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¿Qué es una política progresista?

La mayoría de los argumentos en defensa de las políticas del gobierno, sea esa defensa total o parcial, suelen estar atravesados por supuestos esencialistas sobre el funcionamiento de la política. En términos generales, dichos supuestos recaen en un razonamiento según el cual la sociedad está compuesta por sectores socioeconómicos con intereses y preferencias estables. Puesto que dichos intereses y preferencias son en principio irreconciliables, toda política habrá de beneficiar a ciertos sectores más que a otros (o a beneficiar a algunos en detrimento de otros). La política parece consistir entonces en una lucha de cada sector por imponer políticas que sean lo más beneficiosas posible para sí mismo.
El esencialismo de este razonamiento se hace a menudo evidente en la terminología que utilizan los defensores del kirchnerismo, quienes tienden a calificar sin rodeos a ciertos sectores o a ciertas políticas como inherentemente progresistas o conservadoras, de izquierda o de derecha. Se pierde así de vista que los principios ideológicos son elementos dinámicos y cambiantes, por lo que una misma política puede ser “progresista” o “conservadora” dependiendo del contexto.
Según esa visión, la política no consiste en superar el conflicto, sino en prevalecer dentro de él, formando las alianzas que sean convenientes y repartiendo los incentivos necesarios. La política no transforma a los actores, ni a las reglas del juego, sino que solo interviene en la relación entre dichos actores, en un marco de reglas dadas de antemano. En este escenario, izquierda y derecha, progresismo y conservadurismo, no son más que nombres ligados a las ideas e intereses de ciertos sectores, en contraposición a otros. En ese nivel no es posible intervenir, sino solo asumir la propia posición y jugar el juego lo mejor posible.
Lo que se pierde de vista es que esta forma de concebir la política tiene en sí misma efectos conservadores, pues tiende a suprimir la posibilidad de cambios más radicales, más estructurales, que destraben los antagonismos tradicionales para superar ciertos escenarios de estancamiento. Una política auténticamente progresista no debe necesariamente limitarse a construir una coalición que gane elecciones, se mantenga en el poder e implemente políticas beneficiosas para los sectores empobrecidos. No porque ello no sea bueno en sí mismo, sino porque en un país inestable y con una larga historia de conflictos que impiden la consolidación de cualquier tipo de orden político y económico duradero, lo que está en juego no es solo el poder relativo de los actores en la estructura política, sino la propia constitución de los actores y de la estructura política como tal.
Una política auténticamente progresista debe asumir el desafío de buscar trastocar los conflictos, modificar los lenguajes políticos, alterar las posiciones de los diferentes sectores y abrir la posibilidad a nuevas alianzas y coaliciones. Tal vez de ese modo sea posible imaginar un cambio más radical y más duradero que un nuevo y acotado ciclo de políticas de izquierda.

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.

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3 Responses

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  1. Andrés says

    Bueno, tiempo al tiempo.

    Lo que señalás estará a al orden del día cuando muchos de las asignaturas pendientes se vayan resolviendo (la más importante, un nuevo orden financiero). Creo que emergerá espontáneamente una vez que las viejas disputas se apaguen.

    Saludos,

    Andrés

  2. FEr says

    En sentido concreto ¿Quién sería el actor capaz de tal hazaña?, porque en función de la mezquina noción de la política que tiene el oficialismo y gran parte de la oposición quién hará: “Una política auténticamente progresista debe asumir el desafío de buscar trastocar los conflictos, modificar los lenguajes políticos, alterar las posiciones de los diferentes sectores y abrir la posibilidad a nuevas alianzas y coaliciones.”

    No sé si hay alternativa a jugar el juego lo mejor posible, o al menos no veo actores dispuestos a no articularse sobre esa lógica posibilista y como bien decís conservadora.

    Saludos.
    Fernando

  3. Política y Políticas says

    He escrito un artículo que tiene necesarias coincidencias con éste. Nuestro blog, en realidad, parte de la creencia de que los “principios ideológicos”, como ustedes los llaman, tienen una utilidad sólo relativa en la ejecución de políticas públicas a esta altura de la historia. Acordamos con ustedes en la necesidad de evaluar los contextos de ejecución de las políticas y de definir las medidas de manera pragmática, ad hoc. Creemos, incluso, que muchas veces se pierde de vista los más esencial que tiene una política: el valor subyacente que supuestamente defiende. Hay varios artículos en nuestro blog que se explayan sobre el tema. Si les parece bien, nos gustaría saber qué opinan: http://politicaypoliticas.wordpress.com/. Cordiales saludos, Política y Políticas.