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Del escrache al señalamiento fascista

Es cierto, como se suele decir, que los Kirchner no inventaron nada. Que lo que ellos hacen y son no es más que el emergente de una cultura política largamente cultivada por la sociedad, o al menos por sectores amplios de la sociedad. Pero eso no quita que hayan aportado lo suyo, en no pocos casos llevando al extremo rasgos negativos heredados, dándole una intensidad particular a algunos vicios, en sí mismos particularmente desagradables. Uno de ellos es la costumbre de jugar yendo a los pies del adversario, y no a la pelota. O dicho de otro modo, la de hacer de la política una permanente búsqueda de culpables y no de soluciones.

En los últimos días, algunos periodistas progresistas que entre 2001 y 2008 fueron tolerantes o comprensivos con los escraches contra los representantes de la “política tradicional”, o tal vez no contra ellos, pero sí contra los militares procesistas, y entonces habilitaron una distinción entre los que “merecían” ser golpeados por la calle y los que no, han tomado una forzada y cruel lección de lo que termina resultando de este tipo de prácticas. Porque si estas costumbres no suponen la violación injustificada de derechos, sino que son un recurso legítimo que exige un juicio sobre merecimientos, entonces su justificación queda librada a la opinión. Y no necesariamente a la de la masa, sino, en términos prácticos, a los de grupos pequeños pero decididos de activistas.


Esos que hoy se esmeran en ganar puntos ante sus líderes y se ocupan de señalar a los “periodistas del monopolio” en carteles y marchas callejeras, en “juicios populares” y otros circos por el estilo. Ellos, simplemente, están trasladando la experiencia “exitosa” de los escraches contra los represores, y la no menos exitosa campaña de agresiones en que consistió el “que se vayan todos”, a la escena de los actuales conflictos entre el pueblo y sus enemigos. ¿Por qué reprochárselos, por qué objetarles que escupan e insulten a Fernando Bravo, si estuvo bien hacerlo con Alemann, o quien fuera?

Más que la brutalidad de un gobierno desde el principio brutal, y ahora encima desesperado por conservar el poder y una escena que confirme sus prejuicios y su pretendida superioridad moral, lo más alarmante de lo sucedido en los últimos días con los señalamientos fascistas contra periodistas opositores ha sido, por un lado, el eco que las incitaciones oficiales o paraoficiales encontraron en un activo político bastante extendido y dispuesto a pasar de las palabras a los hechos; y por otro, las dificultades del resto de los actores para movilizarse de modo de sancionar esas prácticas, aislarlas, y neutralizar a sus promotores.

Si algo ha quedado en claro tras lo sucedido en los últimos dos años de “decadencia kirchnerista”, es que, aunque el gobierno pierda calor de masas, no pierde el de este activo militante, politizado y entusiasta, que lo acompaña fielmente, y tal vez lo siga acompañando hasta el final. Los cientos de organizaciones que lo nuclean son muy diversas, promueven iniciativas concretas también muy distintas, pero el kirchnerismo no ha tenido dificultad sin embargo para vertebrarlas y mantenerlas alineadas detrás suyo. El uso muy extenso e intenso de recursos públicos puede explicar en parte esta capacidad, pero sólo en parte. Hay detrás de ella también la eficacia articulatoria de una ideología “orgánica” que organiza y da sentido a la acción del gobierno y de sus seguidores: la del populismo regenerativo. Él es particularmente propenso a dividir la escena política en buenos y malos, y a atribuir a la eliminación de los malos una función reparadora y transformadora. De nuevo, no es que los Kirchner lo hayan inventado: esa forma de ver las cosas está grabada en los genes de muchos argentinos, y es lo que ha hecho del resentimiento una de las pasiones más constantes en nuestra vida política.

Lo otro que ha quedado en claro en el desarrollo de las recientes agresiones a periodistas es lo mucho que contribuye el discurso de los organismos de derechos humanos a la descalificación de los enemigos del “gobierno nacional y popular”. Estos organismos, o al menos los más activos de ellos, nunca tuvieron raíces liberales y republicanas firmes. Y la poca afinidad que tenían con esos principios la perdieron del todo en los últimos años. En la medida en que ellos fueron adquiriendo un único y exclusivo foco, y una visión polar y excluyente de la lucha política que encaraban, la de demostrar la culpabilidad y castigar a los violadores a los derechos humanos de la última dictadura, no es de asombrarse que se prestaran dócilmente a legitimar una gestión de gobierno que satisfacía esa meta. Y lo han hecho por cierto con entusiasmo, proveyéndole argumentos justificatorios no sólo en ese, sino en todos los demás asuntos y terrenos. Al ceder a esta cooptación, esos organismos perdieron toda capacidad para promover la protección de derechos de la sociedad en general, o para formar consensos amplios en la vida política, que incluyan a más de al oficialismo y a su subcultura de izquierda, los puntos de vista de otros actores. Pero eso no les ha impedido ejercer una suerte de censura moral sobre muchos de estos actores que descalifican, incluidos los periodistas. Para muchos hombres de prensa, concluir que entidades como las que dirigen Bonafini y Carlotto han dejado hace tiempo de ser promotoras de los derechos ciudadanos, y pueden incluso ser dañinas para ellos, supone una ruptura dolorosa con su propia historia, además de un muy concreto riesgo moral, el de ser “señalados” como derechistas, procesistas, “cómplices de la dictadura”. Tal vez es hora de correr ese riesgo, y aceptar que el problema ha sido, en todo caso, no haberlo corrido tiempo atrás.

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina, Populismo, Usos de la historia, Violencia y politica.

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37 Responses

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  1. Andrés says

    Buenas Marcos,

    Es difícil encontrar un artículo tuyo donde no señales que los Kirchner están “desesperados por conseervar el poder”. De tanto repetirlo me pregunto si no es una proyección de deseos tuya más que una realidad patente (TODO gobierno trabaja para no perder el poder, pero de ahí a la desesperación…)

    Respecto al tema en cuestión, yo no pondría los “juicios populares” en la misma bolsa que los escraches y los “que se vayan todos”. Más que un juicio en sí, es una forma colectiva de un sector de la sociedad de reprocesar aspectos negativos (o poco gratos) de otro sector, en este caso ciertos periodistas. No es un simple arranque emocional estilo “que se vayan todos” ni es un ataque personalizado contra tal o cual personaje.

    Si yo fuese uno de esos periodistas, no me pondría para nada contento ciertamente, pero tendría mucho cuidado en cómo me defendería, y atacando ese “juicio popular” no ganaría mucho y sí perdería bastante, porque en esa “mise en escene” se condensarán perfiles y conductas de ciertos periodistas que comenzarán a recorrer la web y algunos medios y dejarán una impronta clara de quiénes se han transformado en los Gómez Fuentes de la democracia.

    Sería más útil para esos periodistas acusados de poder complementar aquello que surja del juicio con un relato personal que permita neutralizar lo que surja de esos juicios. Después de todo, son seres humanos que como todos han tenido alguna vez que enfrentar dilemas éticos o hacer ciertas “agachadas” para conservar el puesto que les da de comer.

    Saludos,

    Andrés

  2. Escriba - Nicolás Tereschuk says

    Decir que Abuelas de Plaza de Mayo “ha dejado hace tiempo de ser promotora de los derechos ciudadanos” es al menos aventurado, estimado. Todavía tiene tiempo de pegarle una editadita ¿no?
    Saludos

  3. Marcos Novaro says

    Estimado Andrés, definir al circo de ayer en Plaza de Mayo como “una forma colectiva de un sector de la sociedad de reprocesar aspectos negativos (o poco gratos) de otro sector” es medio insulso, disculpatorio, “tirar piedrazos a la salida de la cancha es una forma de liberar tensiones”, claro, es cierto. Todos esos personajes con brazaletes que los identificaban como “jueces” me hicieron reir, y confirman la presunción de que la deriva fascistona de esta gente ya no tiene remedio. Al respecto, el problema con tu argumento es que supongas que los acusados tienen que defenderse, de qué? por qué ellos y no cualquier otro? y ante quién? Meterse en esa discusión es inútil, simplemente en esos términos y con gente intolerante no se puede hablar. Incluso responder en forma indirecta es un poco complicado, así lo demuestra, por ejemplo, lo que hizo Magadalena con su reportaje a Bonafini en 1984: fue por lo menos equívoco, primero porque dejó entrever que buscaba mostrar que “ella no se merece ese trato”, lo que implícitamente daría a pensar que otros de los acusados si lo merecen; y en segundo lugar porque alguien se podría dedicar a comparar ese reportaje con otros anteriores en que la misma Magadalena se mostró comprensiva no con Bonafini y las víctimas sino con los milicos, y a partir de eso decidir si es o no “salva”. Absurdo, mejor dedicarse a cosas útiles.

    Por ejemplo, a pensar para qué sirven los organismos de derechos humanos hoy en Argentina: al respecto no creo que haga falta editing sino un poco de discusión, la cooptación kirchnerista está consumiendo la legitimidad de estas organizaciones y pervirtiendo una cultura institucional ya de por sí bastante problemática, en la que el liberalismo político siempre fue poco más que una excusa.

    Saludos

  4. Sara María says

    Estimado Marcos,
    Veo que en la mayoría de los comentarios hay objeciones a tu nota.
    Quiero decirte que me deleito con tus líneas, tu forma de poner en palabras situaciones y sensaciones es sumamente profunda.
    Cada vez que sale algo escrito por vos, no me lo pierdo, no importa el tema ni la opinión -en las que casi siempre coincido-, disfruto leerte.
    Gracias!

  5. Matias says

    Yo creo que la figura de “juicio publico” es una figura muy fuerte desde lo simbólico. Madres lo hace con condenados por delitos de lesa humanidad o con funcionarios que ocuparon resortes claves de poder. No se si era necesario llevarlo a cabo con periodistas.

    ¿Hasta que punto la izquierda hace una caza de brujas sobre lo que paso en esa fecha? ¿Cuantos iluminados habia a principios de 1976? ¿Quien no legitimo ese golpe civico-militar que tuvo sectores amplios de la sociedad a la manera de la vieja tutela militar instituida como practica frecuente desde 1930?

    Eso se llama banalización de la historia. Agradezco que no estoy atravesado con 24 años con la tragedia personal. Yo me sentiria dolido como persona que figuras dolorosas como desaparecidos se utilicen como monedas de cambio en el mercado del discurso politico.

    Los desaparecidos son un fetiche hoy en dia. Y el pañuelo de Hebe de Bonafini terminara siendo lo que es hoy una remera del Che Guevara.

  6. Andrés says

    Marcos,

    Es un error hablar de “cooptación kirchnerista” como si fuese una maniobra turbia. Estos últimos 2 gobiernos simplemente avanzaron con la agenda de los organismos de DDHH, eso les ganó su apoyo, y la cosa se acelera (Bignone ayer, Martínez de Hoz hoy).

    La inoperancia y/o desidia del “campo republicano” entre 1983 y 2001 no es responsabilidad de los K. Les convendría más hacerse cargo de eso y asumir que no pudieron / no supieron / no quisieron estar en el momento oportuno en el lugar oportuno.

    La descripción que hacés del juicio popular que viste es la misma impresión que tuve cuando se hicieron juicios similares a los genocidas durante la época de la impunidad. Puede dar rísa para quienes somos cínicos, sí, es teatralizado y hasta patético, pero es la forma PACÍFICA (desde un punto de vista físico, al menos) que encontraron de procesarlo, internalizarlo y externalizarlo de la manera menos traumática posible. No hubo tiros ni piedrazos que lastiimaran o mataran a nadie.

    Saludos,

    Andrés

  7. Escriba - Nicolás Tereschuk says

    Estimado:
    Yo me pregunto por qué tanta resistencia a decir “me equivoqué, lo cambio”.
    Una cosa es que vos pienses, como en esta explicación última que brindás, que determinada situación “está consumiendo la legitimidad de estas organizaciones”, lo cual es fantástico para discutir.
    Pero otra, como escribís en el texto, es afirmar que Abuelas de Plaza de Mayo es una organización que ha “dejado hace tiempo” de ser promotora de “los derechos ciudadanos”, lo cual es, en mi opinión, un error liso y llano. Sobre todo Abuelas que en la actualidad sigue con su esfuerzo aportando a la restitución de identidad a hijos de desaparecidos.
    Una de las dinámicas más interesantes de los blogs, me parece, es que vamos discutiendo en “tiempo real”, y que no debería haber un problema en decir “me equivoqué, lo edito”.
    Pero parece que no, que sí es un problema.
    Por otra parte, lamento que vuelvas a abordar el tema de la supuesta impostura y cooptación kirchnerista. Ya van siete años de gobierno, no dos meses. Siete años. Si este gobierno tiene la misma política desde hace siete años, entonces ya no tiene sentido lo que parecería que quieren hacer algunos, someter a un detector de mentiras a Néstor o Cristina Kirchner en torno a la temática de los derechos humanos. Este gobierno lo que hace es la política de derechos humanos que se ve. Y las organizaciones no la apoyan por imbéciles o flojas. Sino por una evaluación política, responsable, de que eso es lo que quieren apoyar. Acá cada uno es grande. No hay cooptación.
    De lo que me parece algunos analistas no se pueden deshacer es de la idea de que los “dueños” de los “derechos humanos” son otros. Y no, no hay “dueños” de los derechos humanos. Esta es una democracia. Somos todos iguales. El que está en el gobierno hace lo que puede con eso y este gobierno hace lo que vemos.
    Al margen, te digo que estoy en contra del juicio a los periodistas realizado en Plaza de Mayo, aunque por una cuestión de pura táctica política, no porque crea que deba condenarse ninguna expresión pública a priori.
    Y me parece excelente la posibilidad de discutir, no tanto el rol de los organismos de derechos humanos, sino cuál es la agenda de derechos humanos para, digamos, diez años.
    Saludos

  8. Matias says

    Celebro que reabramos una agenda de derechos humanos. Lamentablemente se ha extendido una concepción reducida de derechos humanos y es la que la izquierda ha ganado.

  9. Javier says

    Creo que la decisión de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo de apoyar la política de derechos humanos del gobierno no tiene en sí misma nada de malo. El problema es cuando esas organizaciones se vinculan, y dejan que su causa se vincule, con otros temas que no tienen nada que ver con dicha política. Hace tiempo que tanto Bonafini como Carlotto apoyan al gobierno en general, y no solo por la política de derechos humanos. Basta recordar a Carlotto avalando la referencia de Crisitna al “secuestro de los goles”. Entonces, estas agrupaciones han dejado de ser organizaciones vinculadas a un tema en particular, y se han convertido en agrupaciones políticas en un sentido más amplio. La potencial consecuencia negativa es que su causa corra la misma suerte, es decir, que el tema de los derechos humanos quede ligado a discusiones políticas que en sísmas no tienen nada que ver con él.

  10. FEr says

    Coincido con Javier y quisiera agregar una cuestión.

    El problema principal con respecto a las organizaciones de DDHH más visibles es que han tratado, posteriormente a que se avanzase con sus reclamos históricos, de articular un discurso político que hasta ahora sólo muestra reminiscencias de filo-kirchnerismo sin demasiada claridad. El problema está en que no se ponen en un terreno político de la discusión, cualquiera que se atreva a criticar un detalle o cualquier ínfima opinión de estas organizaciones queda condenado al vergonzante patíbulo de los fachos, gorilas o colaboracionistas. Y coincido con Marcos que estas representaciones y teatralizaciones no hacen más que banalizar aún más ese torpe discurso político. Es todo más fácil cuando los interlocutores son Pando o el grupo Clarín como grandes referentes de todo lo peor que se puede ser, en cambio cuando se acomete contra otros menos repudiables y también se les prohibe el descargo estamos en problema. Me parece de una gravedad ideológica profunda que dentro del esquema actual del FPV y afines dé lo mismo Lozano que Macri, Pino que Solá y Magdalena que Mariano Grondona.

    FEr

  11. Marcos Novaro says

    Estimado Escriba, yo no me refería a la cuestión de si los Kirchner adoptaron la defensa de los derechos humanos como impostura para hacerse pasar por lo que no son, ese es otro tema y no me quiero meter en él porque es me parece bastante menos interesante que este otro: además de meter presos a los milicos represores, lo que está muy bien claro y celebro, para qué sirven las iniciativas oficiales y de los principales organismos de derechos humanos? ¿Por qué es posible que los organismos más activos en promover los “derechos humanos” sean a la vez los que promueven el señalamiento fascista?

    Me parece que en este episodio se revelan algunos problemas que vienen de largo en estas organizaciones, y que han empeorado desde que ellas se acercaron, se sumaron o fueron cooptadas por el kirchnerismo, como se lo quiera ver. En esencia, el problema creo que se relaciona con su escasa afinidad con una tradición liberal republicana de los derechos, que les ha impedido hacer lo que se suponía desde un comienzo debían contribuir a hacer las organizaciones de derechos humanos y su lucha por meter presos a los represores de la dictadura: de esa lucha contra la impunidad y por la justicia se prometía que resultaría un empoderamiento de la justicia, permitiría que las instituciones, los actores, la cultura política en general se volvieran más respetuosos de los derechos individuales y políticos en general. Eso no pasó: en Argentina hay más juicios contra represores que en los países vecinos, y hay menos acceso a la justicia, respeto de libertades y menos cultura de derechos que, por caso, en Uruguay, con amnistía, Chile, con juicios acotados, o en Brasil.

    Creo además que esto se relaciona con otros dos rasgos que caracterizan a las estrategias de los organismos, y también las del oficialismo: primero, han hecho de la lucha por los derechos humanos una bandera no a compartir, a la que quieran sumar a actores que son distintos a ellos, por ejemplo de centro, derecha, o lo que sea, sino para diferenciarse de ellos, es decir, la “lucha por los derechos humanos” se ha usado como bandera para convencer a la gente de que quienes la levantan son moralmente superiores a los demás actores, que ellos, la izquierda, son “derechos y humanos” y el resto no. Y así tenemos un 24 de marzo que es una especie de fiesta de autocelebración de cierta izquierda, que sirve para dejar en silencio o mejor todavía señalar acusatoriamente a los que no van a la plaza, o incluso para echar de la plaza a los que no quieren ver ahí. Eso es lo que significa hacer de esa “lucha” un instrumento faccioso, y contraproducente para la defensa de derechos ciudadanos.

    Segundo, yendo un poco más allá, se ha empezado a usar la cuestión de derechos humanos como compensación de otros asuntos en que los depositarios de esta bandera se encuentran más en desventaja: así, se logra una extensión de la “lógica de los derechos” desde los juicios a los represores a otros asuntos de la agena pública, pero una muy distinta a la prometida inicialmente en clave de progreso democático, porque se da en clave de legitimación facciosa. Esta perversión es creo ya más difícil de revertir: no porque los actores no sean sinceros en lo que dicen, digo, seguramente Anibal Fernández no lo es, pero los Kirchner tal vez se lo crean y Bonafini seguramente lo cree, el problema es que en lo que creen es en un sistema de competencia política en que sus enemigos son tan malvados que se merecen cualquier cosa que se les pueda hacer.

    Saludos

  12. Escriba - Nicolás Tereschuk says

    Estimado:

    (Numero los puntos así me ordeno, no por nada en especial)

    1) Acá estás calificando de “señalamiento fascista” una iniciativa de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, uno de los principales organismos “de derechos humanos”, pero no el único, ni el más importante por sí solo. En la misma bolsa, en el post metés a Abuelas de Plaza de Mayo, por ejemplo. Para mí, vale la pena una editada del post.

    2) Fue Alfonsín el que mandó dos proyectos al Congreso para evitar un ” empoderamiento de la justicia, que permitiría que las instituciones, los actores, la cultura política en general se volvieran más respetuosos de los derechos individuales y políticos en general”. No sé si te acordás.

    3) Leer en tu comentario que hay más acceso a la Justicia en Brasil que en la Argentina me llamó a risa, salvo que consideres a Brasil la franja costera que llega hasta Río. Pero quizás yo sea el ignorante, así que si tenés datos concretos al respecto, te agradecería que los aportes.

    4) Si bien no comparto tu lectura de lo que son los actos por el 24 de marzo, creo que ya estamos entrando en una etapa distinta: muchos represores están siendo juzgados y están yendo a cárceles comunes. Yo creo que todos los actores que suelen entrar a esa plaza tienen que encarar un debate sobre qué significarán los derechos humanos dentro de 10, 15, 20 años, cuando Madres y Abuelas de Plaza de Mayo ya no estén. En este sentido, creo que políticas como la Asignación Universal por Hijo o la norma que obliga a destinar 6 puntos del producto a Educación, o el llamado Acuerdo por la Seguridad Democrática son puntos de base para ese debate.

    5) Lo de “un sistema de competencia política en que sus enemigos son tan malvados que se merecen cualquier cosa que se les pueda hacer” me parece un exceso. En la Argentina no le pasa nada a nadie. Nada cercano a “cualquier cosa que se les pueda hacer” que no esté dentro de las muy civilizadas reglas de la actividad política. Y ojo, no sea cosa que Kirchner abra los brazos como el último Perón y se lleve todo. Como está la cosa, es el único que podría abrir los brazos así y quedarse con casi todo. La oposición no está en condiciones. Depende, creo de la inteligencia de Kirchner.

    Saludos

  13. Andrés says

    Buenas,

    Yo me pregunto: Si las declaraciones agresivas de muchos dirigentes de los organismos de DDHH son “señalamientos fachistas”, qué adjetivos tenemos que ponerle a los comentaristas de La Nación que lo más suave que le dicen a CFK es yegua o konchuda?

    No se está yendo un poco la mano con el uso de la palabra fascista? Que yo sepa, los maestros y médicos públicos en Argentina no necesitan un carnet de afiliación a Madres o Abuelas para trabajar, ni los periodistas han recibido ningún golpe o acoso físico permanente para impedirles ejercer su trabajo.

    Saludos,

    Andrés

  14. Marcos Novaro says

    Parece que el peloteo continúa, y continuará, asi que a arremangarse.

    Escriba, no estamos más de acuerdo que al comienzo pero sí más cerca de entender en lo que estamos en desacuerdo, vos vez un país que, porque hay juicios a los militares, va para adelante en cuanto a acceso a la justicia y respeto de derechos, y yo veo que junto a esos juicios y en alguna medida gracias a la legitimación que ofrecen esos juicios, algunos aspectos del respeto a los derechos están cada vez peor, incluso en relación a países vecinos con los que antes había ventajas comparativas, por ejemplo, Brasil: tienen menos chances hoy los sin tierras de ser agregidos o de carecer de protección legal en caso de serlo, que Fernando Bravo de caminar cerca de una marcha oficialista sin ser escupido.

    Esto a su vez atiende a tu argumento de que no le pasa nada a nadie. Conozco unos cuantos periodistas a los que les pasan cosas, en la Feria del Libro o en la calle, fruto de la presencia de un activismo entusiasta y amenazante, comisarios de la revolución que son activamente impulsados por el gobierno y grupos paraestatales. Y no sólo por Madres sino también por otros organismos que por lo menos simpatizan con estos escraches.

    Punto que a su vez me sirve para contestarle a Andrés: un argumento que se usa desde el oficialismo con frecuencia es que son más agresivas, o por lo menos tan agresivas, las notas de diarios opositores contra el gobierno que las declaraciones de Cristina y Néstor, o de Bonafini contra los periodistas de Clarín o “procesistas”. El señalamiento fascista no tiene punto de comparación con una crítica a los gobernantes, sea todo lo dura que sea, porque en este caso la relación de poder favorece al que es objeto de la crítica, y es su obligación someterse a ella y aceptarla, y lo que tiene que asegurar el sistema es que los críticos que no están en el control del estado no corran riesgos, que es precisamente el problema que vivimos. A lo que se suma el hecho de que una cosa es que yo critique algo que otro actor hace, o dice, y una muy distinta es identificar una condición moral negativa que le pertenece al adversario, que lo hace merecedor de una “condena” por lo que es. Esto segundo tiene grados, claro: es, creo, cierto que en las críticas al oficialismo se incurre en ocasiones en descalificaciones morales de este tipo. Sólo que el grado en que se incurre en ello con los juicios al estilo del de Bonafini es bastante insoportable. Ambos problemas son hijos de una misma pretensión oficial: la de que ellos, el gobierno, son el polo débil de la confrontación porque enfrentan un monstruo poderosísimo, al que hay que atacar con todo lo que se tiene a mano porque es una amenaza mortal. Es el mismo razonamiento que usaban los nazis para justificar su lucha a veces brutal contra la conspiración judeo-masónica-bolchevique. De todo eso está hecho el ataque oficialista a la convivencia democrática.

    Que no hay que alarmarse porque sólo hubo unos sillazos? Que no hubo ningún muerto ni ninguna radio o diario apedreado? Una de dos, si se acepta que lo que hacen el gobierno y sus esbirros está mal pero “no es para tanto”, para no criticarlo hace falta probar que sus efectos negativos son compensados por otros positivos, que “sirve para algo”, activa la vida pública, que se yo, o que no tiene forma de derivar en males mayores, pero nada de eso se desprende de lo que dicen ni Escriba ni Andrés y nada hace pensar que la escalada que se viene dando por sí sola se vaya a desactivar, o a volver inocua; y en cambio si no se lo critica porque se comparte esta idea de que el mal a combatir es tan poderoso que justifica “algunos excesos” entonces hay que poder justificar que violar el derecho de Fernando Bravo, o de quien sea, a caminar por la calle o hablar en la Feria del Libro sea un costo “justificado” porque así se alecciona a los traidores a la patria y los malvados golpistas. Lo que me parece no se puede hacer es hacerse el piola con estas cosas y no hacerse cargo de las consecuencias de lo que se avala. Para eso, prefiero a la loca de Bonafini que por lo menos dice abiertamente lo que quiere y cómo lo quiere.

  15. Waverly says

    Ofrezco algunas precisiones que quizás contribuyan a la discusión:

    1. Sobre el señalamiento fascista: la afiliación compulsiva y los trabajos forzados no son formas de señalamiento sino de organización totalitaria. El señalamiento es la práctica de identificación y estigmatización pública, proveniente por supuesto de la Edad Media y corporizada de manera paradigmática en la señalización de los comercios judíos y, finalmente, de los judíos mismos en la Alemania nazi. Entiendo que es a este tipo de prácticas a que se refiere el post. Creo, también, que efectivamente se puede argumentar la existencia de equivalentes funcionales. Los judíos no eran ciudadanos del estado nazi, su voz no era considerada legítima, sus intereses eran considerados antagónicos a los del pueblo alemán. Los grandes medios, sus periodistas, la mayoría de los políticos opositores y los ciudadanos de a pie críticos de las políticas oficiales son colocados en una posición equivalente por el discurso oficialista.

    2. Sobre los organismos de derechos humanos: la promesa con que los organismos de derechos humanos fueron creados y actuaron, en mayor o menor medida, hasta mediados de la década del 90, fue la de luchar por la igualdad ante la ley y el respeto a los derechos humanos de todas las personas. Desde la segunda mitad de los 90, y algunos (como las Madres de Plaza de Mayo y algunas organizaciones de ex detenidos) aun desde antes, buena parte de los organismos de derechos humanos avanzó decididamente en direcciones opuestas a aquella promesa. Algunos, circunscribiendo la idea de “derechos humanos” a los derechos de los desaparecidos y torturados y, por ende, restrigiendo su actividad y demandar el castigo de los militares represores. Otros, reivindicando lisa y llanamente a las guerrillas y despreciando abiertamente el actual orden constitucional. El gobierno kirchnerista ofreció a los organismos que habían hecho esta trayectoria identificación simbólica y apoyo financiero. La mayoría de los organismos aceptó ambas cosas, y con ello se apartaron definitivamente del rumbo original de sus tareas.

    3. Sobre la “política de derechos humanos”: si la definición de “derechos humanos” que adopta el estado argentino es, formalmente, la de la Declaración Universal de los Derechos Humanos a la que adhirió en su momento, entonces difícilmente pueda decirse que hay en Argentina una “política de derechos humanos”. ¿Qué políticas se implementan para garantizar el derecho a la vivienda digna, al trabajo formal y protegido, a la salud y la educación públicas de calidad? Al adoptar la definición de “derechos humanos” acotada a la defensa de los derechos políticos y civiles de los miliantes muertos, el gobierno argentino parece haberse embarcado en una “política de derechos humanos” restrictiva e ineficiente, considerando la magnitud de los problemas que sufren los vivos. Pero aun en esa política restrictiva las cosas fallan: los juicios a los represores carecen de toda planificación racional, los testigos deben declarar decenas de veces, su seguridad (como lo muestra la desaparición de Julio López) dista de estar garantizada, la proliferación de organismos querellantes contribuye a la lentificación de los procedimientos y al retardo de la justicia (tanto o más que las acciones dilatorias de jueces conservadores). Para ser una política en la que el oficialismo dice jugar su propia identidad, no parecen prestarle la atención que amerita.

  16. Marcos Novaro says

    Algo más sobre el señalamiento: yo no diría que una nota agresiva es lo mismo que un acto agresivo, del dicho al hecho hay mucho trecho. Por caso, la infinidad de notas escritas en Página 12 y Debate estos días justificando los señalamientos son sólo escritos, no dejan de ser agresivos, malos análisis fundados en confusiones, expresivos de un espíritu antiliberal, de ideas en mi opinión equivocadas, pero sólo son eso, palabras. Pasar al acto, ocupar el espacio público con una fuerza física que se arroga explícitamente el derecho a expulsar de él a los enemigos, o peor aun, hacerlo cerca de donde se encuentran los enemigos, para hacerles sentir miedo físico, eso es el señalamiento, y el kirchnerismo lo viene practicando desde la crisis con el campo a esta parte en forma cada vez más asidua. Esto para aclarar el final de mi comentario: avalar estas prácticas no es lo mismo que realizarlas, pero tampoco carece de responsabilidad, intelectual y política.

  17. Escriba - Nicolás Tereschuk says

    ¿Por qué un cientista social como vos sacan tan rápido el tema del fascismo donde no va?
    Recién acabás de usar una comparación referida a los argumentos “usaban los nazis para justificar su lucha a veces brutal contra la conspiración judeo-masónica-bolchevique”.
    La verdad, me parece increíble que se saquen con semejante liviandad argumentos absolutamente extemporáneos. No vale la pena empezar acá con quién dice cada cosa, quién es más poderoso, quién hace cosas peores porque no tiene sentido.
    Pero a la pasada, te digo: cambiá los nombres del párrafo en el que hablás de

    “Una de dos, si se acepta que lo que hacen el gobierno y sus esbirros está mal pero “no es para tanto”, para no criticarlo hace falta probar que sus efectos negativos son compensados por otros positivos, que “sirve para algo”, activa la vida pública, que se yo, o que no tiene forma de derivar en males mayores, pero nada de eso se desprende de lo que dicen ni Escriba ni Andrés y nada hace pensar que la escalada que se viene dando por sí sola se vaya a desactivar, o a volver inocua; y en cambio si no se lo critica porque se comparte esta idea de que el mal a combatir es tan poderoso que justifica “algunos excesos” entonces hay que poder justificar que violar el derecho de Fernando Bravo, o de quien sea, a caminar por la calle o hablar en la Feria del Libro sea un costo “justificado” porque así se alecciona a los traidores a la patria y los malvados golpistas”.

    …y después mirá un video del escrache a Agustín Rossi en Santa Fe http://www.youtube.com/watch?v=uobCT9WpRio

    Si hiciste un post sobre el fascismo entonces, te pido que me lo mandes por mail, así podemos seguir discutiendo tranquilos.
    Saludos

    PD: Sigo sin entender la vinculación de Abuelas de Plaza de Mayo con todo esto. Fijate, que todavía estás a tiempo de editar o sacar alguna notita aclaratoria.

  18. Vicente Naria says

    Waverly, IMPECABLE

  19. Marcos Novaro says

    Estimado Escriba: Y dale con las Abuelas!, ellas igual que los demás organismos deberían dejar de sostener que los periodistas de Clarín se merecen los ataques oficiales, y que los mismos directivos o dueños de la empresa merezcan ser señalados como enemigos del pueblo. Aun en el muy probable caso de que se compruebe lo que se sospecha sobre los hijos de Ernestina, el respeto de los derechos se habrá visto más afectado que protegido con lo que hizo ya el oficialismo al respecto, tanto desde el estado como a través de sus activos militantes.

    No entiendo muy bien lo que querés decir con tu insistencia en que “todavía estoy a tiempo de editar o sacar una notita aclaratoria”, ¿suponés que cuando ese tiempo que me concedés se agote va a tronar el escarmiento? ¿Sabés algo que yo no sé? Me van a echar del Cels?

    Que no puedas diferenciar lo que implica que yo escriba una nota crítica, aun una durisima, por ejemplo, sobre tus opiniones y tus apuestas políticas, y vos me contestes, también para dar un ejemplo figurado, viniendo a mi casa con tus amigos para putearme, es revelador de una falla en tu juicio moral. Esa falla tiene muchas explicaciones posibles, enojo acumulado, falta de educación cívica, resentimiento flotando en el ambiente, etc. Pero tiene además una tradición ideológica y política detrás, que es la práctica de la intolerancia y la exclusión del disidente, y la movilización social como arma para llevarla a la práctica. Esta tradición tiene un nombre: fascismo. Es un nombre técnico, no un insulto, podríamos llamarlo de otra manera, “populismo radical y violento”, “totalitarismo de masas”, etc. No es un fenómeno del pasado, se practica asiduamente en regímenes antiliberales y en los márgenes de muchas democracias liberales, que se yo, en Cuba, en Venezuela, en Irán, después de cada atentado en EEUU. Es un problema concreto, no una fantasía como la conspiración destituyente, o el “monopolio mediático”, o la pertenencia de Antonini Wilson a la CIA. No, el fascismo existe entre nosotros. Si no lo ves puede ser que se deba a que mirás para otro lado, o a que te parece simpático porque persigue fines con los que estás de acuerdo. Tenés todo el tiempo del mundo en aclarártelo a vos mismo y no te pido que me lo aclares a mí, porque es tu problema, mientras sólo escribas, merecerás mis más duras críticas pero nunca se me va a ocurrir exigirte que corrijas nada. Allá vos.

  20. Escriba - Nicolás Tereschuk says

    Ah, pero qué nivel, Diegote.
    Marcos:
    Traeme una frase de Abuelas de Plaza de Mayo diciendo que “los periodistas de Clarín se merecen los ataques oficiales, y que los mismos directivos o dueños de la empresa merezcan ser señalados como enemigos del pueblo”. Yo no ví ninguna frase de ese tenor, la verdad, por parte de esa organización. Si la conseguís, bárbaro. Yo me habré equivocado. Pero si no, estás equivocado vos. Y si sostenés la frase equivocado estás mintiendo.
    Mantengamos entonces cierta seriedad mínima en la discusión, por favor.
    Me gustaría por otra parte que me expliques lo de “aún en el muy probable caso de que se compruebe lo que se sospecha sobre los hijos de Ernestina, el respeto de los derechos se habrá visto más afectado que protegido con lo que hizo ya el oficialismo al respecto, tanto desde el estado como a través de sus activos militantes”. No se entiende por qué.
    Lo demás es un desvarío ¿por qué habría de amenazarte yo? Me parece que estás a tiempo de subsanar un error para que no quede así tu texto, nada más. No te “exijo” que corrijas. Considero que el señalamiento que hacés sobre Abuelas es una frase errada, que no resiste un mínimo análisis intelectualmente honesto.
    Por otra parte, te pregunto en serio: ¿a vos te parece que en la Argentina hay “un totalitarismo de masas”?
    Marcos: las instituciones jamás funcionaron mejor en la Argentina, con el Congreso a pleno, la Justicia con un nivel de independencia importante -fijate todos los fallos en contra del Gobierno-, la Corte un lujo y no te pido que revises las votaciones del Consejo de la Magistratura que son la mayoría por unanimidad, porque ya sería demasiado.
    Si las instituciones hubieran funcionado tan bien en los gobiernos de Alfonsín y de Menem, quizás a la organización HIJOS no se le hubiera ocurrido realizar aquellos primeros “escraches” (contándole al barrio quién era su vecino represor), siendo que se trataba entonces de sectores no tenían “acceso a la Justicia”, se me ocurre.
    Waverly: yo, en serio, no entiendo cómo alguien puede comparar los cuestionamientos a algunos periodistas con procesos que terminaron como terminaron, ni con no-sé-qué de la Edad Media. Un desastre. Vamos, che un poco de ingenio que parecen Carrió comparando cualquier cosa que no le gusta con Ceaucescu.
    Y estaría bueno que te preguntes por qué a medidados de los 90 algunos organismos se pusieron más “duros” con algunos temas. El sistema político y la Justicia les dieron la espalda. Un detalle.
    Y te bandeaste al final: “Qué políticas se implementan para garantizar el derecho a la vivienda digna, al trabajo formal y protegido, a la salud y la educación públicas de calidad?” Asignación universal por hijo, 6 puntos del producto en Educación, mayor nivel de construcción de vivienda social del período democrático, crecimiento del empleo formal y protegido, récord de acuerdos en paritarias, funcionamiento del Consejo del Salario, Ley de actualización automática de jubilaciones.
    ¿Quieren discutir? Discutimos, eh.
    Saludos

  21. Waverly says

    Escriba,

    Respondo porque aludiste a mi intervención, pero antes de responder necesito protestar por tus modales. Estar en desacuerdo es perfectamente legìtimo, pero los desacuerdos deben estar basados en argumentos, no en descalificaciones. Contestar argumentos, como los que intenté plantear o cualesquiera, acusando a quien los plantea de “desastre”, “no ingenioso” o “haberse bandeado” (que supongo quiere decir “desviarse de la lìnea justa”) no me parece un buen modo de comenzar una discusiòn. Paso ahora a los argumentos que entreveo bajo tus calificativos.

    1. Sobre las comparaciones: las comparaciones que intenté plantear provienen de razonamientos de equivalencia funcional sobre la base de lecturas de libros de historia. Disto mucho de ser el primero en practicarlas. Hay una extensa tradición empírica en sociología, ciencia política, historia y antropología y una no menos extensa tradición en epistemología de las ciencias sociales que argumenta a favor de las comparaciones. Si no te gustan los razonamientos comparativos, allá vos. Si no te gustan estos razonamientos comparativos, porque pensás – por ejemplo – que no tienen evidencia suficiente para trazar los paralelos y las diferencias, entonces proponé otros, o distinta evidencia. Pero para criticarlos con fundamentos sería útil que consultaras bibliografía sobre los regímenes fascistas y las prácticas de movilización y estigmatización de sus organizaciones.

    2. Sobre los organismos de derechos humanos en los 90: sostener que el poder político y el judicial les dieron la espalda en esos años me parece inexacto. Es, por supuesto, cierto que se cerraron los juicios a los represores, pero no para todos los delitos (la obediencia debida no abarcó la apropiación de niños). Es cierto que con las leyes de punto final y obediencia debida el Estado se retiró de la persecución penal de las violaciones de los derechos humanos durante la última dictadura, pero no de toda medida reparatoria de esas violaciones: se avanzó bastante en la identificación de niños apropiados y se otorgó una cantidad importante de indemnizaciones a víctimas y a familiares de desaparecidos. No fue el “juicio y castigo” demandado en la transición, pero tampoco fue nada. Creo, sin embargo, que hay algo adecuado en tu comentario: los organismos de derechos humanos dejaron de tener un lugar principal en la agenda de los partidos y de los líderes políticos. Algunos se adaptaron a esa pérdida de centralidad radicalizando sus planteos; otros, cambiando la naturaleza de su misión para abarcar la promoción de otros derechos humanos que los de los militantes muertos.

    3. Tu lista de políticas oficiales que defenderían los derechos humanos en su definición amplia incluye, desde mi punto de vista, algunos ítems con aspectos cuestionables. Primero, la asignación por hijo no es universal: abarca a los trabajadores en situación de informalidad que puedan demostrar para sus hogares ingresos por debajo de una cierta línea. Segundo, los 6 puntos del PBI para Educación se destinan en su abrumadora mayoría a mejorar el salario de los docentes y casi nada a levantar la infraestructura de las escuelas o evaluar los resultados de la actividad docente – lo cual para mí es tan importante como tener docentes bien pagos, y en algunos lugares del país aun más importante. La mayor construcción de vivienda social del período democrático está por demostrarse: si se mide según lo comprometido en los presupuestos, sí, pero si se mide sobre lo ejecutado no tanto: se construyó un tercio de lo presupuestado. Además muchas de las viviendas tienen problemas estructurales importantes, derivados de utilizar materiales de baja calidad o hacer malos estudios de los suelos El récord de acuerdos en paritarias beneficia a alrededor del 40% de la fuerza laboral – i.e. la proporción que se encuentra formalizada. Para incrementar la formalidad del trabajo se han implementado planes de facilidades para empresas evasoras, cuando en estudios comparados a nivel internacional está hace tiempo en cuestión la eficacia de esa estrategia cuando el tamaño de la fuerza informal es tan alto como en Argentina. La actualización automática de las jubilaciones se ha hecho sobre la base de fórmulas que no permiten mantener el valor real ante la erosión inflacionaria ni respetan las reglas de actualización establecidas por la jurisprudencia de la Corte Suprema.

    Termino con una aclaración. No pretendo que las críticas enunciadas a las políticas oficiales sean suficientes para quitarles todo mérito. Creo que varias de esas políticas constituyen efectivos avances. Pero también creo que no eran lo único ni lo mejor que se podía hacer, y es mi impresión que el oficialismo no tiene intención de hacer otras cosas, ni mejores cosas que éstas. Se podía discutir muchas alternativas para mejorar las políticas, todavía se puede. El oficialismo no desea hacerlo. Resulta algo insultante que convierta su falta de voluntad para ello en la postulación de que sólo sus ideas son virtuosas y son, además, las únicas posibles.

  22. Sol says

    Hola a todos,

    Creo que lo urticante de esta discusión es que sería necesario ponerse de acuerdo al menos en un punto: para algunos, el totalitarismo se define por ser un régimen de certeza, con indiferenciación y concentración de las esferas del saber, el poder y la ley, donde rige más la unidad que la pluralidad y hay un Egócrata, pero sobre todo, y esto no es un detalle, donde se monta organizada y sistemáticamente la aniquilación y asesinato de grandes porciones de la población en campos de concentración y exterminio (además de la exclusión simbólica, social y política previa que eso supone).

    Que los Kirchner quieran concentrar el poder y el saber acerca de la “verdad” de las cosas, es discutible; es posible que quieran encarnar la ley, pero también hay que reconocer que hay instituciones como el Parlamento y la Justicia que se encargan de frenarlos sistemáticamente. Ahora, no puede decirse que este gobierno monte o esté montando ninguna campaña de exterminio físico -pero tampoco político- de ninguna parte de la sociedad: al contrario, los opositores están más presentes y vivos que nunca! Obvio que, como partes de la sociedad, tienen legítimo derecho a expresarse, y lo ejercen plenamente: hablan y escriben por todos lados, en los medios más masivos que hay.

    Y estoy de acuerdo en que el gobierno no es una parte más que deba actuar facciosamente, sino garantizar el funcionamiento de los derechos, pero también hay que reconocer que este gobierno se mueve estratégicamente dentro de los márgenes de la ley. ¿Quién puede demostrar que atrás del juicio a los periodistas o de las puteadas a F. Bravo está Kirchner? Ahí no hay más que un sector contra otro ejerciendo su derecho a opinar –o a putearse.

    Por eso, creo que usar el concepto de fascismo no es gratuito. El que lo usa también tiene que hacerse cargo de que incurre en la misma falacia que el gobierno, cuando acusa a cualquier opositor de “golpista”: el argumento ad hominem (no discutir los argumentos del otro, sino su persona) y la descalificación moral del otro. ¿Hay acaso algo moralmente inferior que ser totalitario, nazi y fascista? Entiendo que hay tensión, hay crispación y hay cierta violencia en el aire, pero estaría bueno no dejar que eso nos impida hablar y encontrar acuerdos comunes, al menos acerca de los sentidos elementales de las palabras.

    Saludos!

  23. Marcos Novaro says

    Además del aval a la homologación de los secuestros bajo el Proceso con los “secuestros de goles” por Clarín, la advertencia de que frente al gobierno están “los mismos asesinos y los mismos cómplices del hambre, que hoy pretenden volver a las recetas neoliberales” y muchas por el estilo, cuenta la sistemática sonrisa y aplauso en primera fila a todos los discursos oficiales en que se ha “señalado” al enemigo mediático. La actitud facciosa, descalificatoria y virulenta obviamente es más decidida y frontal en Bonafini, pero el aval está. Algún otro organismo dijo algo sobre el problema que valga la pena recordar? El Cels hizo algún planteo, algún gesto de preocupación?

    Si en algo tenés razón, Escriba, es en que no vivimos bajo un régimen fascista como suele decir Carrió, y las instituciones de la democracia aguantan por ahora bastante bien. Primero, no lo logran precisamente por mérito del gobierno: si es cierto que Kirchner fue el que impulsó el cambio en la Corte, también lo es que desde entonces se viene arrepintiendo y haciendo todo lo posible para que ella intervenga lo menos posible. Y peor que eso es que es el ala izquierda del oficialismo, incluso sus sectores más “críticos”, los que creen que el problema es que no se ha radicalizado lo suficiente, los que ponen más entusiasmo en llevarlo a una guerra total, a actuar bajo el supuesto de que la solución va a venir cuando los enemigos estén presos o destruidos. Toda la idea detrás de la “destrucción de Clarín” es que ahí anida el mal, no hay por qué esperar a que esa idea se lleve plenamente a la práctica para advertir que es un delirio paranoide y destructivo.

    La semana pasada alguien colgó este post en un blog nac&pop: http://revolucion-tinta-limon.blogspot.com/2010/04/que-les-paso.html. Es un relato muy articulado sobre la relación entre las desgracias argentinas y la presencia de Clarín, que si uno lo lee rápido hasta parece consistente, parece tener sentido. Pero si lo contrastás con hechos concretos empezás a darte cuenta la dimensión del delirio: no hay ninguna referencia específica, ningún dato duro, que permita decir nada de lo que ahí se dice, que Clarín ha sido enromemente perjudicial para la democracia y para el progreso del país. Hay sin duda negocios turbios y mala práxis periodística, acompañamiento de tendencias, aval a la opinión pública mayoritaria en todo momento, sea lo que sea que quiera esa opinión, silenciamiento cobarde o interesado de temas, pero cómo podemos pasar de eso a la afirmación de que Clarín “provocó” cualquiera de los problemas nacionales, que culpa de Clarín, qué se yo, hubo desaparecidos, guerra de Malvinas, hiperinflación, privatizaciones toscas y corruptas, indultos, deuda irresponsable, convertibilidad a muerte, o cualquier otra cosa? Bueno, si se puede. El post lo demuestra. Simplemente hay que copiar el estilo y el tipo de argumento ideológico, consistentemente cerrado a cualquier evidencia, de los libelos con los que los nazis acusaban a los judíos.

    Saludos

  24. Escriba - Nicolás Tereschuk says

    Muy bien Sol.
    “Fascismo” no es cualquier “equivalencia funcional”. Es más (y eso es lo que me impresiona de su uso “fácil”), de hecho mi impresión es que su uso descalifica sobre todo al que echa mano a él así, en forma extemporánea.
    Y con respecto a los últimos comentarios de Waverly y Novaro, veo que vamos llegando a algunos acuerdos mínimos, salvo cuando se vuelve a hablar del “el estilo y el tipo de argumento ideológico, consistentemente cerrado a cualquier evidencia, de los libelos con los que los nazis acusaban a los judíos”.
    Sigo más tarde.
    Saludos

  25. Javier says

    Hace algunas semanas, en el programa 6, 7, 8, Orlando Barone comentó sobre unos dichos de Ernesto Tenenbaum. Este había explicado que no asistiría a la marcha del 24 de marzo, porque la cuestión de los derechos humanos había quedado ligada al gobierno, a tal punto que participar en dicha marcha implicaría de un modo u otro avalar la política oficial. Barone condenó la posición de Tenenbaum quien, según aquél, no había elegido al bien por sobre el mal, y concluyó: “si no podés definirte entre el bien y el mal, estás con el mal” (lo cual generó un inmediato desacuerdo en el comentarista invitado, quien aclaró que el mal era Videla y no Tenenbaum).

    A mí no me cabe duda de que Barone no es ningún fascista. El seguramente quiere elecciones limpias, y condenaría (creo) cualquier ataque físico o intimidación directa a quienes no piensan como él. Sin embargo, quiéralo o no, el razonamiento de Barone opera según una lógica propia de los movimientos fascistas: si no compartís mi punto de vista, sos mi enemigo. Y un enemigo absoluto, irreconciliable, puesto que se trata del bien contra el mal.

    Que estos razonamiento no provengan de un régimen o de un movimiento fascista no los hace menos graves, sino tal vez lo contrario. Que este razonamiento esté presente en secotres que se proclaman pluralistas y democráticos revela un problema de cultura política bastante profundo y difícil de solucionar. Por supuesto que no es solo en el oficialismo donde encontramos ejemplos como éste. Pero el punto es que hablar de características fascistas no implica necesariamente equiparar situaciones históricas, sino que puede ser un recurso para, a partir de una experiencia histórica, iluminar ciertos elementos del presente y sus posibles derivas. Hay que tener en cuenta que la idea de “no exagerar”, o no “sobredimensionar”, estuvo muy presente en los orígenes del fascismo, del totalitarismo, e incluso de la última dictadura argentina. Por eso, ciertas formas de razonar conviene identificarlas a tiempo, para interpretar mejor lo que está pasando y anticipar lo que puede llegar a pasar si dichas formas se profundizan y se expanden.

  26. Martín says

    Che, soy el del post que cita Marcos. No voy a defenderlo, sí a aclarar o ampliar alguna cosita, o a decir algo que quizás no dije, incluso. No digo que Clarín sea el mal, digo que la eficacia del diario fue ubicarse lentamente en un lugar de centralidad, que muchas veces puede ser dicho como “neutralidad”, por más trillado que suene. Clarín no era un diario con un despliegue ideológico o empresario políticamente visible, algo así. De diario se transformó en grupo, casi como una evolución natural de la democracia y el mercado. Y todos los gobiernos tuvieron sus “semanas santas” con esas tres o cuatro tapas. Pero el enfrentamiento entre Clarín y Gobierno lo corrió de ese lugar. Es decir: antes no se sabía tanto sobre el Grupo Clarín. Más o menos por ahí andaba lo que quería decir. Y para ser francos, me interesa pensar más que nada del 83 para acá. Lo otro, la policía del “¿qué hiciste tú durante la dictadura?” se lo dejo a otros.

  27. Marcos Novaro says

    Estimado Martín: bienvenida la aclaración. Entre tus argumentos hay algunos que comparto y otros que no, a lo que me refería en mi comentario era a un tono conspirativo que creo está muy extendido y es bastante tóxico. Definiciones de Clarín como “un portador sano de las destituciones que operaban constantemente sobre los gobiernos”, un relato según el cual “Clarín abría y cerraba ciclos políticos, como quien vuelve una y otra vez a la escena del crimen, perfectamente limpio y peinado, y se guiña el ojo con el de Asuntos Internos, porque conoce la trama secreta del crimen que compromete a todos” o que “Clarín fue parte del problema del fracaso de las economías del 83-01. El Gran Diario de las Crisis económicas, el Gran Diario del gobierno de la economía sobre la política” ilustran mi punto. Saludos

  28. Martín says

    Uh, y yo creí que estaba siendo sutil.

    Marcos, lo del tono conspirativo es un exceso, qué sé yo, es una crítica un poco estética. Yo creo que Clarín quedó más desnudo, a costa de algo que se perdió y que aún no sabemos bien qué es y que Clarín simboliza. Mi pregunta es: ¿qué es exactamente Clarín? Cuando Kirchner contó su reunión con Magnetto en 678, nadie la desmintió. Sólo admitime esto: es un diario escrito con una prosa incapaz de admitir la sola existencia de esa reunión. Pero la reunión existió. Clarín “algo” negociaba. ¡Y se supo! A cualquier político, desde Chacho y Graciela hasta Menem, cuando le decías en sus años dorados: “Clarín”, sabían que algo estabas diciendo, algo más que el nombre de un diario. Mi pregunta sería: ¿qué?

  29. Escriba - Nicolás Tereschuk says

    Insisto, ahora que leo que Waverly ve “efectivos avances” en las políticas de esta gestión y la anterior, y que Novaro admite que “no vivimos bajo un régimen fascista como suele decir Carrió, y las instituciones de la democracia aguantan por ahora bastante bien” creo que podemos decir que la discusión tuvo cierto sentido.
    Por mi parte, me quedo con la mayoría de los conceptos de Sol. Y les dejo la última tapa de la revista Barcelona
    http://www.revistabarcelona.com.ar/images/ediciones/186.jpg

  30. Brian says

    Novaro:

    Con todo respeto, realmente se sigue autoconvenciendo del asunto este de la cooptación? Un gobierno que por fin establece como política de Estado lo que los organismos siempre reclamaron y usted les pide que no lo apoyen cuando las alternativas a la vista van de la negación a la restauración del camino de memoria, verdad y justicia?? No se elige entre Gandhi y el Arcángel Gabriel.

    Otra cosa es llama poderosamente la atención es que usted identifique a los periodistas millonarios como la última reserva moral de la nación con su discurso liberal que siempre sustrae el conflicto y los intereses de todo debate político, que sigue banalizando la discusión en una división entre los tiranos populistas y las almas bellas republicanas y plurales.

    Un saludo

  31. maiakovski says

    Hay dos cosas muy repetidas en este post, nunca con buenos argumentos. Una es la idea de que los organismos de derechos humanos (todos) se habrían “ensuciado” al salir de su “tema específico”. El problema es que la defensa de los derechos humanos -los civiles, los políticos, los sociales- no son un tema “específico”, como podría serlo una reforma de la carrera de Ciencias políticas en la UBA. Son temas que se rozan con varias cosas: organización de base de los sectores que se sienten vulnerados en sus derechos humanos y que no estaban incluidos antes en las organizaciones de DDHH, difusión mediática de los reclamos y accionar de estas organizaciones, control ciudadano de la justicia y las fuerzas de seguridad, intervención en políticas de seguridad, etc,, solo para nombrar los más cercanos a la ideas que se formó la sociedada de los organismos desde el 83. Entonces, ¿qué pasa, desde el punto de vista de los organismos y del medio, cuando las Abuelas sospechan que dos menores apropiados están en poder de la dueña del principal multimedios del país? O yendo más profundo: ¿no es obvio que aorganizaciones que reclaman la garantía de derechos que sólo pueden ser garantizados por el Estado busquen un gobierno amigo? Parace natural para cualquiera que haya actuado en política. Por otra parte, la mayoría de las polarizaciones no se producen por voluntad de uno de los polos. La misma dinámica de los acontecimientos políticos va llevando a las partes a “polarizarse”, o a radicalizarse en lenguaje leninista clásico. Esto no es en sí ni bueno ni malo para la salud política de un país, puede ser incluso necesario. Ahora llegamos a la segunda cuestión: como el discurso inculcado a sangre y fuego por la dictadura militar y luego aceptado la mayoría de los intelectuales que se propusieron como tarea “construir las instituciones democráticas”, discurso que es tomado, resumido y vulgarizado por la mayoría de los medios estos últimos años, reza que el menor indicio de radicalización es castigado con una represión feroz y sin límites , por lo tanto no agitemos mucho las aguas, cualquier crispación, cualquier “polarización”, cualquier atisno de radicalización de las demandas y la acción política del lado de los sectores sociales y los cuadros políticos que llevan la etiqueta de perdedores de la guerra sucia, bueno, mete miedo. Mete miedo aunque los sectores que reprimieron en los 70 ya no tengan la misma capacidad de reprimir, gracias al accionar de los organismos de derechos humanos y de la Justicia, avalados por el poder ejecutivo y legislativo durante los gobiernos de Alfonsín y Kirchner, por falta de consenso social y político y porque están escaldados. Y mete miedo aunque la radicalización no sea tan profunda como en los 70, cuando sectores no muy amplios pero activos y en crecimiento cuestionaban frontalmente la base de la democracia y el capitalismo: la propiedad privada de los medios de producción. Temo parecer obvio, pero los Kirchner son exitosos empresarios del capitalismo local, no cuadros del PRT, ni siquiera militares interesados en las ideas de reforma social como lo fue Perón. En conclusión, Novaro, no da. Tu mismo post es una piedra más en el collar de una propaganda psicológica de décadas que intenta inculcar que cualquier intento de reforma más o menos serio, de lo que sea, es inviabale, porque la reacción sería devastadora. Esto, como si 25 años de respeto a ese tabú nos hubieran colocado en el lugar de España, no en el de un país destruido, social y económicamente, con una crisis de representatividad políotica que aún se arrastra y con un “que se vayan todos ” que demostró que aun la legitimidad del sistema no era un valor. Es evidente de toda evidencia que el deterioro de la sociedad y la economía fue lo que limó la legitimidad de la democracia, no ningún espíritu fascista de ninguno de los actores políticos en juego. No fue por imprudencia o crispación que llegamos a este estado. Con imprudencia y crispación, entonces, probablemente, salgamos. Un saludo.

  32. Marcos Novaro says

    Estimado Martín: un punto en que tenés sin duda razón es que la exposición pública de los mecanismos de lobby usados por Clarín significó un paso adelante para transparentar las relaciones entre gobiernos y medios. Paso, aclaremos, que fue en dirección contraria a todo lo que hizo el gobierno de los K hasta entonces con el propio Clarín, con todos los demás medios, y a todo lo que quiere seguir haciendo en forma aun más extendida de aquí en más, ley de servicios audiovisuales mediante. Si no ¿cómo entra en tu relato el entuerto con Telecom, los decodificadores de televisión digital con 10 canales elegidos por el gobierno, o tantas otras cuestiones reveladoras del interés oficial en que se “escuchen todas las voces”?

    El problema con Clarín, aclaremos también, no fue el resultado de una presión desaforada del malvado Magneto sobre el gobierno nacional y popular. Resultó del hecho de que se le pedía ya demasiado a cambio de los negocios que se le habían brindado: que inventara una conspiración destituyente de la mesa de enlace, una inflación insignificante, en suma, que hiciera lo que hacen Canal 7, Página 12 y todos los demás medios amigos que carecen de credibilidad salvo para los que ya están fanáticamente convencidos. Clarín eligió entre un negocio rentable en lo inmediato y un capital propio hacia el futuro y eligió bien. Lo que pierda en el interín se justificará si logra preservar ese capital.

    Ahora que bien puede volver uno a preguntarse si algo positivo habrá quedado para la sociedad y la democracia de todo este conflicto: será más difícil para Clarín, y para otros medios, extorsionar a gobiernos en problemas, de lo que les resultó hacerlo en el pasado? Esta eventual mejora en la posición de las instituciones públicas vis a vis los lobbies será extensible a otros sectores, otros grupos empresarios, mafias, sindicatos, lo que sea? Esto no depende de la voluntad política de un funcionario tanto como de los recursos institucionales: Alfonsín pudo querer ser muy autónomo, pero terminó siéndolo bastante poco dado que no tenía con que respaldar esa pretensión, al menos no frente a los grupos de interés. Los Kirchner aprovecharon una situación inicial en que esos recursos eran mucho mayores y estaban más concentrados en el ejecutivo nacional. Pero no la usaron para fortalecer esas ventajas y convertirlas en recursos permanentes de las instituciones, sino para sacar provecho circunstancial, derrotar a sus adversarios, y lisa y llanamente afanar. En el interín habrá algunos represores presos y unos cuantos museos de la memoria. El estado que nos dejen será por eso más poderoso y eficaz para defender los derechos humanos en general? Lo dudo. Y los poderes fácticos estarán más sometidos a regulaciones públicas? Lo dudo.
    Todo lo demás es verso, el relato que hacen Escriba o Maiakovski sobre nuestro pasado reciente yo no lo comparto para nada, pero no es lo importante: lo que hay que discutir es si se pueden hacer mejor las cosas, si hay que elegir entre lo malo de este gobierno y cosas peores, o si la política argentina puede ser al menos un poco menos corrupta, ineficaz y facciosa. Saludos

  33. Nicolás Puente says

    “el problema creo que se relaciona con su escasa afinidad con una tradición liberal republicana de los derechos”. esa tradición, quién la representa, ¿son muchos los representantes ?, ¿o es algo a crear? como planteabas en un artículo con Palermo.

  34. Marcos Novaro says

    Me acuerdo una discusión entre Strassera y Bonafini de la época de los primeros juicio que es reveladora de este problema: el fiscal dijo que su tarea y la de los jueces era asegurar el debido proceso como base del respeto de los derechos de todos, y Bonafini le contestó que no se podía defender a la vez el derecho de las víctimas y el de los victimarios. Los derechos, en suma, son para ella secundarios respecto de lo que realmente importa, la victoria de las víctimas, sus familiares y todos los que simpatizaban con ellos, no con sus derechos, sino con sus ideas y acciones. Hay muchas variantes del liberalismo y el republicanismo, pero Bonafini no pertenece ni por asomo a ninguna de ellas, y no de ahora, por “influjo” de los Kirchner, no quiere tener nada que ver con esa tradición desde hace décadas, si no se vio en ello un problema para organizaciones supuestamente dedicadas a la protección de derechos es porque a mucha otra gente tampoco le interesa demasiado fomentar esa tradición. O al menos le interesa mucho más usar los derechos humanos como un arma para dar prestigio y legitimidad a sus proyectos políticos, para demostrar que la izquierda es moralmente superior a la derecha, cosa que a esta altura deberíamos aceptar no sólo que es absurda, sino que es fuente de fanatismo y de enajenación: alienta la formación de una subcultura facciosa en la izquierda, que se vuelve incapaz de crear auténticos consensos “nacionales”, de establecer un diálogo mínimamente productivo con el sentido común y con las demás tradiciones políticas del país. Saludos

  35. Hernán Charosky says

    Este es un debate necesario y que requiere quizás de más tiempo y paciencia de los que tiene un post. Pero suficientemente bueno es que lo haya desatado.
    Comparto la preocupación de la que parte éste, aunque no con adjetivos que están y distinciones que faltan, y que son tan necesarios de considerar (los adjetivos y las distinciones) como expresar la preocupación.
    Sobre la preocupación, un poco de autopromoción

    http://www.poderciudadano.org/?p=1687

    Sobre los matices

    http://www.cels.org.ar/documentos/?info=detalleDoc&ids=3&lang=es&ss=&idc=1260

    Creo que este debate es lo suficientemente importante para buscarle un ámbito y un tiempo adecuado. Desde Poder Ciudadano y desde la inicativa del primer link (“Estemos de acuerdo en no estar de acuerdo”), me pongo a disposición para que pensemos un modo de llevar a cabo este debate.

    Abrazo

  36. Marcos Novaro says

    Estimado Hernán, es muy buena la iniciativa de Poder Ciudadano, una advertencia: cuando pinchás para adherir a la declaración, me da error, esperemos que a los que realmente importa que firmen, oficialistas y opositores, les resulte más fácil adherir. En cuanto a los matices, sin duda que son necesarios, importantes, y esperemos que crecientes. Supongo te referís a la posición de Pérez Esquivel, el 24 de marzo creo que estuvo muy bien en desmarcarse de lo que fue el discurso del resto de los organismos. Del Cels en particular no escuché nada ese día, ni sobre el tema de los escraches, sí entiendo que su vocación por “nacionalizar” la política de derechos humanos es de más amplia mira que la postura de otros organismos, pero no sé si alcanza con eso para diferenciarlo. Por otro lado, su apoyo a la ley de medios, y en particular los argumentos que utilizó para justificarlo, me parece van en la dirección contraria porque desnudan una excesiva confianza en lo que cabe esperar de darle semejante poder al actual gobierno, de dárselo en general a cualquiera que ocupe el estado, y una inversa y también excesiva desconfianza en lo que la empresa privada tiene para aportar acá y en cualquier otro lugar del mundo para asegurar las libertades, en particular la de expresión. Esto es parte de otras discusiones, aunque no deja de revelar el modo en que desde cada lugar se entiende la defensa de derechos. Ojalá la discusión continúe. Saludos

Continuing the Discussion

  1. Afiches: Izquierda, fascismo o servicios « El blog de Abel linked to this post on 3 mayo 2010

    […] cierto que el post anterior de ese mismo blog hace una acusación válida, que el kirchnerismo y los organismos de DDHH aliados […]