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La muerte de Kirchner

La muerte de Kirchner cayó como una bomba en la política argentina. Sus efectos inmediatos son, no cabe duda, desorganizadores: silenciada la voz que hasta ayer organizaba y dirigía lo que hacían cotidianamente los funcionarios nacionales, bajaba la línea editorial de medios oficiales y oficiosos, establecía las pauta de lo que podían y no podían conseguir sindicalistas, empresarios, gobernadores e intendentes, incluso guiaba por reacción lo que hacía la oposición, no puede esperarse otra cosa. Los efectos mediatos son en cambio más difíciles de imaginar. Dependerán, y mucho, de cómo acomoden el golpe los distintos actores, quiénes de ellos sean capaces de tomar la iniciativa y convertir la nueva situación en su oportunidad. Puede, de todos modos, anticiparse algo al respecto, analizando las dos incógnitas que en estos momentos desvelan a dirigentes, periodistas y ciudadanos: ¿será capaz Cristina Kirchner de hacer un gobierno “propio” y aun aspirar a la reelección, o en caso de intentarlo se debilitará, y terminará arrinconada por los poderes facciosos que su marido mantenía a raya y usufructuaba, en particular por el de Moyano, devenido una suerte de López Rega del siglo XXI?; ¿será capaz Daniel Scioli de unificar a la familia peronista, proponiéndole una sucesión no conflictiva, que también seduzca a la mayoría electoral?

Ante todo, las dos preguntas revelan algo de la situación que es preciso dejar bien en claro: quienes tienen hoy en sus manos el destino de la política argentina son los peronistas, y no sólo estos o aquellos peronistas, sino el peronismo en su conjunto, el que trasciende las fronteras entre disidencia y oficialismo kirchnerista y que desde hace tiempo está impedido de actuar como tal. El rol de Scioli dependerá esencialmente de que las fuerzas reunificadoras se impongan en esta contrahecha familia a las que pretenderán mantener la fractura entre oficialistas y disidentes, y aun profundizarla. De allí que ambas preguntas se interrelacionen estrechamente.

Advirtamos , a este respecto, que una gran mayoría del peronismo no parece tener mayor interés en que las cosas sigan el carril que pretenden los fanáticos. La muerte del jefe ofrece la oportunidad para desatar un nudo gordiano que, en la intimidad, no conformaba ya a casi nadie, obligaba a todos a invertir muchos esfuerzos en batallas fratricidas de incierto resultado, y en el ínterin podía significar una dura derrota en las urnas. Y Scioli puede aparecer como el factor convocante necesario para que esta amenaza quede atrás, presentándose como todo lo antikirchnerista que los disidentes pueden desear, y lo suficientemente “leal al proyecto” que los oficialistas (o una porción importante de ellos) podrían aspirar.

El problema que persiste es que, para procesar esta sucesión del liderazgo de forma rápida e incruenta, una multitud de actores hasta aquí enfrentados y dispersos debe coordinar sus esfuerzos, y esto no es para nada sencillo. Kirchner se cuidó de que así fuera: desactivada la “mesa de gobernadores”, cuestionada la conducción oficial del partido (en la que, para colmo, no abundan figuras con vuelo propio), e irresuelta la disputa en torno a las reglas para elegir candidatos, es probable que la situación se trabe, porque nadie sea suficientemente confiable para los demás como para ofrecer el cemento unificador necesario, o porque el atractivo de extorsionar al resto sea demasiado seductor.

A ello puede contribuir además la hipótesis de una sucesión desde el propio gobierno. Si Cristina Kirchner y sus funcionarios más fieles creyeran que la posibilidad que se ha abierto es una que los tiene por protagonistas, que ha llegado la ocasión no sólo de tomar pleno control de “su” gobierno, sino de hacerlo en una suerte de “continuación y profundización de la obra” del líder ausente, en búsqueda de una coalición también más “propia”, entonces lo que más chances tiene de resultar es una agudización de las tensiones internas en el peronismo, y un gobierno más propenso a ceder frente a los grupos de interés, en particular los sindicatos, y los jefes territoriales. Moyano es una presencia paradójica a este respecto: su compañía aparece como necesaria para que Cristina intente su propio camino, pero es a la vez desalentadora para casi todos los peronistas que quieran ganar elecciones. En el gobierno no son pocos los que lo comprenden: que De Vido sea quien tome el control de la gestión, o de la parte económica de la gestión, no deja de ser una buena señal en este sentido.

Posted in Kirchnerismo, Política, Politica Argentina.

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2 Responses

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  1. Militante says

    Novaro vacía de enemigos el afuera del gobierno. Esto es un poco lo que apareció en todos los medios también. Todos los enemigos están adentro, hay que mirar a los aliados. Prefieren un gobierno paranoico, un “que se dividan para que reinemos nosotros”. Esos que te hacen un acto con gran discurso al toque de la muerte de Néstor o los que te juntan a todos los intendentes para apoyar el proyecto mientras otros operan después de minutos marcándole agenda a la presidenta (pidiendo cosas similares a las que sugiere Novaro); esos, de esos se tiene que cuidar el gobierno. El enemigo está adentro, afuera está todo bien, sólo hay cariño y ganas de ayudar. Como Stolbizer que, candorosa, ofrece un gobierno de coalición. No hay poderes fácticos en Argentina, sólo hay poder político, que a todos estos analistas republicanos les parece el peor y con cuyo crecimiento no transan de ninguna manera, con los demás poderes no hay problema o no importan tanto. Esa es la premisa de Novaro. No hay nadie contra quien pelear más que contra uno mismo. El éxito depende de un triunfo personal contra la propia estupidez o algo así. Puro individualismo liberal. Para Novaro la política es una especie de autoayuda. Si se lucha contra un poder económico o mediático o militar o eclesiástico, en realidad, es porque estamos proyectando y no nos queremos hacer cargo. Por eso, tanta insistencia en lo del gobierno “propio”. No le parece lo suficientemente “propio” lo que se logró hasta ahora.

  2. Marcos Novaro says

    Un psicólogo ahí!: con tu referencia a los que “te hacen u acto al toque de la muerte de Néstor… mientras otros operan después de minutos marcándole agenda a la presidente” me das la razón, parte importante de los problemas que enfrenta ahora Cristina están “adentro”. Tu referencia a Stolbizer es equívoca, porque que yo sepa no planteó un gobierno de coalición sino una concertación, lo mismo que han dicho otros y que había prometido la Cris en su campaña. Las demás referencias a mi persona y mi incapacidad para entender el mundo económico y político prefiero dejarlas pasar. Un abrazo militante.