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Paradoja?

La nota de Fidanza que salió en La Nación hace unos días trae al debate público lecturas que circulaban en el campo más limitado de la academia en ciencia política y  estimula el debate. El propósito del artículo es mostrar paradojas o contrasentidos de la política argentina. Nos ocuparemos muy brevemente del primero de ellos que Fidanza construye sobre argumentos de Steven Levitsky:

un partido (PJ) que tiende a vulnerar las instituciones está en condiciones, sin embargo, de asegurar la estabilidad”.

Lo que nos interesa sugerir es que la paradoja podría ser solo aparente. El escaso apego a reglas dentro del funcionamiento interno del PJ le otorga a sus dirigentes una dosis de flexibilidad suplementaria en relación con otros partidos. Una intensa y amplia penetración territorial dan al peronismo un poder sobre el destino del orden social comparativamente superior a otras organizaciones partidarias. Entonces, la relación entre peronismo y crisis, es la de un actor cuya flexibilidad interna y poder social le otorga ventajas estratégicas para producir decisiones en coyunturas donde reina el desorden.

Si esta línea interpretativa es correcta el contrasentido puede verse como una relación necesaria. Al ser un partido escasamente apegado a someterse a reglas internas, menos constreñido (flexibilidad), y con alta penetración social, el PJ se encuentra en mejores condiciones para enfrentar crisis o momentos excepcionales en los cuales es necesario algo más que normas formales para superarlas. Quizá para ello sea más adecuado usar la teoría de los veto players de Tsebelis: cuanto menos restricciones formales e informales tiene un actor partidario, se amplía su apacidad para producir decisiones gubernamentales.

Posted in Politica Argentina.

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6 Responses

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  1. Andrés says

    Buenas,

    El tema de la paradoja se diluye cuando uno ve que el resto de los otros partidos importantes siguen patrones similares. Por ejemplo:

    – La intervención del PS de la Pcia Bs As (pro-K) por no alinearse con la línea nacional de Binner-Guistiniani (opositora)
    – El poco respeto por acuerdos previos en Union-PRO (ver cuestionamientos de Macri a de Narvaez por no respetar el acuerdo tácito de ir por la gobernación)
    – Las maniobras en el padrón electoral de la UCR Pcia Bs As
    – La expulsión “de por vida” de Cobos de la UCR para de golpe y porrazo pasar a ser su gran candidato (qué seriedad institucional puede tener un partido que expulsa de por vida a un dirigente para volver a recibirlo menos de un año después?)

    Por eso, creo que el tema en Argentina pasa más por la eficiencia de las acciones más que por el grado de “creatividad” en el respeto a las reglas. Al menos, esa es la diferencia que veo entre PJ-FpV y el resto.

    Saludos,

    Andrés

    • Marcos Novaro says

      Creo que Andrés se equivoca: la “informalidad” peronista es difícilmente comparable con lo que sucede en partidos como la UCR y el PS, donde rigen reglas formales, a veces incluso pesan demasiado. No todo es lo mismo en la política argentina de nuestros días, y los “casos” a los que alude Andrés no hacen más que demostrarlo. En todos ellos de lo que se puede hablar es de esfuerzos partidarios por recomponer una disciplina y cohesión interna perdidas por obra de la cooptación kirchnerista, que utilizó en su provecho la flexibilidad peronista.

      Pero el tema que trata Fidanza es otro, y bastante más interesante: si una Argentina que “sólo puede gobernar el peronismo” puede ser un país “de cuarta” pero que crezca y sea medianamente estable. Otro problema que veo en su argumento es de orden económico: la comparación con los casos de Corea y Brasil de los años sesenta y setenta. Sucede que en esa época tener alta inflación era casi la norma en los países en desarrollo, hoy sólo Venezuela y Argentina tienen un problema serio de inflación en la región, y no es casualidad que ambos espanten inversiones externas y sufran la fuga de capitales.

      • Andrés says

        Martcos,

        Estoy enumerando apenas unos elementos que ponen en evidencia que el apego a la legalidad por parte de los políticos no peronistas no es tal, sino que violan sus propias reglas internas.

        No me parece muy “republicano” que una conducción nacional intervenga un distrito porque los puntos de vista de sus dirigentes diverge, ni me parece muy “rígida” la regla formal de expulsar a un candidato de por vida para aceptarlo y encima promover su candidatura menos de un año después.

        Pero bueno.. cada uno ve lo que quiere ver.

        Saludos,

        Andres

  2. Esteban Speyer says

    Es casi evidente que la caracterización de “paradoja” es una figura retórica en la exposición y argumentación … no existen paradojas en la realidad. El artículo desenmascara acertadamente la velada inteción justificatoria del populismo que conlleva la caracterización de situación paradojal. El paso siguiente sería plantear la situación como una disyunción excluyente para que el pueblo elija o bien gobernabilidad o bien legalidad, ya que ambas juntas son incompatibles en estas orillas.

  3. Ezequiel says

    El argumento de Levistky, en efecto, es ese: que el peronismo, debido a su débil institucionalización / rutinización, estuvo, en términos comparativos, en mejores condiciones que otros partidos de base sindical -ahí se equivoca, pero eso es más largo: el peronismo siempre fue una asociación de dos tipos de voto, el urbano y el periférico-, para hacer frente a desafíos como el de 1989 o el de 2001.

    [De hecho, el capítulo del libro de Levistky dedicado al tema se intitula “la paradoja del menemismo”, donde la misma es solo aparente. Lo importante a retener, siempre según Levistky, es que el peronismo, a través de su transformación durante los años ochenta, hace una contribución decisiva para la consolidación en el corto plazo del la institucionalidad argentina, aún cuando sus efectos en el largo plazo, en especial en lo referente a la representación, sean dudosos. O por lo menos así lo entendí yo.]

    El resto de la nota de Fidanza es pobre para la media de su contribución habitual. Pero me parece potable que haga circular, como es su costumbre, materiales de cierto vuelo en columnas que cada vez planean más cerca del suelo.

    No creo que exista una relación necesaria entre un determinado nivel de desarrollo económico y una “tasa de transparencia” equivalente: esa proposición, cercana a las propugnadas por la teoría de la modernización en los 60, fue refutada al derecho y al revés por la ciencia política de aquellos años. Toda la etapa de Onganía implicó, en su momento, relecturas que planteaban la relación necesaria inversa: alto desarrollo económico, propio de la etapa monopolista, equivale a un gobierno de tipo “tecnocrático”. Tampoco fue el caso.

    Me parece que la tarea reside en preguntarse qué importancia dan los argentinos, como agregado, a la calidad institucional. Si, como en los últimos treinta años, vivimos en un constante estado de emergencia económica, es factible que las consideraciones predominantes sean de otro tipo, más inmediatas. Por otro lado, si los gobiernos que tuvieron un especial énfasis en mejorar la calidad institucional no fueron capaces de garantizar condiciones elementales de existencia, ni de proponer las reformas que la sociedad necesitaba… he ahí una razón válida para pensar las raíces del presente.

    Por lo demás, discrepo respetuosamente con la caracterización que hace el Profesor Novaro respecto a las falencias del sistema de partidos o a la gravedad del problema inflacionario.
    Las primeras, me parece, no pueden ser atribuidas sin más al “mal del kirchnerismo”, como si se tratase de un deus ex machina ajeno a la lógica de ambos partidos: la UCR venía fracturada de hecho a causa de sus sucesivos fracasos políticos y electorales, y la mejor prueba es que durante la última presidencial (2007) llevó un candidato que no pertenecía al partido, como Roberto Lavagna, decisión que no puede achacarse a la intrusión del peronismo. Lo mismo vale para el socialismo, que fue entonces aliado detrás de Carrió y hoy plantea alianzas simultáneas con Solanas y Alfonsín. Yo revisaría la noción de cooptación en esos casos.

    Mis más cordiales saludos.
    EM

  4. Marcos Novaro says

    Ezequiel, por alguna extraña razón no aclaraste los motivos por los cuales disentís de mi opinión en cuanto a que la inflación sería un problema serio, más serio hoy, aun en dosis “moderadas”, que en los años sesenta o setenta. Como siempre sucede, el problema es el contexto: una inflación del 30% hoy es un escándalo mundial, cuarenta años atrás a nadie le hubiera parecido siquiera preocupante. Este asunto, con el tiempo, seguramente se contará entre los peores legados del kirchnerismo: en un país que se pasó veinte años haciendo de todo para parar la inflación, haberla reintroducido tan alegremente sólo se explica por ignorancia o irresponsabilidad. En ese punto creo que Fidanza se equivoca fiero.

    En cuanto a los partidos, efectivamente, no todos los males se pueden achacar al kirchnerismo, ni más en general, al peronismo. Aunque es indudable que han puesto lo suyo, y en particular lo hicieron desde 2001 a esta parte, para mantener disperso y debilitado al “arco no peronista”. Con la excusa de que sólo ellos saben gobernar (cosa que hay que probar todos los días, y entonces se justifica reventar o cooptar a cualquier gobernante local de otro partido), o la más ingeniosa de la “transversalidad”, que justificó meterse en la interna de los demás partidos, para promover hasta cansarse un nuevo sistema de competencia bipolar, que no hace falta aclarar, brilla por su ausencia. Que la UCR tiene problemas propios y no todo se debe a que sufre la cooptación K es indudable. No diría lo mismo del PS: sus fracturas recientes son casi exclusivamente fruto de las intromisiones kirchneristas en su interna y de la esmerada aplicación de la ley de la transversalidad: para deglutirte y digerirte mejor primero tengo que romperte los huesos.

    No es un problema sólo tuyo, Ezequiel. En general, es llamativo el desprecio que entre los kirchneristas de izquierda genera el PS, y más en particular las experiencias de Rosario y Santa Fe: pareciera que para evacuar dudas respecto a que ser de izquierda exige hacerse peronista y “tolerar” todo lo que hacen los Kirchner, les resulta imperioso desvalorizar lo que haga cualquier otro que no asuma esas condiciones como necesarias, siquiera como convenientes. Las críticas que Ezequiel dirige hacia las alianzas del socialismo son reveladoras al respecto: hablar de inconsistencias en su política de alianzas me parece bastante injustificado, pueden no gustarte o no gustarme el acuerdo con Carrió, o ahora con Alfonsín, pero no creo que pueda tacharse de volantazos oportunistas, ni de errores. Por qué esa costumbre de achacarle a todo el mundo los mismos vicios que tienen los peronistas? Mal de muchos consuelo de sonsos? O peor todavía, es un camino para disculparle a los peronistas lo que en otros no se tolera? Me acuerdo un debate en un blog K previo a las elecciones de 2009 en que se justificaba desde una posición de izquierda el voto a Reutemann frente a Giustiniani. Visto desde hoy y teniendo en cuenta los problemas que el Lole le trae y va a seguir trayendo al gobierno nacional, suena como un absurdo. Pero tiene su lógica: para ser la “única izquierda con posibilidades de gobernar” hay que hacer desaparecer a cualquiera que, como el PS, lo desmienta. De allí que desde el gobierno nacional pongan más esmero en jorobarle la vida a Binner que a Macri. Como sea, el orden de las cosas distará de acomodarse a esos deseos: tal vez va siendo hora de resignarse y revisar algunas premisas.