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A dos años de la 125: radiografía de una polarización frustrada*

Miguel Pichetto cortó la comunicación de su celular, se acomodó en su banca y repitió la orden que acababa de recibir: “Se vota, que cada uno asuma sus responsabilidades”. Nada de cuarto intermedio para deliberar. Seguramente el jefe de la bancada del Frente para la Victoria en la Cámara Alta había entendido bien las razones que movían a Julio Cobos a pedir esa instancia última de negociación. Y debía experimentar un anticipo ya de la bronca y la frustración que lo embargaría a raíz de lo que estaba por suceder: el kirchnerismo hasta allí no había sido nunca derrotado en el Parlamento, y contaba para ese entonces (17 de julio de 2008, 4 de la madrugada), con recursos políticos y partidarios superiores a todo lo conocido desde tiempos de Perón; pero estaba por naufragar en una batalla inesperada, mal parida desde el comienzo, enemistándose no sólo con el vicepresidente y con un número considerable de legisladores peronistas, sino también con buena parte de la sociedad.

¿Por qué los Kirchner tomaron la temeraria decisión de hacer votar sin demoras, aún sabiendo que corrían el riesgo de salir derrotados? Tal vez consideraron menos probable que Cobos se animara finalmente a desempatar en contra suyo, a que sus objetivos se frustraran en una negociación de emergencia. Tal vez entendieron que, en caso de perder la votación, el daño sería mayor para el propio vicepresidente y la oposición que para ellos mismos. Las dos posibilidades encierran un mismo cálculo, que es preciso dilucidar.

Retrocedamos al comienzo del conflicto. Cuando el 11 de marzo de 2008, hace ahora exactamente dos años, Martín Lousteau firmó la resolución 125 de retenciones móviles a las exportaciones de granos estaba, en la perspectiva del gobierno, simplemente poniendo una piedra más en la ya extensa y sólida estructura tributaria que sostenía el poder kirchnerista. Néstor mismo había elevado las retenciones varias veces durante su mandato; la última apenas antes de dejar la Presidencia. Y siendo que los precios continuaban en alza, y los sectores agropecuarios habían acompañado dócilmente al gobierno hasta allí (la mayoría lo había votado en los centros urbanos de la pampa húmeda), ¿por qué pensar que las cosas cambiarían? Cuando eso sucedió, por tanto, la sorpresa fue mayúscula y la tentación de hallarle explicaciones que avalaran tan exitoso curso, considerable. La formación misma de la Comisión de Enlace despertó una fuerte reacción en el gobierno: por primera vez un actor “del palo”, la Federación Agraria, se pasaba al campo adversario y movilizaba a sus bases contra él. Para los Kirchner fue tentador no ver en ello el efecto de una decisión propia mal calculada, sino la oportuna ocasión para desatar un nudo gordiano: se los estaba desafiando, así que tronaría el escarmiento.

En primer lugar, Los Kirchner no habían llegado hasta donde estaban negociando, y ahora que tocaban el cenit de su poder no iban a empezar a hacerlo. La misma decisión de enviar la 125 al Parlamento, dejando en suspenso el decreto que en principio se había usado, no significó, en su perspectiva, abrir una puerta para negociar, sino forzar las cosas para evitarlo: recordemos que el proyecto de ley siguió al acotado diálogo que los Kirchner habían permitido, y que le había costado su puesto a Lousteau y la confianza presidencial al jefe de gabinete y a varios gobernadores. Descubrir que dialogar y estirar las cosas, a la espera de que las protestas se acallaran, no hacía más que insuflarle mayor brío a las mismas y ablandar a su tropa alcanzó para convencerlos de escalar el conflicto: el peronismo, el conjunto de la sociedad, debían alinearse, con ellos o contra ellos, en el Parlamento y en el país. Todavía en vista de que la votación en Diputados se complicaba, se autorizaron algunos cambios. Pero la historia se repitió: ellos convencieron a muy pocos legisladores, y no quebraron a la Mesa de Enlace (aunque alcanzaron para que Buzzi se abrazara con Rossi). Así que en el vértice oficial ganaron definitivamente la pulseada las posiciones duras: no habría ya ninguna concesión.

Por otro lado, mientras se perdían lealtades poco confiables, el endurecimiento estaba logrando movilizar otras más consistentes y entusiastas. La movilización popular y la polémica intelectual estaban dando bríos a un “kirchnerismo recargado”. La movilización era parte del desideratum de los Kirchner más que de su sustento efectivo, pero ahora podría llegar a serlo. Su valoración de la misma podía atribuirse tanto a su más lejana educación militante, como a la más reciente experiencia sobre las fragilidades de un poder meramente institucional, con el que habían debido conformarse los gobiernos que los precedieran. Competir por “la calle” permitiría traspasar una barrera, igualarse con Perón y Evita. En cuanto al debate intelectual, cabe preguntarse si los Kirchner encontraron en la 125 la “ocasión” para poner en juego las que siempre habían sido sus ideas, o si envueltos en la crisis abrazaron ideas que hasta entonces habían usado sólo ocasionalmente, para abroquelarse en lo que percibieron como un escenario amenazante. Seguramente hubo de las dos cosas.

Así regresamos al punto de partida, la votación en el Senado. Seguramente los Kirchner no pensaron que Cobos pudiera volverse una pieza decisiva en el conflicto. Menos aun cobrar autonomía. Lo habían elegido para acompañar a Cristina porque encarnaba a un radicalismo sin futuro, ni líderes, ni nada que decir. Estaba donde estaba como trofeo de guerra. Que hubiera sido él el primer promotor de la vía parlamentaria, y que el oficialismo fuera más poderoso en el Senado que en Diputados fueron datos complementarios para confundir al gobierno. Pero lo fundamental fue que vio en el conflicto la ocasión perfecta para “clarificar” las cosas. Aun perdiendo la votación, porque sus adversarios quedarían condenados a representar a “la derecha”, aislados del “interés popular”. Bueno. No fue lo que pasó. Mientras creía que aun perdiendo ganaría, el gobierno se enfrentaba al hecho de que, aun ganando, ya había perdido.

*Publicado en El Estadista

Posted in Kirchnerismo, Paro Agropecuario.

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