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¿El gobierno se está comiendo la liebre antes de cazarla?

En la ilusión de que las elecciones las tiene prácticamente ganadas, el cristinismo está profundizando iniciativas que supuestamente le van a permitir elegir “cómo” ganar: sin depender de la estructura del PJ y del sindicalismo peronista, profundizando su “modelo”, cualquier cosa que ello signifique.

Pero al hacerlo tal vez está siendo demasiado optimista, y puede terminar pagando serios costos: ¿qué pasaría si termina identificándose a su entero gobierno con la lista de Sabbatella en la provincia, y se deja en evidencia, tal como sucedió en 2009 en Córdoba y Santa Fe, que su electorado propio duro y puro es bastante escaso, tal vez incluso menor al 10% del padrón, y el resto es simplemente el peronismo de siempre? ¿Qué pasa si Venegas, Zanola y Pedraza se convencen de que tarde o temprano serán incinerados en el altar de una batalla  electoral que poco y nada tiene que ver con los intereses, no sólo de ellos, de sus organizaciones y del modelo sindical que han defendido toda su vida, y deciden convertirse en testigos colaborativos con los fiscales, para que los procesos en marcha avancen hacia los ministerios de salud, trabajo y la estructura política del modelo K que ha llevado sus vicios a los extremos por los que hoy se los está juzgando?

Seguramente los estrategas oficiales están atentos a moderar sus lances apenas tengan señales de peligro de este tipo. Pero conociendo sus antecedentes no hay que descartar que las cósase les escapen de las manos, por un exceso de entusiasmo de algunos de los mastines que han soltado para que muerdan los tobillos de sus socios menos confiables, o por una sobrerreacción de éstos, motivada en la conclusión de que si era difícil convivir con un kirchnerismo impopular, lo es aun más hacerlo con uno que siente detrás suyo el sagrado aliento de las masas.

El entuerto armado por Verbitsky, Arslanian y Sabbatella en su batalla a muerte contra Casal es un buen ejemplo de cómo las cosas pueden escaparse de las manos oficiales. Si Scioli decide resistir hasta el final, un asunto relativamente menor se habrá convertido en una señal para los peronistas de siempre respecto a que no conviene dejarse correr con la vaina. Porque el problema no es tanto la cabeza del ministro en cuestión, sino que quede en evidencia el escaso poder de fuego que posee el kirchnerismo en el territorio: ¿qué hará el coro oficial que tan tardía e interesadamente ha descubierto que el mal de la inseguridad nace de la conducción de la policía bonaerense?, ¿llamaría abiertamente a votar en contra de Scioli?, ¿intentaría convencer a los barones del conurbano de que no es contra ellos que va la cosa?

Posted in Política, Politica Argentina.


One Response

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  1. alberto says

    Marcos te parece posible que los sindicalistas colaboren y tiren responsabilidades para arriba? No digo que sea imposible pero lo imagino casi posible en un escenario donde fueran contra sus familiares, por ejemplo sus esposas, pero no veo posibilidades de que haya intenciones de hacer algo parecido con lo que hicieron con Clarín/Noble/hijos, saludos