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Posibles costos electorales de la disciplina peronista*

La capacidad de Kirchner, sin el respaldo de la opinión ni de los votos, de retener la mayoría parlamentaria, evidenciada primero en la extensión de las facultades delegadas, luego en la aprobación de la ley de medios, y ahora en el tratamiento del presupuesto, es por demás llamativa. A la hora de explicarla, se ha hecho mención frecuentemente a la distribución de pagos y otros incentivos a los legisladores, y a los gobernadores, que son sus jefes inmediatos. Sin dudar de que algo de eso haya habido, cabe sí hacerlo de que alcance para agotar la cuestión. Vale la pena entonces explorarla, porque es bien probable que el fenómeno se repita, incluso después del 10 de diciembre. Analicemos entonces algunas alternativas.

1. Las ventajas de la disciplina anónima. Muchos legisladores, sobre todo los del peronismo, pero no sólo ellos, han aprendido que los electores no recuerdan el record de votaciones de sus representantes, al menos no mientras estos se puedan mantener en un segundo plano, o mejor, en un casi total anonimato (no es el caso claro del pobre Agustín Rossi), y en cambio sí lo hacen los líderes partidarios, por lo que más allá de algún eventual disgusto en las calles de sus pueblos y ciudades de origen, les conviene ser disciplinados con esos líderes y esperar que el malhumor que eventualmente se acumula por las decisiones así adoptadas se concentre y descargue en ellos. Esto que ha tendido a imponerse como regla, tiene en el caso de la mayoría parlamentaria de los Kirchner motivos suplementarios para cumplirse: dado que el matrimonio presidencial ha impuesto un modelo extremadamente personalizado, vertical e ideológiamente sesgado de gestión, es de esperar que sea relativamente fácil, si las cosas salen mal, descargar en la cúpula la totalidad de la culpa. Como los alemanes del `45, los peronistas podrán decir, en 2011, que el único responsable fue Hitler, que para colmo era austríaco. Recordemos además que esto funcionó bastante bien en el declive de Menem, así que no hay por qué pensar que no pueda volver a funcionar.

2. La falta de alternativas internas y la presencia de amenazas externas. Si en algo los Kirchner han sido eficaces ha sido en fragmentar a la oposición interna, debilitando a los aspirantes a sucederlos en el liderazgo partidario. La operación de desgaste de Reutemann es bien demostrativa de ello. Por lo tanto, los legisladores peronistas se enfrentan a un escenario en que, si no siguen al gobierno, no tienen a quién seguir: ¿para qué entonces correr riesgos, si falta todavía mucho para saber quién o quiénes podrán desplazar a los Kirchner del liderazgo? Correlativamente, en la medida en que no colaborar con el oficialismo, en las Cámaras y fuera de ellas, tiene buenas chances de resultar en su derrota, y en el consecuente triunfo de una oposición no peronista, el interés en colaborar en ello es aún menor. En este sentido puede decirse que los resultados del 28 de junio han favorecido, antes que debilitado, la disciplina interna y el alineamiento del peronismo, al menos del legislativo, con el gobierno nacional.

3. La concentración de resortes de poder en el PEN tiende a crear condiciones favorables a su reproducción. El kirchnerismo ha fundado su coalición en el control discrecional de un porcentaje muy alto, en términos históricos y comparados, de los recursos fiscales. Y este control le ha quitado no sólo margen de maniobra, sino capacidad de coordinación horizontal, a los poderes territoriales. De manera que para los legisladores, gobernadores e intendentes, resulta muy difícil coordinar una iniciativa correctiva de este desequilibrio de poder, y en cambio les es muy sencillo y de momento ventajoso contribuir a su reproducción. La crisis fiscal de los distritos ha agudizado esta situación: aunque el gobierno nacional tiene menos plata para repartir, la que aun conserva adquiere un valor mayor para gobernadores e intendentes ahorcados por las demandas de todo tipo que deben atender. Lo dicho permite entender por qué, contra las previsiones que se habían planteado luego del 28 de junio, los gobernadores se mantienen dentro del redil y respaldan un presupuesto que prolonga en el tiempo su dependencia: no tienen chances de modificarlo pues carecen de un mecanismo para negociar entre sí una distribución alternativa de la recaudación (v.g. una mesa de gobernadores), y en cambio sí pueden obtener beneficios de mantener en pie la existente, por ejemplo, mejores condiciones para gastar y endeudarse en lo inmediato (a través de la suspensión de la ley de responsabilidad fiscal).

De todos modos, también es cierto que la continuidad en el tiempo del esquema de poder kirchnerista va acumulando problemas irresueltos para el peronismo, tanto a nivel local como nacional, por lo que no hay que descartar que en el algún momento este statu quo gobernante de lugar a una crisis de proporciones. Ante todo, porque al trasladar las tensiones políticas y los problemas fiscales del centro a la periferia, tiene buenas chances de generar crecientes protestas en provincias y municipios. Los afectados inmediatos por ello serán los jefes locales del partido oficial, pero es de prever que, puestos entre la espada y la pared, ellos volverán a hacer lo que han hecho siempre en bretes como este, echarle toda la culpa “al austríaco”. Y, además, porque junto a más problemas para los peronismos locales, esto desembocará, inevitablemente, en un agravamiento de los que ese partido enfrenta a nivel nacional: la sobre vida de los Kirchner será inversamente proporcional a la acumulación de costos, en términos de fragmentación y desprestigio, para el partido de Perón. Duhalde y algunos otros disidentes parecen haber percibido este problema, y la consecuente necesidad de apostar a una pronta separación entre el destino negro que creen ineluctablemente espera al santacruceño, y el del PJ, aun al precio de renunciar a la aspiración de retener la presidencia en 2011. Puede que ello tenga un positivo efecto para las instituciones de la república, y se eviten mayores conflictos e incertidumbres en la transición, pero dudosamente sirva para que el peronismo salve la ropa, contra lo que los disidentes esperan, no sólo a nivel nacional, tampoco en muchos distritos. Tal vez haya llegado para esa fuerza la hora de pagar por los pecados de soberbia que cometió durante diez años de disciplinado menemismo y casi otro tanto de disciplinado kirchnerismo.

* Publicado en El Economista

Posted in Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.

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