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El horizonte y los límites de la iniciativa del gobierno

La refinanciación de deudas a las provincias, la relativa moderación de la altísima velocidad de la inflación del primer trimestre del año y la imagen de unidad que dejaron los festejos del Bicentenario parecen mostrar que el gobierno ha conseguido neutralizar actores de veto y recuperar la iniciativa. A esto debe sumarse que sus adversarios aparecen dispersos y, por ahora, sólo son capaces de aglutinar versiones parciales de la opinión antikirchnerista irrecuperable para el gobierno. De modo que la expectativa creada por algunos medios y por la oposición en cuanto a que los K no tenían futuro les ha permitido con muy poco mostrar una recuperación la iniciativa.

Sin embargo, varios elementos muestran que sigue siendo muy difícil que esto le alcance al gobierno para sostener en el mediano plazo su actual imagen de “recuperación”, y mucho menos para revertir tendencias estructurales en la opinión pública, no digamos ya para ganar un ballotage. Primero, los parámetros básicos de la situación política y fiscal planteada en la segunda mitad de 2009 no han cambiado. La inflación corre con ventaja respecto a los salarios de la gran mayoría, no sólo de los empleados informales y no sindicalizados, si no de los que pertenecen a sindicatos débiles. Por otro lado, la liberación de fondos para las provincias, la presión sindical para la reapertura de paritarias en estos sindicatos que en una primera negociación no lograron aumentos importantes, y la inelasticidad de la oferta en muchos productos, podrían dar nuevamente un impulso a la velocidad de la inflación.

Es temprano para saber cuanto de ese impulso afectará a este gobierno y cuanto al siguiente. Pero muy probablemente dependerá de la expectativa sobre el resultado probable de las presidenciales de 2011. Si crecen las posibilidades electorales del kirchnerismo, su capacidad de disciplinar a gobernadores y utilizar el mecanismo de refinanciación de modo efectivo también se incrementará. Si la oposición logra construir una alternativa sólida y se prefigura un cambio de gobierno, la presidencia perderá capacidad de disciplinar a los gobernadores. Pero por otro lado, si crece la percepción de que los Kirchner seguirán en control de la situación al menos hasta el final de este mandato, y no se verán obligados a ceder ante los opositores, entonces crecerá la expectativa de que la inflación no será controlada, y los actores económicos se acomodarán a ella, o se anticiparán acelerándola.

En segundo lugar, los pilares del modelo, el superavit fiscal y el comercial, se siguen deteriorando. Y el gobierno no tiene recursos para evitarlo. El canje está en aprietos y en cualquier caso la posibilidad de acceder a financiamiento una vez que concluya se ha cerrado. Si por un lado le será imposible no corregir paulatinamente el tipo de cambio, del otro la corrección será insuficiente para evitar la constante pérdida de competitividad de la industria y detener el aumento de importaciones y el deterioro del superavit comercial.

Un gobierno que apuesta, además, a evitar el ballotage como máxima meta, es decir, que pone todas las fichas en burlar a la opinión mayoritaria a través de una regla electoral que fue concebida por el menemismo precisamente con ese fin, no deja de ser un blanco fácil para la crítica en nombre de una sociedad que está demostradamente cansada de la confrontación política y las rencillas. Imaginar que el gobierno pueda cambiar drásticamente su perfil y su misma identidad, para representar esta demanda de consenso nacional y apunte creíblemente a la formación de amplios acuerdos nacionales es algo que ni siquiera los kirchneristas se animan a hacer. Como mucho, han ganado tiempo, y le han complicado las cosas a la oposición, sobre todo a la peronista. Lo que puede ser a la postre un beneficio para el resto: si el contexto de competencia se vuelve más exigente, entonces será premiada la oferta política que demuestre no sólo ser capaz de hacer antikirchnerismo explícito y virulento, sino también de proponer nuevas formas de gestión y resolución de los problemas.

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.

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One Response

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  1. Aureliano Buendía says

    Convengo que es un punto marginal del argumento, pero creo que una afirmación merece algunos matices: “Un gobierno […] que pone todas las fichas en burlar a la opinión mayoritaria a través de una regla electoral que fue concebida por el menemismo precisamente con ese fin…”

    El sistema de Colegio que rigió la elección presidencial hasta la Reforma 94 cada vez que fue aplicada (si mal no recuerdo las únicas salvedades fueron las presidenciales de 1952 y 1973) arrojó el mismo resultado que una elección a simple pluralidad, sea porque el candidato más votado logró la mayoría de los electores o porque sus oponentes respetaron la práctica de brindar al candidato más votado el apoyo necesario en el Colegio (Negretto 2004).

    Con todo esto voy a dos lugares. Primero, a indicar un punto muchas veces solapado: las reglas mayoritarias atenuadas incorporadas en 1994 elevaron las barreras a victorias en primera ronda respecto a las reglas antecedentes. Y, segundo, desde un punto de vista normativo, los actores políticos toman decisiones, maniobran, en marcos institucionales “realmente existentes” y no puede cuestionarse como burlas a la ciudadanía salvo casos de visible estafa (i.e. candidaturas testimoniales).

    Apostar a ganar en 1ra vuelta no equivale a burlar al electorado como si se tratara de un intento de estafa, sino a adaptar las estrategias de coordinación electoral a las reglas disponibles. Es cierto que las reglas permiten la victoria de un eventual perdedor Condorcet pero muchas alternativas institucionales también lo permiten y no por eso deben ser asociadas como una desviación democrática.

    En fin, eso. Muy bueno el programa. un abrazo