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Los medios: el terreno y también un tema de la campaña

En los últimos días los medios independientes han empezado a despertar de la ilusión que los ganara tras la muerte de Néstor Kirchner, advirtiendo que poco y nada ha cambiado desde fines de octubre pasado en los planes que el oficialismo pergeñara desde la crisis del campo para quitarles credibilidad y mercados, o va a cambiar en el futuro en caso de que Cristina Kirchner siga en el poder, y que incluso la versión cristinista del kirchnerismo está dispuesta a llegar a nuevos extremos, por caso, usar sus fuerzas de choque para bloquear la circulación de publicaciones que la incomodan. Es de celebrar que, en este marco, los medios independientes se muestren dispuestos a pelear la batalla que realmente importa, que no es la de una licencia más o menos, esta o aquella disputa judicial, sino la de la credibilidad.

En la suerte de “contraofensiva informativa” en marcha hay un punto particularmente sensible: los datos que se van conociendo, que no son muchos debido al celo con que el gobierno los oculta, sobre las dimensiones que está adquiriendo el pool de empresas de medios estatales, que el kirchnerismo utiliza desembozadamente como prensa partidaria, y las vías que usa para financiar (publicidad multimillonaria, perdones tributarios, etc.) a otro conjunto de empresas de medios, privadas pero casi por completo dependientes del presupuesto público, cuya línea editorial no difiere mayormente de las anteriores.

Esos datos son relevantes porque ilustran muy bien aspectos esenciales de la estrategia desplegada en este terreno por el oficialismo. Primero y fundamental, desnudan la inversión de roles que en varios aspectos simultáneos él quiso imponer y naturalizar: que lo que ha resultado intolerable para el gobierno nacional no es lo que los medios independientes pueden exagerar o interpretar sesgadamente según sus preferencias o intereses, sino problemas indisimulables como la corrupción, la inflación o la inseguridad; que quiso presentar esta batalla como una en que dirimían fuerzas “goliats” opositores contra los “davids” sin voz, sin dinero y sin poder del “campo nacional y popular”, entre los que él mismo insólitamente se coloca; por último, que invierte la carga de la prueba contra medios que en general tienden a respetar “los hechos” en bastante mayor medida que los oficialistas, tachándolos de tendenciosos y mentirosos para santificar a todos aquellos para los que la información carece de toda autonomía e importancia frente al “relato” oficial.

Desnudar estas inversiones es un paso adelante en la necesaria tarea de combatir las manipulaciones kirchneristas, para poner a la luz el hecho de que las amenazas a la libertad de expresión e información en nuestro país proceden de un gobierno que posee una enorme cantidad de dinero para comprar, silenciar o desacreditar voces, y que lo usa sin ningún límite. Hechos reiteradamente denunciados pero que una parte de la opinión pública no llega a percibir. El principal logro del oficialismo en este terreno ha sido convencer a esa porción de la audiencia de que la batalla entre los medios y el gobierno es una que enfrenta a dos poderes casi equivalentes y con la misma propensión a mentir o a manipular la realidad en función de sus intereses. Hasta que esa ilusión no se desnude será muy difícil que el espacio público pueda volver a albergar un debate entre distintas interpretaciones sobre “hechos duros”, que en sí mismos no pueden ser tergiversados o ignorados.

Pero no es esa la única conclusión que puede extraerse de las polémicas en curso. La contundente información sobre el financiamiento estatal de los medios afines, que incluyó aparentemente la violación de leyes tributarias, echa luz sobre otro aspecto no menos relevante: la naturaleza de la “militancia” oficialista; al menos la que milita en los medios; y la dificultad que ella ha encontrado para crear un público de dimensiones comparables al electorado oficial. Que los varios diarios y demás publicaciones periódicas de línea K o ultra K requieran un financiamiento estatal que quintuplica o sextuplica, según los casos, el monto total recaudado por ventas es suficiente evidencia sobre este último punto. Y nos lleva a preguntarnos por qué los “militantes” necesitan semejante subsidio: ¿es porque la disciplina que se les exige excede sus convicciones, porque estas convicciones son poco más que una simulación, o por algún otro motivo?

Seguramente hay un poco de todo. En algunos medios la identificación ideológica es fuerte, pero no alcanza por sí misma para generar el entusiasmo que se les exige; sobre todo cuando él excede una adhesión más o menos general, se parece más a una identificación ciega y contempla la negación de todo hecho que pueda debilitarla. La evolución que se observa en algunos medios y periodistas hacia el fanatismo puede entenderse así como fruto de la extensión en los medios de la lógica que gobierna a las sectas blogeras oficialistas. El actual presidente de TELAM lo ha puesto en palabras, sin disimulo, así que no hace falta abundar en ello.

Pero lo realmente interesante no es tanto eso como lo que sucede en las fronteras de esa militancia. Porque es allí donde se juega una batalla decisiva entre ceguera y búsqueda de la verdad, entre fanatismo y profesionalismo. El fenómeno ha sido muy estudiado por la sociología de las sectas: todos aquellos que se entusiasman con una idea pero no se fanatizan con ella, porque conservan algún rastro de crítica y duda, son el verdadero problema para los grupos sectarios y para sus conductores, porque pueden romper el efecto del encierro que necesitan sus ocasionales compañeros de ruta, con un simple “esto sí pero esto no” o “por qué?”, o “¿seguro que es así?”. Actuar preventivamente sobre ellos tiene por tanto una importancia decisiva para los jefes sectarios. Que tienen dos opciones a la mano para lidiar con el asunto, tratarlos con guantes de seda y mejorar lo más posible su acceso a incentivos selectivos, o bien purgarlos. Hasta aquí el kirchnerismo ha contado con recursos y receptividad suficiente entre sus potenciales o reales disidentes para hacer mucho de lo primero y bastante poco de lo segundo (aunque algunos casos podrían traerse a cuenta). Pero sólo hasta aquí: a la larga, ningún incentivo alcanza, y el momento en que estalla la desconfianza y se desata la purga, inevitablemente llega. Los periodistas que simpatizan con el gobierno, y no se cuentan entre los de fe inquebrantable o de fe meramente simulada, deberían cuidarse de ello.

Posted in Política, Politica Argentina.


6 Responses

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  1. Lucas Adalberto says

    Me quedo realmente atónito cuando se tilda de “independiente” a los grandes medios de nuestro país. So…

    “CIPOL
    El Centro de Investigaciones Políticas (CIPOL) desarrolla investigaciones, produce fuentes documentales y material audiovisual, y brinda cursos de formación. Las actividades de CIPOL están orientadas a comprender los procesos políticos de la Argentina contemporánea, a través de un enfoque multidisciplinario y en una perspectiva histórica y comparada. CIPOL busca promover con ello el debate político sobre la realidad argentina y latinoamericana”

    Me gustaría que desde esa perspectiva se brinde una fuente que constate la independencia de los medios más importantes que tenemos.
    Yo pensé que Michael Moore me había enseñado que era una discusión acabada, parece que estoy equivocado.

  2. Marcos Novaro says

    Si ya “aprendiste” que era una “discusión acabada” efectivamente no necesitás leer más nada, suerte

  3. Edgardo Moreno says

    Brillante artículo y no menos contundente la breve respuesta al primer comentario.

  4. Pablo Díaz says

    Buena columna. El tema me “interpela” directamente, como suele decirse. En mi redacción ha habido una clausura creciente de los espacios de discusión seria y abierta, que son sustituidos por un psicopateo brutal. He visto a viejos anarquistas transformarse en cuestion de meses en furiosos K, a militantes de la CTA que ocupan espacios editoriales con el guiño de la empresa,que los resigna sin chistar. El climax llegó con la ley de medios. Lo más exasperante es el debate económico, con tipos que se supone son profesionales repitiendo eslóganes groseros,por ej, sobre la inflación. Y lo peor es ver “correrse” a la cúpula de la redacción, para no “tener problemas” y dejarte solo. Se viene un año terrible. Nunca había visto un clima así. Si gana CFK me parece que nos ponen a los pocos que resistimos en la lista negra…a pedido del progresismo militante. Cuando lo de la ley de medios, imprimí y pegué algunas columnas de Cipol. No duraron mucho.

  5. FEr says

    Estimado Marcos:

    Soy un lector más que asiduo de tu blog y me parecen sumamente estimulantes tus críticas y comentarios sobre los temas de actualidad política.
    Coincido completamente en que el gobierno nacional ha adoptado una estrategia manifiesta de ocultamiento, ya ni discute los temas urticantes, simplemente los omite. Sin embargo, me parece que es una estrategia que se replica desde hace tiempo en muchos otros medios, aunque, otra vez coincido, no existe equivalencia alguna entre uno y otro.

    De todas formas me parece un poco idealista conceptualizar a los medios como “independientes”, a menos que se asuma una simplista división entre Estado y Sociedad Civil, que me parece inaceptable. Las faltas de uno no inhiben en absoluto las de los otros, las grandes empresas no son comparables con el Estado, pero asimismo tienen una responsabilidad que cumplir (por lo pronto acatar las leyes). Me parece imprudente e innecesario ponerse en abogado de un sector que, más allá de su victimización por parte del gobierno, no cumple en absoluto un papel positivo en cuanto a la información.

    Acuerdo que no es equiparable una cosa con la otra, pero la situación de víctima no convierte lo nocivo en virtud. Ninguno de los actores en cuestión está actuando en favor de las libertades y los derechos civiles básicos, uno faltando a su rol de garante y el otro operando con dudosas buenas intenciones en pos del pluralismo y la objetividad (más allá de sus más que repudiables conductas empresariales).

    Concluyo, a pesar de la obvia inequidad entre los actores, a pesar de la obvia impunidad del gobierno nacional en ocultar información, es necesario marcar que existen varios elementos perjudiciales para alcanzar objetivos genuinamente progresistas y puralistas en este país. En ese plano, ambas conductas son perjudiciales, y es necesario, aún reconociendo el plano de desigualdad, marcar las faltas de ambos y combatirlas desde propuestas superadoras y no desde consignas conservadoras.

    Con mucho respeto y admiración.
    Fernando

  6. Marcos Novaro says

    Estimado fer, sin duda que el tema de la independencia de los medios, y de los periodistas dentro de los medios, es muy complejo. En principio uno podría decir que la nueva ley desconcentra y por eso va a favor de la independencia, pero no toca los dos temas claves al respecto, o peor aun, tiene buenas posibilidades de complicar esos dos asuntos claves aun más: el de la autonomía de las redacciones respecto a los dueños y gerentes, y el de la existencia de empresas de medios que se dedican a eso y no tienen además constructoras, empresas de servicios, etc. Los Kirchner no quieren ninguna de esas dos autonomías, quieren medios de Cristobal López y redacciones disciplinadas. Ahora bien, si uno considera los tres grandes diarios “independientes”, Clarín, La Nación y Perfil, los tres son empresas de medios y sus redacciones son menos dependientes de sus dueños y gerentes que las de los medios K, eso es lo que autoriza a defenderlos como sostenes de una mínma libertad de información y de prensa que el gobierno amenaza. En el caso de Clarín hay menos independencia en la redacción que en Perfil? Seguro. Se expandió con negocios en el futbol y el cable usando su influencia en la opinión pública a favor de gobiernos como el de Menem y el primero de los Kirchner? Efectivamente. Las circunstancias lo han vuelto sin embargo más independiente del poder, al menos, y por suerte que existe Clarín hoy en día, y esperemos que siga existiendo. Un abrazo