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¿Cuánto perdura un acuerdo político en la ciudad de Buenos Aires?

En el contexto de la interminable sucesión de escándalos en torno a las figuras que incorporadas a la Policía Metropolitana, el Jefe de Gobierno ha enviado a la Legislatura un proyecto de reforma del Código Contravencional que su propia fuerza política ha redactado en 2004.

Las reformas, que proponen penalizar cierto tipo de conductas consideradas “amenazantes” o “predelictuales” (condensadas en las figuras del “limpiavidrios”, el “trapito” y el “piquetero encapuchado”), tiene como único objetivo reposicionar el perfil del PRO en el escenario político. En efecto, la polémica desatada por el proyecto ha reinstalado el diagnóstico enunciado por Macri desde su desembarco en la política: la ciudadanía se enfrenta a un espacio público apropiado por figuras amenazantes, fruto de la ausencia del Estado para regular la vida colectiva. Este sencillo discurso, que ha sido el marco de la oferta política macrista (desde su crítica a la ineficiencia ibarrista hasta su indignación frente al hegemonismo kirchnerista), se ve constantemente deslucido a causa de los desaciertos de una gestión con pocos resultados.

Lo significativo es cuál es el objeto elegido para llevar adelante dicha puesta en escena. El Código Contravencional es una de las principales normas del (joven y breve) entramado institucional de la Ciudad de Buenos Aires. Sancionado en 1997, el Código de Convivencia fue presentado por la Legislatura dominada por el Frepaso- como la contracara de un modelo autoritario y corrupto, representado en las figuras de los edictos policiales y del Concejo Deliberante. Apenas un año más tarde, las resistencias desde la sociedad civil (y la poca cooperación del gobierno nacional) llevaron a una sustancial reforma, orientada por un espíritu muy diferente al del ambicioso (y poco elaborado) proyecto original.

Pasaron cinco años para que un nuevo actor político, el macrismo, tomara la reforma del Código como una plataforma para producir diferenciación política y hegemonizar un campo polarizado. La insistencia en un conjunto de tópicos que no lograron imponerse (escalada de protestas sociales mediante) en el 2004, aparece nuevamente seis años más tarde como un intento de volver a poner en escena qué es aquello que el macrismo viene a proponer.

Observando la historia del Código, y el uso instrumental que de él han hecho las efímeras fuerzas políticas para perfilarse frente al electorado, cabe preguntarse cuáles son las condiciones necesarias para que una legislación pueda sostenerse más allá del circunstancial consenso político que le dio origen. Las recurrentes modificaciones, ¿Obedecen a una irresponsabilidad de la dirigencia política frente a las consecuencias de dichas reformas, o son la prueba de que no existe consecuencia alguna por distorsiones en su aplicación?

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