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La ciudad y la política nacional

Ha habido épocas en que el electorado porteño acompañaba con entusiasmo las corrientes dominantes de la política nacional, por ejemplo, durante el alfonsinismo. Y otras en que votó más bien en contra de la opinión del resto del país, como durante el comienzo del menemismo, y en el período de auge del kirchnerismo. Hoy parece existir un escenario que combina algunos rasgos de ambas situaciones. Por un lado, en su electorado pesan muchas de las mismas tendencias que parecen imperar a nivel nacional: el conformismo con lo que hay, cierta indiferencia a las señales de alarma respecto a la corrupción, la ineficiencia de las políticas de vivienda, educación y salud, la falta de sustentabilidad y la desigualdad inherente al festival de consumo, etc.. Por otro, dado que en la ciudad el sistema de partidos se ha debilitado aun en mayor medida que a nivel nacional, por la práctica extinción del voto radical y las profundas fracturas que atraviesan al peronismo, el llamado “voto independiente” es ampliamente mayoritario, las preferencias cambian de una elección a otra según factores difíciles de prever, y se vuelve muy difícil formar mayorías y sostenerlas a lo largo del tiempo.

En este contexto, no es poco mérito que Mauricio Macri esté por lograr su reelección. Pero ello se ve compensado por la persistente fragmentación que ha imperado y seguirá imperando en la Legislatura, que dificulta un trabajo medianamente coherente en ella y alienta los comportamientos especulativos de miras más bien cortas. Y por el gran poder extorsivo que ejercen grupos de presión no sometidos a la competencia electoral: en particular, empresarios contratistas y tres o cuatro gremios que pueden volver un infierno la vida cotidiana de los porteños (municipales, camioneros, porteros, taxistas y alguno más).

La elección de este domingo también muestra la escasa significación de las fronteras ideológicas que con tanto esmero el kirchnerismo ha venido fortaleciendo en el debate público, para hacer de ellas barreras infranqueables entre el “voto nacional y popular” y el “voto oligárquico”, dos categorías que se puede decir en la ciudad nunca han existido, y menos ahora. No sólo a Macri lo han votado más en la zona sur donde habita el grueso de los porteños pobres que en los barrios de clase media, sino que lo han hecho probablemente por los mismos motivos que muchos de aquellos votarían en octubre por el gobierno: porque no ven que haya alternativas mucho mejores, porque creen que aunque no sea cierto que “vayamos bien” tampoco se ve que vayamos francamente mal y la idea de un cambio preventivo que evite problemas mayores en el futuro no es (ni ha sido casi nunca: recordemos la convertibilidad) un criterio muy relevante de juicio a la hora de votar.

Puede que, como en otras ocasiones, la ciudad de Buenos Aires termine votando en contra de Cristina Kirchner,  pero hay menos chances de que eso suceda que en el resto de las grandes ciudades, Rosario y Córdoba, donde el antikirchnerismo de las clases medias no se ha debilitado tanto. Influyen en parte los generosos e innecesarios subsidios que los porteños reciben a través del gas, la electricidad y el transporte, que más que duplican los recursos invertidos en la Asistencia Universal por Hijo, y hacen de los votos porteños el objeto de un clientelismo de lujo. Pero pesa sobre todo la particular debilidad de las alternativas que los porteños tienen a la mano: a diferencia de esos otros distritos, en donde el socialismo, el peronismo disidente y partidos locales como el juecismo han echado raíz, y han buscado coaligarse con proyectos nacionales de cambio, en la ciudad autónoma el macrismo se ha refugiado en un vecinalismo localista y casi aislacionista. De allí que el voto que él ha recogido tenga grandes posibilidades de dispersarse en las elecciones presidenciales, entre distintas opciones opositoras, Binner, Alfonsín, Duhalde, e incluso el apoyo a la presidente.

Publicado en diario Perfil el Lunes 11 de julio de 2011.

Posted in Elecciones 2011, Kirchnerismo, Política.


2 Responses

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  1. Pablo Díaz says

    Está bien, pero la polarización K-Macri, excede el municipalismo macrista, su autolimitación. Se vio un estilo ideológico opuesto al del modelo K nac y pop. Macri oferta todo el tiempo lo opuesto,incluso cuando no lo intenta. El votante de Macri, buena parte al menos, votó contra CFK y su estilo e ideología. Y todos votaron tácitamente por ese estilo PRO cuasi empresarial de hacer política. Todos. Es cierto que esa opción ahora no tiene expresión nacional pero la afirmación ideológica es muy fuerte. Por eso la reacción K. Y tampoco veo a Binner o Juez arrasando en sus distritos, ni ahí.

  2. Marcos Novaro says

    Explicame por favor qué es “ese estilo PRO cuasi empresarial de hacer política”, que te juro no lo entiendo. Si es hablar de gestión y “la gente” es igual que Scioli, si es la fiesta y los globitos no es más que usar el clima de bonanza en su favor para no terminar representando la mufa y la desconfianza contra la fiesta de consumo cristinista, si es “la ciudad nos une”, es igual que el provincialismo que hoy usa Bonfatti para sacar todos los votos posibles, aun los que arrastraría la buena imagen de Cristina. La verdad, no veo mucho más que eso. Pero estoy dispuesto a intentarlo. Saludos