Skip to content


Un eterno 2 de abril*

Pareciera que desde hace un tiempo los Kichner actúan guiados por la obsesión de crear su 2 de abril” y poner pausa: alterar el clima político con un acto que brinde felicidad, sino perdurable al menos por el momento incuestionable, y sino a todos los argentinos al menos a todos “los de bien”, y congelar el cuadro en el que la masa festeja y les agradece. De este modo podrían acallar las críticas y corregir el erróneo curso que tomaron las cosas desde 2008. En el acto de la juventud peronista (que como en los tiempos de gloria de la Argentina corporativa ahora ha vuelto a ser “la juventud” a secas) Cristina insinuó revisar esta actitud cuando dijo que no le preocupaba que la criticaran porque eso “nos entrena en la discusión”. Pero antes y después de pronunciar esa frase se esmeró en quitarle toda significación, y en confirmar la impresión de que “lo que dicen” por ahí, sean los opositores o los medios no oficiales, genera en el gobierno un enorme malestar y su objetivo principal es combatir no los problemas sociales, institucionales o económicos, sino esas voces.

¿Por qué es que les importa tanto? No viven precisamente acorralados por una oposición amenazante: las fuerzas opositoras han demostrado que tienen todavía mucho camino que recorrer para controlar, no digamos el gobierno, al menos la agenda parlamentaria. Tampoco tienen delante problemas insolubles de orden económico, fiscal o social. Buena parte de la población parece haberse acomodado al régimen de alta inflación que ha vuelto a regir su vida cotidiana, pese a todos los pronósticos (que yo mismo confieso haber promovido) respecto a que el recuerdo de las ventajas de la estabilidad y los costos de la inestabilidad iban a volverlo inaceptable; y si bien existe en la mayoría de las familias una incertidumbre creciente sobre sus ingresos reales, y muchas tienen cada vez más problemas para llegar a fin de mes, por de pronto el alza de precios acelera el consumo y refuerza la disposición a, o al menos las expectativas de, participar de la “rueda de la felicidad”.

Una posibilidad es que sea mera sobreactuación, victimización: escandalizándose por las críticas durísimas e injustísimas que supuestamente recibe, diluye el hecho de que nunca como en este gobierno, al menos desde 1983 a esta parte, se usó en forma sectaria e intolerante, el sistema de medios públicos, completamente a contramano de las funciones republicanas y democráticas que deben cumplir. También de este modo se corre el eje de cuestiones incómodas que el oficialismo no quiere que siquiera se mencionen: hablando de los medios y su parcialidad, se evita mencionar el crecimiento de la inflación, la persistencia de la pobreza, de la corrupción, etc.. Pero aunque todo esto pueda ser más o menos cierto, dista de ser suficiente como explicación.

Hay que considerar al menos otras dos cuestiones. De un lado, que aunque los Kirchner encabezan un gobierno que ha sido muy poderoso, y que todavía en gran medida lo es, tienden a encarar cada coyuntura como si estuvieran al borde del abismo, se perciben en riesgo de caer en una absoluta impotencia y, sobre todo en el terreno ideológico (con algo de razón), en inferioridad de condiciones frente a corrientes “hegemónicas”. Del otro, que a contramano de lo que ha sido la exitosa experiencia de países vecinos, como Chile, Uruguay o Brasil, y a la luz de la inestabilidad resultante de nuestras recientes “alternancias frustradas” (las nuestras y la de otros países de la región, como Bolivia, Venezuela o Ecuador, también con bastante razón), parecen haber concluido que una intensa competencia política y su consecuencia, la posibilidad siempre presente de la alternancia entre partidos, son incompatibles con las políticas de estado, las iniciativas de largo aliento; en suma, que en países como la Argentina la única solución es imitar en alguna medida el modelo chino de “desarrollismo autocrático”.

La inmersión progresiva del kirchnerismo en este ethos “nacional populista”, y el tono cada vez más intolerante que él le imprime a sus actos y discursos nos da otra clave para comprender el uso de la acción directa en la estrategia oficial. Cuando la presidente dio su entusiasta apoyo a las tomas de escuelas en la ciudad de Buenos Aires hubo quien pensó que se trataba simplemente de una expresión poco meditada, animada por el impetuoso deseo de terminar de hundir a Macri. Pero hay más que eso en sus palabras: a la presidente igual que a muchos en el oficialismo les simpatiza la idea de un país poblado de guardias rojos; a su radicalizada versión del populismo peronista, al menos en este aspecto, le es afín la idea de que es preciso mantener activa la movilización de masas, aunque ella genere choques y conflictos difíciles de controlar, porque de ese modo se debilita cualquier posibilidad de articulación política opositora, y el vértice puede controlar más férreamente tanto el estado como el partido, presentándose simultáneamente como garante del orden y del cambio. Su modelo al respecto sigue siendo chino, pero uno que combina una versión de lo más precaria del capitalismo de Deng con la retórica y el comportamiento público de la revolución cultural de Mao. ¿Será esto fruto de la influencia de Zanini?

* Publicado en la edición de hoy de El Economista

Posted in Kirchnerismo, Política, Politica Argentina, Politica Económica, Populismo.

Tagged with .


4 Responses

Stay in touch with the conversation, subscribe to the RSS feed for comments on this post.

  1. El Observador says

    Creo que la explicacion del “modelo chino” no aporta claridad sino confusión, ya que (al menos por ahora) la experiencia dista mucho de la teoría.
    Quizá la esté subestimando, pero creo que cuando la presidenta justificó las tomas en los secundarios (sería interesante preguntarle si opina lo mismo sobre las tomas en la UBA) buscaba más debilitar a Macri que seguir los preceptos del “modelo comunista chino”. Zanini hace rato que dejó la Vanguardia Comunista para presidir la unidad básica “Los Muchachos Peronistas”. Además, al menos a la distancia, parece que Zanini perdió el rol de “el consejero” a manos de Abal Medina.

  2. El Observador says

    Creo que la explicacion del “modelo chino” no aporta claridad sino confusión, ya que (al menos por ahora) la experiencia dista mucho de la teoría.
    Quizá la esté subestimando, pero creo que cuando la presidenta justificó las tomas en los secundarios (sería interesante preguntarle si opina lo mismo sobre las tomas en la UBA) buscaba más debilitar a Macri que seguir los preceptos del “modelo comunista chino”. Zanini hace rato que dejó la Vanguardia Comunista para presidir la unidad básica “Los Muchachos Peronistas”. Además, al menos a la distancia, parece que Zanini perdió el rol de “el consejero” a manos de Abal Medina.

  3. Marcos Novaro says

    Estimado Observador, me resisto a creer que los últimos pasos del gobierno, en relación a la Corte, los medios y las empresas, hayan sido promovidos por el muy medido Abal Medina, o por ningún otro ladero oficial. Se me ocurre más bien que son nacidas del ánimo de los propios K, que arrastran a seguirlos a gente a priori muy mal dispuesta a estas locuras. Lo de Zanini era en joda, mejor aclararlo: por supuesto que hace tiempo que es pura y exclusivamente peronista. Lo que sucede es que los K son más que eso, y ese es el punto que es preciso explicar. Como sucedió con Menem en su momento en relación al mercado y la globalización, primero los Kirchner usaron el populismo radicalizado, pero han terminado prisioneros de su criatura, casi sin querer haciendo de necesidad virtud y enredándose en la doctrina. Como buenos conversos son hoy más fanáticos en la fe que los nacidos en ella. Por eso creo que la radicalización es una tendencia efectivamente en curso, de la que vamos a ver más muestras bien pronto.

  4. El Observador says

    Gracias por la respuesta Marcos. Coincido más con tu comentario que con la nota (que está un poco radicalizada, como los K).
    Lo que no termino de entender es el punto de inflexión de radicalización del populismo K. En mi opinión es el conflicto con el campo y la batalla con Clarín. Sin embargo, no logro comprender cómo una resolución del Ministerio de Economía sobre el porcentaje de retención a la soja terminó en todo esto. Además hoy el tema del campo está olvidado/superado y la radicalización gira entorno a la “guerra” con Clarín. ¿Cómo la pelea con el multimedio (que en otro contexto sería anecdótica) lleva al gobierno a extremar sus posturas y políticas?