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La lógica y el perfil del gabinete presidencial: recambios y continuidades

(DyN)

Los cambios en el gabinete siguen una lógica, la promoción de figuras de segundas y terceras líneas y la administración de premios y castigos entre las facciones internas. No incorporan a nuevos actores o aliados, algo que parece a la presidente no le interesa en lo más mínimo, tal vez porque no cree necesitarlo, tal vez porque no cree que sea oportuno. El gabinete tambien se “cristiniza”, se puebla de entusiastas, ideólogos, jóvenes, no pejotistas (salvo el caso de Mussi en Medio Ambiente, que como excepción a la regla es bastante elocuente). Todo lo que a Cristina le gusta, e ignora criterios como la experiencia en el área, la capacidad de diálogo y articulación con los actores sectoriales, o la identificación con alguna propuesta específica de reforma.

Si algo ha caracterizado al ciclo kirchnerista es el muy bajo interés por la calidad de la gestión, y la reluctancia a encarar políticas de largo aliento que requieran una compleja ingeniería técnica y política. Los Kirchner siempre se comportaron de modo acorde a su condición de clase (algo que sus simpatizantes deberían saber valorar):  como nuevos ricos entrenados en resolver sus problemas, o convencidos de que los resuelven, tapándolos con billetes. Como en el relato mítico nac&pop sobre el “oligarca”, han preferido tirar manteca al techo y gastar a manos llenas antes que planificar e invertir pensando en soluciones más complejas pero duraderas. El tipo de funcionarios que en general necesitan es, por tanto, bastante básico: buenos ejecutores de sus decisiones respecto a quién darle y a quién quitarle, que si además pueden justificarlo en público con la retórica de batalla ideológica de rigor, mejor.

Contra la algo insólita pretensión de la presidente de autodefinirse como un “cuadro técnico universitario”, otro rasgo que la caracteriza, y que ha caracterizado tal vez en mayor medida a su gestión que a la de su marido, es la subestimación de los saberes técnicos, en particular algunos de los que son más necesarios para el manejo del estado, como los jurídicos, económicos, e internacionales. De otro modo sería difícil de entender que en cada uno de estos rubros Cristina haya realizado, no sólo ahora sino desde tiempo atrás, recambios que sistemáticamente sacrificaron capacidad técnica en aras de asegurarse obediencia ciega y entusiasmo discursivo: la presencia de Alak, Timerman, Boudou, Álvarez y Marcó del Pont sería si no difícil de entender.

Para ser justos, la tendencia a la selección negativa no es patrimonio exclusivo de Cristina. Si consideramos el ciclo que arranca en 2003, se encuentran algunos buenos ejemplos ya en los primeros tiempos de Néstor. Recordemos si no la abrupta salida del gobierno del ministro de Justicia, Rosatti y su reemplazo por Iribarne, o el aun más gravitante y forzado recambio de Lavagna por Miceli en Economía. La también conflictiva partida del antecesor de Rosatti, Béliz, brinda otra muestra del problema que aquejaba al entonces presidente: que no sabía echar gente, cada vez que se desprendía de un colaborador creaba un enemigo, y tal vez por eso fuera que a continuación tendía a encerrarse en sí mismo, confiando solamente en los más leales, al precio de sacrificar capacidades y conocimientos.

Néstor disfrutó de un gabinete inéditamente estable, con lo cual, aunque no se pusiera el acento en lograr una gestión eficiente, y los funcionarios no fueran los más capacitados, con el tiempo algo aprendían. Esa fue la experiencia, por caso, de la actual estrella en ascenso, Garré, cuyos primeros años al frente de Defensa dejaron bastante que desear. Cristina no les dio tiempo de aprender a la seguidilla de muy jóvenes economistas que siguieron a Miceli, hasta que Boudou logró hacerse un lugar en sus afectos, y cambió también a su jefe de gabinete, su canciller, su ministro de Justicia, de Interior, de Agricultura, de Educación, el presidente del Banco Central, y la lista sigue…

Las cosas no hubieran funcionado mucho mejor de haberse perseverado en cuidar la estabilidad del personal. El contraejemplo de Planificación, paradigma de la estabilidad del personal pero también de la ineficiencia en la asignación de recursos, la imprevisión y el incumplimiento de metas (ahí está el Plan federal de vivienda para probarlo), así lo indica. El problema más serio que puede enfrentar Cristina en su afán por actuar como “escoba nueva” no es ese, sino generar innecesarias tensiones en su frente interno, y expectativas imposibles de cumplir en el frente externo. ¿Qué pasará si el prolongadísimo proceso de horadación del poder de Aníbal Fernández termina en un portazo? ¿Cristina no deja de esmerilarlo porque confía en que su lealtad hacia ella soportará cualquier prueba, porque no sabe cómo frenar a las demás facciones de su gobierno, porque no sabe todavía si quiere o puede reemplazarlo, o porque como en las purgas soviéticas está cocinándolo a fuego lento teniendo ya preparada la sentencia de muerte, que dará a conocer sólo cuando parezca la consecuencia “lógica”? ¿Y Garré, podrá sino resolver al menos neutralizar el drama de la inseguridad, o quedará atrapada en una red mucho más densa y peligrosa que la de las Fuerzas Armadas, sin tiempo ni recursos suficientes ya para aprender?

La nota completa en El Economista

Posted in Kirchnerismo, Politica Argentina.

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One Response

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  1. Pablo Díaz says

    El punto es que así alcanza. Y si alcanza, ¿para qué mejorar el nivel? Peronismo puro. Un gran ministro siempre compite con su presidente (Cavallo con Menem, por ej) Por esto Néstor echó a Lavagna para sustituirlo por…Miceli! CFK tiene la misma cabeza. Si es reelegida, y con los cuellos de botella ya impostergables, llamará a “alguien” para hacer el ajuste de variables y después lo echará. Mientras Brasil y China tiren de la demanda externa, todo seguirá igual