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Postales de la violencia K: ¿y ahora por qué Mirta Legrand?

Fuente: articulos-interesantes.blogspot.com

Hay procesos que se alimentan solos. El de la violencia suele ser uno de ellos. Se planta una semilla y, si germina, se inicia una reacción en cadena: se propaga por imitación, se justifica por las reacciones de las víctimas, que en vez de “disculparse” se “autoinculpan”, se normaliza y extiende a nuevos territorios, con nuevos fines.

Nada indica que el kirchnerismo esté moderando o refrenando en alguna medida este proceso. Todo lo contrario. Es cierto que se cuida más la retórica utilizada desde el atril. Pero el objetivo de “señalar” objetivos y justificar su exclusión violenta de la vida pública y, en lo posible, de la comunidad, sigue en pie y a toda máquina. Con lo que la situación puede estar empeorando, y encima hacerlo sutilmente, desactivando las esperables resistencias: el problema no está sólo ni principalmente en el bloqueo gremial a un diario o en la invitación grotesca de la Secretaría de Cultura a “golpear al gorila”, sino sobre todo en la espontánea reproducción de este tipo de acciones.

El mecanismo utilizado es de libro, y hasta aquí ha funcionado más o menos así: primero, el enunciador oficial se arroga la condición de víctima y una posición de debilidad relativa, apelando a resentimientos presentes en la sociedad, fruto de las muchas ocasiones en que ella se ha sentido víctima de algo, con más o menos razón según los casos; segundo, se atribuye un poder extraordinario y hasta allí oculto a un grupo difuso de enemigos a los que se identifica con una condición X que los enfrenta irreparablemente al resto de la sociedad; por último, se postula más o menos abiertamente que dado que ese enemigo es la causa de los problemas, de su extinción depende la solución. Todos los populismos han usado con mayor o menor asiduidad e intensidad estos recursos. La pregunta que cabe hacerse es si el kirchnerismo los está extremando, y hasta dónde querrá y será capaz de llegar. Y una preocupante señal a este respecto es la profundidad social que están adquiriendo tanto los objetivos como los métodos.

Los objetos de la violencia, los enemigos, habían sido hasta aquí de naturaleza “política”: fueron identificados en esa arena bien por acciones del pasado, lo que habían hecho durante la dictadura, bien por lo que hacían ahora, sus posiciones críticas hacia el gobierno en los medios. Y la “respuesta”, la represalia en la forma de escraches, golpes o “señalamientos” que podían dirigirse por igual a un represor o a periodistas del grupo Clarín y aledaños, escogidos estos últimos según su peligrosidad, esto es su eficacia para dañar la imagen del oficialismo, tenía también fines políticos.

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El lugar estelar que fueron ocupando en las últimas manifestaciones oficialistas, y en particular en la del 24 de marzo de este año, algunas figuras mediáticas de tiempos del Proceso podría considerarse entonces como el mero fruto de la superposición de ambas categorías. Por tanto, que una figura en principio tan poco relevante en la vida política como Mirta Legrand haya pasado a ocupar un lugar prominente en el patíbulo de los enemigos del pueblo no debería sorprender demasiado, ni de ello cabría deducirse ningún cambio o maduración en el proceso que sigue la violencia.

Hay, sin embargo, una novedad. Y es que a través de Mirta el “enemigo” se vuelve más social que político, su condición se asocia ahora más a lo que él es que a lo que hace: lo que se ataca, atacando a la señora de los almuerzos, no es una posición política sino su ausencia, es una función y condición social más que una posición; es ese sentido común bastante banal, por regla general acomodaticio y también algo hueco, que ayuda a formar en alguna medida la opinión pública, de este como de muchos otros países, porque su función es esencialmente dar cabida a la circulación y el entrecruzamiento de muy distintos argumentos (ellos sí políticos). Es esa función lo que el oficialismo parece ahora empeñado en alterar de raíz. Para reemplazarla por algo que no sería para nada acomodaticio: debería ser entusiasta, militante. Aunque dicho entre nosotros no está muy claro que pudiera dejar de ser todo lo banal y hueco que puede ser la Legrand (a menos que nos creamos que hay más contenidos, ideas y valores innovativos, más profundidad interpretativa y apertura al mundo en la exposición de Albistur y Coscia en el Palais de Glace que en las tertulias televisivas de la señora).

Del hecho de que el enemigo sea ahora más social que político se desprende además de un objetivo, un método nuevo para el ejercicio de la violencia: la invitación a los asistentes a la marcha del día de la memoria para que escupieran o arrojaran otras excrecencias en los carteles con la imagen de Mirta, y la participación de familias con niños pequeños en esta suerte de happening de la humillación, son toda una novedad. Que la innovación la haya producido un grupo ignoto, seguramente actuando por su cuenta, no hace las cosas menos graves sino todo lo contrario. Revela que hay un evangelio y evangelistas disponibles para extender la guerra iniciada desde el poder, y hay cada vez menos sensibilidad y vergüenza ante la imagen, el shock estético que a cualquier persona normal, con “sentido común”, le produce el acto violento.

Fuente: articulos-interesantes.blogspot.com

Hay cosas que se sabe cómo empiezan pero no cómo terminan. Tal vez esté siendo demasiado pesimista, pero me da la impresión de que si Cristina Kirchner gana las próximas elecciones, y sobre todo si ella y quienes la acompañan se hacen a la idea de que ganan por la razones que los promotores de la violencia están diciendo que van a ganar, asumiendo que la sociedad está dispuesta a “premiar al vicio”, entonces más y más gente se convertirá en objeto de la violencia, y deberá acostumbrarse a vivir con miedo.

Posted in DDHH, Kirchnerismo, Política, Politica Argentina, Usos de la historia, Violencia y politica.

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7 Responses

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  1. juan says

    Cual es la violencia, decir que los civiles fueron promotores de la dictadura. ¿Es mentira?, si es mentira Raul Portal nos mintio de su arrepentimiento entonces, Si es mentira Mirtha fue censurada injustamente por el gobierno de R Alfonsin. Y sentido común, hubo una epoca que “Que la Tierra era plana fue de sentido común”.

  2. Marcos Novaro says

    Negacionismo y reducción al absurdo, con eso no vamos a ningún lado. Torquemada no es escupido, es el que escupe, y no argumenta nada, porque no cree que le haga falta, y cree que todo anda fantástico.

  3. Jopa says

    El gobierno cultiva el odio y la violencia pensando, o al menos dando a entender, que la va a poder controlar. Es como una reserva que está ahí para usarla cuando la necesite. Claro que estas cosas tienen su propia dinámica y, muchas veces, se salen de control.

  4. TomLud says

    Muchos criticos de izquierda al gobierno señalan que toda esta lógica antagonística se justificaría si detrás hubiera un proceso revolucionario. Sarlo incluso lo da a entender en su crítica al Nunca Menos.

    Pues a mí me parece que la lógica dicotómica a la que Laclau y Mouffe decoran de sofisticación no tiene fondo, siempre termina dividiendo entre puros e impuros.
    Igual, coincido con Sarlo, choca un poco más que la división maniquea se impulsada por políticos que saltaron al campo nacional y popular de un día para el otro.

  5. Marcos Novaro says

    Estimado TomLud, tu punto es interesante y muy claro, yo lo pondría en estos términos: el problema es que no son realmente de izquierda o que son demasiado antiliberales? A mí personalmente me preocupa más lo segundo, y por eso tiendo a preferir a los kirchneristas más hipócritas, los tácticos peronistas circunstancialmente alineados, por decir así, porque creo que con los sinceros y los que vienen en general de la izquierda, los que quieren profundizar el modelo y demás, es como con Torquemada, qué podés hablar?, cómo podés convivir? Para el caso, lo que creo que está pasando es que las fronteras entre los dos tipos de kirchneristas tienden a borrarse, los hipócritas seguramente son en principio menos fanáticos, y están menos interesados al menos en este tipo de violencia ideológicamente orientada (la otra la practican como siempre), sobre todo si ven en ello riesgos electorales, el peligro de espantar a los moderados, pero como ese riesgo hoy creen que es bajo, compiten frente a la jefa por mostrarse entusiastas, y van abonando el terreno para que los fanáticos avancen.
    La indiferencia con que los peronistas dejan pasar la versión montonera sobre el origen y razón de ser del Proceso es a este respecto muy elocuente y preocupante: claro que en el fondo saben que el montonerismo es mucho más responsable de todo lo que pasó que la Legrand, pero ya no tienen forma de objetar la línea que se baja desde el vértice gubernamental, los organismos de ddhh y demás. Recordemos las veces que el propio Néstor le paró el carro a este revisionismo montonero. Hoy nadie se atrevería siquiera a intentarlo desde el partido oficial.

  6. manuel says

    Tanto el ERP como Montoneros y casi todos los partidos políticos y hasta la enorme mayoría de la sociedad, lo cual no transforma a nadie en genocida o torturador en todo caso ignorante o estúpido, estuvieron a favor del golpe militar, la diferencia está en quienes hicieron cosas para que eso pasara y en esa balanza el peso cae de plano en el lado de organizaciones como el ERP o Montoneros o algunos grupos políticos, eso no implica ninguna teoría de los dos demonios o justificación de lo que hicieron luego los militares, pero las responsabilidades están bastante inventadas a esta altura de la historia.

  7. Lucas says

    “el problema es que no son realmente de izquierda o que son demasiado antiliberales?”
    Obviamente que lo segundo es mucho más preocupante que lo primero. Construir poder desde el populismo y el maniqueísmo, corporativizar a la sociedad, confundir Estado con partido o gobierno es más peligroso que discutir si están a favor de la redistribución del ingreso o la justicia social, objetivos plenamente alcanzables en una sociedad democrática liberal y una economía de mercado.
    Desde lo personal, creo que se están traspasando varias barreras simbólicas y si me pongo a realizar un recuento exhaustivo de los diferentes “exabruptos” ocurridos recientemente me inquieta pensar en la posibilidad de encontrarnos en una pendiente resbaladiza. Espero que Massa tenga razón cuando le dijo en privado a la embajadora Martinez que es imposible que la Argentina se convierta en otra Venezuela.