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¿Oportunidad para una reforma sindical?

“Atacar para defenderse”. ¿Es esa la táctica moyanista con el paro del próximo lunes? Si fuera asi: ¿de qué cree Moyano que necesita defenderse y a quien va dirigido su “ataque”?  Los medios de comunicación afines al gobierno divulgan el discurso de la huelga contra la justicia suiza. Los medios contrarios al gobierno ven en ella un ataque al gobierno de Cristina Kirchner. El enemigo externo es un recurso muy tentador para el político y el gobernante demagógico. Una amenaza externa a “los argentinos” le facilita la representación de un todos. Se ha escrito mucho sobre ello, pero solo por mencionar algunos conflictos en los que el kirchnerismo ha hecho uso de la identificación y exageración del enemigo externo como recurso de política interna, vale recordar el FMI en la negociación de la deuda, Uruguay con las papeleras, cada tanto aparece un freno bien publicitado a un barco que se dirige a Malvinas o un avión requisado, etc. Cuando el gobierno identificó y enfrentó adversarios internos su suerte fue dispar: debió retroceder en el conflicto con el campo y pudo avanzar contra los medios.  El kirchnerismo ha hecho de ese recurso una seña de identidad, de modo que no tiene mucha legitimidad para objetar el derrotero de Moyano. Dice Piumato: “Viendo la TV y a los gorilas que nos critican, nos afirmamos en que vamos por el camino correcto. Defender a Moyano es defender a Cristina”. El problema es que ahora el discurso de Moyano antagoniza con la justicia suiza y los medios,  pero difícilmente una huelga no tenga como destinatario el gobierno.

¿La huelga del lunes es la ventana de oportunidad que la oposición esperaba para recuperar terreno en la escena pública?  Hasta el momento  los candidatos a competir con CFK en octubre no salen del letargo. Muy probablemente la ausencia de coaliciones a seis meses de las elecciones presidenciales limita las oportunidades de intervención de la oposición. Sin la fuerza que surge de coaligarse dificilmente sean capaces de interpelar a la ciudadanía con una propuesta que permita vehiculizar una demanda impugnadora de la huelga del lunes y que marque un cambio en la agenda política. Si esto ocurriera significaría que los acontecimientos tomaron un curso imprevisto. Para lo cual deberían darse al menos dos condiciones:

1)  que el muy extendido rechazo que merece el modelo sindical y su dirigencia en los sondeos de opinión, incluso entre los trabajadores, se convierta en una demanda concreta e inescapable por el cambio;

2)  que al menos un actor político relevante tome esta demanda como bandera y la convierta en iniciativas legislativas y de gestión.

La década kirchnerista aseguró una estabilidad de las dirigencias sindicales mucho mayor que la alfonsinista y la menemista, y tuvo aun otros efectos contrarreformistas, como el de devolverle el control de recursos económicos y oportunidades de intervención facciosa en la vida partidaria y política, que esos gobiernos anteriores habían en alguna medida cercenado.

Está menos claro que vaya a surgir un actor reformista en la escena política, capaz de sacar provecho de la oportunidad, para promover cambios más o menos amplios e irreversibles. El kirchnerismo  no impuso reformas cuando tenía con qué presionar a los gremios, ahora que necesita urgentemente de su buena voluntad para que el conflicto distributivo no se desboque y para ganar las elecciones, no es razonable esperar que vaya a hacer otra cosa.

Después del papelón de De la Rúa con la recordada ley banelco de descentralización de las paritarias, los radicales, como quien se ha quemado con leche ya demasiadas veces, parecen haber concluido mayoritariamente que conviene no hacer planes muy ambiciosos en la materia. Hasta aquí se han limitado a decir que no le temen a Moyano y que respaldan “el accionar de la justicia”, lo que hace sospechar que no pretenderían ir más allá de lo que ya está haciendo Cristina.  Macri, abrió al inicio una perspectiva reformista en este terreno pero tardó muy poco en disiparse.

A menos que una suerte de mani pulite sindical resulte espontáneamente de la acción de la justicia, los medios y actores de la sociedad, lo más probable es que la oportunidad pase de largo. Y ella termine forzando algo que nadie en la política argentina tiene hoy en sus planes.

Posted in Elecciones 2011, Política, Politica Argentina.


2 Responses

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  1. Federico says

    Illya: Creo que la oportunidad para una reforma juridica sindical surgen, con mucha mayor fuerza y autonomía, de deslegitimaciones diarias que se vienen dando de hace años en pequeños ámbitos (que a veces toman grandes dimesiones) y no de pujas políticas a gran escala. Cuando digo de lesgitimaciones diarias me refiero a ámbitos de trabajos dónde constantemente se están sucediendo descentralizaciones (autonomías) sindicales. (que incluso le dieron un nuevo sentido a la ley, nuevas interpretaciones en los nuevos fallos de la Corte Suprema)
    Sinceramente, dudo mucho que algún partido político o dirigente político pretenda devorarse al tradicional modelo de dirigencias sindicales. Y ello porque siempre le va a ser más funcional a su propia gobernabilidad negociar con burócratas que con gente en la calle (más allá de la propia relación de fuerza-extorsión que Moyano proponga).
    Quizás, sea mejor pensar el fenómeno sindical desde lo que ha sucedido en los subterráneos, en los ferrocarriles, en Praxiar, etc. Ellos son los que verdaderamente están peleando día a día por la reforma (y ya han dado varios pasos en ese sentido!). Dudo que una reforma reflexiva y que escuche a los verdaderos interesados (los trabajadores) pueda surgir de las pujas electorales y mediáticas.

  2. Marcos Novaro says

    Estimado Federico, tengo mis dudas de que sea ese “sindicalismo de abajo” suficiente motor para impulsar el cambio que la democracia argentina necesita en la corporación gremial peronista. En parte por el carácter político que ese sindicalismo alternativo suele adoptar, y que no es fruto de un capricho o casualidad, sino de razones también muy lógicas, fundadas en las condiciones en que la militancia gremial opositora actúa: para enfrentar a la patota en los lugares de trabajo hay que hacer un cálculo muy particular de costos y beneficios, esto es, sobreestimar las posibilidades de redención (revolución socialista mediante, consagración como héroes de la clase obrera, etc.) que se abrirían para quienes se sacrifiquen (a perder el trabajo, a batallar en soledad contra la conjunción del poder del estado, la patronal y la propia maquinaria gremial, en última instancia, a ser apaleados o incluso muertos), por lo que no llama la atención que sean muy frecuentemente sólo los altruistas maximalistas los que se animen a seguir ese camino, mientras que los pragmáticos, moderados o escépticos en el mundo del trabajo se dedican a otra cosa. Por lo mismo, es frecuente que una mayoría de los asalariados se muestre igualmente distante de la burocracia sindical peronista y de las agrupaciones de militantes trotskistas y de izquierda revolucionaria, pero al mismo tiempo, que estén dispuestos a transigir con el statu quo y a recibir de la primera todo lo que esta esté en condiciones o dispuesta a darle. No son sólo los gobiernos los que apuestan a acordar con la burocracia, también son los trabajadores. Por eso es que creo tiene un rol importante que cumplir para desequilibrar esta situación la acumulación de problemas que para la imagen pública del gobierno viene generando el desborde mafioso y patotero del sistema sindical heredado: igual que vos creo que no hay ni en el gobierno ni en la oposición mayor interés en generar o impulsar un cambio a este respecto, pero sucede que los Kirchner le dieron tanta soga a Moyano y cía, en tiempos en que necesitaban imperiosamente su colaboración, que éste necesita ahora una garantía de impunidad que ni el gobierno ni nadie le pueden asegurar aunque le soben el lomo prometiéndosela, y a la vez, que en estos años le han hecho creer que puede exigir eso y mucho más, que así como puede perderlo todo aun está en condiciones de quedarse con todo. Por mi parte no creo que Cristina sea mucho menos responsable que Moyano en lo que ha pasado con la mafia de los medicamentos, pero lo importante no es eso, si no si puede terminar enfrentada a esa mafia en un juego de matar o morir con Moyano.
    Saludos