad de meter mano en los medios, para demorar el tratamiento, demorar sobre todo su aplicación y buscar una ley que la apruebe o al menos no la resista una mayoría calificada. Por último, tenés razón que la Presidencia es más competitiva que muchas otras instituciones, y por tanto sería razonable a priori confiarle a ella cierto control sobre los medios antes que a la CGT, los gobernadores o algunas ONGs, es un argumento que quise usar en mi artículo, que es menos lo que va a lograr Kirchner que lo que van a lograr Moyano, la curia y varios otros.

    En cuanto al comentario de Alejandro, creo que tenés razón, lo más probable es que los peronistas no hagan nada, desensillen hasta que aclare, pero me parece que disimular no va a servirles cuando nos acerquemos a 2011, y por otro lado no hay que desestimar la capacidad del Ejecutivo de forzarlos a salir al ruego. Independientemente de cuándo esto suceda, creo que es probable que se de un cuadro inverso al del final de Alfonsín, con los K haciendo el papel de Menem, y forzando a los demás a actuar, y esperemos que estos reaccionen actuando en forma cooperativa entre sí. La necedad ideológica puede ayudar: desde la perspectiva kirchnerista, lo lógico es que se junten derechistas del PJ y de la oposición, polarizar con todos, en su rudimentaria imagen del mundo, alcararía las cosas, así que tal vez ayuden a una cooperación de los moderados, al estilo Alfonsín – Cafiero, que esperemos no termine tan mal como en aquella ocasión.

    Creo que el comentario de Marcelo está orientado en estos términos, y esperemos le acierte.

  7. fernando dozo says

    Totalmente de acuerdo con el anàlisis, en modo alguno las oscuras intenciones de los presidentes son irrelevantes cuando provocan la alteraciòn del sistema polìtico-institucional deliberadamente o dañan intencionalmente las fuerzas productivas del paìs. Historicamente, el peronismo desalojado del poder ha embarrado sistematicamente la cancha, aunque en esa cancha estemos todos.

  8. Rinconete says

    Fernando Dozo
    Todos los últimos gobiernos han alterado ¨el sistema polìtico-institucional deliberadamente¨. En realidad no ha habido en los últimos años gobierno nacional que se interesara más por las instituciones que por su propia supervivencia. Menem las avasalló con el apoyo de los mismos medios y la misma clase media (al menos al inicio) que hoy se han transformado en seguidores de Thomas Jefferson. Menem era un político de raza que tomaba decisiones y aseguraba la gobernabilidad mientras que Kirchner es un bárbaro sin escrúpulos que gobernó con una hegemonía chavista.
    La Alianza durante su experimento fallido de menemismo blanco, prefirió apostar a la ¨gobernabilidad¨ antes que al respeto de las instituciones, cubriendo a los senadores corruptos, lo que dinamitó estas sin lograr aquella.

    Dedicar tiempo a señalar y catalogar las oscuras intenciones de nuestros gobernantes (personajes inmorales que nada tienen que ver con nosotros sus votantes, virtuosos atenienses) nos hace perder energía en analizar su política.

  9. Marcelo says

    En mi opinión la diferencia más importante entre Menem y Kirchner -yo no les veo muchas- es la capacidad y la tendencia del kirchnerismo de obturar el sistema político, Menem operaba con el peronismo y no surgían alternativas más por incapacidades de la oposición que por presiones del oficialismo, en el esquema actual el kirchnerismo no solo opera con el peronismo sino que atrae distintas fuerzas políticas, este es un gobierno que en su segundo mandato -no en el primero, donde funcionaría el argumento de la inocencia o el desconocimiento- sigue logrando poner a Ishi con Estela de Carlotto, cualquier opción que surge distinta al gobierno es catalogada o de derecha-golpista o izquierda-funcional. El menemismo trabajaba sobre sus fortalezas, el kirchnerismo necesita todo el tiempo destruir a un otro porque su núcleo ideológico es demasiado inestable, no se trata de oscuras intenciones se trata de una práctica política específica.

  10. Rinconete says

    Marcos
    No digo que sea irrelevante el tipo de gobierno sino que sus intenciones lo son.
    Hoy la discusión política está en gran parte focalizada en el Como, dejando de lado el Que. Eso es una gran diferencia con el ´03 cuando Kirchner era aplaudido no porque lo que hiciera respondiera a las estrictas normas republicanas de consenso y diálogo, sino porque lo que hacía (el Que) respondía a aquello que la clase media esperaba. Cuando descabezó la cúpula militar lo hizo con el mismo estilo de energúmeno con el que selló el acuerdo con la AFA. No hubo un cambio intrinseco en la forma de hacer política, más allá de la partida de Lavagna (que a ojos de la oposición pasó de ser un pésimo ministro a un candidato posible al dejar el gobierno).
    La oposición, salvo algunas excepciones módicas, ha descubierto el Mal y se dispone a combatirlo frontalmente. Los radicales que siempre criticaron el sistema de las AFJP negaron su apoyo a su eliminación por miedo a darle más recursos al terrible Moloch de la Rosada. Hoy una parte de la CC que objetivamente está de acuerdo con el espíritu de la nueva ley de medios la ataca por la increíble discrecionalidad que le daría al ejecutivo por tener mayoría en el organo de control (en el proyecto de la Alianza del 2001 el ejecutivo nombraba a todos los integrantes del organo de control).

    La verdadera discusión sería la de saber cuales son los contrapoderes legítimos al ejecutivo nacional, que tanto miedo causa entre nuestros representantes. ¿Las corporaciones? El Moloch de la Rosada durará probablemente 8 años. ¿Cuanto duraron Shuberoff, Grondona, Bergoglio, Cavalieri, Herrera de Noble? ¿Quienes los controlan?

    Pero no solo Kirchner no cambió su modo de hacer política con respecto a los años de enamoramiento con la clase media sino que esa es la manera en que la mayoría de los partidos lo hacen, salvo unas pocas excepciones. El PRO, la CC, el peronismo, los radicales profesan la mesa chica, las alianzas circunstanciales, las candidaturas mediáticas, la figura del hombre providencial y la voluntad de perdurar por sobre todas las cosas. Carrió hace y deshace sellos de goma en la soledad de su living, Macri nombra sin consenso alguno a su vicejefa como candidata a diputada o a un siniestro matón como responsable de la seguridad y los radicales se alinean con quien habían crucificado por el simple hecho de que tiene buena imagen.

    La figura del Moloch enloquecido es funcional al mantenimiento de un frente opositor, cuya única afinidad pasa por su odio visceral, y al reemplazo de la discusión política por un vaporoso discurso ético.

  11. Marcos Novaro says

    Estimado Rinconete, hay un punto de tu comentario que me parece problemático, y revelador de cierta confusión anticapitalista que flota en el ambiente: es legítimo preocuparse por la eternización en el poder de gente como Shuberoff, Grondona o Cavalieri, no tiene tanto sentido en cambio mezclar eso con la situación de Bergoglio, menos todavía con la de Ernestina. Por la simple razón de que estos últimos no son dignatarios electivos, ni pertenecen a instituciones democráticas, son otra cosa.

    En la discusión sobre los medios algo de esta confusión se está filtrando: se compara el poder de Clarín con el de Kirchner, y es un poco absurdo hacerlo. No porque Clarín no haya llegado a tener demasiado poder y no sea bueno limitarlo, sino porque se trata de dos problemas distintos: Clarín es una empresa de medios, en todo el mundo las empresas, de medios o de cualquier cosa, quieren ganar dinero, y hay que permitírselo. Además, la industria de medios tiene que tener otros fines, que no vienen garantizados simplemente por la lógica empresaria, como por ejemplo, generar información plural y de calidad, para eso existen las regulaciones, y el problema es que estas regulaciones no pueden estar en las manos discrecionales del gobierno, sino en las más imparciales del estado.

    En Argentina hay dos problemas de naturaleza distinta entonces: medios concentrados, de un lado, gobiernos que se confunden con el estado, y aplican la ley en su beneficio y el de sus amigos, del otro. La discusión en última instancia consiste en si con este proyecto no se estará ganando muy poco en relación a mejorar la pluralidad y calidad de la industria para ceder bastante en términos de las oportunidades para intervenciones discrecionales del poder político (hoy del de Kirchner, mañana del que sea).

    Pero además existe otro problema detrás de este argumento y clima anticapitalista, y es el de esta invención kirchnerista de que se puede sustituir la industria de medios por otra cosa, la “sociedad civil”, que vendría a ser algo así como la superación del capitalismo y de la imposición de la autoridad, sería la sociedad informándose a sí misma. Esa pretensión está basada en una proporción de ingenuidad (gente que leyó demasiado y demasiado mal a Habermas y cree que la SC es buena y libre, y florecerá cuando los sistemas sean refrenados en su lógica maligna) y una proporción (creo que mayor a la anterior) de caraduras, que contrabandean detrás de esa ilusión una intervención política disfrazada de espíritu cívico. Por eso me parece que lo peor del proyecto es lo de los tercios y todo el cuento de combatir a las empresas para reemplazarlas por ONGs que serán subsidiadas por el estado para que militantes del bien nos cuenten como son las cosas. En suma, un espanto.

  12. Rinconete says

    Marcos
    Sin duda que la Iglesia y un multimedios son corporaciones distintas a la AFA, la UBA o un sindicato. Pero la histeria anti Ejecutivo que hoy es de rigor pareciera eludir el hecho de que no existen en nuestro país tradiciones democráticas en ninguna corporación. El poder ejecutivo, imperfectamente, tiene al menos ciertos controles que las corporaciones desconocen. Es así que cualquier consultora-sello de goma puede determinar que la inflación es del 40% con la misma discrecionalidad con la que Moreno dibuja sus números pero sin tener que padecer ninguna de las críticas que este recibe.

    No veo nada de malo en que Clarín quiera maximizar sus ganancias como no había nada de cuestionable en que las empresas privatizadas de servicios buscaran modificar el marco contractual para aumentar las suyas (Por mi parte quisiera exigir al gobierno que cada argentino deba contratar los servicios de un arquitecto al menos una vez al mes). El drama es que el Estado sea permeable a esas demandas. Insisto, el problema no es que Magneto haya amenazado a De la Rúa para que no persista con su proyecto de nueva ley de medios, el problema es que De la Rúa haya sucumbido a la amenaza. Eso suele ser es el principio del fin.

    Estamos de acuerdo en el peligro de la famosa sociedad civil. Es un término vaporoso que tiene un gran atractivo entre la gente decente, a diferencia de la runfla de políticos que son el Mal encarnado. Creo que solo la política y su ejercicio puede mejorar la realidad. No creo en las ONG, en las asambleas ni tampoco en los soviets (por si hubiera alguna duda) sino en los partidos políticos, mal necesario que todavía no se ha reemplazado por algo mejor.

    Y prefiero, en la medida de lo posible, tener poderes fragmentados o al menos efímeros. Entre un sistema que permite la creación de un par de gigantes multimedios y otro que abre el juego a una cantidad mayor de jugadores de menor tamaño, me quedo con el segundo. Sin duda el gobierno de turno va a intentar cooptarlos, pero va a tener poco tiempo para hacerlo y la fragmentación justamente le va a complicar la tarea.

  13. El Observador says

    *La culpa de todo la tiene el peronismo*. Es un tipo de comentario tentador, principalmente por su simplicidad. Permite analizar el contexto actual y toda la historia distinguiendo entre buenos y malos, entre republicanos y dictadores, entre carmelitas descalzas y gobernantes sedientos de poder y más poder. Yo mismo he recurrido a esta lógica durante mucho tiempo.
    Marcos habla de que el peronismo deja herencias envenenadas. No sé por qué lo dice en plural y por qué lo reduce al peronismo (me parece que Alfonsín y De la Rúa también dejaron herencias envenenadas).
    Entre el 55 y el 89 el peronismo gobernó sólo durante tres años y sin embargo los problemas no se solucionaron sino que se multiplicaron exponencialmente.
    P.D.: Aclaro que no soy peronista, tampoco antiperonista, pero este tipo de análisis ya me cansaron.

  14. Marcos Novaro says

    Estimado Observador, en la forma en que planteás mis argumentos, no me asombra que estés cansado. Y dado que reconocés haber recurrido a “esta lógica durante mucho tiempo”, no soy quien para sacarte de tu pereza. En cualquier caso, no hay en danza ningún concurso para medir culpas. Sólo se trata de analizar la capacidad del peronismo, que ha demostrado tanto en el ejercicio del gobierno como fuera de él, para descargar costos en otros actores, reinventarse y ser “el problema y su solución”, un tema a esta altura recontra trillado, absolutament actual, y cuya consideración no ofende a ningún peronista que se precie, que yo sepa les preocupa también a ellos cada vez más, como ha demostrado en estos días con particular agudeza E.Duhalde.