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Cambiar la reglamentación de control de los DNUs: ¿Un tiro por la culata?

Para cerrar el verano, dedicaremos algunas palabras a la modificación de la actual ley de reglamentación de los DNU que la comisión de Asuntos Constitucionales tiene en sus planes llevar al plenario. Dichas consecuencias podrían ser problemáticas para la gobernabilidad no sólo del gobierno de turno, sino también del próximo. Todos los sectores de la oposición deberían barajar la posibilidad de que a partir de 2011 quienes gobiernen bien podrían hacerlo en minoría. Como señala Alejandro Bonvecchi, sin el poder de agenda de los DNUs, un gobierno de minoría pierde la única herramienta en sus manos para forzar el consenso. ¿Por qué? Porque la pérdida de la herramienta del DNU como alternativa al consenso parlamentario desalienta a la oposición a cooperar con el ejecutivo. Sin la amenaza creíble del DNU, la lógica de la diferenciación electoral vuelve a los fragmentos opositores actores con muy reducidos incentivos a la colaboración con el gobierno.

La reglamentación actual de los DNU otorga a un gobierno minoritario la capacidad de legislar –a través de un DNU- con la sola condición de lograr el quórum en una cámara y la mayoría dentro de ese quorum. Una reglamentación alternativa de los DNUs que no elimine esa capacidad podría inspirarse en el diseño institucional brasileño. Las Medidas Provisorias (MPs) son un atributo de los presidentes del vecino país que les permite producir decretos por un tiempo acotado. Pero en este caso el Legislativo tiene una responsabilidad mayor. Dado que la MP es de cumplimiento efectivo, el Legislativo no sólo esta obligado a tratarla; en caso de rechazarla, debe promulgar una ley que se haga cargo de las consecuencias del decreto mientras estuvo vigente. Las MPs sólo se convierten o no en ley una vez que el Legislativo se haya pronunciado sobre ella. De este modo, aunque las MPs no le otorgan al presidente brasileño la facilidad para legislar que tiene su contraparte argentina, puede hacer propuestas al legislativo y negociar con el Legislativo para construir una coalición de gobierno.*

Al margen de las características del presidencialismo brasileño, lo cierto es que en Argentina no existe una cultura de cooperación tal. Por lo pronto, sería útil que el próximo proyecto contemple un mecanismo que evite la mera formación de coaliciones negativas. Así el rechazo a un DNU probablemente no empantanaría tanto las relaciones entre Ejecutivo y Legislativo, ni demandaría la intervención compulsiva de la Justicia entre ambos poderes.

* Fatima Anastasia y Carlos Ranulfo Melo “Brasil: dos décadas de democracia” Revista de Ciencia Política(Santiago) 29, 2 (2009): 275-300.

Posted in Politica Argentina.


One Response

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  1. Alejandro María Cardoso says

    Creo que la nota parte de un error. Según ella, los DNUs son la herramienta para que el ejecutivo emita disposiciones de carácter legislativo, cuando carece de mayorías propias en las Cámaras. Los DNUs serían la única herramienta (o arma) para forzar el consenso, debido a que los opositores carecen de incentivos para colaborar con el gobierno.

    Desde el punto de vista jurídico, esto es falso y violatorio de la constitución. En primer lugar, los DNUs no fueron concebidos para evitar el Congreso, sino como herramienta que permitan a los ejecutivos afrontar circunstancias excepcionales que hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes (lo que ni siquiera incluye los recesos legislativos), y aún en ese caso, condicionado a que no trate de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los partidos políticos. De lo contrario sus disposiciones, son absolutamente nulas, de nulidad insanable.
    Los proyectos de reforma apuntan a modificar los aspectos de la ley reglamentaria mas cuestionados, como que actualmente permite la aprobación de los DNU a partir de la aceptación de una sola de las cámaras, violando la disposición constitucional que exige el tratamiento expreso de ambas. O que el silencio de una de ellas implica la vigencia del DNU, limitando por estos medios el control popular en la sanción de las leyes.
    Dicho de otro modo, en la forma actual esta solución otorga al poder ejecutivo -justamente al que nuestra constitución republicana le veda facultades legislativas- la potestad de que dicte leyes con la aprobación de una sola cámara, derecho del que no goza ni siquiera el propio Congreso de la Nación, órgano natural de la potestad legislativa. Es un absurdo que debe ser corregido por vía legislativa, o incluso judicial.
    Un segundo punto de la reforma podría explicitar que el carácter de la intervención de la Comisión Bicameral es efectuar un control de constitucionalidad restringido al contralor de las condiciones del Art. 99 Inc. 3 de la CC., y aclarar que en caso de que los DNUs no los cumplan son nulos, de nulidad insanable, y sobre ellos nadie adquiere derechos.

    Sin embargo, la nota considera los DNUs una herramienta legislativa habitual del ejecutivo, sustitutiva de la voluntad del congreso, lo cual es falso. Si uno adscribiera esto, estaría aceptando DNUs inconstitucionales, y diciendo que si no se viola la constitución, queda afectada la gobernabilidad.
    Por otra parte, en Brasil, las medidas provisorias requieren de aprobación legislativa plena. Además, “Habiendo una mayoría sólida y dispuesta a enfrentarse al ejecutivo, las medidas provisorias serían de poca utilidad. Los gobiernos que no consiguen reunir una mayoría a favor de sus propuestas fracasarán con o sin poder de decreto.” (La democracia brasileña: balance y perspectivas para el siglo XXI – Escrito por Carlos Ranulfo Melo).

    No copiaría los defectos de nuestros hermanos brasileños, sino alguna de sus muchas virtudes.

    Parafraseando el título, la idea que subyace en la nota no es un avance sino un tiro en la sien de un país democrático y republicano.
    alejandrocardoso@yahoo.com