Skip to content


La construcción del mito político*

Creo que hay un aspecto posible de la política poskirchnerista que está siendo inadvertido; me refiero a la constitución de la figura del ex presidente como mito político. En efecto, las condiciones para que Kirchner se convierta en mito están presentes. En primer lugar, un mito requiere de una épica: el héroe entregado a una confrontación de dimensiones sobrehumanas, que lo pone a prueba y que puede ser inscripta en un relato de lucha sempiterna, más general y abarcadora. En este caso, la épica está presente: la batalla del héroe contra fuerzas externas (el FMI) e internas (los “medios concentrados”), que fue capaz de vencer, puede ser percibida como formando parte de una guerra (v.g., del pueblo contra el “antipueblo”). En segundo lugar, el mito precisa que la épica sea mucho más que un relato intelectual, artístico o periodístico, para alimentar sus raíces en sentidos y sentimientos de grupos sociales, por tener sus configuraciones analogía con las configuraciones de esos sentidos y sentimientos (v.g., en este caso, las nociones dominantes en torno al FMI). En tercer lugar, es necesario que la biografía del héroe sea percibida como una vida de dedicación y entrega totales a esa confrontación épica. Sin duda el caso de Kirchner califica bien al respecto. Por fin, la muerte “joven” y sobre todo en lucha, es decir, en un momento de plenitud, es indispensable, y confirma la entrega, puesto que el héroe consuma la mayor ofrenda: triunfa, nos dice el mito, pagando el triunfo con su propia vida.

La nitidez que puede adquirir, por lo dicho, la figura de Kirchner como mito político, puede llegar a ser muy marcada; en otros términos, que su potencial político y cultural puede ser relevante. Personalmente no veo el menor motivo para celebrar esta eventualidad. Pero un mito no es ni verdadero ni falso. ¿Qué importancia tiene señalar que la mitificación de Kirchner es posible? Si el fenómeno tiene lugar, tendremos que aprender a coexistir con él. Poco sentido tendrá oponernos frontalmente. La pretensión de hacer tierra arrasada con fenómenos políticos que nos disgustan es demasiado argentina. Pero es una forma más de contribuir a los desastres. Si Kirchner se constituye en otro mito político argentino, aquellos que, como será mi caso, no nos dejaremos capturar por su encanto, deberíamos defender la diferencia, la que nos habilita a expresar nuestra opinión sobre el tema, en lugar de tratar de aplastarla.

De que se verifique o no la mitificación de Kirchner se siguen consecuencias de historia política y de política práctica. Porque el futuro del kirchnerismo dependerá mucho más de que el mito se condense, o no, que de la voluntad del manojo de alfiles, torres y caballos que hoy rodea a la reina.

* Publicado en La Nacion

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina, Usos de la historia.


One Response

Stay in touch with the conversation, subscribe to the RSS feed for comments on this post.

  1. Marcos Novaro says

    Creo que es muy pronto para medir la eficacia del mito K, pero me atrevería a disentir con Tito en el último punto que señala, que el futuro del kirchnerismo dependerá más de la condensación del mito que de la voluntad de los actores que rodean a Cristina. El mito ya nació, pero como se ha destacado en varios análisis sobre las exequias, tiene la marca de la facción: tiene más vocación excluyente que incluyente, es masivo y entusiasta pero lo es a medida que se vuelve más virulento y agresivo. Los opositores a Perón descubrieron muy tarde que permitirle al líder proscripto jugar alternativa y combinadamente el papel de mito y de líder efectivo del movimiento había sido un pésimo negocio, que como se sabe corrigieron demasiado tarde, para perjuicio de la democracia y también del peronismo. Los riesgos de que suceda algo semejante en esta ocasión son más bajos, primero porque la acción gubernamental estará bien a la vista, y la oposición podrá enfocarse en ella, en lo que ese manojo de alfiles, tores y caballos hagan, y segundo porque el mito difícilmente pueda volverse una vía de escape de la responsabilidad que les quepa a las autoridades. Si ellas hacen las cosas bien, y los opositores fallan, Cristina podrá ser reelecta, si en cambio se dedica a regar el arbol del mito mientras los problemas crecen a su alrededor, la facción que siempre ha sido el kirchnerismo tenderá a agotarse como actor político, me parece.