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Otra cadena en nuestras piernas*

El decreto 256 del Gobierno constituye un eslabón más de la cadena con la que estamos enrollando nuestras piernas. Desde hace tiempo, la política oficial ha sido la de intentar obstaculizar por distintos medios los esfuerzos de los malvinenses para desarrollar las islas. Lo malo no es que esos intentos han sido y seguirán siendo inocuos; lo malo es que nos infligimos un daño persistente a nosotros mismos. Con la ciega obsesión de recuperar las islas, y en la equivocada creencia de que las aparatosas posturas malvineras conllevan réditos de aprobación pública, estamos reforzando la desconfianza de los malvinenses y malgastando un tiempo valioso en lugar de aprovechar las potencialidades del Atlántico Sur en pro del mejor interés argentino.

Cada día de tozuda insistencia en esa política destructiva equivale a meses de andar por el camino que será necesario para revertirla. La reversión de esa política consta de tres elementos fundamentales.

Primero, asumir que la opinión pública argentina no es malvinera. Muchos porque piensan que las Malvinas son definitivamente irrecuperables, otros por pragmatismo y otros porque privilegian valores poco afines con el territorialismo obcecado, suman una opinión pública abierta a propuestas innovadoras y originales.

Segundo, reducir cualitativa y cuantitativamente el estatus del diferendo, y dejar de supeditar objetivos relevantes y alcanzables al de “recuperar el ejercicio de la soberanía”. En la política diplomática deberíamos dar muestras de que nos importa que los isleños sean libres de decidir lo que quieran. Y que mientras tanto lo mejor que podemos hacer es colocar el “conflicto” en el lugar irrelevante que le correspondería, abriendo la posibilidad de cooperación regional. No sería una renuncia formal a derechos, pero sí hacer patente nuestra percepción de que no nos asiste toda la razón en el conflicto.

Tercero, contribuir a instalar en el área un espíritu de cooperación, en arreglo a intereses concretos en diferentes campos: explotación de recursos vivos y energéticos, turismo, comunicaciones, desarrollo científico-tecnológico, política ambiental, etc.

En el tema Malvinas, hay demasiado oportunismo y demasiado silencio. La política oficial es desatinada, pero la oposición, hasta ahora, poco y nada ha hecho para contribuir al desarrollo de un enfoque original.

*Publicado en La Nación

Posted in Política.

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7 Responses

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  1. CoCous says

    Siento mucho disentir de la opinión vertida, la cual olvida los miles de argentinos que murieron en una guerra inútil.
    Quizás lo mejor fuera derivar el conflicto a un plano de libertad de los isleños, pero lamentablemente estos isleños son… británicos!!! Puestos en la posición de decidir sobre su independencia optaran por el subyugamiento británico antes que su propia independencia.
    La disputa se ha derivado tradicionalmente a los organismos internacionales competentes, casi siempre la argentina mantuvo una política diplomática de legalidad internacional, no veo porque vituperar esta posición.

  2. gerardo123 says

    Yo disiento totalmente con vos Vicente.
    Ellos tuvieron 170 años para encontrar una solucion y no se les cae una idea.
    Rompieron el tratado de 1825, ocuparon por la fuerza las islas, con un pais que tenian fuertes relaciones economicas y diplomaticas, tuvimos la poltica de seduccion de los ositos.
    Yo a los brits no les confio.
    Francamente creo que ellos tienen que converger hacia Argentina y no al reves.
    2000 tipos no pueden tener control, y menos un pais a 14,000 km de distancia.
    A brasil, ya no le conviene ina politica como gb.
    LULA se los dijo en la CARA: MALVINAS ARGENTINA.
    ARGENTINA SEA FUERTE, ECONOMICA Y MILITARMENTE.
    DE todas maneras que podriamos ganar, con gb??
    Un pais en la bancarrota con una deuda de mas de 9,5 billones de dolares.
    Lo siento viejo, Argentinoa les dio a ellos, mucho mas que ellos nos dieron y nos van a dar.
    Creo que es hora que se vayan.
    Vos, Vicente, esta pagado por la CIA, o el MI 6?

  3. Noreen says

    La vituperacion de la asumida politica internacional legalista de Argentina se hace con solo un hecho: recordar la invasion a las Islas de Abril 2, 1982.
    Queda poco por decir sobre legalidad despues de esto…

    El tema de la auto-determinacion de los isleños, desde un punto de vista de la legalidad, es independiente de que sean britanicos. O se los respetamos o no: si se los respetamos, se declararan britanicos, islamicos o lo que quieran, pero estara dentro de su determinacion. Esta es la unica postura coherente y no “chicanera.”

  4. Observador says

    Menos mal que CIPOL no existía en los comienzos del siglo XIX, porque seguro que hubiese desanimado a los criollos y no estaríamos hablando de Bicentenario.
    Ah, y me gustaría saber el sustento empírico de esta afirmación: “asumir que la opinión pública argentina no es malvinera. Muchos porque piensan que las Malvinas son definitivamente irrecuperables, otros por pragmatismo y otros porque privilegian valores poco afines con el territorialismo obcecado, suman una opinión pública abierta a propuestas innovadoras y originales.”

  5. Vicente says

    Respuesta a observador: hay suficiente evidencia empírica para asumir que la opinión pública argentina está abierta a propuestas innovadoras en el tema. Podés encontrar información al respecto en “Sal en las heridas. Las Malvinas en la cultura argentina contemporánea”, Vicente Palermo, Editorial Sudamericana, 2007.

  6. Observador says

    Gracias por la respuesta Vicente.
    Yo soy de los que respondería que sí a estas prehuntas que hacés en el libro: “¿No debemos persistir como hasta ahora y aún más enérgicamente,
    hasta porque nos obliga un mandato constitucional? ¿O debemos escuchar a quienes
    predicen que las islas nunca volverán a la soberanía argentina, y hacer la del zorro,
    que al ver las uvas maduras fuera de su alcance prefirió resignarse diciéndose que
    estaban verdes? Hemos renunciado a recuperar las islas por la fuerza (aunque, esta
    renuncia a la fuerza no la comparten todos), pero ¿no debe seguir siendo la cuestión
    Malvinas una prioridad de nuestra política exterior?”

  7. Marcos Novaro says

    Estimados, me quedó atragantada una frase de Cocus: “olvida los miles de argentinos que murieron en una guerra inútil”. Primero porque es el tipo de acusación que convierte imposible el debate. Si Vicente tiene que empezar por aclarar que no hace eso entonces es del todo imposible contraponer argumentos. Segundo porque la acusación en sí es contradictoria e insostenible, no sólo por las cantidades que siempre entre nosotros parece que se pueden manejar con gran liviandad, sino por la caracterización de la guerra como “inútil”. Qué quiere decir? Que hubiera sido útil si ganábamos? Entonces estaba todo bien. O que fue inútil porque no podíamos ganarla? En verdad uno de los problemas que tenemos que empezar por discutir es este, por qué la guerra? Y en eso Observador tiene razón, si festejamos la invasión, para qué decir después que la democracia argentina no fue a la guerra, que fue asunto de la dictadura y nos pueden cargar las consecuencias de que se produjera y de haberla perdido. Esto es totalmente contradictorio, peor, es inconcebible que un estado quiera a la vez festejar un acto y lavarse las manos de sus consecuencias. La guerra en mi opinión fue cualquier cosa menos inútil, los muertos no fueron “inútiles”, son muertos que pesarán para siempre en la conciencia de este país, mucho más que los muertos de la represión, que ya es bastante peso, entre otras cosas porque como país festejamos la invasión y lo seguimos haciendo, y hay que hacerse cargo, todo cambió en Malvinas a raíz de la guerra, es como que Paraguay nos quiera convencer de que la guerra de la triple Alianza no existió y le devolvamos Formosa. Saludos