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Internas abiertas: la hora de las colectoras

¿Se suspenderán las internas abiertas, como sugiere ayer Perfil? ¿O se realizarán de todos modos, como asegura el ministro del interior?

Cuando se sancionó la reforma electoral estableciendo la elección de todas las candidaturas para cargos nacionales a través de internas abiertas obligatorias y simultáneas se generaron largas discusiones acerca de las ventajas y desventajas de este sistema. Sin embargo desde el primer momento diferentes factores permitían avizorar que más allá de sus posibles bondades y defectos (a mi modo de ver, más defectos que bondades), ninguna candidatura presidencial relevante se dirimiría por este mecanismo. Hoy es un hecho que, si no ocurre ningún suceso excepcional, cada partido o frente electoral llegará a la fecha estipulada para las internas, en el mes de agosto de 2011, con una única fórmula presidencial.

Originalmente, el objetivo de máxima del kirchnerismo al promover las primarias consistía en utilizar la interna abierta como eliminatoria que dejaría fuera de carrera a los sectores díscolos del peronismo, y que disciplinaría al grueso del partido (gobernadores, intendentes) con el candidato oficial. Los peronistas disidentes, como era de esperar, pronto anunciaron que no participarían de una interna contra el gobierno controlada por el propio gobierno. Desde el oficialismo se buscó entonces sin mayor éxito la posibilidad de contar con un sparring de cierta envergadura que reforzara la candidatura “del pingüino o la pinguina”.

Sin embargo, el escenario político actual sugiere que no habrá internas competitivas para definir fórmulas presidenciales. Por el lado del oficialismo, cuesta al día de hoy imaginar que Cristina Kirchner no sea la candidata, tanto como es difícil pensar en que la actual presidente pueda tener un contendiente interno (tampoco la idea del sparring parece ya tener mayor sentido).

En la vereda de enfrente, todos reconocen que dirimir la candidatura presidencial en agosto, a escasos dos meses de la elección general, y con la candidatura oficialista instalada hace tiempo, sería una estrategia poco atinada. Por el lado del ACyS (o Frente Progresista), Margarita Stolbizer estuvo entre las primeras en advertirlo y en promover un mecanismo que anticipara la decisión. Algunos radicales creyeron por un tiempo que el nuevo mecanismo legal podría resultar útil para resolver sus propios problemas internos. Especialmente por el lado de Cobos se pensó que incorporar a los independientes en la resolución de la candidatura sería ventajoso en su disputa contra la estructura partidaria, mayoritariamente inclinada hacia la candidatura de Alfonsín. Sin embargo, todos admiten ya la necesidad de definir la fórmula presidencial con antelación, y  el propio presidente del partido abiertamente sostiene que la UCR debe definir el candidato no más allá de marzo de 2011. La interna abierta tampoco resulta atractiva para los socialistas. Decididos a aportar la candidatura vicepresidencial de Binner, pero renuentes a hacerlo acompañando a Cobos, los socialistas necesitan que los radicales terminen de resolver sus conflictos internos para luego negociar en términos de partido a partido.

Macri, Pino Solanas, y Elisa Carrió, si decidieran avanzar en sus respectivas candidaturas presidenciales, serían también candidatos únicos de sus respectivas fuerzas (parece altamente improbable que Macri dirima su candidatura con un peronista federal en una interna abierta).

En definitiva, de mantenerse tal como está, el sistema llevaría al absurdo de forzar a todos los partidos y frentes relevantes a presentarse con listas únicas para sus candidaturas presidenciales.

¿Qué ocurrirá entonces? Creo que, en principio, hay tres posibilidades.

La primera consiste en la sanción de una ley con apoyo de todas las bancadas que, probablemente “por esta única vez”, suspenda lisa y llanamente la realización de internas (tal como se hiciera en noviembre de 2002 con la suspensión de la ley 25.611, sancionada cinco meses antes).

La segunda consiste en la suspensión de la interna para el caso de la fórmula presidencial, manteniendo las primarias para las listas legislativas. Aunque esta opción parece ser de sentido común (evitar internas donde ya hay candidaturas acordadas, mantenerlas en el nivel donde podría haber competencia), no parece viable desde el punto de vista de las especulaciones políticas de los principales actores, en especial del oficialismo. Además, una de las disposiciones más relevantes de la ley, la de la exigencia del 1,5% de votos en la primaria como sistema de clasificación para la general, quedaría desvirtuada.

Finalmente, la opción que creo más probable es la de mantener las internas aun con fórmulas presidenciales únicas. Cada candidato presidencial oficiaría de paraguas bajo el cual se competiría por los puestos para diputados y senadores de las respectivas fuerzas en diferentes distritos. De este modo desde el oficialismo se podrá alentar a los diversos sectores de su heterogénea coalición a presentar diferentes listas, todas por cierto subordinadas al liderazgo nacional.

De haber internas competitivas éstas serán, sin o casi sin excepción, elecciones de listas colectoras. Haber preservado tácitamente la posibilidad de colectoras para la elección primaria ha sido, en este contexto, poco más que un “vacío legal” (en Provincia de Buenos Aires, cabe aclarar, las colectoras están expresamente previstas en la norma). Ha sido, en verdad, un punto crucial de la reforma.

Posted in Internas abiertas, Política.

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