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Bienvenida la sinceridad de Mujica*

Ninguna crítica es tan dolorosa y valiosa como la que nos hace un hermano querido. Es dolorosa porque no podemos engañarnos a nosotros mismos y atribuirla al odio o al desprecio, y es valiosa por las mismas razones, porque esa mirada fraterna pero sin indulgencia nos ayuda a enfrentarnos con hechos que quizás preferiríamos ignorar. Creo que es el caso con las declaraciones del presidente uruguayo del pasado 10 de noviembre. Mujica ha sostenido que la Argentina “es un país cortado en dos”, y se mostró fuertemente impresionado por el hecho de que “integrantes del gobierno” (por Cobos) habían sido prohibidos de concurrir al velorio del ex presidente Kirchner (en realidad no solamente Cobos recibió la “sugerencia” de no asistir; otras figuras políticas importantes de la oposición, como Eduardo Duhalde, fueron aconsejadas en el mismo sentido). Mujica no paró ahí; en la entrevista al semanario Búsqueda recordó el incidente en el que el ex presidente Jorge Batlle declaró que “los argentinos son una manga de ladrones”. Y lo hizo de un modo muy especial: aseverando que lo grave había sido permitir que lo grabaran, pero no haberlo pensado. Luego, mentando el “que se vayan todos”, y los desdoblamientos muy diferentes de aquella crisis en el Uruguay, consideró que esa diferencia corroboraba que Argentina y Uruguay eran países “muy distintos”. Por fin, y a raíz de propuestas para implantar retenciones en su país, advirtió que tal vez eso solo sirviera para “engordar el Estado, que funciona mal”.

Sin dudas habrá reacciones en ambas orillas, sujetas a las conveniencias diplomáticas y a las relaciones entre oposición y gobierno en cada país. Me gustaría colocar las manifestaciones del presidente uruguayo, en cambio, en una perspectiva más amplia y de largo plazo. Cuando aquel que más se nos parece – por historia, cultura, rasgos identitarios, etc. – se siente en la necesidad de decirnos y decirse a sí mismo que somos muy distintos eso debería ser un acicate para un examen lo menos concesivo posible de nuestros propios problemas. No se trata de tomar al pie de la letra cada palabra, y los propios uruguayos sabrán la medida en que las frases de Mujica son expresivas de tensiones o conflictos internos. Se trata de algo tan contundente y a la vez tan fácil de hacer a un lado (por doloroso) como el hecho de que así nos ven. Nos ven como un país partido en dos, corrupto, con un Estado incompetente. Asumo que Mujica no ignora que muchos argentinos militamos contra la polarización política, no somos corruptos, así como que sería injusto tildar todo el sector público del mismo modo implacable. Pero el hecho es que así nos ve. Esa es una imagen que Argentina proyecta al mundo, no ha surgido del magín del presidente uruguayo.

Pero Mujica, al hablar de nosotros y hablarnos con semejante franqueza, queda sujeto a los compromisos creados por sus propias palabras. El suyo no ha sido un dictamen técnico, o académico, sino político. Y se inscribe en la larga tradición de vínculos que, entre uruguayos y argentinos, es difícil calificar de inter-nacionales, ya que mal reconocen fronteras. Así que, bienvenido presidente Mujica.

* Publicado en La Nación

Posted in Politica Argentina.

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6 Responses

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  1. Raúl C. says

    Me pregunto si alguna vez podremos superar ese karma de que todo extranjero que hable mal de la Argentina AUTOMÁTICAMENTE tiene razón, y es un estadista o un gran pensador.
    En el debate político ha habido un triste deslizamiento, que comienza con la crítica a un gobierno y desemboca en la denigración totalizadora de nuestro país.
    En esta modalidad, todo lo que se hable mal de nosotros sirve. Sea Mujica, Vargas Llosa, los fondos buitres, algún diario extranjero.
    Lo más terrible es que todo lo que dicen se lo toma acríticamente como cierto. ‘Así nos ven’, sin pensar ni un segundo en ‘desde dónde’, ideológicamente o por cuestiones de intereses, ‘así nos ven’.
    Piense el autor del post por un solo minuto qué diría él mismo si la Presidenta o un ministro o político oficialista dijera del Uruguay la mitad de lo que dijo Mujica de nosotros. (Por favor, no me diga que no se podría señalarle al Uruguay algunas cosas).
    Se hablaría de crispación, ofensa, falta de respeto, violencia, insulto… En cambio, si lo dicen de nosotros, sentimos una especie de agradable dolor.
    Es evidente que Mujica, sea cual sea su pasado político, camina por el estrecho desfiladero que le permiten las fuerzas realmente dominantes de Uruguay. Y así debe tomarse lo que dice.
    Dándole ‘la bienvenida’ a quien nos denigra, en este caso por razones de su política interna, vamos muy mal.

    • Vicente says

      Hola. Raul C. parece tener una visión de la política que yo ciertamente no comparto. Según esa visión, si hay una declaraciones de un político deberían ser entendidas en el marco de una relación de fuerzas. Esto puede ser cierto a veces pero no siempre y no hay ninguna evidencia, a mi juicio, con las declaraciones de Mujica. La pregunta “desde donde” Mujica las ha hecho no me parece muy conducente.
      A mi tales declaraciones me gustaron (y no me parece que nos haya denigrado), pero creo no merecer la imputación de tomar las cosas acríticamente. No me impresiona un “automáticamente” con mayúsculas, ese no es asunto mío. Y en cuanto a la crispación, falta de respeto, con las cuales muchos podrían calificar una crítica abierta a “los uruguayos” por parte de algún político argentino, bueno, se entiende, como comprendería que muchos uruguayos le dijeran a Mujica que es un bocón. Creo que hay que salir de la trampa entre la cerrazón nacionalista y la autodenigración, y para eso es muy bueno que una figura como Mujica se atreva a decir lo que dijo. El diálogo (de ahí lo de bienvenido: sus palabras lo comprometen) puede ser extraordinariamente positivo para nosotros. Mi “así nos ven” apunta a valorizar para nosotros la información que esas miradas nos proporcionan de nosotros (estén o no los sectores dominantes del Uruguay detrás). Abusando muy poco en la interpretación de lo que dice Raúl: “Así nos ven, pero ¿a nosotros qué carajo nos importa?”

  2. Raúl C. says

    No, no se trata de ‘¿qué carajo nos importa?’ ni de cerrazón nacionalista. Se trata de someter esa opinión al rigor del análisis, como se haría con otras. Si no, sólo estamos aceptando lo que nos gusta porque sirve a un debate interno.
    ¿Le daría el mismo valor a una opinión de Chávez sobre lo grandioso que fue Néstor y lo grandiosa que es Cristina? No se lo daría. La ideología manda. En ese caso usted no diría ‘así es como nos ven’.
    Es decir, rechazo el valor absoluto de cualquiera de esas opiniones (y la de Chávez también).

  3. Ernesto says

    Raul C. tiene muucha razón.
    Cuando Fidel decía que el (des) gobierno de De la Rua era “lamebotas”, a todo el progresismo le pareció fantástico.

    • Raúl C. says

      Algo más para Vicente:
      Si para Chávez es ‘así nos ve Chávez’ pero para Mujica es ‘así nos ven’, el cambio del singular al plural es más que un detalle idiomático: es toda una definición ideológica.
      Otro enfoque: si no le gusta analizar las relaciones de fuerza, preguntémonos al menos cuál es el profundo conocimiento, autoridad y derecho adquirido de quien opina de una u otra manera sobre nuestro país.
      En la mayoría de los casos, si raspamos un poco, es casi nada lo que encontraremos. Un ‘opinador’ como cualquier otro, o muy poco más.
      Ernesto:
      No me hagas cargo de algo que haya dicho Fidel sobre algo de Argentina. Ya dije que rechazo el valor absoluto de *todas* esas opiniones.

  4. Lucas says

    El valor (¿absoluto?, da lo mismo) de una opinión es el de ser una opinión. El valor de una “análisis riguroso”, también. O mejor, ése rigor debería ponerse en términos de opinión para evitar una deriva autoritaria (algo probable si viene adherida la convicción). La cuestión es entonces a quién se oye, no en los elgogios, que es fácil, sino en las críticas. Y si entiendo bien el post, lo que allí se dice es que conviene oir las críticas de los amigos o compañeros de ruta y devolver opiniones en un diálogo para confirmarse (sobre todo) a uno mismo (lo mismo hará el otro) que se está en el camino que se había escogido cuando se había elegido al compañero/amigo.
    Dicho en otras palabras: no basta con rechazar todo absoluto, en algún momento hay que empezar a hacer distinciones, pensar las diferencias, o nos quedaremos sólo con los adulones… o solos…