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Con la mente en blanco*

“Es un problema vivir en blanco en la Argentina”. Increíble. Insólito. Pero no inesperado: desde hace tiempo que la presidente padece una desatada locuacidad, caza al vuelo frases poco felices ya dichas por alguno de sus colaboradores (en este caso, su marido: “esto me pasa por estar en blanco” le habría dicho Néstor a Víctor Hugo mientras lo invitaba a oficiar de correveidile), y la empeora. Y no es la primera vez que un funcionario o gobernante argentino en problemas se quita momentáneamente de encima el peso de sus investiduras y habla como un “argentino común”, indignado por los disgustos que le trae haber nacido justo aquí.

Como sea, Cristina y Néstor parecen no poder salir de Guatemala sin caer en Guatepeor. Sólo han atinado a dar vuelta la página del culebrón del Central para abrir uno nuevo, o mejor dicho, reabrir uno ya antiguo, el de su prosperidad familiar.

En su pelea con Redrado dejaron a la luz su torpeza en el uso de los recursos de que aún disponen (por ejemplo, su amplia mayoría en el directorio del Central), la brutalidad de sus métodos (la policía acordonando la entrada del BC quedará grabada como otro ignominioso leit motiv de estos años) y la confusión programática que afecta sus iniciativas (si con el Fondo del Bicentenario querían crear certidumbre en los bonistas, cuantos más recursos deberán invertir ahora para lograrlo). Lo sorprendente es que, hasta aquí, el matrimonio presidencial había venido dedicando mucho más cuidado al manejo de su fortuna personal, y cabe decir que se venía comportando con toda lógica y consistencia, sin improvisaciones: a través de la confesión y el blanqueo de una porción considerable pero seguramente minoritaria del problema, y de dejar que el debate del asunto se consuma y los medios se cansen, apuntó a crear condiciones favorables para dar continuidad al estilo “todo cash” y proveerse de seguridades legales a futuro. Sucede tal vez que, aunque la estrategia no carece de mérito, desde hace tiempo que se viene complicando por la pretensión de instrumentarla al mismo tiempo que se da continuidad a un proyecto político centralizado, confrontativo, con recursos decrecientes, y en condiciones cada vez más desfavorables.

Corrupciones ha habido de muchos tipos en Argentina. Menem, por ejemplo, tenía la costumbre de ser muy generoso con sus colaboradores, de allí que coexistieran bajo su égida muchas “ventanillas” y variantes de negocios. Y estallaran frecuentes escándalos, porque el esquema favorecía la incertidumbre en los funcionarios, la idea de que “hoy estamos, mañana no sabemos”, y por tanto la desprolijidad, el apresuramiento, y las denuncias cruzadas entre facciones en pugna. Todo ello llevaba a que Menem debiera desprenderse frecuentemente de sus colaboradores, pero le aseguraba que rara vez los escándalos lo tocaran directamente.

Los Kirchner son de una escuela completamente diferente: nadie diría de ellos que son generosos, recelan de cualquier poder autónomo que crezca cerca suyo, y odian desprenderse de su gente, por un sentido de la lealtad que se parece mucho a la paranoia. Ello les proporciona ventajas frente al “modelo de los noventa”: entre otras, la muy notable ausencia de facciones internas, de las consecuentes rencillas, y por tanto también de denuncias cruzadas. De allí que los pocos escándalos que ha habido, carecieran casi totalmente de inside information. Pero el modelo K supone también desventajas: la más notable, que la centralización transfiere rápida y espontáneamente las responsabilidades hacia el vértice. Si hay un solo “dueño”, entonces todos los subalternos podrán eventualmente decir que obedecieron órdenes, cuando necesiten ser perdonados por sus enemigos. No otra cosa es lo que ha sucedido con Redrado. Para peor, los testaferros necesitarán que el vértice cargue con las culpas, y en lo posible desaparezca de escena, si desean a su vez convertirse en dueños. Tal como sucediera en los noventa con la burocracia intermedia del sistema soviético, que con vista a asegurar su conversión en propietaria de las empresas que hasta entonces administraba, se volvió la más entusiasta en la condena de la opresión padecida en manos de la cúpula del PCUS y su cruel KGB.

¿Realmente los Kirchner creen que sus millones alcanzarán para comprar todas las lealtades necesarias para evitar el aislamiento y la condena? ¿O que siquiera tendrán la oportunidad de retirarse y aislarse en El Calafate a disfrutar de la vista que ofrecen sus hoteles? Tal vez lo que padecen es otro problema frecuente de los gobernantes argentinos: la dificultad para, llegada su hora más difícil, actuar imaginando un futuro mínimamente factible.

*Publicado en El Economista

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.

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One Response

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  1. Horacio Aldo Cingolani says

    El tema es buscar métodos para encontrar buenos políticos y funcionarios.

    ¿Como elegimos a los mejores en política? o Los novios de la argentina.
    -La TV habla de los novios de las actrices “maduritas”, jóvenes que saben no desperdiciar la oportunidad de la fama.
    -¿Con la política pasó algo parecido? ¿Massita, Lousteau, Boudeau y otros, serán ejemplos? Hay muchos.
    -La democracia del voto tiene un problema ¿Como elegir a los mejores? Jóvenes o no tanto, pero los mejores.
    -Disponemos para elegir de entre muy pocos (menos del 1%), pues estos son los que conocemos.
    -Ese es un problema que tanto en el deporte, como en el arte o el conocimiento, se soluciona mejor que en la política.
    -En el deporte bien que se preocupan de buscar con una lupa a los que se destacan en cualquier actividad.
    -De la cantidad sale la calidad. No es solo cuestión de tener la oportunidad, sino de que sea lo más igualitaria posible.
    -En política se resuelve mal porque las estructuras impiden o dificultan mucho la llegada de los mejores.
    -Creo que es bastante claro que desde la política esto cuesta mucho resolver. Para eso estamos los ciudadanos.
    -Nosotros no estamos organizados. ¿no será como lo describí? ¿o no entendemos el problema?
    -En una nota propuse algo a las paredes. Casi nadie dijo: Eso no sirve. Ni tampoco que sirve.
    -¿Que hacemos? A vos te hablo ciudadano/a, compañero, camarada, correligionario.
    .
    -Estoy de acuerdo en que no sólo tenemos que tener mejores representantes y autoridades, sino también un pueblo políticamente más apto, razonable, contribuidor.
    -Actualmente tenemos que elegir entre sólo dos o a lo sumo tres, candidatos que ya han captado la cúpula entre un puñado de líderes de esos pocos partidos. Con tan pocas opciones no elegimos casi nada.
    -A pesar de los inconvenientes creo que es beneficioso que conozcamos mucho mejor a los candidatos. No sólo porque es más probable que elijamos al más apto.
    -Eso los presionaría a prepararse bien tanto en conocimientos como en relaciones humanas. También sería bueno para nuestro pueblo que debería dedicarse, prestar atención y aprender.
    -Un beneficio adicional, es que los ciudadanos tendremos menos excusas, si a pesar de todo elegimos mal.