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Los vicios del gigante: ¿frutos del modelo sindical?

Dos aspectos centrales hacen de la cuestión sindical uno de los principales temas políticos en la actualidad. En primer lugar, la cantidad de sucesos que afectan la imagen del sindicalismo frente a la sociedad: en especial el uso de la violencia para dirimir los conflictos internos y las investigaciones judiciales por malversación de fondos y negocios espurios. En segundo lugar, el temor del gobierno a que los vicios de su principal aliado acaben afectando las chances reeleccionistas de Cristina.

La atención pública en los vicios de los dirigentes sindicales ha reabierto una vez más la discusión acerca de si es necesaria o no una reforma del modelo sindical argentino. En nuestro país, el modelo sindical se encuentra desbalanceado hacia su costado representativo: se privilegia la defensa del interés de los trabajadores en desmedro de la capacidad de estos para elegir a sus propios representantes. Habría, entonces, una lógica de suma cero entre representación y participación, ya que lo que se gana con una se pierde con la otra.  ¿Cómo poder contar con un sindicalismo representativo, capaz de defender el interés de los trabajadores y que sea, a la vez, participativo? Esto es, ¿Cómo constituir un sindicalismo fuerte y democrático a la vez?

Quizás lo más novedoso de este viejo debate sea la forma en la que el dilema ha sido recientemente reformulado: ¿Son los vicios actuales que aquejan al gremialismo producto de un tipo de modelo sindical excesivamente representativo y poco participativo? ¿Es la ausencia de democracia interna el origen de los males que desprestigian al sindicalismo argentino? ¿Son estos vicios motivo suficiente para avanzar una reforma democratizadora que, por exceso de pluralismo, termine afectando el poder de influencia de los gremios?

Aquellos que rechazan una amplia agenda de reforma sostienen que, pese a que los sindicatos no cuentan con instancias participativas suficientes, sus conducciones nacionales -incluso las llamadas “pro-empresarias”- cuentan con un amplio reconocimiento por parte de las bases. Y ello justamente debido a su alta capacidad representativa. Desde esta perspectiva, los vicios actuales, no generalizables a todo el movimiento obrero y de larga data, serían más bien producto del reciente aumento de los recursos sindicales que de la falta de transparencia y apertura del modelo. Por lo tanto, avanzar en una reforma que aumente las instancias de participación no resolvería el problema de los viejos males sino que terminaría con el tradicional poder de negociación gremial. El mayor ejemplo de ello sería el caso de la CTA, utilizado para ilustrar como un mayor pluralismo puede resultar nocivo para las instancias de negociación frente al capital.

Aquellos que proponen una reforma pluralista lo hacen, por el contrario, bajo la convicción de que el origen de los vicios del sindicalismo reside justamente en la falta de democracia interna. Sería la carencia de transparencia e instancias de participación lo que favorece el surgimiento de males tales como el enquistamiento de las conducciones, la utilización de las patotas para dirimir los conflictos internos y acallar las voces disconformes o la falta de control en el uso de los recursos. Según esta visión, la ausencia de participación conlleva a la separación de intereses entre la conducción enquistada y las bases. Ejemplo de ello serían los noventa, en la que los líderes sindicales prefirieron convertir sus sindicatos en empresas a costa de la precarización laboral, modelo gremial que seguiría empeñosamente Moyano en nuestros días. También rechazan el argumento de que los recientes conflictos de base sean un ejemplo de democracia interna ya que, justamente, el hecho de que se expresen principalmente a partir de organizaciones precarias e informales, evidencian la carencia de instancias formales de participación.

Ambas perspectivas reconocen los vicios actuales del “gigante”, único punto en común que hace posible la discusión entre ambas. Aunque no coinciden en sus causas y, por ende, si son un motivo suficiente para avanzar en una amplia reforma. Pero mientras los vicios sigan aumentando, el modelo sindical seguirá en el centro del debate.

Posted in Elecciones 2011, Política, Politica Argentina, Sindicalismo.

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2 Responses

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  1. Marcos Novaro says

    Parece que la presidente se adelantó a sus exégetas y pasó sin solución de continuidad de considerar a Moyano su principal sostén a señalarlo como el enemigo a destruir, para lo cual no tuvo empacho en apropiarse de las críticas opositoras y empresarias hacia el comportamiento faccioso y el desborde corporativo del poder sindical, ni en dejar atrás sus complicidades con la mafia de los medicamentos. Esto alienta a pensar que la discusión que se viene no sea tal vez entre reformar o no reformar a los gremios, ni entre introducir pluralismo o conservar unidad de acción, sino entre una mayor o menos dependencia del poder político: el modelo al que apunta el kirchnerismo no es acaso similar al que logró imponer Perón y que le permitía poner y sacar a los jefes sindicales a voluntad? No necesita acaso un sistema de concentración de poder y de la renta como el que Cristina impulsa, de un sindicalismo más dependiente del estado? En suma, no terminaremos extrañando esos viejos buenos tiempos en que la mafia y la patota de Moyano eran finalmente un freno al monopolio del poder?

  2. Enzo says

    Sí, efectivamente, hay crecientes y razonables rumores de que la Presidente estaría intentando reemplazar a Moyano al frente de la central obrera por un líder más dócil, como Gerardo Martínez. Si el gobierno esta tras ello, el mejor momento para avanzar en su reemplazo, sin duda, es ahora: el estilo sindical combativo de los últimos años esta en cuestión, el desprestigio de Moyano esta en alza, y la Presidente parece estar reconciliandose con las capas medias desde que la semana pasada asoció -por primera vez- a las organizaciones del Trabajo con las “corporaciones”. Sin embargo, me quedan algunas dudas de cuáles pueden ser los costos y la posibilidad de éxito de la supuesta estrategia, pensando en la escasez de liderazgos alternativos dentro del movimiento obrero. Hasta hoy en día no hay ninguna agrupación sindical que le haga sombra al tremendo poder de fuego de los sindicatos de transporte que lideran la CGT, siendo que los contextos inflacionarios favorecen a los gremios combativos en los puestos confederales. Por el momento, me resulta dificil pensar al frente de la CGT a alguna agrupación sindical, al estilo “los gordos” durante el menemismo, que invite a la moderación, en un contexto donde la puja salarial esta a flor de piel. Hasta el 2007, cuando la macroeconomía estaba más controlada, era más probable lograr instalar desde arriba un estilo de acción sindical más moderado, hoy en día mucho menos. Habrá que ver. Saludos.